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Posibilidades de una moderna teoría de los partidos políticos

César Mauricio Burgos Chaparro

Año 0, No. 3, marzo 2014

Es que los partidos políticos atraen a lo peor y a lo mejor de nosotros. Lo peor ya lo sabemos, lo leemos todos los días. Lo mejor también existe, no vaya a creer.

Torcuato S. Di Tella

I
La teoría de los partidos políticos

Toda teoría está sujeta siempre a la posibilidad de que existan cambios en los elementos que trata. Puede crecer, desaparecer y quedar obsoleta, puede enriquecerse, etc. La teoría de los partidos políticos no es la excepción por supuesto. Partimos del hecho de que no existe como tal una teoría de los partidos políticos más o menos homogénea y que existen sí, y han existido desde hace ya varios años, un grupo de científicos sociales preocupados por elaborar o sistematizar el conocimiento de los partidos y que en términos generales puede dividirse en tres grandes áreas:

1) El estudio de los partidos como organizaciones. Como autores importantes de este estudio encontramos a Maurice Duverger y a Angelo Panebianco. En este sentido, los partidos son estudiados de manera interna haciendo hincapié en su funcionamiento, sus estructuras, sus sistemas de interrelación, etc. Son vistos como sistemas en sí mismos.

2) La democracia interna de los partidos. En este tipo de enfoque, Michels es el primer autor importante y que abre la puerta para estudios posteriores. Son estudios también al interior de los partidos, enfocados más hacia la toma de decisiones, la formación de clases dentro de los partidos, de grupos de poder, etc.

3) Los partidos vistos en relación con otros partidos, vistos ya desde un enfoque más abierto, en un sistema de partidos. Giovanni Sartori es el autor que comienza a hablar de manera mas estructurada sobre esta manera de ver a los partidos.

Sin duda existen otros autores que han tratado sobre el tema pero tomamos para éste ensayo como referencia a los anteriores autores por su importancia teórica o por haber sido los primeros en tratar sobre los distintos enfoques para el análisis de los partidos políticos.

II
Adecuaciones teóricas

Hasta ahora, hemos podido realizar algunas adecuaciones interpretativas de nuestra realidad política a la luz de esas teorías, pudiendo clasificar a nuestros partidos políticos según las características que manejan cada uno de los autores. Así, podemos decir por ejemplo, siguiendo a Duverger que el PRI en México pudo tener una “estructura indirecta” en sus orígenes y que ningún partido político mexicano tuvo un “origen directo” o “parlamentario” pues no nacieron desde el poder. La estructura directa se da en partidos formados a partir de comités, células o milicias, es decir, en grupos más o menos cerrados y con enlaces verticales de comunicación. La estructura indirecta se da en partidos formados a partir de secciones o sectores que deciden formar parte del partido. Ciertamente podría decirse que el PRI nació como PNR desde el poder pero tuvo una alimentación importante de miembros desde diversos sectores de la sociedad y en la integración de un grupo numeroso de partidos políticos pequeños, que dicho sea de paso, no eran partidos en el sentido actual del término pues no eran parte de un todo dentro de una competencia electoral real, por el contrario, cuando Duverger hace referencia al origen parlamentario trata de los partidos europeos que se fueron creando a partir de pequeños grupos dentro del parlamento y que después al darse el carácter universal del voto se vieron en la necesidad de juntarse y crear grupos de intereses más o menos parecidos. Podemos decir también por ejemplo, tomando a Michels, que en el PRI ha existido una rotación de las elites, que la oligarquía del partido cambió cuando después de José López Portillo entraron los tecnócratas al control del partido, o decir que la oligarquía del panismo se ha venido expresando en los cambios de liderazgos entre tradicionales y neopanistas desde en el partido ganó la presidencia de la república en el 2000 y perdió las últimas elecciones. Para Michels, toda organización tiende siempre hacia a oligarquía, un grupo dentro de la organización que busca el poder por el poder, que busca controlar la organización. En este sentido, la definición clásica -o al menos en la que muchos autores confluyen-, acerca de que los partidos políticos son organizaciones que buscan el poder en competencia con otros partidos, se ve rebasada y por la posibilidad de obtener poder no sólo en el gobierno al ganar una elección a través de un partido político sino también ganar cotos de poder dentro de un partido aunque no gane una elección, siempre y cuando se pueda mantener como organización.

III
La situación de los partidos

Actualmente los partidos políticos en general y en México en particular, han venido cayendo en un relativo descrédito. Cada vez son mayores las quejas de parte de la sociedad aduciendo que los partidos “son lo mismo” a la hora de gobernar. Los partidos han estado sufriendo de una crisis de legitimidad entonces, marcada tal vez desde el punto de la representación política: cada vez los partidos representan menos a los ciudadanos. En las sociedades democráticas actuales, se tiene la idea de que los partidos que pretenden gobernar, o los candidatos postulados por ellos, deben reflejar siempre las necesidades y opiniones de su electorado y eso es un fenómeno que muy rara vez sucede, por lo que cada vez se cree menos tanto en los políticos como en los partidos y se ven a estos últimos como un medio ya no muy confiable de representación, de hecho, a pesar de que actualmente existe la posibilidad de participar en elecciones mediante las candidaturas independientes “hasta el momento no se han propuesto otras formas de democracia que puedan operar sin el concurso de partidos” (Freidenberg, 2003).

A pesar de todo, los partidos son importantes para el funcionamiento democrático, es de hecho inconcebible una democracia sin partidos pues, “los partidos estructuran la competencia y dan forma a los resultados electorales, crean un universo conceptual que orienta a los ciudadanos y a las elites, (…), establecen acciones para la actuación legislativa; proveen de cuadros a las instituciones y hacen operativo al sistema político” (Freidenberg, 2003). Para Sartori, por ejemplo, los partidos sirven como intermediadores, como medios de expresión de la sociedad hacia el gobierno y viceversa (Sartori, 2002).

IV
A manera de conclusión

La posibilidad de crear una moderna teoría de los partidos políticos tendría que recaer en los intentos por establecer estudios comparativos por una parte, y por la otra, en la preocupación de la subsistencia misma de los partidos. Los estudios comparativos son tal vez los menos numerosos y al hacerlos siempre se topa con dificultades de adecuación teórica pues siempre existen características regionales diferentes que hacen el tema muy diverso. Tomemos en cuenta que la mayoría de las reflexiones teóricas sobre los partidos desde el siglo XIX se hicieron pensando en los partidos europeos, con democracias incipientes o algunas ya más o menos cimentadas, sin embargo, resulta necesario incrementar los estudios comparativos a pesar de las dificultades para adecuar elementos teóricos o agregar nuevos. Por el lado de la subsistencia de las organizaciones partidarias, habría que teorizar sobre las posibilidades de influencia de factores externos e internos al respecto en el sentido de las democracias modernas. Ya Panebianco desde el “modelo originario” avisaba que hay elementos en los partidos que siempre están relacionados con su origen, es decir, que la forma de su origen era en parte su destino. Lo cierto es que los partidos se han consolidado a través de la institucionalización -carácter que les da una temporalidad mayor que un simple grupo de interés- pero se encuentran en un momento de descrédito y crisis de representatividad. Su fuerza actual puede radicar precisamente en que no hay otra forma de participación política que hasta ahora haya demostrado ser viable.

Para el caso mexicano, los partidos políticos y los estudiosos de los partidos tienen varios retos, entre los que se destacan la reconversión de sus referentes doctrinarios y sus propuestas programáticas, así como sus mecanismos de comunicación con la ciudadanía y la fiscalización de los recursos públicos. En este sentido destaca la actual reforma que está por aplicarse en la que se obliga a los partidos a transparentar sus recursos.

Bibliografía

Alcántara Manuel, Freidenberg Flavia (Coord.). Partidos Políticos de América Latina, IFE, FCE, 2003.

Di Tella, Torcuato S. Historia de los partidos políticos en América Latina, siglo XX. FCE, 1993.

Duverger, Maurice. Los partidos políticos. Fondo de Cultura Económica, México, 2002.

Michels, Robert. Los partidos políticos, Amorrortu editores, 1996.

Panebianco, Angelo. Modelos de Partido, Alianza Universidad, 1995.

Reveles Vázquez, Francisco (coord..). Los partidos políticos en México. ¿crisis, adaptación o transformación?. Ed. Gernika, UNAM, México, D.F. 2005.

Sartori, Giovanni. Partidos y Sistemas de Partidos, Alianza editorial, 2002.

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