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Violencia, despojo y hambruna. El caso de Buenaventura, Colombia

José Javier Capera Figueroa

INTRODUCCIÓN

La crisis civilizatoria es una realidad poco objetable. No se puede obviar los fenómenos que afectan a todo el mundo, claro que a unos de una manera y a otros de forma diferente. Pero el punto de enunciación consiste, en pensar hasta donde llega el poder, la sevicia y la decadencia de valores de esta sociedad. Esto es bien descrito por el maestro Bartra (1993) cuando menciona que la crisis ambiental, energética, financiera y alimentaria, es un flagelo que atenta contra lo humano, es un estallido contra la condición humana en donde el mundo de la vida activa recurre a la forma de producción de la vida sobre los hombres, y es así que la existencia se vuelve un conflicto entre el choque de la realidad y lo real.
Lo que facilita que la objetividad en el mundo aparezca como una idea transcendental frente al carácter de las cosas u objetos en la existencia humana, y llegar al punto de diferenciar la condición humana y la naturaleza humana dos concepciones diferentes del sujeto. El sentido de la condición humana representa la síntesis de “la vida, natalidad, mortalidad, pluralidad y la tierra que explica lo que somos o responde a la pregunta de quiénes somos por sencilla razón de que jamás nos condicionan absolutistamente” (Arendt, H., & Cruz, M, 1993:25). El marco filosófico – político es la muestra del pensamiento, la razón y las ideas modernas que han invadido el sujeto, llevándolo a una cosificación de intereses que pasen por encima de la dignidad humana.
Siendo esto todo un agotamiento de un modelo civilizatorio que cada vez galopa a la par de la crisis del capitalismo y lo más radical, de la crisis de la existencia humana, los bienes naturales y la fetichización del capital en los valores inmersos de la experiencia humana. Si bien, el declive económico, la acumulación del capital y la especulación de los precios internacionales, son causales estructurales que alimentan la crisis. También es conocido que la re-producción de modelos como el neoliberalismo, el desarrollismo y post- fordismo son elementos que atentan contra lo público, tal como lo asimila (Bauman, 2007:13) al considerar que la liquidez es sinónimo de la realidad social, del vacío de lo político, lo público y de la incertidumbre en las relaciones sociales que se manifiesta en el diario vivir, las calles, el transporte público, las relaciones amorosas y la perfidia sobre la dignidad humana sin menospreciar la indiferencia contra la naturaleza.
En el caso de América Latina su historia está marcada por la tragedia de los movimientos revolucionarios, la burocratización del Estado, la fetichización de la democracia y el populismo arrollador de los gobiernos de turno, sumado a esto la incorporación del modelo neoliberal, hace que se construya toda una historiografía en torno a las prácticas, discursos y subjetividades que enuncian las comunidades, los pueblos y los territorios asumiendo un pensamiento reflexivo sobre su realidad y buscando la manera de constituir procesos de emancipación social (Figueroa, 2015).

Este tipo de “populismo latinoamericano” se enmarca desde el acontecimiento de la revolución mexicana de 1910 y en Argentina en 1954 con el golpe de Estado contra J. Arbenz. Según el filósofo Enrique Dussel la concepción de populismo responde al “fruto de la situación geopolítica” donde el fenómeno de la primera guerra mundial no fue tan mundial, ya que gran parte de África, Asia y América Latina no participaron activamente, lo que produjo que la lógica del centro se impusiera sobre la periferia, aquí la explotación se hizo un asunto de naciones y se pasó al plano de la lucha estructural por una hegemonía (Dussel, 2007:1).
El populismo adquirió una connotación negativa debido a que fue un proyecto político que puso en tela de juicio la corriente de las políticas liberales y de envergadura capitalista, dado que los requerimientos de las élites criollas influyo en la conformación de un orden estatal propiamente de una burguesía industrial. Este tipo de características configuro el plano social y político de los países latinoamericanos pero a la par se gestaba todo un bloque de comunidades, grupos y sectores oprimidos que veían de forma negativa la ola liberal impuesta en las economías nacionales.
Es así que fue asimilado el “populismo” del siglo XX como una forma de expresión y colectivización política que propiamente desarrollo estrategias de construcción de desarrollo impuesto, y a su vez políticas y acciones sociales en función de ciertos grupos políticos, dicho fenómeno político adquirió relevancia cuando los sectores sociales vieron con recelo el desarrollo económico – político impuesto a través del gran capital. Básicamente “las dictadura hicieron posible una nueva etapa de la existencia de un capitalismo periférica que aumentaba la transferencia de plusvalor al centro”. (Dussel, 2007:3).
La connotación reciente de “populismo” ha cambiado su significado, y ha tomado un rumbo de tipo semántico y práctico donde la definición política se ha volcado a romper con las viejas formas de gobernar y actuar en el plano político internacional. Ahora “populismo” significa toda medida o movimiento social o político que se oponga a la tendencia de globalización tal como la describe la teoría de base del “consenso de Washington” (Dussel, 2007:4).
De esta forma, los procesos políticos, culturales, económicos e intelectuales que estaban vinculados a los movimientos sociales, populares y políticos desde 1991(esta fecha se caracteriza por la promulgación de la Constitución Bolivariana de Venezuela temporalidad sumida a partir de la descripción realizada por el maestro Enrique Dussel) asumieron un rol de “resistencia” frente al proyecto neoliberal y fueron marcados como “populistas”.
En este orden de ideas, se sumó un fuerte proceso de privatización e incapacidad de gobernabilidad por parte del Estado, toma fuerza la corriente del llamado “femeninos latinoamericanista” que se ha convertido en un punto de inflexión al momento de analizar problemáticas como la autonomía de los territorios, la defensa sobre los bienes comunales, la lucha sobre lo público y la resistencia contra la lógica de la privatización desde el seno y la intimidad de la mujer.
La especulación e implementación de racionalidades de orden eurocéntrico en los países periféricos de Europa, Asia y África no solamente ocurrió también la fuerte corriente de pensamiento, estrategias y programas de corte neoliberal por parte de Estados Unidos y Canadá se impusieron en el escenario político del SUR. Por ello, los movimientos sociales como los indígenas, afrodescendientes, campesinos y populares han generado acciones colectivas que se manifiesta en el escenario de lo público, y se encaminan a la defensa de construir otro de esos mundos posibles y diferentes.
El caso colombiano, se puede considerar que su historia política ha estado marcada por una larga secuenciación de violaciones, desapariciones forzadas y acciones que atenta contra la vida y la autonomía de las comunidades, un ejemplo de ello resulta ser Buenaventura un espacio donde reina la maldad, tal como lo menciona Monseñor Héctor Epalza Quintero. Siendo así que dicha historia se ha reproducido de forma sistemática generando exclusión, discriminación y pobreza sobre amplios sectores de la población dentro del sistema político, un sistema político basado en la lógica gamonalista y hacendataria de la nación.
Tal como lo describe el Filósofo Colombiano Guillermo Hoyos, al mencionar que los renovados esfuerzos por dialogar para acordar la paz han fracasado y fracasaran mientras no se vuelva a los orígenes: a la refutación de la sociedad a partir de las diferencias culturales, regionales, de origen y de clase, mediante acuerdos que incluyan a todos, si quiere mediante políticas “populistas” incluyentes en ese acuerdo intercultural que constituye el auténtico sentido de nación, en lo que Juan Luis Mejía como ministro de cultura llamó “ diálogos para fundar nación”, dado que mientras no haya contrato fundacional, seguiremos siendo “ un pueblo sin nación” (Vásquez, 2012).
En este sentido, la finalidad del siguiente artículo consiste en comprender críticamente los procesos de resistencia, los discursos y las prácticas que se generar al interior de las comunidades de Buenaventura – Colombia, y su relación con temas como el despojo territorial, la violencia sistemática y las lógicas de sistema capitalista(Wallerstein, 1995), en donde se produce acciones como la resistencia, la lucha social, la propuesta política alterna y los discursos que se focalizan en la búsqueda del “ Vivir Bien” que suscitan la población Afro de esta región y que al interior de su voces manifiesta una realidad diferente a la crisis que viven en la actualidad.

BUENAVENTURA ENTRE EL AYER Y EL HOY

La realidad de violencia, despojo y hambruna en Buenaventura es latente, ya caminar por las calles, hablar sobre política, debatir sobre la pobreza, la desigualdad y la exclusión se ha vuelto un tabú. Por supuesto, el terror es cada vez más presente, ya la generación de fronteras invisibles y en particular las acciones de masacrar, descuartizar y torturar a las víctimas son el diario de la criminalidad.
En Buenaventura se manifiesta lo que Vega Cantor (2012) reconoce como una cultura del dinero fácil, una política del narco y una sociedad de la impunidad, donde impera la criminalidad como forma de vida, así sea necesario pasar por encima de quien sea posible, lo importante es sobrevivir. Acá el panorama de la explotación en todos sus términos implica la perdida de la dignidad humana, solo basta con observar las condiciones que posee el territorio para construir grandes procesos económicos, alternos y en función de la lógica comunal, es un lugar que no tiene nada que envidiar a las grandes ciudades, dadas las condiciones geográficas, los bienes comunales y las grandes riquezas materiales e inmateriales que existe al interior del territorio.
En efecto, en Buenaventura existe nichos por investigar, escribir y proponer, pero lástima que solo sea el foco de inversión para generar programas asistencialistas y aplicar modelos hegemónicos que solo reproducen la crisis de acumulación del capital, el abaratamiento de lo político y el vacío líquido de lo público (Figueroa, 2016).
Es así que el ayer de Buenaventura constituía un imperativo por construir escenarios encaminados a hacer de la paz un imperativo moral, tal como era conocido en el argot popular “Tierra de Negros, Tierra de felicidad” esta enunciación era una clara demostración del dialogo cultural y de la idiosincrasia afrodescendiente al buscar construir una política deliberativa, crítica y en lo posible necesaria para generar caminos de resolución a problemáticas como la corrupción, la politiquería, el clientelismo y el triángulo del Poder, el capital y la guerra que tanto ha pervivido y se reproduce en la cotidianidad de los sujetos del puerto.
Los espacios socio- políticos, las asociaciones culturales y los grupos políticos alternos ha sido opacadas por los grupillos de bandoleros, gamonales y hacendados de la región, no resulta ser que al ser el puerto de mayor comercialización en Colombia – sea una de las regiones de mayor desigualdad social, criminalidad y violencia sistemática que abunda y atenta contra la vida, la paz y la dignidad de las comunidad de Buenaventura – Colombia.
Un ejemplo de ello, es el informe de Human Rights Watch que señala “siguen siendo generalizadas las extorsiones por parte de grupos sucesores del paramilitarismo, los cuales surgieron tras un proceso oficial de desmovilización de organizaciones paramilitares de derecha implementado hace una década, que presentó graves falencias. Los habitantes siguen expuestos al riesgo de sufrir ataques si cruzan “fronteras invisibles” que separan los barrios disputados entre distintas bandas rivales. Los niños viven sujetos a la amenaza de ser reclutados y de sufrir violencia sexual, miles de personas han sido desplazadas y continúan ocurriendo secuestros y desapariciones con impunidad (Ferry, 2015).
Otro de los puntos que constituye la barbería del capitalismo según Löwy (2001) es el desbordamiento de la crisis ambiental, al ser un elemento de la crisis de la condición humana, dicha condición se articula con la pérdida de soberanía fluvial y portuaria que vive Buenaventura. Puesto que la complejización del fenómeno llego a ser visto a través de la propaganda mediática de la Alianza Pacifico, cuando considera que no existían condiciones materiales e inmateriales para hacer de Buenaventura la capital de dicha organización económico latinoamericana.
No obstante, el despojo de cientos de comunidades pesqueras, familias y asociaciones fue una realidad, la lógica por imponer la expansión de la asociación portuaria era una hecho irreversible, la expansión fue masiva, el daño ambiental no tiene dimensiones mentales y la relaciones entre los grupos empresariales, el crimen organizado y la explotación humana se hizo palpable al afectar el tejido social de las comunidades negras. Tal como manifiesta el Informe Buenaventura “El despojo para la competitividad”.
Parte de esta crisis también se debe al deterioro que existe en la esfera de lo público, la crisis de valores y la decadencia del sistema político, un sistema que de manera tajante ha generado exclusión y miseria en todo el territorio nacional, en Colombia no se vive para vivir, se vive para sobrevivir – en el adagio popular arguyen que la necesidad ha llegado hasta el punto de vender la conciencia por un peso, mercantilizar la vida por poder y acosar el acoso por dinero.
Del mismo modo, la complejidad colombiana es una imagen consecutiva, donde la democracia nunca ha sido un punto de importancia, sino un punto de hacer lo que el Maestro Dussel denomina, sucursalera, enajenada y sin sentido crítico, la política como acción humana es solo un simple discurso, la banalidad del poder y la ausencia de valores dentro de lo público, son aspectos que refleja la colonización del mundo de la vida, la modernidad capitalista y la colonialidad del poder, la vida y el ser en las relaciones sociales.

EL HOY DE BUENAVENTURA

La complejidad de la crisis civilizatoria llega a todas las partes, no solo pasa en Buenaventura, también sucede en el orden mundial, tal como lo manifiesta los sucesos asociados al problema del petróleo, la necesidad imperante de consumir los “recursos naturales” y la lógica de explotación que aumenta paulatinamente debido a las necesidades exfoliantes que requiere el capitalismo en su máxima expresión (Arizmendi, L, 2014). La connotación de un mundo “globalizado económicamente” pero in-conectado humanamente es una frágil realidad, lo que sucede en África afecta de manera pauperizada las condiciones sociales, políticas y simbólicas de lo humano; pero la fría mentalidad y el sinsabor por pensar de forma distinta la crisis hace de que los lazos afectivos y emocionales estén mediados por lo que algún día Marx llamo la fetichización y la mercantilización del todo.
En la descripción utilizada por Fanón en su libro Los condenados de la tierra, señala que el “Tercer mundo” se descubre y se expresa a través de esa voz. Ya se sabe que no es homogéneo y que todavía se encuentran dentro de ese mundo pueblos sometidos, otros que han adquirido una falsa independencia, algunos que luchan por conquistar su soberanía y otros más, por último, que aunque han ganado la libertad plena viven bajo la amenaza de una agresión imperialista(Fanon, 1999: 6).
Dichas palabras se articulan con la violencia, la servidumbre y la pérdida de soberanía que vive el “Hoy Buenaventura” un puerto lleno de la influencia politiquera y un lugar que popularmente se asocia entre más pasa el tiempo es mayor la pobreza, crece la población y se deteriora abismalmente la calidad de vida de sus habitantes.
Por ello, la racionalidad del poder, la imposición de un régimen semi-colonial, las políticas de privatización y transnacionalización de los “bienes comunales” ha sido acciones que han realizado los últimos gobiernos, los grupillos políticos y las familias burguesas de la región. Es Buenaventura un espacio de acumulación del capital y de expropiación de la dignidad humana.
Pero qué sucede con Buenaventura, la tierra del porteño, el arrechón, el viche y la salsa – un espacio para la alegría, el sabor y la belleza de la mujer del Pacifico – Una cultura digna de sus tradiciones afro y sobre todo un lugar de enunciación sobre la historia de comunidades negras víctimas del desarrollismo industrial, la ampliación de la sociedad portuaria con un telón de fondo de desplazamiento resultado de la lógica mercantilista de estos gobiernos de turno (Figueroa, 2016).

Conclusión

El hoy y el ahora de las comunidades negras de Buenaventura –Colombia, se identifican con una clara crisis institucional, la fuerte ola de violencia y la criminalización de la protesta hace parte del repertorio que ejerce el poder político del momento, la marginalidad y la exclusión de las demandas que proponen los movimientos, compone la postura adversa de los últimos gobiernos, dichos gobiernos que tiene como similitud la perspectivas del discurso neoliberal, con el que justifican la imposición de Tratados de Libre Comercio, que han sido establecidos en la mayoría de países de América Latina, mostrándolo como la estrategia con la que entraríamos en el Primer Mundo, porque se superarían siglos de aislamiento secular, que nos habían mantenido al margen de la modernización y el progreso. Con una lógica bastante primaria, propia de los economistas neoliberales, a rajatabla se impusieron y siguen imponiendo hoy los TLC (Cantor, 2015, pág. 62).
De esta manera, las reformas neoliberales facilitaron los impactos en los territorios, conllevando a la crisis ambiental, la pobreza y desigualdad social pero sobre todo, el despojo territorial de centenares de comunidades, es por ello que el territorio Colombiano, cuando adopta los planes de ajustes estructurales facilita la incorporación del gran capital que en cierta forma genera exclusión en múltiples circunstancias donde la ciudadanía se encuentra inmersa en el abismo colosal de la incertidumbre y la pérdida de soberanía en la esfera de lo público.
En últimas, la crisis civilizatoria está cada vez tomando fuerza, ya no existen condiciones dignas para el trabajo, la vida y la relaciones en familia, los vacíos del mundo que intenta despertar es muy tarde. Se necesitara re-pensar pero a través de la praxis, lo que es de suma importancia para la vida comunitaria, las fechas expiran y la fuerza de lo humano es muy débil frente a la crisis ambiental que tanto afecta la cotidianidad. Sucede en Buenaventura un lugar de enunciación, que busca de manera “radical” la emancipación, la alteridad y la emergencia de los territorios desde su propia condición, para así construir otro de esos mundos posibles, necesarios y llenos de mayor sentido por lo humano, un lugar para la esperanza y la transformación del espacio, la desilusión, el racismo, el sexismo y la impotencia por un mejor mañana.

BIBLIOGRAFÍA

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