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Una mirada decolonial en la novela la tejedora de Coronas de Germán Espinosa

José Javier Capera Figueroa

Año 2, No. 15, marzo 2016

Generar un análisis crítico sobre los aspectos cruciales que marcaron el boom de la narrativa histórica que se hace significativa en la célebre obra la Tejedora de Coronas de Germán Espinosa. Intentando plasmar una serie de elementos que participen en la identificación de la multiplicidad de identidades los cuales se entrelazan en una época fundamental para la literatura latinoamericana: la época de la “historia colonial”, buscando relacionarla con las nociones provenientes del pensamiento decolonial desde una perspectiva crítica.

Para esto se hizo necesario recurrir a las aproximaciones teóricas, conceptuales suministradas en la cátedra Identidad y Literatura Latinoamérica. Siendo así ineludible generar un análisis trasversal en las sucesivas circunstancias: La visión histórica, el choque de culturas y la estructura política de aquel momento de la historia, aludiendo a la percepción sobre lo que constituye el poder en una sociedad tradicional descritas en las rutas emprendidas por Genoveva Alcocer a largo de su travesía intercultural.

Por ello, la apuesta se manifiesta en dejar abierto el debate en los siguientes interrogantes ¿Cuáles son los elementos cruciales de identidad presente en la obra la Tejedoras de Coronas? ¿Existen elementos concretos que expresen el sentido identitario en la época colonial a partir de la novela la Tejedora de Coronas? Igualmente con el trayecto de la lectura podría ampliarse el escenario de inquietudes que faciliten la búsqueda de posibles respuestas a lo que representa, constituye y simboliza la identidad en la novela y su relación con el pensamiento decolonial.

En un principio, la estructura de la novela la Tejedora de Coronas es compleja, fue publicada en el año 1982, una época en donde los círculos literarios la definieron en su mayoría como una novela histórica, crítica, arqueológica de los saberes prácticos y formas de vida halladas en la historia colonial de nuestra nación.

Alfonso López Michelsen(Deas, 2006) pronunciaba “El diseño de la novela es tan ambicioso y la imaginación tan rica que, simultáneamente con el discurso filosófico y la teoría matemática, la vida llena de riesgos del Mare Nostrum Español, el mar de las Antillas, durante la Colonia, abre el campo para las escenas inenarrables en las que es maestro Germán Espinosa”.

Uno de los grandes puntos encontrados consiste en la técnica narrativa de la novela, una novela en donde los puntos seguidos son una efemérides realizada para los lectores, pues el escritor los aísla sin paréntesis, ni guiones, lo cual sólo facilita detenerse debido a las comas; «y no es para menos»: consiste en un desafío por parte del lector transitar por las formas de discernimiento como la comprensión, la interpretación y el sentido crítico.

De esta forma, mencionaría el Maestro Espinosa en el célebre personaje Genoveva Alcocer lo siguiente: “Perder la ingenuidad y ser soñadores con aquello descubierto, sin aun ser parte del sentido de la vida”.

Leer las obras de Germán Espinosa invita a conocer su estructura, su lírica, su narrativa,…tan fugaces, sus connotaciones poéticas, los aportes que nos brinda un erudito del mundo metafórico arriesgado en mostrar la estética de sus palabras, de sus versos, de sus párrafos los cuales imprimen la fuente de rastreo de una época transcurrida como literato.

Nos encontramos con un personaje femenino cuarentón, hermoso, brillante y en su relevancia inconcebible para su época. Una mujer como Genoveva Alcocer es la muestra del quiebre naciente por parte de los hombres de la ciencia. Un quiebre en el cual los momentos de dolor, placer, violación, promiscuidad son parte del repertorio para el descubrimiento localizado en su contenido literario de un momento histórico como lo fue “La época de la colonia en nuestra tierras, las tierras de los habitantes primarios”, siendo Genoveva Alcocer, una dama que transcurre por los caminos de Quito, Paris, España, Estados Unidos.

Pero con una característica fundamental: el presagio y el antagonismo de las luchas, el enriquecimiento y la forma de apropiación del conocimiento, los debates entre los discursos de la ciencia y la religión. Como evocaría el Maestro Espinosa: le había permitido, casi con la sola ayuda de la vista, descubrir ese planeta enlucido como con una pátina de AERUGO NOBILIS, de noble cardenillo, cual índole verdadera no pareciera dejar lugar a dudas y atinente a cuyo nombre, e hizo la gran revelación, porque te amo, niña, te amo con locura, y había cuenta de mi nombre en este cosmos (Espinosa, La Tejedora de Coronas , 1982, pág. 40).

Frente a la estructura de la novela se evidencia la complejidad de sus ideas, llegando a momentos de controversia: desde la época Renacentista y los pensamientos ilustrados, en relación con el acolitado dogma de los cristianos y la función de la inquisición. La represión de los saberes y la imposición de una forma de conocimiento auspiciada por el Santo Oficio Católico, el astillo de la esclavitud, el servilismo, la explotación de los habitantes en los territorios oriundos. Siendo así, que la perspectiva histórica de la gran narrativa utilizada por el Maestro Espinosa alude a las lógicas discursivas entre la historia, la matemática, la política, el esoterismo, la sexualidad y los puntos a fines recurrente en los monólogos.

Uno de los elementos identificativo de la narrativa Espinosiana, versa en el zigzag, como fuente de repartición de nociones, pensamientos e ideas que convergen y divergen bajo puntos de enunciación que generan sospecha en la escritura “Embrujada” de Germán Espinosa. Dentro de los aspectos que enmarcan la conformación de la novela, resulta ser la estríper y su forma de actuar, pensar, escribir, dialogar y debatirla que nos permite ubicar los puntos de identificación en Genoveva Alcocer.

Para este plano encontramos que desde los discursos decoloniales se reafirma la importancia de las historias de vida pero contadas dese los sentido propios de latinoamérica, distinto a la mirada eurocéntrica de la literatura universal. Tal como lo manifiesta Mignolo al mencionar una larga trayectoria en la cual las “indias occidentales” “ el nuevo mundo” y finalmente “América”, son las sucesivas palabras claves de macrorelatos del occidentalismo para expandirse; en ese sentido es que entendemos la necesidad de delimitar el ámbito histórico latinoamericano y “ consiste en confrontar su realidad con lo propio del otro ámbito al que hemos estado vinculados, y que, al parecer, disfruta de más claridad en cuanto a su propia definición : el llamado Occidente o mundo occidental (Pacheco 2011, p. 19).

Igualmente encontramos relación con los aportes provenientes de Grosfoguel cuando menciona que: “la colonialidad no es equivalente al colonialismo. No se deriva de la modernidad ni antecede a ella. La colonialidad y la modernidad constituyen dos lados de una misma moneda” (Grosfoguel 2006, p. 27). Esto es, no hay modernidad; de ahí que se afirme que la relación entre modernidad y colonialidad es de co-constitución: no puede existir una sin la otra (Restrepo 2010, p. 17).

Esto nos facilita la búsqueda de interpretaciones de los fenómenos sociales como la conquista, la Santa Inquisición, la masonería, los personajes herejes, y en especial la fuerte dualidad entre la ciencia y la religión. El santo oficio condenó a Galileo Galilei a recitar todas las semanas los salmos penitenciales por el solo pecado de divulgar el sistema de Copérnico y, bien lo sabían ellos, entonces se concebía a la tierra como el ombligo del universo, a cuyo alrededor giraba el sol, la luna y las estrellas, así que lo repetían (Espinosa, 1982, pág. 18).

Al respecto de los momentos descritos con gran precisión en la novela, el Maestro Espinosa motiva al lector a caminar por un recinto arriesgado de lecturas, precisión y aconteceres de un mundo donde la ciencia, la razón, las tradiciones y los manejos del saber científico Moderno, sólo eran discursos para los habitantes del mundo Europeo, o al decir de Genoveva Alcocer; El santo oficio neutralizaba cualquier propensión al esparcimiento doctrinal, ya que, aunque empeñados algunos de sus antiguos esplendores, el poder y la jurisdicción de la inquisición de Cartagena de Indias seguían siendo casi infinito a los ojos de todos máxime cuando rebasaba los límites del Nuevo Reino (Espinosa, 1982, pág. 23).

Genoveva Alcocer adquiere gran relevancia gracias a su prosaica idea de conocer el mundo: navegar por los lugares desconocidos pero mencionados en sus vivencias, llegar a instancias donde podría alimentarse de saberes, literaturas e historias provenientes de los viajeros. Por tal razón, la bruja y el hereje nos sitúan en las aristas de su época, las relaciones de poder, los círculos inquietos por la ciencia, la corrupción auspiciada por los altos tribunales en su condición de ser religiosos o laicos.

La narrativa histórica de la novela se incrusta en el siglo XVII en donde los descubrimientos de la ciencia se encontraban latentes y el siglo de las luces resplandecía el pensamiento de personajes precursores de las ideas ilustradas, la apropiación de todas las corrientes y resultados provenientes del paradigma Newtoniano fueron concebidos como ciencia verdadera, llevando a desconocer otras formas de saberes.

Estos saberes fueron ensayados por Genoveva Alcocer y los integrantes de la logia de Cloitre-Norte Dame. En otros espacios transcurre la sanguinaria Colonia en América, y como las tierras del otro continente fueron utilizadas, despojadas, banalizadas por las coronas y todos sus conquistadores, religiosos y comerciantes.

Es recurrente hallar en las aseveraciones de Genoveva Alcocer una lucidez narrativa en sus momentos eróticos con los navegantes en distintos lugares como la playa, el buque, la taberna y en especial las zonas de lectura y observación del plantea Verde (donde Genoveva fue bautizada por Federico). Implicando así sus ansias por conocer lo desconocido de un mundo que tanto odiaba debido a las masacres, torturas y dolores padecidos a manos de filibusteros, piratas, comerciantes, religiosos, reyes, duques, entre otros.

En su natal puerto de Cartagena, sus descripciones, que al final resultaron ser elogios de aquellos «maestros de la ciencia europea», amados por la genialidad de sus obras, manuscritos, ensayos filosóficos, matemáticos y artísticos vinculados en su travesía por un mundo fragmentado, reflejaron la censura por las formas de concebir el paganismo y la herejía allí presentes.

Estas aseveraciones nos permiten mencionar también el longevo viaje de Genoveva Alcocer, el cual fue vital para desarrollar y reforzar su aprendizaje: su comprensión del mundo, de las fronteras, del poder religioso y humano, de los tabús y de la posibilidad de desvanecer los velos de la ignorancia y el miedo por transitar en lo mistificado y repudiado.

Las rutas del conocimiento son indicios de las circunstancias atravesadas con dificultad en la vida de Genoveva: los sacrificios y las humillaciones en su historia demuestran la ambigüedad en el reconocimiento humano hacia las mujeres. Su largo trasegar nos permite vislumbrar la multiplicidad de experiencias ocurridas desde su consagración a la organización masona en París, lo cual fue determinante para sus principios y actos de convivencia.

El siguiente fragmento predestina su extravagante historia transcurrida: las lunas llenas de abril y también, acaso, de alguna luna menguante de agosto, que no hiciera amistad con mujeres salvo con aquella que me abriría las puertas del conocimiento, que condujera mi vida con prudencia y discreción porque estaba visto que podía morir ajusticiada y, en fin, que tratase de no activar, en tierras malditas, el poder maléfico de la bestia negra, cuyas garras me esperaban hacía tiempo entonces me comunicó que nada más podría hacer por mi (Espinosa 1982, p. 153).

De esta manera, el «entrar y salir» de Genoveva Alcocer es reconocer la planicie de dos mundos. El tradicional (las Américas) y el mundo en ambiciones de ser moderno (Europa). Implica conocer las torturas, masacres realizadas a causa de la sevicia por la conquista. La culpa histórica que carga la Iglesia en esterilizar la diferencia del pensamiento, la angustia por la duda, el deseo de conocer los placeres y entrar en el mundo del pecado, hermético por la fe, las riquezas, el poder y la celebración de los Aquelarres. Sus extremos paralizan así la catarsis del pensamiento, la neblina del saber e incitan en caminar por un mundo nublado, oscurecido, incierto.

Un mundo como el de Genoveva Alcocer: perfecta desde afuera por su cuerpo esplendido, sus matices sexuales, su vientre estéril, pero encriptado por dentro, es decir, por la incertidumbre que le hace vivir su personalidad espontánea, crítica, inquietante por aprender a conocer. Su «mundo encriptado» despierta nociones entretejidas a causa de los testimonios de su vida, la manera de ser identificada como hereje y la travesía inconcebible en la que nos sumerge el Maestro Germán Espinosa dentro de un universo antagónico entre la belleza y la crueldad de vivir en una época como lo fue la colonial.

Forjando un recorrido hacia al sentido por la conciencia histórica de la identidad latinoamericana, que marca la «lividez» de las aproximaciones de aquellas identificaciones que dieron rostros sobre las verdaderas prácticas que imprimieron las márgenes de los retratos de la colonia, la formación política de la inquisición y las diversas formas de exclusión en el mundo de la ciencia, la enseñanza, lo político y el saber; Espinosa se manifiesta de la siguiente forma: “La suma de nuestros rostros dará algún día nuestra verdadera imagen colectiva, esa identidad que parece escapara los científicos sociales y que no es otra que la de un rostro mestizo, epítome de una cultura de culturas” (Espinosa, 1990, pág. 80).

En los múltiples rostros de los que habla este gran escritor se encuentran aportes teóricos en la perspectiva de la identificación de posibles características que respondan a la multiplicidad de identidades, entre ellas la plena certeza de que América Latina es el producto de la hibridez cultural y del mestizaje, permitiendo «transportarnos» en la narrativa histórica y literaria de las organizaciones culturales, políticas, religiosas y económicas del puerto de Cartagena. Igualmente, la ficción histórica se evidencia en la frecuencia de la obra a acercarnos a la descripción de mundos como el de la inquisición, la magia, la sensualidad, la hechicería, los rituales y ceremonias, la superstición, la brujería desplegadas en la Cartagena de Indias del siglo XVII, destacando así los múltiples conflictos que agitan los cimientos de la sociedad colonial.

Tales características manifiestan escenas donde el poder y la legitimación se encuentran circunscritos en medio del Cristianismo para el caso de la Iglesia Católica y todas sus formas de homogenización occidentales, afirmando la primacía de Dios y de la Iglesia como fuentes del bien y del orden en el Universo. Cabe resaltar también un referente sustancial como es la multiplicidad de identidades dentro de la cultura colonial, la cual posteriormente se disputaría entre la independencia y las formas de identidad que constituirían la nación para el Medioevo.

Al mismo tiempo, la Cartagena Colonial según Germán Espinosa reposaba en el imaginario Cristiano, el cual había sido disminuido seriamente por los avances de la ciencia, la técnica y el racionalismo en el ámbito del pensamiento occidental que ha de conocerse en el nuevo mundo (Espinosa 2007, p. 275). Para Espinoza, la modernidad ha incurrido en un grave error al olvidar, menospreciar o creer superados saberes y creencias que no pueden ser explicados de manera racional, como la reencarnación, la astrología, la videncia, o corrientes herméticas tales como la cábala judía y el gnosticismo, por no hablar de la brujería y el satanismo (Espinosa 2006, pp. 115-116).

Genoveva Alcocer es el rizoma incierto de una mujer arraigada a sus convicciones: brillante, genuina en hacer de toda una constelación desconocida, el paraíso inhabitado de la ciencia y lo efímero de lo resplandeciente de la muerte. Es la mujer que se despoja de las tradiciones moralistas de gran herencia Española.

Por lo tanto, desde las esferas donde el idioma, los valores, las costumbres, la religión son insumos para esclarecer las culpas de los conquistadores y los colonizadores; los miedos y temores que tanto han identificado la identidad latinoamericana arraigada en un espíritu medieval, abrazados por “la espada a la realidad de las ideas” y la formas de vulnerar el reconocimiento por la justicia social, cultura que ha de constituir las vertientes parare-significar esa soledad de nuestra América, una soledad donde nuestra identidad se halla sucumbida en un vaivén entre lo tradicional y lo moderno, lo real o irreal, lo mítico y religioso.

En concordancia con lo expresado por García Márquez “América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental”.

BIBLIOGRAFÍA

Deas, MD, &MAL 2006, Del poder y la gramática: y otros ensayos sobre historia, política y literatura colombiana, Taurus, Colombia.

Espinosa, G 1982, La Tejedora de Coronas, Editorial Pluma, Bogotá.

Espinosa, G 1990, Sinfonía desde el nuevo Mundo, Planeta, Bogotá.

Espinosa, G 2006, Novelas del Poder y de la Infamia: Los Cortejos del Diablo, sinfonía desde el Nuevo Mundo y el Magnicidio., Alfaguara, Bogotá.

Espinosa, G 2007, Aitana, Alfaguara, Bogotá.

Grosfoguel, R 2006, ‘ (2006). La descolonización de la economía política y los estudios postcoloniales: transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global’, Tabula Rasa, 4, pp. 17-48.

Pacheco, VMÁ 2011, ‘Metamorfosis del occidentalismo en el sistema mundo moderno colonial’, in Decolonización del Estado en América Latina, Panamericana, Colombia.

Restrepo, E, & MAAR 2010, Inflexión decolonial: fuentes, conceptos y cuestionamientos, Instituto de Estudios Sociales y Culturales Pensar – Universidad del Cauca, Colombia.

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