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Marichuy: cultura como marco de referencia en su candidatura

Víctor Manuel López Castañeda

Introducción

La contienda presidencial llega nuevamente a las casas de los mexicanos, sorprendentemente el actual presidente parece que conseguirá terminar con el sexenio, el regreso al poder del partido más controversial, aunque los demás no se quedan atrás. Y, a pesar de que aparentemente un minuto tiene mayor duración que cinco, el relevo está a nada de sentarse en la silla presidencial. Desde fuertes acontecimientos como la pérdida específica de cuarenta y tres seres humanos, hasta decir “se ha volvido” dieron vuelta alrededor del mundo, al parecer lo único que consiguió que el actual presidente continuara en Palacio Nacional fue su “gran elocuencia”.
Las apuestas ya están hechas y cada partido ya ha negociado a quién se postulará, un adulto joven con sangre de “Madero”, quien se ha desenvuelto en el ámbito político desde hace tiempo, una mujer que se apoya en la carrera y trayectoria del marido, y, para no faltar a la ya tradición, un señor proveniente de Tabasco que se jacta de venir y ser “para el pueblo”. En realidad, esos son los perfiles de los candidatos de cada elección, siempre con la misma tendencia, buscar el poder, pero, ¿cuántos de ellos verdaderamente saben el precio de un kilo de tortillas? Un elemento cultural que radica en las bases prehispánicas de la nación, es decir, un “pilar” gastronómico en la cultura mexicana; pero para entender cómo el simple hecho de conocer el precio de este alimento debe ser conocido por el presidente, es necesario establecer la definición de cultura.

Definición de cultura

En los “spots” publicitarios que se proyectan a nivel mundial, enseñando las tradiciones del maíz, las fiestas, los carnavales y las ceremonias, es en lo único que se entiende el interés del gobierno por preservar como cultura. Desafortunadamente este término es degradado y simplificado a la más mínima expresión, descuidando así su importancia, pues se entiende que las ferias y fiestas son la “cultura”, cuando en realidad, las raíces de la misma determinan la conducta y condición humana.
Ya se ha empleado por distintos autores la metáfora del iceberg en referencia a la cultura, pues, los colores y la vida que se entiende coloquialmente por “cultura” no son más que la punta, dejando por debajo del margen visual aquello que la rige, como normas, valores, creencias, las cuales han de satisfacer el nivel más profundo, las necesidades humanas universales, las cuales son entendidas por Maslow como la autorrealización, el reconocimiento, la afiliación, la seguridad y las fisiológicas. (García-Allen)
Tales necesidades son sobre las que se construye una cultura, y, si únicamente el gobierno está interesado en apoyar y subsidiar aquellas partes visibles de una cultura como su color y “vida”, no hace más que descuidar el resto de la identidad de la comunidad, y, por ende, la individual.

Acciones gubernamentales para la “preservación de la cultura”

Es entendible que como gobierno, la cultura no es prioridad, pues aspectos económicos y de imagen internacional roban protagonismo, ya que una modernización de las vías de comunicación dentro de la ciudad es símbolo de progreso, mientras que, uno de los efectos colaterales de ese enfoque globalizado es la erradicación del pobre, más no de la pobreza.
El descuido, que en muchas ocasiones podría llegar a ser catalogado como “desentendimiento”, ha causado que el 70% de la población indígena se encuentre en pobreza de acuerdo a la CONEVAL (Barragán, 2017).
Gubernamentalmente se han aplicado “estrategias” que eximen al Estado de no “responder” ni “proveer” de apoyo a tales regiones, tal es el caso de la solución por excelencia en una economía globalizada: “Programas de ayuda económica condicionada”, los cuales garantizan el apoyo económico a las comunidades si ciertas “reglas” son seguidas, como la educación infantil obligatoria o revisiones médicas frecuentes. Si bien, a nivel mundial, se ha utilizado bastante, no se puede mencionar que ha sido eficiente. (Olvera, Schmook, Radel, & Nazar Beutelspacher, 2017)
Las instituciones fantasmas, los médicos no calificados, las fricciones que se generan en la comunidad por el apoyo selectivo, así como la necesidad de subsistir ya que en muchos casos la gente vive “al día”, son impedimentos para que estos programas sean efectivos (Ovejero Bernal, 2002); pero, para el estado, es “suficiente” para jactarse de una ayuda a las comunidades indígenas.
Programas como “Prospera”, “Oportunidades”, etc. (que terminan siendo el mismo sistema sólo que con un cambio de nombre debido al presidente que llega al puesto) son ejemplos de estas alternativas, pero, como se ha mencionado, sólo se enfocan en las necesidades menos “importantes” y los factores culturales que sí pueden observarse, siendo esto una verbigracia de la lejanía con la que los gobernantes enfrentan estas problemáticas, sometiendo a cerca del cincuenta por ciento de los mexicanos a vivir en situaciones de precariedad (CONEVAL).
Todos los candidatos, cuentan con una perspectiva que se ha marcado desde los nuevos modelos económicos, remarcando la imagen que México da al mundo, ignorando a su gente, como ya se ha hablado, denigrando y minimizando la cultura, pues es ésta, quien rige cada acción del hombre. Cada partido se ha olvidado de ello y no lo considera en sus propuestas, no vela por la integridad individual de los mexicanos. Ello ya que si bien se debe demostrar el potencial que México tiene a nivel internacional, no se debe relegar a su pueblo. Considerando ello, antes de querer o tener la idea de proyectar un México ideal, el candidato que llegue a ser electo requiere tener el conocimiento de lo que sucede internamente en el país: ¿Qué candidato conoce el precio del kilo de tortillas?

Marichuy, de la marginación indígena a la candidatura presidencial

Así es como, una indígena, proveniente de una familia de ascendencia nahua en Tuxpan, “Marichuy” carga con el peso de la represión y segregación indígena a la que se ha sometido a cada región del país partiendo desde el estereotipo que le es inherente por sus orígenes, hasta el prejuicio que se le une como sombra. Desde la conquista, pasando por la Independencia, Porfiriato, Revolución, hasta el México del siglo XXI, el único cambio palpable que se ha realizado es la evolución del término indio por el de indígena, más nada se ha percibido para estas comunidades, siendo ellas las encargadas de velar por la riqueza multicultural de la que México es internacionalmente conocido. (Paz, 2015)
Quizá podría argumentarse que Marichuy no cuenta con la calidad “política” necesaria para sobrellevar las necesidades y requerimientos del cargo, ya que es únicamente portavoz del Congreso Nacional Indígena y docente de medicina alternativa en instituciones universitarias en Guadalajara, sin una trayectoria como la de Anaya o López Obrador, lo que, en comparación es una brecha abismal, sin embargo ella cuenta con una ventaja: “antecedentes culturales”.
Al venir de una comunidad marginada, ella tiene el conocimiento empírico de lo que significa ganarse la vida y la calidad de desarrollo económico con la que vive un mexicano, y no sólo eso, sino de los mexicanos más marginados, el sector indígena.
Ella tiene un abismo en contra, desde aspectos políticos como la dominancia del PRI y los intereses que se negocian cada año entre partidos, hasta la cultura de toda una nación, sin pasar por alto el estereotipo y los prejuicios que se le adjudican a su persona.

Cultura como factor de análisis para las elecciones presidenciales

Estereotipo y prejuicio

Analizando la perspectiva del país y la discriminación histórica que se le ha hecho a las minorías étnicas, la precandidata nahua se debe enfrentar a más de una barrera para su posible elección, sin embargo, la condición de incertidumbre y marginación en la que el país se encuentra podrían ser clave para que Marichuy sea electa, si es que genera el líder que México necesita, siendo muestra de su determinación el cumplimiento de los retos que el hecho de ser proveniente de una comunidad rural representa.
El primer de ellos, que no necesita una gran observación para percibir, es el enfrentarse al estereotipo y prejuicio que se tiene. Un estereotipo es definido como “juicios hechos con base en la pertenencia de una persona a un grupo social” (Jandt F. ), siendo en México para el caso de una persona indígena: “ser humano que viaja a la ciudad a vender tortillas o dulces”, “analfabeta que no consigue razonar profundamente”, entre otros, que degradan a un nivel infrahumano a estas sociedades. Pero es desde este instante en el que Marichuy puede marcar su rumbo, ya que contar con tantas diferencias de lo que se “creería” y “esperaría” de ella le permiten sorprender al pueblo, ya que, entre mayor presencia y firmeza tenga, poco a poco, y desde la candidatura, sin llegar a la presidencia todavía, empieza a generar una lucha y revolución social, que no necesariamente tiene que ser armada.
Otro aspecto que conlleva el estereotipo es el etnocentrismo, el cual Jandt refiere como “juzgar negativamente aspectos de otras culturas por sus estándares referidos con la propia” (Jandt F. ), es decir, considerar la cultural a la que se pertenece (grandes ciudades) como superior, a las culturas colindantes o ajenas. En esta situación Marichuy es perteneciente a una co-cultura, una minoría que constituye una sociedad más grande (Orbe), lo que incita a que las sociedades mayoritaria la cataloguen como “minúscula” y “sin importancia”, pero es en esa situación en la que su esfuerzo le permitiría destacar todavía más al lograr superar estos principales obstáculos.

Análisis cultural de México en la taxonomía de Hofstede hacia las elecciones del 2018

En base a lo mencionado por el psicólogo social Geert Hofstede, una macrocultura, como la que es una nación, se divide en seis dimensiones principales para su análisis (Hofstde Insights).

  1. Distancia del poder
  2. Individualismo vs Colectivismo
  3. Masculinidad vs Feminidad
  4. Evasión de la incertidumbre
  5. Orientación en el tiempo
  6. Indulgencia

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La distancia del poder es definida como la brecha entre los grupos que rigen y determinan el rumbo de la sociedad, donde hay dos clasificaciones, la sociedad “jerárquica” (donde el poder radica en unos cuantos) y la sociedad “descentralizada” en la que las desigualdades no son tan marcadas, el líder muestra experiencia pero no tiranía y se consigue un acuerdo entre los miembros de toda la comunidad (Hofstde Insights). En este nivel, México, con 81 puntos, es considerado con una sociedad jerárquica, donde, como primera barrera para Marichuy, las comunidades indígenas se encuentran hasta el fondo de la pirámide.
Sigue la división enfocada al individualismo, sección en la que, la vocera del CNI cuenta con una excelente ventaja a su favor, pues con 30 puntos, el país es referido como una sociedad colectiva, donde la pertenencia, lealtad y afecto son primordiales para una identidad (Hofstde Insights). Considerando este punto como un aliado, al ser ella capaz de generar una unión y sentimiento de pertenencia a nivel nacional, al convertirse en un líder, la colectividad por la que es reconocido el mexicano jugará un papel imperante en el desarrollo de sus elecciones.
Desafortunadamente el siguiente sección del análisis es otra barrera a la que se enfrenta. La masculinidad, con 69 puntos, es clave para el desarrollo social. Al ser una sociedad patriarcal mayoritariamente, esta dimensión se expresa como símbolo de competitividad, logros y ser reconocido como el “mejor”, de igual manera los roles dependiendo del sexo se expresan tajantemente. En ella los hombres deben ser “asertivos” y las mujeres “cuidadoras”. La ambición y las actitudes masculinas son la base para el desarrollo del país (Hofstde Insights). Con años de gobierno masculino, romper esa tendencia es un obstáculo y reto que debe enfrentar, no imposible, pero sí absolutamente difícil. Al romper esta dimensión, el cambio sería asombroso para el país, pues, de una sociedad con un presidente, al tener una presidente, el gobierno federal buscaría un rango de roles en base al sexo menos marcados, mayor equidad y ambición por el logro colectivo, no por el individual. Al alcanzar un “Estado” regido por una feminidad marcada, el servicio y la simpatía que Hofstede (Lustig & Koester) menciona, serían las bases en la toma de decisiones.
Con 82 puntos, México es reconocido como una nación y cultura con un alto grado de evasión de la incertidumbre, es decir, es intolerante con las nuevas oportunidades y el cambio. Las reglas son esenciales y no pensar en la ambigüedad genera el “equilibro” fantasma que se tiene (Hofstde Insights). El cambio es amenazante y se quiere evitar a toda costa. Quizá éste sea el impedimento más grande que tiene la candidata originaria de una comunidad nahua. Tras décadas de gobierno priista y una jerarquía dominada por los hombres, la idea de un giro absoluto de este “balance” es amenazante para la sociedad, pues es una opción nueva. Pero, tras los sentimientos que se han generado en el último sexenio, es posible que la gente busque un cambio así de radical.
Los orígenes de una nación son las bases de cómo es ahora, por ello, la orientación temporal es esencial para el análisis de la cultura. En la cual, ligada al punto anterior, es su capacidad para adecuar sus tradiciones, normas, valores, etc. al presente. El 24% que denota México en esta clasificación taxonómica, demuestra que es una sociedad normativa, es decir, prefiere mantener las tradiciones y normas sin variaciones, espera cambios rápidos y cortos, (Hofstde Insights) otra traba en la candidatura de Marichuy. Se tienen reglas en el pensamiento del país, se es “cuadrado” ante el presente, respetando las tradiciones. La meta de la candidata indígena, es que en México ya se es tradición aceptar el gobierno tal y como es, hasta que el siguiente sexenio se vislumbre una idea de cambio que no llegará, aferrándose a esta rutina, la sensación de cansancio en el país es su apoyo para desequilibrar esta barrera y así continuar generando las conexiones necesarias para ganar la elección, pues conseguiría romper con el paradigma y así dejar de tener una conformidad con el gobierno de siempre.
Finalmente, con 97 como puntaje en indulgencia, la cual es definida como el intento de la gente para controlar sus impulsos y deseos, México tiene tendencia a ella. Se quiere disfrutar la vida y divertirse al cumplir los deseos que se tienen. Se es optimista y la importancia del tiempo de recreación es fundamental. Desafortunadamente, al calificar tan alto en esta dimensión, también acarrea problemas, como actuar tal y como se place y gastar el dinero sin una cultura del ahorro. (Hofstde Insights) Es aquí en la que la calidad humana de Marichuy resalta, pues, al compartir la calidad de vida que la gente de sectores promedios y marginados tienen, ella fácilmente puede empatizar con las necesidades de tales grupos, haciendo propuestas electorales que incidan y generen un sentimiento nacional de “hermandad”.

Conclusión

En conclusión, la vocera del CNI tiene obstáculos enormes para su candidatura, pero así como tiene ello en contra, cuenta con herramientas que, ante la identidad del mexicano, son sustanciales para su triunfo en la contienda electoral. Ya que, si bien puede no “convencer” a los altos jerarcas del gobierno, no necesita más que ser la líder que el pueblo necesita.
Desafortunadamente, además del análisis de las dimensiones de Hofstede en su contienda y candidatura, se encuentra de igual forma el estereotipo que marca al sector indígena: “Un grupo de gente que está en las regiones más alejadas, sin educación ni conocimientos”, por lo que “¿Cómo es que una indígena podría gobernar?”. Ya se tiene al “Benemérito de las Américas” que trascendió a nivel internacional e inició como un “indio” (así llamado en la época) que culminó sus días al mando de todo un país, es este personaje el cual es recordado con sentimiento patriótico como lucha por la justicia y la soberanía nacional. De igual manera, años después de la muerte de Juárez, fue Díaz, un dictador que gobernó por treinta años Palacio Nacional, un individuo nacido en una familia de ascendencia autóctona, y, si bien se le relaciona con el rezago social y maltrato humano, consiguió poner el nombre de México en los más altos niveles de competencia internacional.
Con ello como antecedente, la candidatura de Marichuy ya cuenta con ejemplos anteriores que definieron el rumbo de la nación. Ya ha pasado tiempo de ello, ¿por qué no confiar en Marichuy que conoce al pueblo mexicano y sus desgracias actuales?
Si bien su trayectoria no ha sido política en absoluto, el cambio que propone es quizá lo que sea indispensable para el 2018. Por muchos años el país fue gobernado por militares y caudillos revolucionarios, hasta que se concretó que fuera un actor político quien tomara la silla presidencial, volviendo ello una de las mejores decisiones para la nación. Siguiendo con esa línea de pensamiento, el cambio que se propone es que se vuelva a elegir a una persona proveniente del pueblo mexicano para que sea quien realmente represente y guíe al país.
En efecto su preparación política no puede ser comparada con la de otros candidatos, quienes, continuando con la línea del supuesto “progreso” internacional, se enfocarían en la imagen mundial que se tiene del país, descuidando de quien realmente necesita apoyo, el pueblo mismo. Por lo que, ¿quién más para gobernar que el pueblo?, ¿un agente del pueblo que es Marichuy?
Una mujer con tradición, con conocimiento del desafío del mexicano. Aunque, si las afirmaciones sobre su poco conocimiento de política, economía y asuntos internacionales es un prejuicio, ese pensamiento permite una brecha que, de ser correctamente utilizada, se convierta en un cambio social, el cambio que se ha buscado arduamente desde hace ya tanto tiempo. Aunado a ello, su presencia en los Pinos garantizaría que sea un sexenio de México para México, una presidencia que apoye al mexicano en sus necesidades, iniciando por las básicas, para así continuar el trabajo para el mejoramiento de la cultura, dejando la “internacionalización” en segundo plano, pues, ¿qué sentido tiene mejorar mundialmente si el país se pierde?
Es por ello que se requiere a una persona que conozca el país y busque su mejoramiento interno, un mexicano que venga desde lo más marginado históricamente y rompa con los paradigmas ya establecidos, siempre velando con el equipo de trabajo apto para cada ámbito, entregando así un gobierno basada en el servicio y el apoyo a los grupos vulnerables.
Sería un paso agigantado en la historia mexicana, pero es probablemente el paso que se requiere para que México en verdad sea el país que puede y debe llegar a ser.
Los obstáculos deben convertirse en instrumentos a su favor; ello sólo depende de tres factores primordiales, que la candidata no los considere como impedimentos, sino que se vuelvan herramientas a su favor, que el pueblo mexicano busque un cambio, lo analice y lo acepte, y, finalmente, que ambas de estas partes hagan frente a los patrones políticos ya establecidos y así contender por la silla presidencia.
“La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un sólo interés: el del pueblo”-Juan Domingo Perón

Bibliografía

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