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Para una genealogía de la categoría de Liberación en la Filosofía de Enrique Dussel

Bernardo Cortés Márquez

Año 1, No. 10, mayo 2015

La categoría de Liberación es, pues, la categoría central de la filosofía de E. Dussel, en tanto que ésta caracteriza y signa propiamente su pensamiento. Desde los primeros planteamientos realizados antes de la primera formulación de una Filosofía de la Liberación, nuestro autor indicaba ya que el gran problema latinoamericano era la dominación, la pobreza y, por esto mismo, la Liberación se planteaba como horizonte desde el cual propondría y se concentraría un pensamiento que comienza en el excluido y en la periferia.

1. Categoría y paradigma.

Quisiera ensayar una pequeña precisión, quizá meramente metodológica, sobre el uso de la categoría Liberación. Considero que esta no es menos una categoría, como también un paradigma que en realidad concentra varias categorías, ya que forma parte del orden categorial pero, al mismo tiempo, es aquella categoría en torno a la cual se han concentrado y operan las demás. De esta manera, la noción de Liberación es una amplia categoría que rebasa, incluso, el ámbito categorial para elevarse al nivel de un paradigma. Liberación es, para un orden categorial, tanto la asunción del comienzo del problema, el punto de partida (de manera negativa) como el punto de llegada, tanto como el momento en que un proceso llega a su final, es tanto el límite y el horizonte que inmediatamente se presenta en el instante en el que se descubre y plantea la condición de opresión, como el momento en que el orden concreto categorial vigente va a llegar a su fin.
La categoría de Liberación no solo ocupa un lugar dentro de un todo categorial o incluso de un todo político, sino que es, precisamente, la subversión de todo el orden vigente, tanto categorialmente como prácticamente, de tal forma que, si ésta es su pretensión, asistimos entonces a un nuevo paradigma de lo político, de lo ético, de lo económico, y no solamente a una praxis o una categoría que ocupa un lugar dentro de una totalidad ontológica, categorial o política. Liberación es tanto una categoría como un imaginario que concentra y del cual se originan y hacia la cual se mueven todas las categorías. Entonces, considero, no es únicamente una categoría entre otras de una Filosofía de la Liberación, sino que es el paradigma que está incluso afuera de un conjunto categorial filosófico y opera en ella como un paradigma del cual emanan las categorías.

2. Éxodo y trans-ontología

La cuestión semita tendrá una gran influencia en la conformación de todo un conjunto de imaginarios que se encuentran conformados en la categoría de Liberación. Si no se recurre a la genealogía teológica del paradigma de la Liberación, se vuelve un concepto técnico y perdemos la iluminación que el mesianismo y la idea de redención proporcionan con respecto al hecho de que la humanidad se encuentra insertada dentro de la historia, en la condición de un drama que llama a la redención.
El relato, por ejemplo, de la salida de Egipto del pueblo hebreo en camino exódico, le proporcionará a nuestro pensador una imagen de la Liberación para explicar dicha noción, que refiere la salida de un orden totalizado, que ha devenido injusto y dominador, la situación de esclavitud en el mito mosaico, hacia otra tierra (tierra prometida) o situación libre de dominación. Primeramente el paradigma del éxodo fue aplicado propiamente desde una óptica teológica-crítica sobre la recuperación de la vocación escatológica y profética de la iglesia y su opción por los pobres, era un esquema fundamental de una Teología de la Liberación:

En América Latina, desde el comienzo recurrimos siempre al Éxodo. Recuerdo que, desde 1967, indicaba mis cursos en el IPLA (Instituto Pastoral Latinoamericano del CELAM en Quito) con la exégesis del Éxodo; allí se encontraban, explícitas, las grandes categorías de la Teología de la Liberación (Dussel, 1987 :100).

Incluso, en el ámbito puramente político, un Martin Luther King o un Fidel Castro harán uso de la metáfora del éxodo para dar cuenta de un determinado proceso de liberación. La imagen del éxodo proporcionaba la clara situación categorial de negatividad dentro de un orden y su posible salida hacia una novedad, la postulación de otra tierra prometida dónde vivir y un proceso o pasaje en el desierto, eran claves para interpretar el camino hacia una nueva experiencia histórica. Es curioso que, teniendo una carga económico-política y propia de los movimientos revolucionarios de izquierda armados, el concepto de Liberación no pueda sino tener como referente, para decir de él, una imagen teológica para dar cuenta de la intuición del escape de un orden hacia otro más justo, y que es necesario prometerse, para comenzar el proceso del pasaje a lo distinto. Parece que Dussel tendrá toda una mítica, constituida desde su juventud y su participación en el campo teológico-práctico, que irá evolucionando en categorías filosóficas, pero donde la teología seguirá teniendo un papel particular, con las cuales dará cuenta de la noción de Liberación y que formarán un amplio espectro paradigmático.
Hasta la formulación de una Filosofía de la Liberación (1977) se conserva de alguna manera el principio exódico en los términos del pasaje de una ontología del ser, del mundo, a una metafísica, un más allá del ser; ámbito de la apocalíptica donde se revela la alteridad del otro en el grito y frente al cual somos responsables y nos llama a su Liberación. Pasaje de una ontología al ámbito metafísico es, entonces, una de las primeras definiciones que describe a la Liberación y Trans-ontología viene a ser un sinónimo o caracterización de este éxodo del ámbito fonomenológico: “La liberación no es un acción fenoménica, intrasistemica; la liberación es la praxis que subvierte el orden fenomenológico y lo perfora hacia una trascendencia metafísica que es la crítica a lo establecido, fijado, normalizado, cristalizado, muerto. (Dussel, 2011: 104)”.
Como movimiento trans-ontológico el concepto de Liberación se vincula fuertemente con la fenomenología levinasiana, pero avanza más allá, llevando la experiencia originaria del pobre (otro) hasta las últimas consecuencias. Para Lévinas, de lo que se trata es de la apertura al infinito, del otro que va traumatizando y desarmando el Yo, en la asunción de la responsabilidad (más allá del mero respeto) por los otros, más E. Dussel encuentra que hay un pasaje de mayor trascendentalidad (más allá del respeto por y responsabilidad para con el otro) que llama Liberación. Se trata no solamente de ser responsable con el otro ofrendando la corporalidad misma, sino, y más todavía, de responder por el otro ante el sistema, como quien intercede frente a la Totalidad por el otro, con la protesta y pretensión de destrucción del orden.
Este éxodo fenomenológico, que plantea el pasaje del orden ontológico no es propiamente la imagen de la huida espacial de una tierra (que nuestro autor llama simbólicamente Egipto) a otro tópos (tierra prometida), sino que es la de un exilio más cercano a la propuesta de la vida mesiánica, de ser exiliado dentro de la tierra misma, sin desplazamiento espacial o geográfico como el éxodo, a la vez que se permanence en ella para entrar en conflicto ante el sistema en sustitución del oprimido. Dicho éxodo, en Dussel, tiene más la forma de un exiliato ontológico que supone una misteriosa subjetividad que se enfrenta al Ser desde la trascendentalidad del pobre que, involucrándose con el orden como intercedente del otro delante del sistema, se coloca entre la Totalidad y la exterioridad, no para situarse como mediador, sino como defensor del otro ante el orden. La intercesión del otro ante el sistema inaugura una nueva modalidad del paradigma exódico, en la situación propia del tercer mundo, donde la práctica de la fuga, del mero exit, no era ya practicable, ahí donde la tierra prometida debe realizarse en el Egipto mismo, ahí donde el viejo orden que se enfrenta y se pretende destruir debe, más bien, convertirse en un nuevo orden, lo que implica la asunción de la condición de exterioridad, la consistencia de trascendentalidad de los oprimidos, y la asunción del antagonismo o, mejor aún, del devenir en la condición de enemigo a muerte con respecto al orden, que significa, a la vez, ganancia metafísica como solidaridad con respecto al otro:

Por ello, con lógica implacable, la totalidad persigue a los que testimonian en su responsabilidad por el oprimido la necesidad de un orden nuevo. La responsabilidad es obsesión por el otro; es religación con la exterioridad; es exponerse al traumatismo, a la prisión, a la muerte. El héroe de la liberación (y no el de la patria antigua o conquistadora), antihéroe del sistema, avanza su vida y la pone en juego. Responsabilidad es así valentía suprema, fortaleza incorruptible, autentica clarividencia de la estructura de la totalidad; sabiduría. Es solidaridad más allá de la fraternidad. (Dussel, 2011: 106)

Así, considero, se ha dado un paso más allá de la salida exódica, el paradigma tradicional de la fuga, que escapa de la metrópoli dominante a la no-ciudad (el desierto) y, más bien, se propone la Liberación trascendente como una anarjía (más allá del principio), que encuentra su origen en el otro, metafísicamente anterior al sistema y por esto mismo anárquico hacia el cual se sale de la Totalidad y desde el cual se enfrentará al sistema, no para huir en busca de una tierra prometida, sino para destruir la tierra donde se es esclavo. Aun así, imágenes singulares como la “salida a (yatsá, en hebreo)” o el “pasaje hacia” dan cuenta de una Liberación, del escape de una vieja condición insoportable o injusta. Aquí, la Liberación es igualmente el quiebre del orden y el comienzo de un transitar inmanente y trascendente a la vez, para pasar de la Totalidad al pueblo de los oprimidos, para quebrar el mundo ontológico, para inmigrar hacia lo otro, un tiempo futuro, sin perder nunca el tópos donde se enfrenta antagónicamente a la Totalidad:

Liberación es el movimiento mismo meta-físico o transontológico por el que se traspasa el horizonte del mundo. Es el acto que abre la brecha, que perfora el muro y se adentra en la exterioridad insospechada, futura, nueva en realidad. (Dussel, 2011: 108) Liberar es dejar la prisión (negar la negación); pero antes es afirmación de la historia que fue anterior y exterior a la prisión (la del preso antes de estar en la cárcel) (ibíd.: 109).

Entonces, en términos abstractos al nivel de las meta-categorías, puede indicarse que Liberación se refiere a la perforación del cerco de la Totalidad y la afirmación de la exterioridad. Sin embargo la exterioridad no es un orden, ni tiene, desde luego, la forma de una Totalidad, así que, entonces, para alcanzar mayor precisión, la Liberación viene a ser la afirmación de la exterioridad que, dentro-fuera de la Totalidad, la hace reventar porque negar la negación es afirmación dentro de la Totalidad desde su afuera. La afirmación de una historia anterior y exterior a la prisión excede el orden de la cárcel. Se trata de un éxodo en la inmanencia, dentro y con respecto a la totalidad misma. En el Método para una Filosofía de la Liberación Dussel publicaba que la Liberación (Befreiung) es la negación de la determinación, que a la vez es primera negación de la indeterminación:

Por ello como omnis determinatio est negatio, la negatio de la determinatio es liberación. El infinito idéntico a sí mismo es negado en su indeterminación por la diferenciación determinante (Dasein); éste por su parte, ya diferenciado, es negado en sus determinaciones y se retorna así al infinito como identidad.( Dussel 1974:107). El proceso del crecimiento del hombre latinoamericano significa supresión, aniquilación de las determinaciones negantes: se trata de un movimiento de liberación, de liberar en el hombre su ser negado. (ibíd., p. 229)

Desde Hegel y Marx la Liberación se plantea como dialéctica de ascenso y descenso, que podemos llamar de fuerzas sustituyentes, donde una, liberándose, asciende al lugar del dominador, aunque Marx plantea que el proletario alienado debe producir la reconciliación entre los opuestos para llevar a su final las clases sociales, la lucha de clases, y realizar la sociedad sin clases. Esta Liberación no es ya propiamente éxodo, hay algo más que el éxodo aquí, pues se pretende no escapar de la Totalidad, sino que la clase proletaria se vuelve el sujeto de la reconciliación entre clases, lo cual nos lanza a la implicación, por la reconciliación, que sugiere la transformación de la subjetividad humana como primera y originaria Liberación, condición necesaria para la transformación del estado de opresión. Liberación de la subjetividad, en la subjetividad, más no individual, para la construcción de una comunidad autentica, con la cual comienza un verdadero proceso de Liberación. Liberación no significa propiamente tomar el estadio del dominador, sino que significa perder la condición de esclavo sin adoptar la del Señor, y donde no exista ya una determinación de unos sobre otros, es decir, sin alienación. En este sentido, el paradigma de una Liberación que comienza en la subjetividad hacia la nulificación de las clases, permite escapar de la dialéctica hegeliana del Señor y el Siervo. Ya algunos han referido, entre ellos nuestro autor, en una lectura apócrifa del pensamiento marxista, que en la Liberación como reconciliación en la sociedad sin clases Marx no hace sino llevar a cabo una secularización del Reino mesiánico.
La salida, ni espacial ni geográfica, se refiere, por lo menos en la reformulación del paradigma del éxodo que realiza Dussel, a un salida que es anterior al escape espacial que es el éxodo del sujeto mismo hacia la alteridad, pero dentro del orden y fuera de sus funciones. Epopeya en el Ser que, trascendiéndolo, en un pasaje ético místico hacia el pobre, el sujeto hace explotar el Egipto en una fuga de solidaridad que ocurre dentro del Egipto mismo. Ahora la Liberación gana complejidad y no sólo se plantea como una salida, un escape, una huida exódica, aunque lo es únicamente como tránsito de la totalidad a la exterioridad, de un viejo a un nuevo orden posible, sino que ahora ocurre como una destrucción de la destrucción, una redención, una salvación que restituye la alteridad y la corporalidad del oprimido: “¿Qué significa liberar? Es el movimiento de reconstitución de la alteridad del oprimido. Ahora sí, el movimiento fuerte es el de la liberación, porque el opresor no tiene en sus manos el futuro, al plantear la cuestión del más allá de la sociedad opulenta” (Dussel, 1974:285).
Es sabido que, según un texto semita, a Dios le corresponde la autoría de la Creación, en cuya obra le asisten los ángeles quienes, obsesionados por conocer sus intereses, le preguntan: ¿con quién estás Señor? Con aquel que ha sufrido una injusticia, para restituirle su derecho. Existe una obra de Creación en la que, la humanidad incluida en ella, se ha ido destruyendo por causa de ella misma y por la cual es necesaria una segunda obra que, paradójicamente, tiene la forma de un des-obrar (destrucción), que se llama Salvación. La segunda obra, a diferencia de la Creación firmada por Dios, le corresponde únicamente al hombre, al mesías. A toda obra de creación le acompaña una errata inherente, ante la cual es preciso que le surja la obra que salve dicha creación. En algún lugar de su obra, G. Agamben refiere que no es más importante la obra de la Creación, como el oficio de saber Salvar dicha obra que, además, excede en rango a la Creación. Toda la obra de la Creación, como toda acción de la humanidad, no está sino en la expectativa de su redención y todo quien se inserta en la operación creadora es responsable, a la vez, de su redención. A la altura de este teologumenon se encuentra todo el problema filosófico de la Liberación. A la significación de este paradigma le corresponde un vínculo inexorable con la teología y que, a través de sus nociones centrales como el éxodo, la redención y la salvación, coquetean siempre entre sí como paradigmas de lo mesiánico.

Bibliografía

Dussel, E., 1969, El humanismo semita. Estructuras intencionales radicales del pueblo de Israel y otros semitas, Eudeba, Buenos Aires.

Dussel, E., 1974, Método para una Filosofía de la Liberación, Sígueme, Salamanca.

Dussel, E., 1979, Introducción a la Filosofía de la Liberación, Nueva América, Colombia.

Dussel, E., 1987, “El paradigma del Éxodo”, en Concilium. Revista internacional de Teología, n°209, pp.99-114.

Dussel, E., 2011, Filosofía de la Liberación, FCE, México.
Gutiérrez, G., 1972, Teología de la Liberación, Sígueme, Salamanca.
Agamben, G., 2009, “Creazione e Salvezza” en Nuditá, Nottetempo, Roma.

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