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Entre ecos y voces

Daniel E. Florez Muñoz

Año 2, No. 13, noviembre 2015

La política latinoamericana como reinvención de la democracia global

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En 1867 -comenta Eduardo Galeano- Ecuador envió una selección de cuadros de sus mejores pintores a la Exposición Universal de Paris. Esos cuadros eran copias exactas de algunas obras maestras de la pintura europea. El catálogo oficial exaltaba el talento de los artistas ecuatorianos en el arte de la reproducción (1992). La condición de “reflejo” era a lo sumo la máxima aspiración a la que las almas y cuerpos racializados del sur global podían llegar a pretender en su afán de ser reconocidos ingenuamente como iguales. El proyecto civilizatorio partía de la afirmación de la humanidad de aquellos que ayer en su condición de hijos de dios sembraban cristiandad en el mundo, luego como portadores de la razón sembraban la ilustración y el cientificismo, y en la actualidad como altos consejeros del desarrollo y la competitividad global siembran políticas neoliberales de austeridad en todo el sur global; la afirmación de su humanidad encontraba como correlato la negación de aquellos tributos arrojados a las fauces de un sistema performativo de victimización, la verdad del mismo nunca ha habitado en las palabras de sus intelectuales a sueldo, en aquellas frías y eruditas elucubraciones demoliberales sobre emociones, consensos y derechos fundamentales, sino en la memoria de sufrimiento de las víctimas a las que mediante la implantación de un lenguaje se administró su pensamiento y se les privó de la posibilidad de expresar ese tipo de experiencia cargada de la negatividad ajena por completo a los habitantes del centro, acostumbrados a hablar únicamente desde de la realidad positiva del derecho, la filosofía y la ciencia, aquella experiencia que impugnaba la totalidad del orden sólo encontró en la rebeldía y la insurrección violenta un camino para salir a la luz bajo el nombre de liberación e independencia. El legado de los jacobinos negros en Haití, de Simón Bolívar en América Latina y de Pedro Romero en Cartagena de Indias, abrieron un camino que preconizó la senda para que hoy luego de varios siglos la historia encontrara un nuevo momento para hacer justicia con las victimas silenciadas del progreso y el capital en el sur global, el mismo que cada día se acerca más al norte, el tercer mundo avanza hacía el arrogante centro que mantuvo su marcha bajo el entendido de que la resignación era la ética absoluta del sur global y que su capacidad de sufrimiento era infinita. Hoy vemos con claridad que no es así, y sobretodo vemos con claridad como cada época trae consigo la sumatoria de la memoria de sufrimiento que la ha hecho posible, la misma emerge en busca de redención y convencida de que solo desde la práctica política radical de los oprimidos es posible reabrir la temporalidad a las luces de su propio porvenir.

Un día aquellos seres condenados a ser reflejos despertaron de su hechizo, dijeron basta y echaron a andar… El presente texto tiene por objetivo poner de presente algunos de los aportes que la izquierda latinoamericana ha podido consolidar en su desarrollo, son lecciones que están más allá de las contingencias de sus propios líderes y gobernantes, son lecciones sobre las cuales avanzarán todos los pueblos de la tierra que encuentren en la lucha contra la lógica del capital la única oportunidad de reivindicar la vida y la dignidad humana.

Muy tempranamente en América Latina se entendió que la falacia desarrollista y el mito moderno del progreso, proyectaban una imagen de mundo en la que su lugar y su voz era negada, condenada al eco mudo de quien no tiene lugar alguno en la fiesta de la prosperidad y para quien jamás fueron pensadas las palabras de libertad, igualdad y fraternidad. El debate de Valladolid entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda en el siglo XVI, abre el escenario para la discusión en torno a la humanidad de los seres que habitan fuera de las murallas de la razón, aquellos seres que ayer y hoy han sido objeto de políticas transnacionales de administración, de los que en su momento se dudó si tenían o no alma, y de quienes aún hoy se duda en torno a su capacidad organizativa, su potencial político, su responsabilidad frente al autogobierno libre y soberano, y especialmente la posibilidad de que sus pueblos puedan efectivamente establecer límites al capital financiero. Y es razonable que ellos duden, se sorprendan y especialmente se inquieten, ya que estaos hablando de seres a los que se les entrenó durante siglos para escuchar, para obedecer y sobre todo para replicar, se les mostró en múltiples ocasiones el precio de la autonomía, el costo de la libertad, y así lo pagó Chile en los 70. Sin embargo, aquella lección abrió nuevas formas de entender las relaciones del norte y el sur. ¿Cuánta arrogancia ven aquellos apóstoles de la colonialidad hoy en los ojos de un indígena presidente?, que cuando se le invita a los lujosos hoteles cinco estrellas en Europa, responde que él viene de dormir en un hotel de mil estrellas, haciendo alusión al cielo abierto en las montañas de Bolivia donde cuidaba a sus animales mientras servía de pastor a su pueblo.

El asomo de dignidad, de autodeterminación y de libertad en el Sur, es percibido en el Norte como arrogancia, crisis y anarquía. La fórmula del cataclismo que enciende las alarmas y clama por la intervención imperial, la cual se da siempre bajo la retórica de restaurar la normalidad, de ayudar a los necesitados y de rescatar la democracia, esa democracia vacía que hoy más que vive de los mercados antes que del pueblo mismo. Son esos seres los que encuentran hoy su lugar en la historia y asumen como auténticas todas las promesas que su propio devenir ha venido implantando sobre su conciencia: la promesa de la democracia con Allende, la promesa de la liberación de Fanón y Freire, la promesa de la Libertad con Bolívar y Martí, cada una de estas aspiraciones han confluido hoy para hacer de esta región una región desde dónde proyectar una verdadera y profunda voz, la voz que abre el horizonte de sentido, el horizonte de la producción y el horizonte político a nuevas coordenadas.
En el presente texto nos concentraremos en el último de estos horizontes, el político, no sin antes mencionar los grandes avances que desde el horizonte de sentido ha tenido el proceso de descolonización del saber en América Latina, propiciando un verdadero nicho de debate y producción de conocimiento que desde Latinoamérica está dando respuesta en diversas disciplinas a las necesidades y traumatismos que históricamente han imperado sin respuesta en la región. En esa misma línea, tenemos las importantes implicaciones que el campo productivo ha traído consigo la experiencia posdesarrollista del buen vivir como plataforma ético-cultural sobre la cual sostener formas productivas sostenibles, una verdadera alternativa global a la crisis ambiental intrínseca al desarrollo capitalista.
El horizonte político por su parte, se ha desarrollado con múltiples matices en la región, no obstante, es posible identificar como posibles causas de su renovación –siguiendo a Boaventura de Sousa Santos- un proceso de politización permanente de relaciones históricamente excluidas de consideraciones ideológicas, que partiendo de la despolarización del escenario político ha encontrado en símbolos propios de sus culturas, los insumos discursivos óptimos para la irradiación de la participación en los sectores sociales subalternos, fenómeno este que ha hecho frente a la estrategia de la despolitización propia del postfordismo, y se ha usado como principal estrategia de profundización de la democracia bajo el bandera de una ciudadanía empoderada. Una lectura complementaria a la anterior la sugiere Sergio de Zubiría, para quien es posible identificar principalmente seis causas que han propiciado esta renovación de la izquierda en América latina: 1. El lento y contradictorio agotamiento del neoliberalismo en el continente, 2. El fracaso de los denominados “capitalismos democráticos” de la región, 3. El progresivo descredito y la crisis interna de los partidos tradicionales, 4. El surgimiento de nuevos actores sociales y políticos; 5. La revitalización de la izquierda internacional, especialmente en sus luchas anti o alter-globalización; y finalmente, 6. la actual discusión sobre democracia y el inconformismo generalizado con la democracia realmente existente en América Latina.

De una u otra forma, la renovación del horizonte político en América Latina encuentra en la posibilidad de asociación entre diferentes sectores sociales con demandas y necesidad específicas, su principal lugar de partida. La forma en la que dichas dinámicas particulares han podido confluir en un mismo proceso vertical con opción de poder es algo que en algunos Estados responde a la formulación de la Hegemonía en términos de Laclau y en otras es más próxima al concepto de Traducción propio de Boaventura de Sousa Santos. Lo que permite virar de uno a otro constructo metodológico en miras a la construcción del bloque social de oprimidos, es el grado de heterogeneidad cultural sostenida por prejuicios racistas que imposibilita en mayor o menor grado la posibilidad de alianzas de demandas y a partir de ahí la sumatoria de fuerzas políticas y capacidad de movilización. Esta es quizá la principal lección de la política latinoamericana, me refiero a la capacidad de determinación que sobre la institucionalidad estatal lograron procesos sociales horizontales, que un momento especifico logran entrar en la misma con miras a redefinir las condiciones formales y materiales sobre las cuales se desarrolla el Estado mismo, y desde ese momento legitimar determinado uso del poder político sostenido principalmente sobre los movimientos y solo luego formalmente en las elecciones y procesos institucionales. Se trata de una forma radicalmente distinta comprender el ejercicio del poder (que Dussel siguiendo a Evo Morales denomina “poder obediencial”) y especialmente una muy particular forma de interacción de movimientos sociales con la institucionalidad estatal que sobrepasa en mucho las instancias liberales clásicas de participación popular. Finalmente esta tesis ha traído consigo profundas implicaciones económicas, para nadie es un secreto que las políticas neoliberales han fracasado, dicho fracaso en lo referente a lo político –siguiendo a Boron- se expresa fundamentalmente en tres aspectos: no lograron promover un crecimiento económico estable que asegurara condiciones dignas para el ejercicio de la ciudadanía, no consiguieron avanzar en la superación de la pobreza y la exclusión como presupuesto empírico de la participación; no consiguieron fortalecer las instituciones democráticas realmente existentes, por el contrario, contribuyeron para su desprestigio. Ante esta situación, que se ha experimentado de forma profunda en América Latina, la principal enseñanza de la política latinoamericana es que a más democracia, necesariamente, menos capitalismo. Dicha resistencia viene dada ya no por el credo leninista clásico, sino por la promoción de instancias productivas alternativas y la consolidación de bloques económicos a partir de los cuales poder hacer frente a las políticas transnacionales conducentes a afianzar la marcha del capital financiero y la devastación de la naturaleza y los pueblos que dependen de ella. La promoción de la integración latinoamericana viene soportada por una consideración de la economía soportada en la complementariedad y no en la competitividad, aspiración digna que en su implementación ha tenido múltiples problemas pero que no obstante constituye un nuevo e importante referente en la región.
En resumen, la actual experiencia latinoamericana permite vislumbrar nuevas formas de entender la práctica democrática en horizontes poscoloniales marcados por altos índices de marginación social, injerencia internacional y concentración de poder económico.

Dichas lecciones pueden ser planteadas de la siguiente forma:
1. MOVILIZACIÓN CON CAPACIDAD DE DECISIÓN REAL.
Diferentes movimientos sociales han comprendido que no basta con la movilización como manifestación de inconformidad, sino que la misma debe necesariamente devenir en la generación de las condiciones del acto político que aseguren procesos permanentes de participación y superación de aquellos que se considera injustificable.

2. RETÓRICA POLÍTICA ANCLADA A SÍMBOLOS POPULARES PROPIOS DE LAS TRADICIONES POLÍTICAS DE NUESTRO CONTEXTO.
Dichas formas discursivas aseguran una mayor capacidad de irradiación de los procesos de politización al interior de sectores históricamente ajenos a los debates políticos, así pues, Perón, Allende, Bolívar y Tupac Amarú por ejemplo, han mostrado para la izquierda latinoamericana ser más útiles políticamente hablando que Mao, Stalin y Lenin. Esta mediación cultural de la política de izquierda en America Latina ha impactado igualmente en los diseños que rigen los colectivos y las organizaciones políticas, enfatizando procesos de formación histórica y contribuyendo así a la reconstrucción de los imaginarios nacionales.

3. LIDERAZGOS FUERTES ANCLADOS A PROCESOS SOCIALES HORIZONTALES.
Tema de profunda discusión al interior de diferentes sectores de la izquierda, sin embargo conviene afirmar que en situaciones de alta complejidad social, en las que los intereses económicos han absorbido diferentes instancias sociales tales como medios de comunicación, mercado de suministro de alimentos, el sector financiero, servicios públicos básicos entre otros, es necesario la confluencia de una institución con capacidad de jalonar bajo su autoridad procesos participativos que legitimen decisiones que se traduzcan en el beneficio de las mayorías, se requiere en muchos casos, la decisión personal de quien cuenta con el respaldo popular para tomar decisiones en pro de la ciudadanía y de los más necesitados, decisiones que deben ser asumidas sobre la marcha y sujetas exclusivamente al compromiso del mismo con las causas que lo legitiman.

4. POLITIZACIÓN DE SECTORES EXCLUIDOS Y MARGINADOS A PARTIR DE LA INCLUSIÓN DE LOS MISMOS EN INSTANCIAS DE TOMA DE DECISIONES.
En América Latina la regla política afianzada históricamente ha sido la apatía política generalizada, los altos índices de abstencionismo electoral así lo demuestran, contribuir en procesos de empoderamiento ciudadano se traduce en la efectividad real del ejercicio de los derecho políticos, dichas estrategias dirigidas principalmente a sectores históricamente excluidos, marginados, incluso indocumentados; ha contribuido a la redefinición de los imaginarios sociales y generación la conciencia crítica de un tipo de ciudadanía emergente, que encuentra en el Estado ahora si un verdadero foro que asegura la traducción de sus necesidad en garantías y derechos.

5. EQUIVALENCIA DE LAS LUCHAS AUNADAS A PROCESOS COLECTIVOS DE ASOCIACIÓN Y RESISTENCIA COMÚN.
Lo cual ha permitido o superar la creencia del conflicto estructural o condicionar la misma al proceso retorico de convergencia de demandas alternativas provenientes de sectores sociales heterogéneos. Ya no basta con declararse en el redentor o la vanguardia, ahora es necesario salir a buscar las alianzas con sectores sociales diferentes con demandas y problemas particulares y a partir de ahí ir construyendo una base de inconformismo que luego encuentre en una de dichas demandas la posibilidad estratégica de acceder al poder en representación de todas. La despolarización del mapa político a partir del trabajo en torno a demandas más que en torno a banderas y partidos políticos, constituye una importante lección en virtud que la misma posibilita la inclusión al interior del proceso político de sectores sociales que si bien han decidido libremente no participar en política, se reconocen a sí mismo como víctimas de determinada situación y por tanto portadores de demandas socialmente relevantes.

6. REDEFINICIÓN E INVENCIÓN DE INSTANCIAS DE PARTICIPACIÓN POPULAR Y DE DERECHOS.
En la actualidad el constitucionalismo del sur global es referente doctrinal y jurisprudencial a nivel global, lo anterior solo fue posible a partir de la conciencia de que el derecho y la política debían empezar a responder a las necesidades del contexto antes que a las modas de los países del centro, la colonialidad del saber jurídico sigue vigente, pero ya se han logrado importantes avances en la región que sin lugar a dudas denotan una tendencia que difícilmente los apóstoles de EEUU, Alemania o España podrán frenar. Avances en materia de defensa de derechos sociales, formas de propiedad comunitaria, diseños institucionales articulados a asambleas barriales y estudiantiles, políticas de asistencia ciudadana, entre otros, son hoy un ejemplo en el mundo de estrategias que desde lo jurídico y lo institucional pueden posibilitar la superación de problemáticas estructurales.

Esas son algunas de las luces que la experiencia latinoamericana ha podido ir sembrando en el debato político global y al interior de las cuales los pueblos del mundo comprometidos con la emancipación de hombres y mujeres encontrarán una cantera histórica de experiencias y fracasos para aprender y superar. El miedo a equivocarnos no puede ser el límite de nuestra imaginación política, atrevernos a hacerlo es sin lugar a dudas una enorme ganancia, atrevernos a vivir sin maestros, esa es quizá la más grande lección que nuestra historia política hasta el día de hoy tiene para contar: el futuro es nuestro y por lo menos ya sabemos que esta vez no será el que otros nos dicten.

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