año 1 no 11

La Seguridad ¿un dogma que impide el cambio?

Lionel Francou

Año 1, No. 11, julio 2015

El autor es candidato a doctor en Sociología por la Université catholique de Louvain e adscrito al CriDIS (Centre de recherches interdisciplinaires Démocratie, Institutions, Subjectivité). Miembro del comité de redacción de la revista Émulations. Traducción Luis Martínez Andrade

Cuando el éxito del término “seguridad” y, su contraparte negativa, la “inseguridad” no están más a la orden del día a ser demostrados en los discursos mediáticos y políticos, el filósofo Frédéric Gros propone de tomar distancia para interrogar los fundamentos y los significados de dicho concepto. Tomando distancia de los trabajos que se complacen en la denuncia del advenimiento del Estado policial fomentado en esa vía por los medios de comunicación poco exigentes, Gros intenta comprender ese término a través el proceso socio-histórico en el que su significado ha evolucionado en el curso del tiempo. En États de violence. Essai sur la fin de la guerre publicado en 2006, Gros advertía que el antagonismo estructurarte entre la guerra y la paz no estaba tan claro como ahora, principalmente en el hecho de los eufemismos empleados por el discurso que prefería el uso de términos como “intervención” o “seguridad”. En esta portentosa obra, Le Principe Sécurité, Frédéric Gros –quien es además especialista de Michel Foucault–, no se limita a introducir las tesis del pensador francés o a comentarlas. Por medio de un trabajo realmente original y ambicioso, apoyado en base a muchas fuentes (como lo demuestra la larga lista de notas que figuran al final de la obra), Gros identifica y define cuatro “nichos de sentido” del concepto de “seguridad” que podrían constituir un instrumental teórico de mucha utilidad para los sociólogos. Este término no tiene una única acepción y la sucesión de sus diferentes significados ha conducido sobre superposiciones en diferentes estratos que forman el sentido actual y corriente, sus influencias permanecen en diversos grados. Desde una perspectiva diacrónica, el autor se interesa en la emergencia del término dentro de las diferentes corrientes de la filosofía de la Antigua Grecia, después en el milenarismo que se dejara sentir todo el Medioevo, posteriormente en la figura del Estado moderno a partir del siglo XVI y, finalmente, en el modelo securitario que impera desde finales del siglo XX.
El primer sentido de la seguridad es aquel de la tranquilidad del alma, una serenidad, un estado interior particular que puede ser saciado ejerciéndose en ese sentido. Las corrientes filosóficas como el estoicismo, el epicureísmo o el escepticismo desarrollan “técnicas espirituales” consideradas a conducir a dicha seguridad, a la ataraxia. Este viaje interior ha tenido lugar a pesar de los peligros y riesgos que salpican la existencia, compone también la potencialidad de su ocurrencia y permite establecer una base suficiente para hacerle frente. Un segundo nicho de sentido refiere a la seguridad «como situación objetiva caracterizada por la ausencia de peligros, la desaparición definitiva de peligros». Es la «utopía» de la desaparición de todos los peligros en provecho de un «estado de la humanidad absolutamente armonioso» (p. 52) en el cual se espera provocar su aparición. El tercer significado es aquel que va a «colocar una equivalencia perfecta y sin descanso entre el Estado y la seguridad»; el Estado allí encuentra su legitimidad. Esta seguridad, considerada como «finalidad, objetivo, función primera del Estado» (p. 94), tendría una triple dimensión jurídica, policial y militar que reenviaría a tantas figuras del Estado (Estado de derecho, fuerza pública y potencia exterior). En lo que refiere al cuarto y último nicho de sentido, el más reciente y contemporáneo, concierne a lo que el autor denomina la «bioseguridad», es decir, «el conjunto de dispositivos de protección, controlo y regulación del individuo considerado bajo el aspecto de su finitud biológica» (p. 174-175). Se trata pues de asegurar la «continuidad de un proceso» por un «acompañamiento de flujo» (p. 234), vitales, por supuesto, pero también materiales o de información, por ejemplo, y esto va paralelamente a la caída vertiginosa del papel asignado a la figura del Estado.
Estos diferentes sentidos de la seguridad son restituidos por Frédéric Gros en sus nichos de emergencia, en épocas y tradiciones de pensamiento diferentes, y que no les impide de coexistir actualmente bajo formas actualizadas. La cuarta acepción de la seguridad, la bioseguridad conceptualizada por el autor, no hace desaparecer los significados que han atravesado los siglos e influyen todavía nuestras concepciones contemporáneas de la seguridad. Esas diferentes significaciones son tomadas en una dinámica histórica donde ellas son reconfiguradas o reactivadas en función de los cambios que afectan a la sociedad. Además están marcadas e influenciadas en sus evoluciones por tensiones internas en su interior o por contradicciones externas entre ellas. Para el autor, esas diferentes acepciones del término seguridad tienen en común que siempre se trata de una «restricción de la catástrofe» (p. 237).
Posterior a su rigorosa exposición de los diferentes nichos de sentido de la seguridad que el autor ha descrito con mucho cuidado, él se atreve a ofrecer una conclusión más crítica y política. En efecto, argumenta que el «dogma» que se representa en la seguridad del mercado, a partir de su «infalibilidad» impide una puesta en cuestión del sistema a pesar de las crisis y del aumento de las desigualdades; esto lo lleva a afirmar con pesimismo que la seguridad es garantizada «cuando todo continua como otrora» (p. 238). Finalmente, esta obra ofrece una lectura agradable ya que contiene una escritura fluida compuesta de anécdotas (históricas y literarias, por supuesto) que le dan cuerpo a los argumentos. Al final del texto, se encuentra una bibliografía y una cuadro recapitulativo muy útiles para hacer un balance, un índice temático y el conjunto de notas agrupadas, lo que complica un poco la lectura para la ubicación de las notas de pie de página. Aunque en ocasiones lamentamos la estructura del texto que no permite una identificación de los puntos desarrollados por el autor pero que es un simple detalle, puesto que dicha cuestión es menor y no demerita el interese que esta obra para los investigadores en ciencias sociales. Interés que va más allá de los simples especialistas de cuestiones de seguridad e inseguridad.

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