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Arte y juego: el ajedrez como vidriera de la Colonialidad

Emmanuel Ginestra

Introducción

Desde Heráclito hasta Von Clausewitz o Kissinger,

“la guerra es el origen de todo”

Dussel, E. (1977)

 

La Filosofía de la Liberación y la Teoría Descolonial han significado un aporte fundamental para pensar nuestra situación actual, y en gran medida, lxs intelectuales dedicadxs a este territorio conceptual han ofrecido sendas impresiones críticas sobre el desenvolvimiento de la modernidad/colonialidad capitalista. Las disciplinas que han encontrado eco para el tratamiento analítico son diversas y las temáticas giran en torno a amplios sectores de la vida comunitaria: la cuestión del género/sexo, la racialidad, el control sobre la fuerza de trabajo, etc. Reconociendo el aporte fundamental de estas apreciaciones, intento abrir el panorama descolonial hacia el aspecto artístico y lúdico del ajedrez, cuya narrativa histórica puede figurarse como vidriera de la colonialidad, e. e., como muestra significativa de la impronta colonial en la historia del Sistema-Mundo.

Considero que una perspectiva descolonial de la historia del ajedrez nos permitirá apreciar su íntima relación con el desenvolvimiento de los grandes movimientos de concentración de riquezas desde la “Ruta de la Seda”, hasta su consolidación en el Sistema-Mundo actual. Si bien surgió como juego-arte de minorías étnicas migratorias hoy expresa, como otras áreas científicas, tecnológicas y artísticas, un territorio en el que se disputan grandes sumas de capital y prestigio internacional. Siguiendo las líneas fundamentales de esta perspectiva, se puede reconstruir la historia del ajedrez como vidriera de la historia de la acumulación y consolidación del Sistema-Mundo. De esta forma, podremos desarrollar una explicación histórica no sólo de los factores económicos, políticos, sociales, etc., sino también, del recorrido análogo del juego de los trebejos. Como podrá verse, desde el Chaturanga hasta el consolidado ajedrez, este juego llevará la impronta del movimiento de los centros mercantiles más importantes. Europa, a base del despojo de las riquezas de nuestro continente y de la apropiación de la fuerza de trabajo esclavista, servil y sexista, logrará consolidarse lentamente como Centro del Sistema. Esta característica repercutirá en el poderío ajedrecístico de ciertas regiones en las diferentes etapas de la modernidad hasta la actualidad: desde la irrupción en los reinos españoles con la destreza de Fray Ruy López de Segura hasta la actual coronación del noruego Magnus Carlsen, y la posible disputa del trono por ajedrecistas chinos como Wei Yi, servirán de elementos críticos para mostrar la incidencia entre arte, juego y centralidad geopolítica.

 

“Prehistoria: marca eurocéntrica”

La primera impresión que aflora cuando nos acercamos a la historia reinante del ajedrez es que tiene un pasado “prehistórico” (s. VI a. C.- s. IX d. C.), signado por los distintos avatares de un juego “rudimentario” que venía de Oriente. Desde el Indostán (s. VI, conocido como “Xiangqi”, “Shōgi”, o el más famoso “Chaturanga”), hacia China y Persia (VII, “Shatranj”, “Shatranji” o “Chatranj”), llega a Siria (s. VIII) y al Bizantino (s. IX, “Zatrikion”), pasa por el norte de África musulmana (s. VIII-IX), y se viraliza en Al-Ándalus peninsular musulmana (s. IX, como “Ajedrez”). Es en este período donde se puede reconocer que los lugares de juego se manifiestan, desde sus orígenes, por el corredor de la llamada “Ruta de la Seda” hasta el sur de la península euroasiática, centro del desarrollo mercantil. Allí, en ese amplio espacio-tiempo de concentración y fluctuación de mercancías se fue desarrollando el juego que cobraría distintas derivaciones pero que en la primera modernidad cobrará forma sustancialmente como lo conocemos ahora. La marca eurocéntrica para delimitar la “historia verdadera y fiel” corresponderá con el período creciente de centralidad del Sistema Mundo a partir de 1492. Europa se convierte así, en el “parteaguas” histórico que divide la historia oficial del “primitivo” chaturanga y el “moderno” ajedrez. Las premisas fundamentales de la formulación historicista del romanticismo alemán, especialmente hegeliano, se han manifestado: el juego lleva la impronta histórica del desenvolvimiento autoconsciente del Espíritu del Este al Oeste.

Historia colonial/capitalista

Como bien afirma la Teoría Descolonial, el entrecruzamiento crítico y de complejización a las tesis de Inmanuel Wallerstein (2012), Enrique Dussel (1977, 2000, y 2007) y Aníbal Quijano (2000), nos permite situar al proceso iniciado en 1492 con la llegada de navíos castellano-aragoneses a las costas del Caribe como un verdadero parteaguas histórico: la irrupción de nuestro continente dentro del horizonte europeo posibilitará, lentamente, el desencanto de las “formas tradicionales de vida”, y la consolidación de un Sistema-Mundo moderno, capitalista y colonial. A partir de dicho fenómeno, las regiones comenzarán a dividirse entre Norte-Global (Centro) y Sur-Global (Periferia) en función de ciertos mecanismos sociales de vigilancia, represión, etc.

Como podrá verse, no sólo la centralidad de los recursos económicos muestran el desenvolvimiento de la modernidad capitalista, sino también, que en cada proceso histórico-social, el ajedrez centralizó su poderío en relación con la concentración de riqueza. Visualizar las mutaciones de centralidad ajedrecística, será otra forma, una “forma otra”, de observar el flujo económico del Capital.

Primera modernidad

 

“Cuando los españoles conquistaron América,

por ejemplo, el mejor jugador del mundo vivía,

naturalmente, en Madrid”  (Keelasever, 2012)

A partir de los trabajos de Wallerstein, Dussel y Quijano, 1492 es una fecha fundacional, ya que produjo un cambio significativo en la cosmovisión de la periférica Europa medieval y feudal: el descubrimiento del Atlántico y el despojo que sistemáticamente fueron realizando los reinos de Castilla-Navarra y los de Portugal, consolidaron en el transcurrir del tiempo una creciente centralidad que será arrebatada solamente por Norteamérica en el s. XX.

En esta primera modernidad, dos regiones de Europa están consideradas como puntos estratégicos de intercambio de mercancías, y con ello de sabiduría, deporte y juego. Por un lado está, obviamente el Reinado español, que aseguraba sus ingresos gracias a los Virreinatos del Perú, de Nueva España y del Río de la Plata; y por otro, la península italiana que tiene puntos de encuentro con la gran cultura musulmana.

Precisamente, estas dos regiones serán las que llevarán la primacía en el incipiente, pero ya considerable, juego de estrategia. Estarán los reinos hispánicos, cuyo mayor ajedrecista será Fray Ruy López de Segura (Zafra, Badajoz, c. 1540 – Madrid, c. 1580), quien publicó uno de los primeros tratados sobre la temática, y posiblemente se lo pueda reconocer como el primer campeón del mundo latino-europeo; y  el poderío italiano que conocía a uno de sus mayores talentos, a saber, Lorenzo Da Cutri (Cutro, 1552 – 1597), que llegará a ser el siguiente campeón luego del match de 1575, que luego permitirá que se constituya una cierta “escuela ajedrecística” con Boi, Salvio, y Greco. A modo de ejemplo, se puede ver cómo desde estos territorios, se ha legado para la posteridad dos de las aperturas más agresivas, la Española (1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3. Ab5) y la Italiana (1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ac4)

Segunda modernidad

 

¿Quién será el campeón de la Revolución Francesa,

cuando el mundo descubre que el hombre común,

el peón, el trabajador, es igual al Rey?

Ya desterrada la supremacía hispánica-portuguesa por diferentes cuestiones, entre ellas las constantes luchas dinásticas, el Centro comienza un recorrido hacia el norte, siendo Francia y Holanda, las nuevas potencias europeas que logran, incluso, comerciar con China directamente.

En estos tiempos, de cambios significativos a niveles políticos y sociales (piénsese en la Revolución Francesa), de concentración del capital y de la especulación financiera (la célebre burbuja de los tulipanes), aparece en escena la estrategia del ajedrecista francés François-André Danican Philidor (Dreux, 1726 – Londres, 1795), bajo la consigna que “los peones son el alma del ajedrez” (no el Rey o la Reina). La Fraternidad no sólo será visualizada como un concepto político sino una realidad en el tablero, ya que la solidez del encadenamiento de los peones en el centro, serán los elementos fundamentales para el desenvolvimiento exitoso de la partida. La influencia de esta mirada es notable; de hecho recién con la teoría hipermodernista del ajedrez en la época contemporánea se considerará que no es necesario ganar el centro del tablero con los peones en primera instancia, sino, más bien, realizar fianchettos con los alfiles.

Tercera modernidad

Ahora bien, el corrimiento del Centro de acumulación y reproducción del Capital en el s. XIX estará ligado al Imperialismo Inglés y al Austrohúngaro, aunque con mayor fuerza por el anglosajón. No es de extrañar, pues, que el poderío ajedrecístico esté presente en estos dos grandes imperios y constituyan entre sí, los polos en disputa por la titularidad del trono. Para lograr el cometido se organizan diversos torneos en varias regiones del continente europeo, y se materializa el Primer Torneo “Internacional” (sic) de Ajedrez (1851) en, obviamente, Londres, la cuna del Gran Imperio Industrial. Es la época del inglés Howard Staunton (Westmoreland, 1810 – Londres, 1874), del alemán Karl Ernst Adolf Anderssen (Breslau, 1818 – 1879), del norteamericano Paul Morphy (Nueva Orleans, 1837 – 1884) y el surgimiento de una nueva tipología del jugador moderno en la figura de Wilhelm Steinitz (Praga, 1836-Nueva York, 1900), convirtiéndose en el Primer Campeón oficial por resultar vencedor del Torneo Mundial de Ajedrez de 1886.

 

  1. XX

 

A principios del s. XX, el ajedrez se jugaba de forma muy similar a como se conducía la guerra durante la Primera Guerra Mundial: en las trincheras (…) así que comenzaron a jugar aperturas basadas en los ‘fianchettos’ donde los alfiles se desarrollan apuntando al centro desde lejos, como cañones. Era el concepto de bombardeo en ajedrez. Ocupar sí, pero antes, bombardear

El poderío de Steinitz será suplantado por Emmanuel Lasker (Prusia, 1868 – Nueva York, 1941), sobreviviente de las crisis sociales de la República de Weimar y del poderío del Nacionalsocialismo de Adolf Hitler. La centralidad de Inglaterra en el contexto mundial no sólo mermará lentamente a nivel productivo e industrial, sino también, en el área ajedrecística. Los jugadores alemanes comenzarán a perfilarse como los detentores de los campeonatos europeos (posiblemente por las huidas, persecuciones, deportaciones y asesinatos de jugadores, especialmente judíos hipermodernistas como Réti y Nimzowich), y la figura del nacionalizado francés Alexander Alekhine (Moscú, 1892 – Estoril, 1946) será la que se vislumbrará en el Viejo Mundo. Él tendrá, junto al cubano Raúl Capablanca (La Habana, 1888 – Nueva York, 1942, quien siguió a Lasker en la coronación mundial), la hegemonía en ajedrez. Alekhine le ganará el march a Capablanca y recuperará para Europa la vanguardia ajedrecística, detentada por el latinoamericano por algunos años, y sostenida por Mar Euwe (Ámsterdam, 1901 – 1981) por un breve tiempo.

Serán las consecuencias de las denominadas “Guerras mundiales” (fenómenos que interrumpieron la concreción de los torneros oficiales, puesto que  “el Centro estaba en guerra”) las que transformarán tanto la centralidad geopolítica de las diferentes naciones como el mapamundi del ambiente del Ajedrez: poco a poco, una de las dos grandes potencias que surgen de la Gran Guerra, e. e., U.R.S.S. será la que concentre el poderío y la fuerza ajedrecística indiscutiblemente. Los campeones sucesivos serán: Mijaíl Botvínnik (Kuokkala, 1911 – Moscú, 1995), Vasili Smyslov (Moscú, 1921 – 2010), Mijaíl Tal (Riga, 1936 – Moscú, 1992), Tigran Petrosian (Tiflis, 1929 – Moscú, 1984), y Boris Spassky (Leningrado, 1931).

La fuerza de los jugadores rusos será imbatible en el “corto” o “largo” (según el caso) s. XX y, especialmente, en el período denominado “Guerra Fría”, que llegará a su fin con el duelo por el título de Campeón Mundial entre Boris Spassky y el estadounidense Robert “Bobby” Fischer (Chicago, 1943 – Reikiavik, 2008), siendo ganador este último. La Guerra Fría tendrá, anticipadamente, mucho tiempo antes de la Caída del Muro de Berlín, una muestra de qué nación será la que detente la Centralidad política y militar.

Fischer desaparece de la escena pública y, ya que no se presentó para la defensa de su título, el retador Anatoly Karpov (Zlatoust, 1951) será reconocido oficialmente como el nuevo Campeón Mundial. Su lugar en el podio lo mantendrá incluso cuando tenga que defenderlo frente a Viktor Korchnoi (Leningrado, 1931-Wohlen, 2016) quien, si bien era ruso de nacimiento y la mayor parte de su brillante carrera la hizo dentro de la legitimación soviética, pidiera asilo político en Ámsterdam. Esta vez, la URSS conservará su lugar hegemónico hasta su disolución: de sus cenizas, de los países que estaban en la órbita soviética surgirá el GM y nuevo campeón mundial Gary Kasparov (Bakú, 1963) quien reinará indiscutiblemente desde 1985 hasta el año 2000, tras vencer a Karpov.

  1. XXI

La influencia de Kasparov será definitiva fuera y dentro del tablero; sólo será arrebatada por Vladimir Kramnik (Tuapsé, 1975), y luego por el indio Viswanathan Anand (Madrás, 1969). Comienzan a sucederse varios GM en el trono, como Veselin Aleksandrov Topalov (Ruse, 1975), etc, como resultado de la división entre la FIDE y PCA. El ajedrez se convertía, nuevamente, en una vidriera de la modernidad, puesto que el Centro político estará girando entre varias potencias, y si bien EE. UU. dominaba el desarrollo económico en todo el Globo, no hay que olvidar el recrudecimiento de las crisis internas del capitalismo financiero y desregulado. Las regiones geopolíticas más estables, duraderas y de crecimiento económico (en sentido desarrollista) estarán en la península noreuropea: los países nórdicos, a pesar de la poca visibilización internacional (producto de la propaganda neoliberal estadounidense e inglés), viraban hacia una socialdemócrata organizada por la presencia liberal de un Estado fortalecido. De estos lugares, específicamente Noruega, surgirá el nuevo e indiscutido campeón mundial GM Magnus Carlsen, quien desde 2013 hasta la actualidad defiende su título. En el horizonte de su hegemonía, aparecen varios jugadores que podrían arrebatarle el título; todos ellos Grandes Maestros (Súper Grandes Maestros), pero es destacable que, nuevamente se pueda visualizar el desenvolvimiento del Sistema-Mundo, ya que serían los jugadores chinos, como el joven Wei Yi (1999), quienes poseen chances reales de llegar al poderío absoluto en poco tiempo: de hecho, si realizamos un análisis descolonial, podremos ver que el Top Ten está regido por los grandes centros de poder económico como estadounidenses (Nakamura, So), indios (Anand y Giri), y chinos (Yangyi o Ding) Nuevamente, la modernidad se hace visible no sólo a nivel de riquezas, sino también del “juego arte-ciencia”.

A modo de conclusión

Las relaciones entre la centralidad geopolítica en razón a la concentración de capital, y la ajedrecística es palpable. Desde la apropiación de la península ibérica hasta la mundialización globalizada del juego, se pueden atisbar las vinculaciones entre el ajedrez y la consolidación como centro económico, político y militar. Obviamente, el análisis es general, y surgirán casos que no pueden incluirse en una lógica monotónica y cerrada. La idea del texto es mostrar cómo, desde una narrativa mundial ampliada, el desenvolvimiento de la modernidad también recayó en el juego y en el arte.

Por ello, y sin renunciar a la amplitud de cuestiones a tratar, es dable mencionar algunas preguntas orientativas para futuros trabajos: ¿cómo era el desarrollo del juego entre el proceso de centralización del Sistema-Mundo a partir de la concentración de riquezas desde 1492, y las comunidades árabes presentes en buena parte del territorio peninsular ibérico, incluso después de la Guerra de Lepanto (1571)?, ¿es posible reescribir la narrativa teniendo en cuenta jugadores judíos y/o musulmanes. o sólo es aceptable una escritura cristianocentrista?, ¿cuál fue el rol de América Latina y el Caribe en esta narrativa?, ¿acaso la centralidad en el Sistema-Mundo, facilitado por la extracción sistemática y metódica de las riquezas en nuestra región, no posibilitó primero, la supremacía europea, luego la soviética, y actualmente la de Noruega?, ¿cómo escribiríamos esta historia si, desde una perspectiva descolonial mundial, incluyéramos el ajedrez que se produjo en nuestro continente?, ¿por qué las narrativas historiográficas tradicionales no mencionan la regencia indostánica o china en el ajedrez, si no hay dudas de la centralidad de su poderío económico hasta mediados del s. XIX?, ¿es posible (sin caer en futurología, profecía, o teleología histórica) que en el mundo multipolar que se avecina pueda existir un poderío de larga data como fue en el s. XX?

Estas preguntas, y tantas otras que se pueden formular, no sólo profundizan el planteo inicial de las vinculaciones entre el poder geopolítico y el ajedrez, sino que, también, nos permiten repensar el desarrollo de la modernidad, el lugar fundamental de nuestro continente, y de las demás regiones periferizadas.

Bibliografía

Dussel, Enrique, Filosofía de la liberación, Bogotá, Editorial Nueva América, 1977

Dussel, Enrique, Política de la Liberación. Historia mundial y crítica, Madrid, Trotta, 2007

Dussel, Enrique, “Europa, modernidad y eurocentrismo” en Lander, Edgardo (comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas, Bs. As., CLACSO, 2000

Keelasever, La gran película de Ajedrez. Subtitulos español, [archivo de video] Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=2f18pSaZS8k, 31 de agostoo 2012

Quijano, Aníbal, “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina” en Lander, E. (comp.) La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Bs. As., CLACSO, 2000

Wallerstein, Inmanuel, El Capitalismo histórico, Madrid, Editorial Siglo XXI, 2012

Arte y juego: el ajedrez como vidriera de la Colonialidad

Dr. Emmanuel Ginestra
(Facultad de Ciencias Humanas – Universidad Nacional de San Luis – República Argentina)

Introducción

Desde Heráclito hasta Von Clausewitz o Kissinger,
“la guerra es el origen de todo”
Dussel, E. (1977)

La Filosofía de la Liberación y la Teoría Descolonial han significado un aporte fundamental para pensar nuestra situación actual, y en gran medida, lxs intelectuales dedicadxs a este territorio conceptual han ofrecido sendas impresiones críticas sobre el desenvolvimiento de la modernidad/colonialidad capitalista. Las disciplinas que han encontrado eco para el tratamiento analítico son diversas y las temáticas giran en torno a amplios sectores de la vida comunitaria: la cuestión del género/sexo, la racialidad, el control sobre la fuerza de trabajo, etc. Reconociendo el aporte fundamental de estas apreciaciones, intento abrir el panorama descolonial hacia el aspecto artístico y lúdico del ajedrez, cuya narrativa histórica puede figurarse como vidriera de la colonialidad, e. e., como muestra significativa de la impronta colonial en la historia del Sistema-Mundo.
Considero que una perspectiva descolonial de la historia del ajedrez nos permitirá apreciar su íntima relación con el desenvolvimiento de los grandes movimientos de concentración de riquezas desde la “Ruta de la Seda”, hasta su consolidación en el Sistema-Mundo actual. Si bien surgió como juego-arte de minorías étnicas migratorias hoy expresa, como otras áreas científicas, tecnológicas y artísticas, un territorio en el que se disputan grandes sumas de capital y prestigio internacional. Siguiendo las líneas fundamentales de esta perspectiva, se puede reconstruir la historia del ajedrez como vidriera de la historia de la acumulación y consolidación del Sistema-Mundo. De esta forma, podremos desarrollar una explicación histórica no sólo de los factores económicos, políticos, sociales, etc., sino también, del recorrido análogo del juego de los trebejos. Como podrá verse, desde el Chaturanga hasta el consolidado ajedrez, este juego llevará la impronta del movimiento de los centros mercantiles más importantes. Europa, a base del despojo de las riquezas de nuestro continente y de la apropiación de la fuerza de trabajo esclavista, servil y sexista, logrará consolidarse lentamente como Centro del Sistema. Esta característica repercutirá en el poderío ajedrecístico de ciertas regiones en las diferentes etapas de la modernidad hasta la actualidad: desde la irrupción en los reinos españoles con la destreza de Fray Ruy López de Segura hasta la actual coronación del noruego Magnus Carlsen, y la posible disputa del trono por ajedrecistas chinos como Wei Yi, servirán de elementos críticos para mostrar la incidencia entre arte, juego y centralidad geopolítica.

“Prehistoria: marca eurocéntrica”

La primera impresión que aflora cuando nos acercamos a la historia reinante del ajedrez es que tiene un pasado “prehistórico” (s. VI a. C.- s. IX d. C.), signado por los distintos avatares de un juego “rudimentario” que venía de Oriente. Desde el Indostán (s. VI, conocido como “Xiangqi”, “Shōgi”, o el más famoso “Chaturanga”), hacia China y Persia (VII, “Shatranj”, “Shatranji” o “Chatranj”), llega a Siria (s. VIII) y al Bizantino (s. IX, “Zatrikion”), pasa por el norte de África musulmana (s. VIII-IX), y se viraliza en Al-Ándalus peninsular musulmana (s. IX, como “Ajedrez”). Es en este período donde se puede reconocer que los lugares de juego se manifiestan, desde sus orígenes, por el corredor de la llamada “Ruta de la Seda” hasta el sur de la península euroasiática, centro del desarrollo mercantil. Allí, en ese amplio espacio-tiempo de concentración y fluctuación de mercancías se fue desarrollando el juego que cobraría distintas derivaciones pero que en la primera modernidad cobrará forma sustancialmente como lo conocemos ahora. La marca eurocéntrica para delimitar la “historia verdadera y fiel” corresponderá con el período creciente de centralidad del Sistema Mundo a partir de 1492. Europa se convierte así, en el “parteaguas” histórico que divide la historia oficial del “primitivo” chaturanga y el “moderno” ajedrez. Las premisas fundamentales de la formulación historicista del romanticismo alemán, especialmente hegeliano, se han manifestado: el juego lleva la impronta histórica del desenvolvimiento autoconsciente del Espíritu del Este al Oeste.

Historia colonial/capitalista
Como bien afirma la Teoría Descolonial, el entrecruzamiento crítico y de complejización a las tesis de Inmanuel Wallerstein (2012), Enrique Dussel (1977, 2000, y 2007) y Aníbal Quijano (2000), nos permite situar al proceso iniciado en 1492 con la llegada de navíos castellano-aragoneses a las costas del Caribe como un verdadero parteaguas histórico: la irrupción de nuestro continente dentro del horizonte europeo posibilitará, lentamente, el desencanto de las “formas tradicionales de vida”, y la consolidación de un Sistema-Mundo moderno, capitalista y colonial. A partir de dicho fenómeno, las regiones comenzarán a dividirse entre Norte-Global (Centro) y Sur-Global (Periferia) en función de ciertos mecanismos sociales de vigilancia, represión, etc.
Como podrá verse, no sólo la centralidad de los recursos económicos muestran el desenvolvimiento de la modernidad capitalista, sino también, que en cada proceso histórico-social, el ajedrez centralizó su poderío en relación con la concentración de riqueza. Visualizar las mutaciones de centralidad ajedrecística, será otra forma, una “forma otra”, de observar el flujo económico del Capital.

Primera modernidad

“Cuando los españoles conquistaron América,
por ejemplo, el mejor jugador del mundo vivía,
naturalmente, en Madrid” (Keelasever, 2012)

A partir de los trabajos de Wallerstein, Dussel y Quijano, 1492 es una fecha fundacional, ya que produjo un cambio significativo en la cosmovisión de la periférica Europa medieval y feudal: el descubrimiento del Atlántico y el despojo que sistemáticamente fueron realizando los reinos de Castilla-Navarra y los de Portugal, consolidaron en el transcurrir del tiempo una creciente centralidad que será arrebatada solamente por Norteamérica en el s. XX.
En esta primera modernidad, dos regiones de Europa están consideradas como puntos estratégicos de intercambio de mercancías, y con ello de sabiduría, deporte y juego. Por un lado está, obviamente el Reinado español, que aseguraba sus ingresos gracias a los Virreinatos del Perú, de Nueva España y del Río de la Plata; y por otro, la península italiana que tiene puntos de encuentro con la gran cultura musulmana.
Precisamente, estas dos regiones serán las que llevarán la primacía en el incipiente, pero ya considerable, juego de estrategia. Estarán los reinos hispánicos, cuyo mayor ajedrecista será Fray Ruy López de Segura (Zafra, Badajoz, c. 1540 – Madrid, c. 1580), quien publicó uno de los primeros tratados sobre la temática, y posiblemente se lo pueda reconocer como el primer campeón del mundo latino-europeo; y el poderío italiano que conocía a uno de sus mayores talentos, a saber, Lorenzo Da Cutri (Cutro, 1552 – 1597), que llegará a ser el siguiente campeón luego del match de 1575, que luego permitirá que se constituya una cierta “escuela ajedrecística” con Boi, Salvio, y Greco. A modo de ejemplo, se puede ver cómo desde estos territorios, se ha legado para la posteridad dos de las aperturas más agresivas, la Española (1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3. Ab5) y la Italiana (1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ac4)

Segunda modernidad

¿Quién será el campeón de la Revolución Francesa,
cuando el mundo descubre que el hombre común,
el peón, el trabajador, es igual al Rey?

Ya desterrada la supremacía hispánica-portuguesa por diferentes cuestiones, entre ellas las constantes luchas dinásticas, el Centro comienza un recorrido hacia el norte, siendo Francia y Holanda, las nuevas potencias europeas que logran, incluso, comerciar con China directamente.
En estos tiempos, de cambios significativos a niveles políticos y sociales (piénsese en la Revolución Francesa), de concentración del capital y de la especulación financiera (la célebre burbuja de los tulipanes), aparece en escena la estrategia del ajedrecista francés François-André Danican Philidor (Dreux, 1726 – Londres, 1795), bajo la consigna que “los peones son el alma del ajedrez” (no el Rey o la Reina). La Fraternidad no sólo será visualizada como un concepto político sino una realidad en el tablero, ya que la solidez del encadenamiento de los peones en el centro, serán los elementos fundamentales para el desenvolvimiento exitoso de la partida. La influencia de esta mirada es notable; de hecho recién con la teoría hipermodernista del ajedrez en la época contemporánea se considerará que no es necesario ganar el centro del tablero con los peones en primera instancia, sino, más bien, realizar fianchettos con los alfiles.

Tercera modernidad

Ahora bien, el corrimiento del Centro de acumulación y reproducción del Capital en el s. XIX estará ligado al Imperialismo Inglés y al Austrohúngaro, aunque con mayor fuerza por el anglosajón. No es de extrañar, pues, que el poderío ajedrecístico esté presente en estos dos grandes imperios y constituyan entre sí, los polos en disputa por la titularidad del trono. Para lograr el cometido se organizan diversos torneos en varias regiones del continente europeo, y se materializa el Primer Torneo “Internacional” (sic) de Ajedrez (1851) en, obviamente, Londres, la cuna del Gran Imperio Industrial. Es la época del inglés Howard Staunton (Westmoreland, 1810 – Londres, 1874), del alemán Karl Ernst Adolf Anderssen (Breslau, 1818 – 1879), del norteamericano Paul Morphy (Nueva Orleans, 1837 – 1884) y el surgimiento de una nueva tipología del jugador moderno en la figura de Wilhelm Steinitz (Praga, 1836-Nueva York, 1900), convirtiéndose en el Primer Campeón oficial por resultar vencedor del Torneo Mundial de Ajedrez de 1886.

S. XX

A principios del s. XX, el ajedrez se jugaba de forma muy similar a como se conducía la guerra durante la Primera Guerra Mundial: en las trincheras (…) así que comenzaron a jugar aperturas basadas en los ‘fianchettos’ donde los alfiles se desarrollan apuntando al centro desde lejos, como cañones. Era el concepto de bombardeo en ajedrez. Ocupar sí, pero antes, bombardear

El poderío de Steinitz será suplantado por Emmanuel Lasker (Prusia, 1868 – Nueva York, 1941), sobreviviente de las crisis sociales de la República de Weimar y del poderío del Nacionalsocialismo de Adolf Hitler. La centralidad de Inglaterra en el contexto mundial no sólo mermará lentamente a nivel productivo e industrial, sino también, en el área ajedrecística. Los jugadores alemanes comenzarán a perfilarse como los detentores de los campeonatos europeos (posiblemente por las huidas, persecuciones, deportaciones y asesinatos de jugadores, especialmente judíos hipermodernistas como Réti y Nimzowich), y la figura del nacionalizado francés Alexander Alekhine (Moscú, 1892 – Estoril, 1946) será la que se vislumbrará en el Viejo Mundo. Él tendrá, junto al cubano Raúl Capablanca (La Habana, 1888 – Nueva York, 1942, quien siguió a Lasker en la coronación mundial), la hegemonía en ajedrez. Alekhine le ganará el march a Capablanca y recuperará para Europa la vanguardia ajedrecística, detentada por el latinoamericano por algunos años, y sostenida por Mar Euwe (Ámsterdam, 1901 – 1981) por un breve tiempo.
Serán las consecuencias de las denominadas “Guerras mundiales” (fenómenos que interrumpieron la concreción de los torneros oficiales, puesto que “el Centro estaba en guerra”) las que transformarán tanto la centralidad geopolítica de las diferentes naciones como el mapamundi del ambiente del Ajedrez: poco a poco, una de las dos grandes potencias que surgen de la Gran Guerra, e. e., U.R.S.S. será la que concentre el poderío y la fuerza ajedrecística indiscutiblemente. Los campeones sucesivos serán: Mijaíl Botvínnik (Kuokkala, 1911 – Moscú, 1995), Vasili Smyslov (Moscú, 1921 – 2010), Mijaíl Tal (Riga, 1936 – Moscú, 1992), Tigran Petrosian (Tiflis, 1929 – Moscú, 1984), y Boris Spassky (Leningrado, 1931).
La fuerza de los jugadores rusos será imbatible en el “corto” o “largo” (según el caso) s. XX y, especialmente, en el período denominado “Guerra Fría”, que llegará a su fin con el duelo por el título de Campeón Mundial entre Boris Spassky y el estadounidense Robert “Bobby” Fischer (Chicago, 1943 – Reikiavik, 2008), siendo ganador este último. La Guerra Fría tendrá, anticipadamente, mucho tiempo antes de la Caída del Muro de Berlín, una muestra de qué nación será la que detente la Centralidad política y militar.
Fischer desaparece de la escena pública y, ya que no se presentó para la defensa de su título, el retador Anatoly Karpov (Zlatoust, 1951) será reconocido oficialmente como el nuevo Campeón Mundial. Su lugar en el podio lo mantendrá incluso cuando tenga que defenderlo frente a Viktor Korchnoi (Leningrado, 1931-Wohlen, 2016) quien, si bien era ruso de nacimiento y la mayor parte de su brillante carrera la hizo dentro de la legitimación soviética, pidiera asilo político en Ámsterdam. Esta vez, la URSS conservará su lugar hegemónico hasta su disolución: de sus cenizas, de los países que estaban en la órbita soviética surgirá el GM y nuevo campeón mundial Gary Kasparov (Bakú, 1963) quien reinará indiscutiblemente desde 1985 hasta el año 2000, tras vencer a Karpov.

S. XXI
La influencia de Kasparov será definitiva fuera y dentro del tablero; sólo será arrebatada por Vladimir Kramnik (Tuapsé, 1975), y luego por el indio Viswanathan Anand (Madrás, 1969). Comienzan a sucederse varios GM en el trono, como Veselin Aleksandrov Topalov (Ruse, 1975), etc, como resultado de la división entre la FIDE y PCA. El ajedrez se convertía, nuevamente, en una vidriera de la modernidad, puesto que el Centro político estará girando entre varias potencias, y si bien EE. UU. dominaba el desarrollo económico en todo el Globo, no hay que olvidar el recrudecimiento de las crisis internas del capitalismo financiero y desregulado. Las regiones geopolíticas más estables, duraderas y de crecimiento económico (en sentido desarrollista) estarán en la península noreuropea: los países nórdicos, a pesar de la poca visibilización internacional (producto de la propaganda neoliberal estadounidense e inglés), viraban hacia una socialdemócrata organizada por la presencia liberal de un Estado fortalecido. De estos lugares, específicamente Noruega, surgirá el nuevo e indiscutido campeón mundial GM Magnus Carlsen, quien desde 2013 hasta la actualidad defiende su título. En el horizonte de su hegemonía, aparecen varios jugadores que podrían arrebatarle el título; todos ellos Grandes Maestros (Súper Grandes Maestros), pero es destacable que, nuevamente se pueda visualizar el desenvolvimiento del Sistema-Mundo, ya que serían los jugadores chinos, como el joven Wei Yi (1999), quienes poseen chances reales de llegar al poderío absoluto en poco tiempo: de hecho, si realizamos un análisis descolonial, podremos ver que el Top Ten está regido por los grandes centros de poder económico como estadounidenses (Nakamura, So), indios (Anand y Giri), y chinos (Yangyi o Ding) Nuevamente, la modernidad se hace visible no sólo a nivel de riquezas, sino también del “juego arte-ciencia”.

A modo de conclusión

Las relaciones entre la centralidad geopolítica en razón a la concentración de capital, y la ajedrecística es palpable. Desde la apropiación de la península ibérica hasta la mundialización globalizada del juego, se pueden atisbar las vinculaciones entre el ajedrez y la consolidación como centro económico, político y militar. Obviamente, el análisis es general, y surgirán casos que no pueden incluirse en una lógica monotónica y cerrada. La idea del texto es mostrar cómo, desde una narrativa mundial ampliada, el desenvolvimiento de la modernidad también recayó en el juego y en el arte.
Por ello, y sin renunciar a la amplitud de cuestiones a tratar, es dable mencionar algunas preguntas orientativas para futuros trabajos: ¿cómo era el desarrollo del juego entre el proceso de centralización del Sistema-Mundo a partir de la concentración de riquezas desde 1492, y las comunidades árabes presentes en buena parte del territorio peninsular ibérico, incluso después de la Guerra de Lepanto (1571)?, ¿es posible reescribir la narrativa teniendo en cuenta jugadores judíos y/o musulmanes. o sólo es aceptable una escritura cristianocentrista?, ¿cuál fue el rol de América Latina y el Caribe en esta narrativa?, ¿acaso la centralidad en el Sistema-Mundo, facilitado por la extracción sistemática y metódica de las riquezas en nuestra región, no posibilitó primero, la supremacía europea, luego la soviética, y actualmente la de Noruega?, ¿cómo escribiríamos esta historia si, desde una perspectiva descolonial mundial, incluyéramos el ajedrez que se produjo en nuestro continente?, ¿por qué las narrativas historiográficas tradicionales no mencionan la regencia indostánica o china en el ajedrez, si no hay dudas de la centralidad de su poderío económico hasta mediados del s. XIX?, ¿es posible (sin caer en futurología, profecía, o teleología histórica) que en el mundo multipolar que se avecina pueda existir un poderío de larga data como fue en el s. XX?
Estas preguntas, y tantas otras que se pueden formular, no sólo profundizan el planteo inicial de las vinculaciones entre el poder geopolítico y el ajedrez, sino que, también, nos permiten repensar el desarrollo de la modernidad, el lugar fundamental de nuestro continente, y de las demás regiones periferizadas.

Bibliografía
Dussel, Enrique, Filosofía de la liberación, Bogotá, Editorial Nueva América, 1977
Dussel, Enrique, Política de la Liberación. Historia mundial y crítica, Madrid, Trotta, 2007
Dussel, Enrique, “Europa, modernidad y eurocentrismo” en Lander, Edgardo (comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas, Bs. As., CLACSO, 2000
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Quijano, Aníbal, “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina” en Lander, E. (comp.) La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Bs. As., CLACSO, 2000
Wallerstein, Inmanuel, El Capitalismo histórico, Madrid, Editorial Siglo XXI, 2012

Emmanuel Ginestra

(Facultad de Ciencias Humanas – Universidad Nacional de San Luis – República Argentina)