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Proximidad del cara-cara: la fe en el “otro”, comienzo de la crítica liberadora

Oswaldo Gómez Castañeda

Mundo y proxemia

La totalidad, sistema vigente, “ser”, como fundamento de los entes en el mundo, y horizonte de comprensión dentro del cual vivimos, en tanto constituyente del sentido cotidiano, existencial de las cosas, se mueve en “la luz del mundo” bajo el imperio de la razón (Dussel, 2014).
Desde el horizonte del “ser” la razón se despliega en un aproximarse a las cosas acríticamente; relación proxémica sujeto-objeto en donde los entes, cosas-sentido, no nos rodean caóticamente, forman parte de un mundo (Dussel, 2014), están ordenados y cumplen una función; la proxémica se presenta así como un acercamiento o forma de enfrentar la realidad por parte del ser humano, que bajo el imperio de la razón instrumental no trasciende las fronteras del “ser” y coloca a los entes como posibilidades, mediaciones internas para la realización del sistema, en este sentido la razón cumple la función de descubrir lo que los entes son y en lo que el mundo, el sistema o la totalidad consiste (Dussel, 2014). De esta manera la totalidad tiende a totalizarse y a pretender eternizar su estructura presente, incluyendo intrasistemicamente a toda exterioridad posible, es decir, tiende a la alienación como subsunción de la alteridad (Dussel, 2014).

Exterioridad y proximidad del cara-cara

Sin embargo, la proxémica que nos acerca a la realidad de las cosas-sentido no es la única forma de relación en la que se despliega la actividad del hombre, éste no se relaciona con las meras cosas que pueblan el mundo, totalidad de sentido. El ser humano se relaciona con otros seres humanos que no son meras cosas, sino centro de muchos mundos, y que son siempre otra persona humana (Dussel, 2016).
En el horizonte cotidiano de comprensión poblado por las cosas-sentido aparece el rostro de un ser humano, que subsumido en la totalidad se nos presenta como otro ente en una totalidad instrumental, momento del sistema. Entre las cosas del mundo el rostro de una persona es una cosa más, la puedo atravesar de un tiro y verla caer como una piedra en el suelo (Dussel, 1995). Trascender el mundo, ir más allá de la ontología supone como condición de su posibilidad la apertura a ese rostro que no es mera cosa, que no es algo, sino alguien, es “otro”. El “otro” es alteridad de todo sistema posible no subsumido en el horizonte ontológico.
En la proximidad del cara-cara el “otro” se revela en toda la agudeza de su exterioridad cuando se “aparece” interpelante como lo extremadamente distinto; más allá del mundo irrumpe el grito del “otro” que dice: ¡Soy un hombre!, su grito es ininteligible, es el sin sentido en tanto exterior al mundo en donde precisamente todo tiene sentido. No se puede conocer lo que el “otro” es, ni entender lo que enuncia, es incognoscible; el “otro” en su exterioridad meta-física está más allá de la ontología, del horizonte de comprensión cotidiano, permanece en relación al mundo como misterio en su realidad esencial alterativa, incognoscible exterioridad más allá de la razón:

El rostro de la persona se revela como otro cuando se recorta en nuestro sistema de instrumentos como exterior, como alguien, como una libertad que interpela, que provoca, que aparece como el que resiste a la totalización instrumental. No es algo; es alguien (Dussel, 2014:78).

Proximidad del cara-cara: tener fe en el “otro”

Positivamente no puede decirse lo que es el “otro” ni lo que enuncia, en tanto misterio transontológico; ante la falta de comprensión desde la razón instrumental -ontológica- al llamado del “otro”, no hay otra posibilidad que aceptar su palabra, es decir, en la proximidad del cara-cara creer en lo que enuncia, tener fe en él por el hecho de ser alguien.

Más allá del horizonte que abarca la razón comprensiva, aún ontológica, resiste la realidad del otro. Cuando el otro habla desde sí…revela su exterioridad, su alteridad que nunca la razón podrá escrutar desde sí misma (Dussel, 2014, p. 86).

La apertura transontológica del cara-cara como una acto practico de fe implica aceptar como verdadero lo que enuncia el “otro”, este acto lo sitúa como alguien libre que tiene algo que decir; dicho acto supone la apertura al “otro” que no se ha manifestado inmediatamente como algo “verdadero” –cosa-sentido-; apertura a su palabra interpelante que no ha sido subsumida en la totalidad, porque voluntariamente se acepta por un acto de fe, lo que dice.
Partir de la experiencia de la proximidad del cara-cara, ser humano ante otro ser humano, pone en cuestión al sistema:

El reconstruir a la persona como persona <<revienta>> el sistema y permite que el Otro se revele como Otro, como persona…esto pone en cuestión al sistema. Este cuestionar al sistema es ya lo crítico como tal… (Dussel, 2016, p. 12).

El enfrentar a una persona y permitir que se revele en su realidad como persona, no como mera cosa-sentido, como mero ente, es el origen de lo crítico (Dussel, 2016). Aceptar la palabra del “otro” por el hecho de ser “otro” es un acto de fe. Ante lo que la razón nunca podrá abarcar, el misterio del “otro” como “otro”, solo la fe puede adentrarse (Dussel, 2014). La proximidad del cara-cara como apertura transontológica implica creer en el “otro”, en lo que enuncia; aceptar su palabra como testimonio en tanto negado por el sistema es tener fe, comienzo de la crítica en cuanto recuperación del “otro” como distinto del sistema que lo subsume como mera cosa:

Respetar la alteridad del Otro/a es la esencia y el origen de lo crítico, de la protesta, de la rebelión, y, en ciertos casos límite, hasta de la revolución de los sistemas vigentes… (Dussel, 2016, p. 13).

El “otro” como ser humano es anterior al mundo, a la ontología, anterioridad anterior a toda anterioridad, aceptar su palabra porque él o ella la revela sin otro motivo que el respeto porque él o ella me merece confianza es lo que se denomina: fe; se cree en la veracidad del que lo enuncia (Dussel, 2014):

Lo que me revela no tiene otro criterio de certeza que la realidad misma del otro como otro. No se acepta lo que me revela solo por la evidencia de su contenido, o por ser cierto. Se lo acepta porque detrás de su palabra se encuentra la realidad misma de alguien, inmediatamente, abierto y expuesto, en una apertura metafísica en relación con la cual la apertura ontológica al mundo es una lejana imitación (Dussel,2014, p. 87).

Algunas conclusiones en torno a la fe en el “otro”

Tener fe en el “otro” significa aprender a estar con él, aproximarse a dialogar con él, sintiendo que su presencia es la más verdadera, la más buena, la más importante de todas, exterioridad transontológica, libertad más allá del mundo, creer en el “otro” quiere decir darle a él o ella el lugar que le corresponde:
Descubriendo su rostro…se revela el Otro como otro, a quien…hay que otorgarle hospitalidad (comida, agua, vestido, una tienda)…porque la alteridad es sagrada, es lo santo en cuanto tal (Dussel, 2016, p. 13).
Tener fe en el “otro” quiere decir afirmar más allá del sistema vigente -horizonte ontológico- que únicamente su palabra en tanto revelación interpelante guían el compromiso solidario de liberación. Recuperar la alteridad del “otro”, acoger su palabra con sumo respeto y por ello desear que viva, supone un acto de fe, acto supremamente humano. La fe en el “otro” nos permite “interpretar” el sentido y la belleza misteriosa de su exterioridad meta-física. Abrirse al “otro” y permanecer con él, es aprender la “lógica” de la vida comprometida y solidaria en la construcción de un mundo cada vez mejor, en la fraternidad y el amor como testigos gozosos de la vida, es aprender a conocer y compartir profundamente, en su circunstancia y realidad a quienes con toda la ternura y magnanimidad, asumen hasta el final, las penas y dificultades del explotado, oprimido, dominado y excluido, llevando esperanza y coraje para perseverar en el desarrollo pleno de la vida, pues la fe en el “otro” surge de la afirmación de su exterioridad en tanto voluntad de vivir, querer porque creo en él, que viva. Percibir a cada ser humano cantando el himno de su existencia con júbilo y alegría, o percibirlo en su grito interpelante de dolor, es vivir en la fe y la esperanza.

Bibliografía

Enrique Dussel. (2016). 14 Tesis de ética. México: Trotta.
Enrique Dussel. (2014). Filosofía de la liberación. México: FCE.
Enrique Dussel. (1995). Introducción a la filosofía de la liberación. Bogotá: Editorial nueva América.

Bibliografía consultada

Enrique Dussel. (2017). En búsqueda del sentido. México: Colofón.
Enrique Dussel. (2015). Filosofías del Sur. Descolonización y Transmodernidad. México: Akal/Inter Pares.
Enrique Dussel. (1986). Ética comunitaria. Ecuador: Ediciones Cristianas del Asuay.
Enrique Dussel. (1998). La Ética de la Liberación. México: Ediciones de la UAEM.
Enrique Dussel. (2006). 20 Tesis de Política. México: Siglo XXI.
Enrique Dussel. (2008). Meditaciones anti-cartesianas: sobre el origen del anti-discurso de la modernidad. Tabula Rasa, No.9, 153-157.

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