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Aspectos fundamentales de la ciencia histórica: De Ranke a Marx

Irving Gutiérrez Cruz

Año 0, No. 4, mayo 2014

Para Leopold Von Ranke el espíritu en la historia era considerado dinámico, escudriñante, incrédulo ante todo dogma. Acercarse a su meta final, implicaba haber realizado previamente una clasificación y comprensión de los acontecimientos pasados, además de tener la posibilidad de observar dicho espíritu a través y en la medida que se consideraba al pasado como un objeto de estudio (Ranke: 1986, 509). Solo de esta forma se podía analizar las diferentes sucesiones de las sociedades, es decir: la historia a decir de Ranke debía ser una ciencia, ciencia humana de los hombres, porque al parecer suponía tener un objeto de estudio, que no era otra cosa que el pasado de los humanos y por ello emprender la reflexión al respecto era una tarea inaplazable.
Este posicionamiento frente a la realidad que adoptó el espíritu historiador fue la manera en que el hombre tuvo la virtud, la inteligencia, la sabiduría humana (Ranke: 1986, 523) para entender que a las diversas sociedades en espacios y tiempos diferentes de toda la historia humana habían de tener un destino marcado, el cual solo podía desarrollarse por medio de las acciones de los hombres.
Para entender la propuesta de Ranke sobre sus aportaciones a la ciencia histórica moderna, no puede soslayarse al Romanticismo como parte de su inspiración teórica, ya que este movimiento intelectual o corriente filosófica iniciada en lo que actualmente es Alemania a mediados del siglo XIX implicó ni más ni menos que ser una respuesta a los vacios que a sus ojos representaba el Racionalismo Ilustrado.
En esta visión Romántica de la realidad el hombre era concebido por el entorno de la naturaleza, ella otorgaba un espíritu a todo ser vivo e inerte, por tanto todo era esencia del universo, a diferencia del racionalismo ilustrado que proponía -hasta nuestros días- una visión antropocéntrica, es decir, poner al hombre por medio de su diosa razón en el centro del universo y por tanto el fundamento de la realidad social e histórica.
En tales condiciones intelectuales podemos observar o por lo menos desde el punto de vista europeo que el pensamiento moderno se encontraba en su nivel primario, tan es así que el Romanticismo comenzaría a generar otra corriente de pensamiento, el llamado Historicismo Alemán del cual Ranke fue uno de sus precursores y máximos exponentes.
Esta corriente filosófica lo que postulaba era la construcción de una base teórica y metodológica que generara el nacimiento de la historia como una ciencia, asimilar que el pasado habría de considerarse un objeto de estudio y conocimiento. Por ello fue de suma importancia trazar un método que encontráse la cientificidad de los hechos y acontecimientos.
Por consiguiente la historia debía tener una justificación, es decir, que tuviese un fin, una acción pública frente al Estado en construcción, ya que a lo largo de todo el siglo XIX –y aún en pleno siglo XXI- el gran paradigma que siguieron los países europeos y más allá de éstos para organizar a la sociedad sin duda fueron los acontecimientos devenidos por la Revolución Francesa. Consecuencia de este “nuevo espacio” -el Estado Moderno- revolucionario surgiría también la Ciencia Política y al parecer tendría varias afinidades con la Historia o bien similitudes en su forma de actuar ante la sociedad; por ejemplo tendría que convertirse en algo que sería capaz de perdonar o en una especie de redentora que indultaría los males arraigados al manifestar sus orígenes referentes al pasado, pero estos maleficios tendrían la posibilidad de curarse, es decir, de encontrar una solución, gracias a la búsqueda de preceptos en la Ciencia Política.
En estas instancias los elementos teóricos, metodológicos y filosóficos de la propuesta historicista rankeana, implicaron un conflicto, ya que este pensador consideraba que el pasado existía de manera ontológica, sin embargo era tangible debido a que se podía observar en la medida en que existían las tradiciones de un pueblo.
Para Ranke estas acciones culturales revelaban el pasado, conducían hacia atrás en una determinada sociedad, -en su caso la alemana. En otro sentido el presente estaba determinado por el pasado y no se podía tener un rumbo fijo benevolente, ya que si no se llevaba a cabo esta dinámica, la historia no se entendería; implícitamente -nos dice Ranke- la historia sólo podía entenderse si se tomaba en cuenta sus fuertes tintes apriorísticos.
Ahora bien, desde la perspectiva rankeana la manera en que se podía abordar al futuro de manera próspera y estimulante era colocar en su justa dimensión al Estado, es decir, el lugar que ocuparía este término en la sociedad. Había de ser el espacio en el que los sujetos sociales se desenvolverían, próspera y conciliatoriamente, ya que su argumento estribaba en que la vida efímera de los hombres era poco trascendental comparada con la existencia del Estado, de ahí el hecho que existiera una paradoja entre las divergencias y convergencias entre la historia y la política, sus afinidades entre sí y sus contrastes. Ahondemos.
Debido al surgimiento de un Estado se tendría la figura del político, este por consecuencia tendría como misión gobernar en pro del bienestar de la sociedad, no obstante existiría una ambigüedad a dicho mandato: por un lado el “gobernante” podría hacerse cargo de las características particulares de un pueblo determinado (política) y por otro le era indispensable tener nociones y aspectos generales de épocas pasadas (historia universal), sin caer en prejuicios, ya que esto solo lo pervertiría como a la mayoría de gobernantes anteriores.
Decíamos que para Ranke el pasado existía y en la medida que esto era una verdad el presente otorgaría las herramientas necesarias para determinar el futuro, solo de esta forma se podía entender a la Historia. En el nivel filosófico esta sugerente idea de Ranke trasciende y rebasa la idea clásica de que su propuesta era netamente positivista, por ello creemos que en la actualidad es necesario poner atención sobre su método de análisis de manera crítica.
Sin duda es de subrayar que las aportaciones rankeanas permitieron comprender que la historia sólo puede entenderse desde el presente, es decir, aprehender mediante el análisis de los procesos sociales a través del pasado como una fuente de conocimiento que posibilita al historiador penetrar en diferentes realidades; por ello pensemos que las sociedades pasadas dejan huellas, vestigios, que el historiador utiliza desde su presente como fuente para comprender hechos, acontecimientos circunstancias, para después explicar procesos de esas dos cualidades.
De acuerdo a los autores románticos e historicistas como Herder, Sciller y Ranke en general trataron de darle un sentido a la historia como paradigma, abordando al pasado como algo pesimista, melancólico. Retomar como una época dorada el acontecer pasado de sus predecesores, considerar los hechos como contingentes y tratar de aprender de ellos para no volver a cometer errores. En esta instancia la história del hombre era considerada como una especie más del atributo espiritual que concedía la naturaleza como ya se señalaba.
Ahora es pertinente y de suma importancia resaltar la figura de Georg Wilhelm Friedrich Hegel porque este pensador sin duda retomaría una incisiva reflexión al pensamiento moderno. Este filósofo abordó nuevamente al Racionalismo Ilustrado posterior al Romanticismo como una crítica de que el hombre podría ser libre sin las ataduras de la naturaleza, más aun de resaltar y subrayar al pensamiento como una actividad de suma importancia.
Comencemos por afirmar que el estudio que hizo Hegel de la eterna relación entre sujeto-objeto inmersa en la realidad, era netamente filosófico. Para este autor abordar el estudio del hombre desde su pasado y su presente radicaba en explotar la razón, en otras palabras el único vehículo y esencia que imperaba para la comprensión del mundo era la manera de poder usar con claridad el pensamiento, ya que ponía de manifiesto que nosotros no podemos dejar de pensar, en ningún momento, el hombre es un ser pensante; en esto se distingue del animal. Es todo lo humano sensación, saber, conocimiento, apetito, voluntad –por cuanto es humano y no animal– porque hay un pensamiento (Hegel: 1979, 40).
Hegel seguiría con la idea de un espíritu, pero ya no como lo asumían los románticos e historicistas, sino más bien la razón y el pensamiento creaban al espíritu; la única forma de conocer la verdad de las cosas era a partir de lo que los hombres idealmente (la razón pura) habían creado. Para él no sería tan importante retomar y analizar la materialidad, más bien entender que todo se había construído por el pensamiento mismo.
El sistema filosófico que Hegel planteó en su momento no solo tenía la finalidad de obtener un progreso de lo racional, ni mucho menos superarlo, lo que intentó buscar fue la aplicación de su propuesta en términos empíricos e históricos que pudiese tranquilizar los ánimos efervescentes que se encontraban en su país -actualmente Alemania-, en otras palabras llegar a un concilio entre todos los hombres.
Evidentemente y comprendiendo el contexto moderno capitalista, el discurso que elaboraró Hegel fue de una textura burguesa. Esta tendencia tenía que ver con su postulado de la Idea Absoluta, aportación que para él significaba una verdad absoluta, el fin último de la perfección racional y por tanto del hombre.
Ahora bien para poder alcanzar este ideal se tenía que ejercer un método, se trataba de la dialéctica que consistía en la oposición de tesis y antítesis, lo opuesto entre contrarios, generando necesariamente una síntesis producto de las posiciones contradictorias, hablando en el nivel puramente conceptual en un primer momento y después en la realidad misma.
Esto dio pie a que la razón no se podía quedar en la contradicción, debía existir una comprensión del conocimiento que alcanzara su máximo fin en el ya mencionado Absoluto y de manera directa significaba que este conocimiento se adquiría a partir de lo racional, y por tanto lo racional se analizaría a sí mismo creando un momento de auto-conocimiento o auto-conciencia de los hombres.
En términos de la historia universal entendida por Hegel, el Absoluto se traducía en la fundamentación y perfección del Estado, por consecuencia ella también habría de alcanzar su máximo fin en la creación de esta entidad donde los sujetos o ciudadanos pudiesen conciliar sus diferencias ideológicas y de todo tipo.
Para su época el sistema hegeliano se encontraba en su máximo esplendor, el ambiente alemán estaba rodeado por esta filosofía idealista, además del supuesto progreso de los hombres que se manifestaba a través de la “Diosa Razón. Sin embargo después de Hegel surgirían dos pensadores que tuvieron una manera distinta de observar y comprender el mundo, específicamente al de los hombres en sociedad.
Pero antes de abordar a estos dos personajes necesariamente hagamos un acotamiento en hacer mención de los aportes filosóficos del filósofo Ludwing Feuerbach, el cual citado por Frederich Engels era considerado como un neohegeliano ya que en resumidas cuentas tenía no pocas influencias de los preceptos filosóficos de Hegel como la Lógica por ejemplo.
Sin embargo el papel que jugó el pensamiento de Feuerbach en este contexto fue en un momento de transición entre la filosofía hegeliana y la de Karl Marx, es decir, entre el idealismo y el materialismo respectivamente, ya que este filósofo fue el primero entre los pensadores decimonónicos en hacer a un lado el gigantesco sistema filosófico de Hegel que pesaba entre la ideología del pueblo alemán, más no desecharlo como bien se observa en la siguiente afirmación: La naturaleza existe independientemente de toda filosofía; es la base sobre la que crecieron y se desarrollaron los hombres, que son también, de suyo, productos naturales; fuera de la naturaleza y de los hombres, no existe nada, y los seres superiores que nuestra imaginación religiosa ha forjado no son más que otros tantos reflejos fantásticos de nuestro propio ser (Engels: s/f, 23).
Esto significaba -según la interpretación de Friedrich Engels hacia el pensamiento de Feurbach- que el mundo y su comprensión se debía al entorno material que rodeaba a los seres humanos, es decir, a partir de que se observaban y percibían objetos materiales, automáticamente los hombres elaboraban toda una complejidad de ideas. Lo que creaba los ideales, pensamientos etc., era un objeto material del cuerpo humano, como lo es el cerebro. En todo caso el idealismo estaría subordinado al materialismo.
Sin duda el pensamiento de Feuerbach, fue retomado por Marx y Engels, para luego propiciar una corriente que se nombraría años más tarde como Materialismo Histórico. Ella basaba su estudio a través de la materialidad del ser humano y sobre todo en los diferentes procesos históricos que a lo largo de las actividades sociales los hombres habían realizado en el transcurrir del tiempo. Aunado a esto el Materialismo Histórico de Marx y Engels era una propuesta que pretendió modificar el ámbito político, económico y social, transformar desde la raíz a la sociedad en su conjunto; fue una respuesta al discurso burgués hegeliano y su sistema filosófico por antonomasia.
Por este motivo, si bien Feuerbach aportó al estudio materialista de Marx sobre la sociedad, el propio Engels consideraba que aun seguía siendo un idealista porque su materialismo no lo veía como un movimiento histórico-práctico, y que más bien aludía a una filosofía de la religión y la ética, la cual básicamente consistía en retomar los sentimientos, las emociones, comportamientos del hombre. Para este filósofo -a decir de Engels- estos aspectos eran producto de los ideales humanos y no encontraba otra justificación. De acuerdo a estos valores no le permitieron a Feurebach secularizarse del todo de la filosofía idealista según la crítica de Engels.
Sin embargo el Materialismo Histórico de Marx y Engels convirtió la Dialéctica hegeliana, en Dialéctica Histórica, es decir, que la principal diferencia entre una y otra radicaba en que la primera (Hegel) partía de las contradicciones abstractas, de conceptos; posteriormente se racionalizaban la tesis y antítesis, y daba por resultado la síntesis, el Absoluto, en este sentido la historia se mantenía estática; la segunda (Marx-Engels) partía de las contradicciones concretas, enccontradas en la materialidad, después el análisis se volvería abstracto y por último el resultado sería lo concreto concretizado, pero no solo eso, sino que también la historia se encontraba en constante movimiento, es decir, que cuando un determinado proceso social se establecía y se consideraba verdadero, siempre estaría implícita la falsedad de ese verdadero histórico, por lo tanto que en cualquier momento se invertirían los papeles y por ello daría como resultado el movimiento de la Historia.
La principal contradicción y limitación que el Materialismo Histórico encontró en la Dialéctica hegeliana era que al asumir el Absoluto o síntesis y trasladarla a la naturaleza ésta se enajenaba y por tanto perecería, por tanto ¿Qué seguiría? ni más ni menos que dejaría de lado la movilidad y la transformación, premisas básicas de la historia.
En conclusión para el Materialismo Histórico de Marx-Engels la realidad social era histórica, estaba en constante movimiento, se volvía práctica y por ende la materialidad determinaba al Ser social y no al revés. Después de haber desglosado y esbozado el contexto intelectual en el cual se localizó la teoría marxista, es necesario como eje rector manifestar y tratar de dar una pincelada sobre sus preceptos y fundamentos.
El estudio realizado por Marx y Engels abordó el despliegue de la moderna sociedad burguesa, para ello fue necesario entender el sistema capitalista a profundidad, dado que fue un momento dónde la humanidad se encontraba en el estadio más avanzado.
Marx y Engels consideraban que las filosofías o ideologías practicadas por los diferentes pensadores antes y en su época, -en específico en Alemania- estaban cargadas con tintes extremadamente dogmáticos. Resulta curioso pensar que para estos pensadores la manera en hacer una “revolución de pensamiento” consistía en los aportes que otorgaban este tipo de ciencias que se jactaban de verdaderas, por el hecho de considerarlas como racionales y por tanto idealistas.
Aunado a esto se creía que la especificidad de los hombres y por tanto de las sociedades humanas, estaban mediadas y producidas por la conciencia. Esta cualidad del hombre permitía que desde la perspectiva filosófica se pudiesen abordar de manera separada las acciones políticas, jurídicas, de toda índole social y en última instancia se dejaba al hombre.
Por consiguiente la Historia era perjudicada e influenciada por esta “ciencia del conocimiento”, la cual se refería por supuesto a la filosofía, ya que ésta lo único que provocaría por medio de sus pensamientos fantásticos y de carácter mítico, era el esclarecimiento de algunos aspectos histórico-religiosos, que serán disfrazados de la manera más vil e insignificante como descubrimientos de alcance histórico mundial (Marx: 2002, 11).
Lo que Marx fundamentó -y excluyó todo intento de creaciones mentales producto del mundo material-, era erradicar y abolir las divisiones de clase. Gracias a la justificación burguesa-liberal consideraba este autor que se tenía que terminar la explotación entre los hombres. Pero esto no ocurriría solamente en el pensamiento, sino que tendría que existir una acción práctica para lograr esos objetivos.
En este sentido lo que Marx argumentó fue que la realidad material de todos los hombres debía ser considerada a partir de comprender el concepto de totalidad -es decir que la teoría y la práctica no se deben separar-, ya que la fragmentación de cualquier esfera de lo real necesariamente daba una visión parcializada y por tanto no combatía el problema en esencia, de raíz.
También Marx consideró que tiempo atrás hasta su presente se había gestado paulatinamente una “conciencia histórica”, pero de una forma burguesa; esta conciencia social tenía una serie de problemáticas, porque llevaba consigo una serie de contradicciones. En esta perspectiva, por un lado la burguesía quiso enaltecer la destrucción de las viejas estructuras del régimen feudal, absolutista, pero por el otro lado pretendió justificar que la naturaleza se había encargado definitivamente de establecer el fin último de la Historia, sin que existiera la posibilidad de una transformación posterior
Siguiendo con el fundamento principal de Marx, lo que se menciona arriba es el producto de una concepción del mundo, dónde el eje central es el hombre. Para este pensador todo su estudio radicaba en el enigmático ser humano, el hombre en toda la extensión de la palabra, excluyendo toda manera de manifestación fantástica, ficticia, productos de la creación mental del mismo. Desde esta perspectiva el hombre era un ser secularizado, se encontraba solo en el mundo, las religiones y los dogmas eran la manera más primigenia del pensamiento de éste por consecuencia solo causaban retrocesos en el desarrollo de la mente humana.
En este momento lo que Marx proponía era considerar al hombre como un ser “real”, material, gracias a esta cualidad solo se podía entender y justificar a este individuo en sociedad que habitaba -y habita- en la naturaleza por medio de la producción, dicha categoría aludía a la verdadera identidad en tanto que ser humano.
La producción definía la existencia del hombre, pero esta producción emergía del mundo natural; la actividad productiva sólo se podía realizar cuando el hombre elaboraba sus propios medios de producción, es decir, cuando el hombre se dotaba de las herramientas que ha inventado desde tiempos remotos producto de las condiciones materiales que le ha permitido la naturaleza podía hacer posible dicha actividad.
La producción material era considerada por Marx una cualidad esencial humana de entrada porque el hombre es material. Esta actividad productiva que realiza, es el resultado de la evolución de su corporeidad humana, además al afectar la actividad productiva era capaz el hombre de transformar a la naturaleza teniendo como resultado la satisfacción de sus propias necesidades, pero dicha transformación se debía a la forma en que éste se relaciona socialmente con otros individuos; por lo tanto también afirmaba que esta producción se convierte en una autoproducción en el momento en que los hombres al producir sus medios de vida, producen su vida material.
Desde esta perspectiva Marx ya no consideró a la Historia como antaño se hacía en otros contextos, es decir, que los hechos y acontecimientos del pasado estaban muertos, ahora integraría a esta disciplina como producción humana, porque los hombres son históricos, ya que desde que existen tienen la capacidad de “crear” sus propios medios de vida para satisfacer sus necesidades básicas.
En esta producción se va configurando un proceso histórico debido a que las sociedades a través de sus distintas temporalidades, desde sus inicios, hasta el propio contexto de Marx, esta actividad no ha parado, no para y tampoco parará, con esto referimos a que los tiempos pasado, presente y futuro tienen un elemento en común que es la producción, y es probable que nunca y en cualquiera de las vicisitudes de la historicidad de los hombres se excluya dicha cualidad.
Sentadas las bases de la ciencia histórica moderna ¿Qué sigue? Creemos que el reto como historiadores y estudiosos del pasado en articulación con nuestro pasado y presente es despertar una conciencia social que posibilite adquirir un compromiso con nuestra realidad.
Una primera opción sin duda es repensar los aportes de Ranke, Hegel, Feuerbach, Marx y Engels, pensadores que en su momento contribuyeron a sentar los fundamentos de la ciencia histórica y de otras tantas disciplinas, y que además contribuyen un esfuerzo intelectual para fomentar un pensamiento crítico en las academias; pero no sólo eso, sino abrir la posibilidad de reflexionar sobre el conocimiento científico y por tanto comprender que el ser humano es capaz de construir su propio futuro
En pleno siglo XXI y en el estado de postparto que se encuentra, no está de más revisar a los clásicos, pero acudir a ellos con una mirada crítica y acorde a la realidad presente, a pesar de que la ciencia histórica y en general la ciencia social atraviesan por una crisis conceptual y paradigmática. Parece ser que el mejor camino para contrarrestar dicha crisis es no dejar de repensar y reflexionar sobre el oficio de historiar así como de todas las ciencias sociales y esa es la cuestión.

Bibliografía

Engels Federico. Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Quinto Sol. México, s/f.

Hegel, G.W.F. Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Fondo de Cultura Económica, México, 1979.

Marx, Carlos. Ideología alemana. Quinto sol. México, 2002.

Ranke, Von Leopold. Pueblos y Estados en la historia moderna. Fondo de Cultura Económica. México, 1986.

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