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Querido Líder. Vivir en Corea del Norte

Irving Gutiérrez Cruz

Año 0, No. 6, septiembre 2014

Barbara Demick, Querido Líder. Vivir en Corea del Norte, traducción de Pablo Sauras, Madrid, Turner. 2011, 382 pp.

Querido Líder. Vivir en Corea del Norte es una recopilación de artículos publicados en diferentes momentos por Barbara Demick, periodista de origen norteamericano y directora del periódico Los Ángeles Times con sede en Beijing. En su trayectoria profesional dicha autora ha realizado otros trabajos de carácter informativo como lo es Vida y Muerte en un barrio de Sarajevo, producto de una ardua y meticulosa investigación sobre la vida cotidiana en dicha ciudad ubicada al este europeo bajo el contexto de la guerra balcánica a principios de los años noventa.
La obra aquí reseñada se compone de veinte capítulos y un epílogo sobre la situación social, económica y política de Corea del Norte con la finalidad de mostrar el complejo proceso histórico de conformación nacional por el cual atravesó dicho país asiático, considerado como uno de los pocos bastiones y herederos del bloque socialista en pleno siglo XXI.
Su principal interés radica en informar a la comunidad internacional y de cierta manera –si el lector profundiza y analiza detenidamente la argumentación de la autora- denunciar las arbitrariedades e injusticias sociales que se cometen a diario en ese país donde impera un régimen supuestamente socialista. Por ello no es casual que Bárbara Demick haya colaborado en diferentes Organizaciones No Gubernamentales, además de ser parte activa en asociaciones con el mismo carácter coordinadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dedicadas a observar la garantía y el cumplimiento de los derechos humanos.
Varias son las aristas por las cuales Demick cuestiona la vida social, económica y política bajo el supuesto régimen socialista interesado en el bien común, pero que en realidad enmascara y demuestra lo contrario en las acciones cotidianas ante los ciudadanos norcoreanos. Desde su punto de vista comparte la postura de que en Corea del Norte existe un sistema totalitario antes que socialista donde el ejercicio del poder lo detenta un solo individuo de manera autoritaria, represora y rodeado de una camarilla que en muchos de los casos comparten parentesco o son muy allegados entre sí.
Ese personaje todopoderoso se trata de Kim Jong-il, hijo de Kim Il-sung, aquel que fuera una importante figura política y líder del comunismo en su versión asiática durante el periodo de posguerra a mediados del siglo XX. Por ello la autora nos muestra como se ha sucedido el poder entre una sola familia y por tanto la inexistencia de una alternativa democrática, generándose una paradoja mediante la construcción de un discurso socialista desde las más altas estructuras gubernamentales por un lado y por el otro la inconformidad cada vez mayor de sus ciudadanos que no ven reflejados en su realidad dicho modelo.
A través de una serie de entrevistas realizadas a mujeres y hombres exiliados y disidentes norcoreanos, refugiados en Corea del Sur, China y Japón, Demick reconstruye este libro para hacer una semblanza de cómo el gobierno primeramente bajo el control de Kim Il-sung y posteriormente de su hijo Kim Jong-il han tratado a la población en general, mediante métodos de control donde la democracia de ningún tipo existe.
Al rescatar esos testimonios Demick nos lleva de la mano para entender la cotidianidad y el modo de vida en un sistema político dónde la única posibilidad de libertad es adorar y rendir culto a un héroe, casi semidios, con el objetivo de asimilar una “revolución” que no tiene pies ni cabeza al momento de repartir los bienes primarios y secundarios. La individualidad se diluye en la masa en pro del Partido de los Trabajadores, cuyo dirigente Kim Il-sung detentó su liderazgo por varias décadas y tras su muerte pasaría dicha dirección a su primogénito.
En ese tenor el Partido de los Trabajadores de Corea del Norte se ha encargado –hasta la fecha- de dirigir los asuntos públicos del país, cooptando la libre participación ciudadana, mediante una burocracia, encargada de planificar la economía, los medios de comunicación, que en realidad sirve sólo como un excesivo aparato de propaganda al servicio de los intereses del régimen actual, además de invertir gran parte de su Producto Interno Bruto en la milicia.
En estas entrevistas las personas tienen nombre y apellido, su voz comunica el funcionamiento de cómo el aparato gubernamental reprime la libertad de expresión, la prohibición de pensar diferente al régimen. Otro ejemplo que llama poderosamente la atención es la manera en que la actividad sexual de los norcoreanos está regida y determinada por los valores que exige el “Gran Líder”, es decir, no hay libertad en esta actividad vital humana. Los roles de género están muy bien delineados y establecidos, en ese sentido se vive un machismo exacerbado y todo en pro de no corromper los principios revolucionarios.
En esta primera parte del libro se observa con bastante claridad el descontento hacia el régimen de una pequeña porción de la población norcoreana, informan al mundo la falsedad de una revolución que supuestamente beneficiaría a todos, hombres, mujeres, niños, ancianos. La pretensión de la autora es indagar sobre el estado de ánimo y psicológico de las personas, ya que también documenta las formas en que el gobierno norcoreano ha venido realizando para legitimar su dominio; cómo se ha inyectado una ideología de terror, pero un terror hacia los “enemigos” del pueblo, es decir, un sentimiento antiimperialista, sobre todo ejercido por Estados Unidos de Norteamérica, por el cual los ciudadanos norcoreanos en todo momento deben estar alerta frente a las futuras agresiones que pudiesen venir del exterior.
En la segunda parte del libro la autora nos muestra un breve contexto histórico de Corea del Norte, con la finalidad de entender el surgimiento de un sistema totalitario influenciado por las ideas comunistas y socialistas.
Todo comienza al concluir la Segunda Guerra Mundial, tras la victoria de los países aliados Estados Unidos de América y la Unión Soviética a la cabeza, Corea del Norte se encuentra unificada, no obstante, dada su situación geográfica, al compartir frontera con Japón, esta cualidad representó décadas atrás invasiones y hostilidades por parte de esta potencia industrial y militar. Al ser derrotado Japón en el conflicto mundial, esto posibilitó que el país coreano expulsara todo vestigio de influencia japonesa en su territorio. En ese momento surgió la figura de Kim Il-sung destacado guerrillero y con una fuerte influencia de las ideas comunistas y socialistas, retomadas del gobierno soviético en aras de extender la revolución proletaria.
Una vez realizado y reestructurado el nuevo orden mundial bajo la instauración hegemónica de Estados Unidos de América y la Unión Soviética como su principal competidor posterior al conflicto mundial, en el mundo se generó la llamada “Guerra Fría”, que no fue otra cosa que la confrontación entre el capitalismo y socialismo como vías de desarrollo humano.
La importancia que jugó en este proceso Corea, Demick nos refiere que es aquí donde tuvo escenario el primer conflicto bélico enmarcado en el contexto de la “Guerra Fría”, por un lado los intereses de Estados Unidos de América y por el otro la Unión Soviética se tradujeron en la disputa por el territorio de este país. Esto trajo como consecuencia la división de Corea del Sur y Corea del Norte a principios de la década de los cincuenta; pese a ello, la autora sostiene la inutilidad de la guerra entre estas potencias, perjudicando sólo al pueblo coreano en general.
Sin embargo este factor explica –entre muchos otros elementos- en cierta medida la conformación en Corea del Norte de un régimen totalitario, perteneciente al bloque socialista encabezado por la Unión Soviética y la República Popular China. De manera que estos gobiernos contribuyeron en gran medida a fortalecer el gobierno de Kim Il-sung apoyando económica y militarmente, de forma directa e indirécta.
En este sentido Demick nos muestra un comparativo entre las economías de las dos Coreas y resulta particularmente revelador cómo es que en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado, el Norte fue despuntando frente al Sur en todas las esferas sociales. Sin lugar a dudas semejante apreciación resultaba esperanzadora para todos aquellos países socialistas contra todo pronóstico de los especialistas en economía y política, parecía que en realidad este camino conduciría sino mejor, por lo menos a un tipo de progreso diferente al sistema capitalista.
Sin embargo a partir de la década de los ochenta y noventa Demick nos muestra que el espejismo se desvanecería, al entrar en colapso las economías del llamado bloque socialista y posteriormente el derrumbamiento de la Unión Soviética, para Corea del Norte no dejó de perjudicarle, puesto que en una tercera parte del libro se analiza el costo político y económico, en una época dónde se instauraron varias reformas capitalistas además de que emergieran nuevos Estados-Nación.
En esa transición económica nos dice Demick, sorprende el hecho de que aún en la actualidad Corea del Norte tras haber pasado por una crisis económica severa, provocándole una hambruna a su pueblo sin precedentes, siga resistiéndose a abrirse al mundo, en el sentido de modificar su sistema político y económico a la vía del capitalismo globalizado.
Barbara Demick concluye en esta singular obra que la esperanza de muchos norcoreanos es que se les garantice una verdadera libertad, esperan con entusiasmo que en un futuro no muy lejano se den las condiciones para que Corea del Norte si no se unifica del todo, por lo menos se les ofrezca un mejor camino que el autoritarismo y la represión en todos los sentidos.
Pese a ello todavía no hay síntomas de querer cambiar el actual estado de cosas en Corea del Norte, dado que actualmente se restringe la visita de los extranjeros, continúan haciendo pruebas nucleares en su territorio, con todo y el costo diplomático que podría desatarse, pero sobre todo la población continúa siendo presa de los descendientes del Gran líder, es probable que las nuevas generaciones tengan algo que decir, de ellos dependerá qué camino elegir.
Por ello el esfuerzo de Bárbara Demick invita al lector a conocer un poco de este extraño país, donde pareciera que el tiempo se detuvo y los caminos del progreso no avanzan o se encuentran desfasados en pleno siglo XXI.

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