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Entrevista con John M. Ackerman: Intelectuales y lucha política en el México neoliberal

Aldo Fabián Hernández Solís

Año 2, No. 15, marzo 2016

John M. Ackerman es un reconocido intelectual mexicano enfocado al análisis político y al estudio de la democracia mexicana. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Intelectual crítico que lucha con la pluma desde diversas trincheras entre ellas sus columnas en Proceso y La Jornada, además de acompañar a millones en la lucha contra el neoliberalismo.

Esta entrevista, a la par que recorre pasajes de su vida, se centra en el debate en torno a los intelectuales y sobre la actual coyuntura política de México.

Profesor empecemos con este discurso que señala la muerte de los intelectuales públicos. ¿Qué estamos viviendo hoy en el campo intelectual mexicano?

Por un lado hay una realidad, esta camada de intelectuales orgánicos del sistema que con su discurso a favor de los derechos y la democracia, blindaba y protegía al mismo sistema relativamente de otras críticas más fuertes; ese colchón intelectual que tenía antes el sistema autoritario ya no lo tiene. Lo puedes ver al comparar a Salinas y Peña Nieta, sin hacer ninguna apología al desastre que fue el sexenio corrupto y neoliberal de Salinas, pero lograba encantar y tener un diálogo con personajes como Octavio Paz, Rolando Cordera, y hasta con Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes y otros. Algunos intelectuales críticos otros no, servían en momentos estratégicos al sistema. Ahora el sistema autoritario ya no cuenta con ese blindaje, sí hay un fallecimiento, decaimiento, de cierto tipo de intelectual orgánico público. Y no solo de los intelectuales, también del gobierno. Enrique Peña Nieto no ha leído un libro, el mismo lo confiesa, no necesita de, ni requiere, ni puede generar una burbuja en la intelectualidad orgánica. Esto es trágico pero también una gran oportunidad. Es trágico porque antes por lo menos se buscaba esa legitimidad intelectual, una legitimidad falsa e hipócrita. Pero esa necesidad de ser respetado como régimen por los intelectuales, quiero pensar, ejercía cierto control. Ahora ni eso, el cinismo es tan extremo y absoluto que ni se busca la legitimidad intelectual, nos acercamos a una cultura política estrictamente del poder, si se puede hablar de eso, una cultura política más parecida a los EUA. En EUA se celebra públicamente el anti-intelectualismo, por ejemplo con Donald Trump o George Bush Jr. quien presumía que él sacaba calificaciones de “C” y “D” en Yale y aun así pasaba y se podía colocar en la élite. Los Simpsons, nos encanta a todos, pero es parte de esa celebración del anti-intelectualismo. La cultura política de los EUA es profundamente anti-intelectual. Dan un lugar a los académicos e intelectuales de Harvard y Yale, eso les da una legitimidad tecnocrática específica y hay una circulación entre los think tanks y el gobierno, pero ellos no son intelectuales públicos, más bien son académicos políticos que circulan entre las universidades y el poder. Es realmente trágico y es un ejemplo de como el nuevo PRI es peor que el viejo PRI, el nuevo sistema es más autoritario aún, porque con esta idea del movimiento hacia la democracia, lo que vamos haciendo es moviéndonos cada vez más hacia un sistema político y económico como el de los EUA, sin los contrapesos y cosas positivas que ahí pudiera haber.
Esto implica una gran oportunidad, precisamente este vacío y transparencia del poder ignorante, desnudarse tanto, mandar federales para reprimir a maestros, el video del año pasado de Angélica Rivera defendiendo su “Casa Blanca”, los mismos discursos de Peña Nieto van desnudando y desgranando esta mitología del poder autoritario supuestamente intelectual. Si bien es una tragedia la deconstrucción de todo lo que es México, su historia, su pueblo y sus movilizaciones sociales, abre una oportunidad para construir algo nuevo, una nueva mexicanidad utópica para el siglo XXI.

Encontramos al mismo tiempo, como pocas veces en la historia de México, a un grupo numeroso de intelectuales que acompañan las luchas sociales, que luchan contra la actual situación. ¿Cuándo decide John Ackerman además de dar la batalla en las ideas, salir a marchar, a luchar políticamente?

Los que escribimos hoy desde una posición crítica construimos a partir de la enorme obra de los grandes intelectuales de izquierda que ha tenido México desde hace décadas y siglos. Pero en estos momentos donde lo intelectual es más menospreciado que nunca por el poder, donde ha perdido su prestigio, nos hemos visto obligados aparte de escribir también a hacer cosas. Por ejemplo, el domingo pasado estuvimos en Tixtla, paramos una detención arbitraria de una colega de la Asamblea Popular de Tixtla, que la querían meter a la cárcel para generar miedo entre la población durante las elecciones extraordinarias para Presidente Municipal en aquella población. Nos encontramos en un contexto en que la pura argumentación filosófica, pública, mediática, rinde menos frutos que antes y esto es un ejemplo del contexto tan trágico en el que nos encontramos. Yo en lo personal quisiera dedicarme nada más a escribir y a leer. Pero de repente uno se da cuenta que el mensaje sólo llega a un público muy específico de los mismos de siempre, sobre todo en el nivel académico. Uno tiene que hacer un esfuerzo para llegar más allá de la intelectualidad crítica de siempre. Y te expones a fuerte críticas, la palabra más común que usan para descalificarme es que soy muy “estridente” o “poco objetivo”. Hay muchos riesgos en tomar postura, en querer escribir para un público más amplio, y hay aún más riesgos en saltar torniquetes y en sacar personas de la cárcel. Este tipo de acciones no me ganan buena fama entre las “buenas conciencias” pero a veces uno tiene que hacerlo. Aquí también seguimos una larga tradición mexicana de académicos-activistas. Adolfo Gilly estuvo en la cárcel, González Casanova fue rector, Arnaldo Córdova fue diputado, Jaime Cárdenas también fue diputado. La verdad es que sin compararme con estas figuras estoy haciendo mi mejor esfuerzo para seguir el ejemplo de estos grandes intelectuales, críticos y participativos en la vida nacional.

Tiempos de cambio en el mundo de las ideas, de fin de hegemonías…

Hay una gran oportunidad en esta crisis de las ideas. Si lo vemos a nivel histórico internacional el fin de la guerra fría primero se presentaba como una victoria para el capitalismo neoliberal y la democracia liberal sobre un sistema comunista, pero lo que fue derrotado no fue el comunismo sino una visión burocratizada y autoritaria de esa orientación. Y así como cayó en los ochentas y noventas ahora veinte años después estamos viviendo la misma caída pero ahora de la democracia liberal y el capitalismo neoliberal realmente existente. Tardó veinte años pero pasó, es la dialéctica de la historia son procesos que tardan, el símbolo ya no es la caída del muro, sino la erección de muros, el muro México-EUA, Europa-medio Oriente.
Esto es trágico pero genera una gran posibilidad para desarrollar nuevas vías de pensamiento crítico y de praxis. Creo que ya estamos terminando la etapa del posmodernismo puramente destructivo. Hizo bien su labor. Lo que hizo el posmodernismo en estos veinte años fue destruir y minar la legitimidad de este sistema supuestamente victorioso. Pero ya estamos entrando a una nueva etapa de construcción porque la destrucción de todo está generando verdaderos monstruos, Donald Trump y Marie Le Pen son eso, son el alter ego, la quinta esencia, la corrosión de lo que es el sistema de democracia liberal y capitalismo neoliberal realmente existentes. Así los veo. Empiezan a salir respuestas en Sudamérica, el sur de Europa, hasta en el Norte, aunque en sí ninguno de estos esquemas representa la solución definitiva. Yo creo que hoy los mejores ejemplos serian Bolivia y Ecuador, desde lo que se ha podido construir, estamos ensayando, pero lo que queda claro en todos estos experimentos de Chávez, de Lula, de SYRIZA, Podemos, todos muy distintos, pero hay un reconocimiento histórico de los pueblos del mundo de la necesidad de pasar a una nueva etapa, de nuevas hegemonías, de nuevas respuestas.

Volviendo a México, en tu libro “El mito de la transición democrática” señalas la inexistencia de democracia en nuestro país, la presentas como mito. Profesor, ¿ante qué sistema nos encontramos?

Lo que propongo en mi libro es definirlo como autoritarismo neoliberal. Este sistema inicia en 1946, año en que se crea el Partido Revolucionario Institucional. Y no es por la simple creación de un nuevo partido, ni por lo que es el partido actualmente sino porque el paso del PRM a PRI, fue una transición de régimen, incluso si trazas los cambios en los estatutos se ve claramente.
El PRM (Partido de la Revolución Mexicana) un partido de masas, ligado a la Expropiación Petrolera, se le puede criticar a Cárdenas muchas cosas, pero la intención y el proyecto fue un partido de masas, que no era un partido de control desde arriba, era una cuestión de que el Estado tuviera una comunicación y un fomento de la movilización popular desde abajo. Y esa misma dinámica posteriormente sería utilizada contra el propio sistema del cardenismo, al darle un papel tan destacado al Estado, una vez que el Estado es controlado por otros intereses se modificó completamente la relación entre la sociedad y sus gobernantes.
La transición del PRM al PRI es el gran viraje. Es ahí donde inicia el sistema de la hipocresía institucionalizada en 1946 con Miguel Alemán, sus primeras acciones son mandar al ejército en contra del sindicato petrolero, él le da la concesión plena a TELEVISA, Miguel Alemán y su hijo fueron accionistas centrales de Televisa, ahí inicia la gran corrupción y complicidad entre las grandes empresas, empresarios y el Estado. Fue una verdadera alternancia.
El PRI se crea como un proyecto estrictamente antirrevolucionario, repudia la Revolución, repudia a Lázaro Cárdenas, pero mantiene discursivamente la Revolución, la mexicanidad, como mero recurso legitimador, y ahí le da juego a los intelectuales por ejemplo. Pero ahora ya chuparon toda la sangre de ese legado, ya no tendría que llamarse “Revolucionario” el PRI, desde 1946 tampoco, pero ahora es tan extremo el cinismo y la deslegitimación, hasta la figura del presidente ha perdido su legitimidad. Gracias al legado del Tata Cárdenas los mexicanos éramos conocidos por la gran admiración hacia la figura presidencial. Ni siquiera Vicente Fox o Calderón llegaron a extremos tan altos de rechazo como los que tenemos hoy con Peña Nieto.
Lázaro Cárdenas no fue un populista eso es muy importante, él fue popular, ciertamente, y en realidad socialista en muchos sentidos. En su estilo y su ideología era muy distinto a Perón en Argentina o a Brasil con Getúlio Vargas, que eran individuos salvadores de la patria que mezclaban perspectivas socialistoides con ideologías fascistas. El primer trabajo de Perón como gobierno fue como Secretario de Trabajo de un gobierno abiertamente fascista, que apoyó a los Nazis. Los populistas argentinos se aliaron con terratenientes, apoyaban a los obreros pero con una lógica de desarrollo social-fascista. Lázaro Cárdenas al contrario tenía una lógica rural a favor de los campesinos con los que se alió en contra de los terratenientes, también apoyaba a los trabajadores pero desde una lógica socialista liberal, al fin de cuentas ya que el liberalismo, en todas sus manifestaciones, ha sido el signo de nuestra historia. Tanto que hoy el liberalismo en México ya no significa nada porque tenemos desde Flores Magón hasta Maximiliano, desde Carlos Salinas, Enrique Krauze hasta el Sub comandante Marcos, todos son “liberales”.

Un legado profundo, el de las luchas populares, el del cardenismo, sin embargo tras casi tres décadas de neoliberalismo autoritario parece enterrado…

No la han destruido, es increíble, cuando EPN presenta su propuesta de reforma energética en agosto del 2013 inicia su discurso diciendo “aquí en este salón presidencial Lázaro Cárdenas expropió el petróleo en el 1938, nosotros vamos a regresar al texto de Cárdenas”. De manera superficial es un cinismo absoluto, indignante, para cualquiera que conozca la historia de México, que un señor así, como EPN que lo único que busca es lucrar con las petroleras y el patrimonio nacional y entregar la soberanía a los EUA, utilice la figura de Don Lázaro para justificar sus reformas. Pero cuando vas más a fondo te das cuenta que la verdadera “victoria cultural”, que es lo que cantaban los panistas cuando se aprobó la reforma energética, la verdadera victoria cultural es de la izquierda, del legado cardenista. Tan así que este señor que despacha en Los Pinos no puede repudiar directamente, públicamente, de frente a Lázaro Cárdenas.
En México los que hablamos de cambios de fondo somos la izquierda, por mucho que odien al Peje y por eso lo odian, o a Marcos, tienen que reconocer que los que plantean dentro de la cultura política trasformaciones de fondo, de cambio régimen, visiones de país, somos los de la izquierda. La derecha se queda con cascarones vacíos. ¿Qué ofrece TELEVISA, por ejemplo, en términos de una propuesta diferente? Alienta en los hechos el racismo, la exclusión, la depresión, mina la seguridad de los mexicanos, nos hace sentir menos, en eso hacen muy bien su chamba; el mismo Bronco y Fox tienen esa lógica de vamos a ser muy “valientotes”. Pero eso no es una ideología articulada de derecha que mira hacia el futuro, eso es una barrera de contención en contra de la cultura política de izquierda dominante que todavía está ahí, todavía, aunque quizás mañana ya no.
Por eso para mí el 2018 es una batalla realmente histórica. Ya con la reelección, ya con los candidatos independientes, ya con el petróleo privatizado, ya con todo lo que nos están haciendo, con la reforma educativa que es totalmente estratégica, pues sí, están ganando y están avanzando para eliminar esta hegemonía cultural de izquierda que todavía tenemos, estamos en lo último realmente. Eso es lo que representa para mi López Obrador, él es una persona que ha dicho “no”, no a esta neoliberalización americanizada, no a la desaparición de la historia de México y de la nacionalidad mexicana como la conocemos. Podemos criticar lo que quieras de López Obrador, cualquier decisión, cualquier aliado y análisis que él tenga, hay que criticarlo como a todos los políticos, sobre todos los académicos, de eso se trata la democracia y sobre todo la izquierda. Pero lo que representa López Obrador históricamente viéndolo como analista de los procesos sociales, es realmente un milagro que todavía tenemos a alguien como él. Que no tengamos que ir a pactar con El Bronco, con Mancera, con Ebrard o Basave, toda esta seudo-izquierda light, esa vieja tercera vía. Que todavía este alguien tan prominente como López Obrador, dando la batalla política públicamente, canalizando este espíritu mexicano de lucha, es algo que no podemos menospreciar. Por eso yo lo apoyo, por lo que representa históricamente.
En México tenemos una muy bonita síntesis de un momento histórico global de desfondamiento de legitimidad de los sistemas democráticos liberales realmente existentes y el surgimiento de nuevas izquierdas, y eso junto con el remanente todavía poderoso de nuestra propia historia de lucha. López Obrador está a dos caballos. Por eso cuando la gente dice que necesitamos un PODEMOS, que MORENA no es PODEMOS, es por eso, porque el otro caballo es nuestra historia de lucha mexicana. Los españoles saltos darían por poder tener una historia como la nuestra, llena de tantas luchas populares victoriosas. Los españoles tuvieron una dictadura militar unipersonal de Franco, que purgó y expulsó a buena parte de la izquierda política, muchos se vinieron aquí a México, los republicanos. España no tiene esa continuidad histórica de luchas. A PODEMOS lo apoyo, es maravilloso para el contexto español, pero en México no necesitamos un PODEMOS necesitamos mucho más, y afortunadamente tenemos mucho más. Tenemos entonces una coyuntura histórica favorable de derrumbamiento de los viejos políticos y tenemos una increíble materia prima y continuidad de luchas históricas, con ello podemos construir esa nueva izquierda. Que maravilla, no lo tienen todos los países, España no lo tiene, Grecia no lo tiene.

Entonces ahí hace su aparición la esperanza. Su último libro aunque trágico termina con optimismo hacia el futuro. ¿Dónde se cifra la esperanza, el optimismo de la razón?

Lo realmente trágico es el hecho de que tenemos la materia prima con que lograr una gran transformación histórica. De lo contrario, no sería trágico, sería solamente triste. Lo trágico está en que podemos cambiar esta situación. No nos han derrotado todavía, estamos a tiempo para dar la vuelta y regresar o, en su caso, tomar otro camino para no hablar en términos nostálgicos de un retorno. Todavía la primera frase del Art. 27 de nuestra Constitución define a la propiedad privada como un resultado de la acción de la nación. Ello es una verdadera mentada a John Locke, para decirlo en términos corrientes, es una confrontación directa con la visión de propiedad privada de Locke. Revisemos también el artículo 4 de la Constitución, que nos da un abanico de derechos sociales increíble, al agua, a la vivienda, a la salud; y el Art 123 todavía dice que todos y cada uno de nosotros tenemos derechos a un trabajo digno, si tú o yo no tenemos trabajo nos encontramos frente a una violación de la Carta Magna.
No han destruido la Constitución Revolucionaria, esas frases, aunque algunas hayan sido escritas técnicamente después del Constituyente de 1916-1917, son producto, escritos con la sangre de Emiliano Zapata y Pancho Villa. Ahí está su obra, aunque ellos mismo no estuvieron en el Congreso Constituyente pero fue su sangre la que puso esas frases en la Constitución. Y se sigue actualizando hoy, todavía tenemos cosas que defender y por eso es trágico que los mismos mexicanos no lo reconocemos, por eso me enojo, por eso a veces me pongo tan “estridente”, porque tengo la necesidad de sacudir las conciencias. Es falso que los mexicanos seamos “agachados” o “dejados”, somos más bien inseguros y deprimidos.

¿Cómo se ve John Ackerman en este proceso de lucha, en esta “bola” del siglo XXI contra el neoliberalismo? Me gusta pensarte, usando la imaginación y volando en el tiempo, en la figura de un gringo luchando con Villa.

Yo me considero absolutamente mexicano, yo llegué aquí de joven a los diecisiete años, venía llegando de Nueva York. Yo soy mexicano por decisión, mis hijas, mi esposa también son mexicanas. Soy de nacionalidad mexicana tuve que escoger y escogí ser mexicano. Aquí vivo, aquí es mi vida. Pero no solamente soy mexicano por decisión propia y por la vida que tengo, sino porque existe una larga tradición estrictamente mexicana de incorporar y dar lugar y propósito a disidentes políticos y migrantes de todo el mundo. México es un país profundamente cosmopolita y abierto, esa es otra mentira de que supuestamente nuestra historia sería “cerrada”, no, no, el mismo Lázaro Cárdenas fue de los más abierto recibiendo a los republicanos españoles; después los chilenos, los argentinos que vinieron a México, desde antes el Batallón de San Patricio.
Mencionaste a Pancho Villa, sabes que uno de sus artilleros más importante era un alemán, había muchos europeos que peleaban con Pancho Villa. Ve a Elena Poniatowska hoy, el mismo Paco Taibo II, una tradición muy mexicana, no hay otro país en que yo pueda pensar que tenga tanta generosidad, como los mexicanos a extranjeros que buscan apoyar y participar en la vida política e intelectual del país. En cierto sentido es injusto, desde luego, porque si hay un malinchismo, lo que luego nos ha permitido destacar más que otros que son más inteligentes y más arrojados que nosotros.
Pero estoy muy contento, porque yo vine a México en los noventas en un momento de política totalmente caduca en los EUA, tiempos de Clinton, ahora está peor. Llegué a México en el contexto del zapatismo, de la supuesta “transición democrática”, vine a tomar clases de oyente a la UNAM, se me abrió totalmente un nuevo mundo, ver e interactuar con una juventud universitaria tan consciente, despierta, participativa, yo dije pues aquí me quedo y aparte me enamoré. Mi suegro fue un gran dirigente comunista y líder social de Guerrero, nacido en Tixtla, su padre Don Pablo Sandoval Cruz también un gran luchador social, mi cuñado, Pablo Sandoval Ballesteros, fue candidato por MORENA a la gubernatura de Guerrero en 2015. Entonces eso también cuenta y es muy ejemplar. Una familia comunista, indígena de Guerrero, que recibe con los brazos abiertos a un gringo que quiere colaborar y apoyar. Me recibe y me transforma y ellos son los que me dieron mi educación política verdadera, entonces es una generosidad mexicana de incorporar a los extranjeros dentro de las luchas nacionales, y por ello estoy muy agradecido.

El 2018 se presenta como una fecha histórica…

Totalmente, el 2018 será histórico de alguna forma. Si no es para bien será para mal, ya que implicaría la consolidación definitiva de este autoritarismo neoliberal, de represión militar, de incorporación total de México a los Estados Unidos. Es muy importante activarnos estos dos años. Más allá de las elecciones, el 2018 tiene que ser histórico por la conformación de un bloque histórico, del que hablaba Gramsci. Al final de cuentas somos mayoría, tenemos el pensamiento y la inteligencia de nuestro lado, tenemos la historia de nuestro lado, tenemos la coyuntura global de nuestro lado, tenemos absolutamente todo, menos el dinero y el poder oligárquico que cada vez se consolida más. Si hay un escenario global donde la izquierda puede avanzar de manera significativa en el futuro próximo es en México.

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