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Ideología dominante, discurso público y discurso oculto

Aldo Fabián Hernández Solís

Introducción

La ideología dominante es el conjunto de ideas, mitos, valores y creencias que permiten la reproducción de una dominación particular. Ella legitima, justifica y promueve el sistema social de dominación imperante. Este trabajo pretende adentrarse en el estudio de las ideologías dominantes a partir de su ámbito de expresión.

Hay, por lo menos, dos ámbitos de expresión de las ideologías dominantes, uno público y uno privado. El carácter público implica censura y ocultamiento-engaño, mientras que el privado conlleva trasparencia. Esta separación es fundamental para la construcción y mantenimiento de una dominación. Distinguir diversos ámbitos de expresión de las ideologías dominantes permite comprender a la ideología como proceso político y a establecer niveles de transparencia y ocultamiento.

Ideología dominante, discurso público

Las ideologías políticas son públicas, le hablan a la sociedad, por lo que se expresan en un momento y espacio determinado y están dirigidas a sujetos particulares. El contexto socio-político es parte de la expresión pública de las ideologías, este contexto condiciona y presiona el discurso ideológico. Las ideologías son patrimonio de las clases sociales y expresan sus intereses, sin embargo, en la arena pública tiene que dirigirse al grueso de la población, a las otras clases, en la búsqueda de construir su hegemonía.

El discurso ideológico público puede ser de diverso tipo, puede afianzar valores, impulsar trasformaciones, atacar contrincantes, difamar o burlarse. Puede ser altanero o conciliador, radical o mesurado. La variable es el contexto socio-político, la politización de los interlocutores, la batalla de las ideas y la correlación de fuerzas clasistas. Su carácter político hace que las ideologías busquen convencer (generar consenso) a sus interlocutores. Esto tiene implicaciones en la pronunciación pública de la ideología. Tiene que modificarse por sus fines. Autocensura, ocultamiento y engaño, son algunas de sus características fundamentales de la ideología en su expresión pública.

La ideología dominante en público tiene que ocultar sus últimas intenciones, presentar el interés de clase como general y aceptar, en ocasiones, puntos de vistas de otros sectores. De ahí que el discurso ideológico tenga ambigüedades y lugares comunes, lo que permite presentarse de manera confusa y con posibles interpretaciones. Las ideologías dominantes suelen hablar de progreso, bienestar y modernidad en público, como una careta discursiva que oculta los verdaderos intereses, la reproducción de capital y las ganancias económicas para unos cuantos.

La ideología dominante en su expresión pública es la que se conoce con mayor facilidad y es una fotografía de las disputas políticas en un momento particular. Las ideologías, sin embargo,  contienen ideas e intereses profundos que no pueden expresarse con trasparencia sin que se vea afectada la hegemonía. Como señaló James C. Scott en “Los dominados y el arte de la resistencia”  la actuación es fundamental para la dominación. Ahí descansa el éxito de la hegemonía.

Como ejemplo, se puede señalar que el discurso público neoliberal, es expresión de la ideología neoliberal tomando en cuenta el contexto sociopolítico. Mucho se oculta y se disfraza, pocas veces se puede expresar en la arena pública con trasparencia una ideología dominante sin provocar reacciones fuertes en contra. En el caso de neoliberalismo pocas veces se expresa la visión egoísta del hombre que contiene está ideología o la justificación de la pobreza y la desigualdad,  aunque los tecnócratas y políticos neoliberales crean profundamente en ello. En la búsqueda del consenso tienen que ocultarse algunos rasgos de las ideologías, tienen que mentir.

El neoliberalismo como ideología es ejemplar, se alimentó de la crítica a un modelo pasado para presentarse como alternativa. Hablaba de futuros nuevos y mejores para todos. Podía referirse a las clases populares de manera positiva, sabía de los riesgos de enfrentar políticas e instituciones con amplia legitimación social, así que callaba sobre algunos temas. Es por ello que generalmente las reformas neoliberales fueron graduales, calculando con prudencia hasta donde se podía llegar en determinado momento. La agenda neoliberal completa se reservaba sólo para un grupo compacto.

En el caso de México el discurso neoliberal público se presentaba como un cambio de timón pero sin romper con el nacionalismo-revolucionario. Para la reforma salinista al artículo 27 se usó la imagen de Zapata y años después Peña Nieto presentaba su reforma privatizadora de la industria energética como una vuelta al espíritu de expropiación cardenista. Una falsificación y un acto de cinismo, pero también un cálculo político, un engaño, una comprensión de la necesidad del ocultamiento para poder avanzar en sus intenciones e intereses.

En la tribuna pública se expresa la ideología dominante pero de manera oculta, parcial o filtrada. La batalla ideológica, lucha de sujetos y grupos a favor o contra una hegemonía, presiona los discursos, ocultando los perfiles más polémicos y más opresivos de la ideología dominante.

Ideología dominante,  discurso privado-oculto

En privado, en confianza con personas de la misma posición social, en la soledad íntima, se recrean la ideología en un nivel primario, de manera transparente en sus intenciones y concepciones. Es en este ámbito privado que la ideología se expresa en su forma “tosca”, es directa y no hay intensión de ocultamiento de intereses, concepciones del mundo y sentimientos antagónicos. Desde el poder aquí se expresa el desprecio al pueblo, el insulto, la mofa a los de abajo y sus luchas, se les ridiculiza y subestima. También aquí se recrean las versiones ortodoxas o radicales de la ideología dominante.

Lo inconfesable se encuentra en este nivel, hacer público este discurso acarrea riesgos para la dominación. En el discurso oculto-privado están las concepciones fundantes de la dominación, por ejemplo la “certeza” de la desigualdad entre los hombres, la certeza de que la pobreza es necesaria, la justificación de la desigualdad, la defensa del orden, la confianza en el progreso, el deprecio a los de abajo y la superioridad de la clase dominante. Si bien la ideología dominante afianza una dominación, es en privado cuando aparece de manera clara, nítida, sin intentos de ocultamiento.

Hay momentos en los que el discurso ideológico oculto sale a la luz. Por ejemplo, episodios de enfrentamiento clasista, discusiones acaloradas, espacios de anonimato y momentos de imprudencias. En estos casos la ideología dominante se expresa de manera plena, en ocasiones grotesca, con un marcado acento antagonista contra los dominados.

Transparentar la ideología dominante es clave en la batalla de las ideas. Mostrarla como la ideología de una clase y al servicio de ella permite politizar la realidad. Imaginemos. ¿Qué hablaran un tecnócrata y un oligarca en privado? ¿Cómo se expresarán sobre las clases subalternas? ¿Con qué sistema social soñaran?

En el ámbito privado además de la ideología en forma transparente se expresan intereses inconfesables, la búsqueda de un beneficio económico, negocios de alto nivel, saqueos y robos. Este tipo de acciones se disfraza con ropajes ideológicos en el ámbito público.

El discurso ideológico público es una máscara que oculta el discurso ideológico privado y otros intereses. El poder se apoya en el ocultamiento, manipulación y engaño para establecer su dominio.

Conclusión

La ideología es parte central de una dominación, se producen en las relaciones sociales y en las disputas políticas. Le hablan a la sociedad en su conjunto, por lo que toman en cuenta a los sujetos a quienes se dirigen, ya que buscan incidir en ellos. Los procesos de autocensura, negociación y presión son parte de la construcción hegemónica en las que entran las ideologías.

El discurso ideológico público por lo tanto se ve modificado por la coyuntura política y la correlación de fuerzas, no es libre al dirigirse a la sociedad y a sectores distintos de quien lo pronuncia. Es por ello que en público las ideologías dominantes no son transparentes. De ahí la necesidad de prestar atención al ámbito privado-oculto de enunciación de ideologías, es ahí donde se expresan con trasparencia la ideología dominante. En ese campo los rasgos antagónicos, clasistas y racistas, se muestran de manera transparente.

En la batalla de las ideas sacar a la luz el discurso ideológico privado es fundamental, es quietarle la máscara a una ideología que gusta mostrarnos un rostro que no es el suyo. Es clarificar intereses, es politizar el campo público.

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