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Pedagogía de la desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible de Marcelo Valko. Una historia decolonial

Fernando Limeres Novoa

Año 5, No. 32, enero 2019

“Au layai mapuche dungu…. No se acabará el conocimiento de los mapuches”. Repetía el venerable cacique Ramón Painemal, de Chol Chol, de Chile, con una mirada llena de benevolencia
y gratitud”. Manuel Manquilef. Comentarios del pueblo araucano.

Quizá no exista país en Nuestra América más calumniado por el apogeo del eurocentrismo decimonónico que la Argentina. La anterior afirmación no implica exageración si se considera que a partir de los románticos rioplatenses (Echeverría, Sarmiento, Mármol, Hernández) se constituye el tópico que entiende y expresa lo americano como un anacronismo de la historia que es preciso erradicar en aras de un progreso considerado al modelo europeo. Quizá no exista un país tan preso de este espejismo como la Argentina si se piensa que uno siglo después de los románticos, los pensadores de la idiosincrasia nacional, Martínez Estrada o Scalabrini Ortiz, por citar dos ejemplos, la consideración de lo indígena en términos de su encaje cultural en el mosaico identitario del país es omitido del vasto campo de sus reflexiones. Omisión beligerante que por supuesto alcanza a Borges pero asimismo a otros paradigmas de la literatura argentina como Sábato, Cortázar o el mismo Marechal. Y que expresa tanto en la literatura como en el pensamiento latinoamericano el problema raigal apuntado por Juan José Bautista S: (…) piensan América latina desde la cosmovisión que Europa tiene de nosotros y del mundo, esto es, lo hacen como si fuesen europeos, porque piensan y razonan presupuniendo la concepción moderna de la historia y no desde la especificidad propia de la historia latinoamericana y mundial, que no es a misma, porque tenemos otra historia que aún necesitamos des-en-cubrirla para vernos desde nuestro propio horizonte, desde lo que somos en la historia , y no desde lo que la modernidad occidental dice que somos. (Juan José Bautista S: 47-48) En contraposición, en la cultura argentina, solo a partir del siglo XX con la labor de Manuel Ugarte, Rodolfo Kush y Alfredo Colombres lo americano se vindicó y consiguió entidad como problema para la reflexión. Sin embargo, los anteriores han desempeñado, no podía suceder de otro modo, una función secundaria y el campo de las instituciones de la “intelligentsia” oficial les han sido vedados: vox calmantis in deserto ha sido y es el destino para aquellos intelectuales que en Argentina han insistido que el apriori de toda reflexión han de ser el tratamiento de problemas americanos desde una perspectiva americana. En esta línea crítica merece destacarse la obra del antropólogo e investigador de la Universidad de Buenos Aires Marcelo Valko. Una de sus obras principales ha sido Pedagogía de la desmemoria Crónicas y estrategias del genocidio invisible; editada por Peña Lillo Ediciones Continente en 2013, la que lleva ya tres ediciones. Los cinco años desde esta primera edición prologada por Osvaldo Bayer, al presente no restan un ápice su vigencia y su capacidad de interpelar las conciencias “bienpensantes” del status quo intelectual argentino que prosigue escondiendo la cabeza bajo tierra como ciertos plumíferos frente a un problema acuciante cuya solución en el presente como en el pasado sigue siendo el extermino. Valko historiza el genocidio remontandose a su génesis colonial para luego focalizar el calvario sufrido por los originarios supervivientes de la interesadamente bautizada Conquista del desierto realizada por el general Julio Roca; campaña militar efectuada entre 1878 y 1885. Tal avanzada militar despojó a las etnias legítimas propietarias del territorio (mapuches, pampas, ranqules y tehuelches) . De este modo, se incorporó al control efectivo de la República Argentina una amplia zona de la Patagonia, denominada Puelmapu por los mapuches. Auspiciándo y conosolidándo una oligarquía terrateniente que le valió al general la reconpensa de la presidencia de la Nación. Valko narra el destino posterior del expolio no exento de ignomina sufrido por los coletivos supervivientes. Su operación crítica constata la barbarie del genocidio y procura hurtarla de una segunda muerte debido al tradicional desdén historiográfico que la había confinado al limbo del olvido. Organiza su texto en cuatro capítulos, a saber: I Maestros en el arte de mentir, II La década del Apocalípsis (1872-1882), III La desmemoria como estrategia, IV Auschwitz en medio del río. En primer lugar, el autor establece en qué consiste la pedagogía de la desmemoria que titula el texto. Postula que esta se organiza a partir del olvido, dado que al poder le repele recordar aquello que lo impugna; así se confina al desconocimiento un pasado inconveniente. Pero la operación que narra lo cognoscible y elimina lo indeseable es una operación axiológica no epistémica: una operación del poder que se construye un pasado a la medida de un interés presente. En consecuencia, la versión oficial de la historia difunde una mixtificación, una ilusión en su recto sentido: percepción o idea irreal. Como resultado del texto de Valko se puede extraer la siguiente ecuación: historia oficial+desmemoria colectiva=ilusoria responsabilidad. Por lo que esta manipulación supone de manera ostensiva una estrategia de dominación. La historia consigue dominar a partir de establecer una suerte de alienación: propugna que la colectividad consiga olvidar lo que fue en función de otorgar la ilusión de autopercibirse como lo que nunca será. Aporías fuera, en verdad, se pueden plantear paralelismos entre esta instrumentalización de la historia y lo imaginado por Orwell para los totalitarismos del siglo pasado; aun con la salvedad de que la manipulación descripta por Valko corresponde a “una democracia occidental”: El imaginario social va a construir la pedagogía de la desmemoria sobre la que se asienta la Historia Oficial. ¿A qué me refiero con pedagogía de la desmemoria?. Me refiero a una estructura mental que hace del olvido, de la pérdida de la verdadera identidad, de la amnesia y de la tergiversación de la historia, su máximo credo. El poder tiene pánico de recordar lo inconveniente, por eso reelabora un pasado acorde a su presente. Esa estructura hace un culto de la desmemoria, de la amnesia colectiva. Ama el olvido. Ama lo ilusiorio, se desespera por imaginar que estamos en Francia, que Buenos Aires es París, que somos todos blancos y rubios como en Escandinavia. Necesita olvidar, porque olvidar es olvidarse de sí misma, de sus responsabilidades, de su fingida ignorancia, de sus justificaciones absurdas…” (Valko: 36).
Otra de las tesis de partida del autor es que en América aún el genocidio continua, es decir, no supone un periodo histórico con límites cronológicos precisos y que las exégesis ensayadas han sido erróneas (eurocéntricas) desde el punto de vista epistemológico:

Lo sucedido en América y en el caso argentino en particular no se atiene a los criterios de los especialistas que teorizan sobre la pira de cdáveres. Es hora de advertir hasta qué punto estamos ante un Nuevo Mundo donde no funcionan necesariamente los mismos criterios y herramientas teóricas pensadas para otras latitudes, ni siquiera las fórmulas sobre la muerte masiva. Me pregunto ¿cuándo vamos a dejar de lado el vasallaje intelecutal, esa pleitesía que rendimos a cuanta teoría nos llega enlatada desde el Primer Mundo?. Tendríamos que estar hartos de de ver cómo se intenta trasladar mecánicamente todo tipo de conceptos construidos para explicitar otras realidades. Aquí tenemos la pasmosa convicción de que las teorías producidas en los países centrales deben encajar en nuestro suelo a cómo dé lugar, es decir, yuxtaponiendo la realidad a patadas dentro del marco conceptual importado. Provienen del Primer Mundo, eso basta y sobra para hacerlas prestigiosas. La esclavitud no sólo de los cuerpos , sino también del sometimiento mental, se encuentra tan extendida en América que en esa relación dialéctica de amos y esclavos, de dueños y desposeídos, también somos esclavos teóricos, estamos destinados a ser meros repetidores de las teorías europeas.” (op.cit: 51).

Así otra variante de la tergiversación consiste en aplicar un marco explicativo exógeno. El carácter exógeno no supone garantía de a cientificidad, ni criterio de verdad per se ; así como un marco teórico no resulta científico a partir de su autoctonía; lo que es importante para Valko es establecer la acriticidad con la que se recibe toda teorización extranjera y el esfuerzo más acrítico aún de forzar lo empírico a sus postulados; los cuales han sido pensados como exégesis para fenómenos sociales disímiles. En contraposición, lo que sí reclama sin cortapisas el autor, es la primacía de un marco teórico americano idóneo y crítico dado que recupera críticamente la propia historia; escapando de la múltiples mediaciones del discurso “científico” hegemónico.
I Inferiorizar, invisivilizar, exterminar: establece la continuidad histórica del genocidio contra los originarios. En esta continuidad aberrante es palmaria la responsabilidad del discurso científico, la religión y el capital, dado que al Otro se lo puede exterminar porque previamente la ciencia, la literatura, los libros de viajes y toda una serie literaria de narraciones testimoniales postulan su condición irreductible de infrahumano:

A lo largo de la historia se cometieron numerosas aberraciones que grupos étnicos o estados nacionales enmascararon con distintos ropajes para eliminar al Otro, al que se desviste d ememoira y se le sustituye el futuro, se lo desnuda de su condición de hombre y se lo invisibiliza para luego exterminarlo. El otro, ese extraño, extranjero, diferente, anormal o subhumano, es un otro que no comparte las cualidades esenciales del grupo que ejecuta la matanza. El capital, la religión, la biología, la filosofía brindan la cobertura ideológica y las excusas necesarias para cada ocasióm en que es necesario poner en práctica este mecanismo. (Valko: 27-28).

Por otra parte, En Teorizando sobre la pira de cadáveres, Valko establece las características específicas del genocidio americano al que denomina como apocalípsis y que por su misma magnitud carece de antecedentes históricos en la modernidad; dado que no solo se ultimaron cantidades ingentes de seres humanos sino que se extermino su patrimonio cultural, aun cuando se ejerció la resistencia:

Ciertamente, lo que sucedió en este continente fue un Fin del Mundo, (…). También fueron eliminados los sacerdotes y el andamiaje religioso. Aún en la actualidad se continúa con la persecución de las últimas retaguardias simbólicas como sucede en el Chaco Gualamba y en el Chaco Boreal, donde los grupos originarios arrinconados deben rendir su memoria a cambio de un modesto bolsón de alimentos de alguna misión evangelista. Con retaguardia simbólica me refiero al último resquicio de resistencia tras la derrota militar, una resistencia oculta a los ojos del poder. ¿Desde dónde se resiste?. Desde lo mítico, desde la religiosidad primigenia, desde los ritos ancestrales, del cual las huacas andinas son un claro ejemplo. Aunque se mantiene oculta a los ojos, el poder instituye tal resistencia y busca suprimirla. Hoy continúan persiguiendo la retaguarda simbólica, ese último lugar donde habita la memoria colectica, la memoria social. Recordemos aquel Bando del corregidor Areche prohibiendo que los indios recordaran memorias. Tal es su afán que intenta espiar y castigar los recuerdos. Ordena el olvido. Busca suprimir el pasado”. (op.cit: 53)

El capítulo II La década del Apocalípsis 1872-1882 se circunscribe entre dos coordenadas temporales: en primer lugar, la batalla de San Carlos (1872) en el que el gran Cacique Calfulcurá es derrotado; derrota que supone la superación para siempre del poder bélico indígena y la rendición luego del último combate de los caciques Inacayal y Foyel en 1884, junto con la rendición del cacique Sayhueque el 1º de enero de 1885. La derrota a manos de Roca inicia el calvario de los supervivientes:

A esa altura, roca ya no necesita arrojar los prisioneros al rostro de Buenos Aires como cuando estaba preparando su carrera presidencial, por ese motivo no serán trasladados a los puertos de embarque de Carmen de Patagones o Bahía Blanca para luego mandar las remesas a la Capital Federal. Sin embargo, los traslados de un lado al otro de los prisioneros a través de enormes distancias continúan a la orden del día. Marchas forzadas en las que muchos dejaban la viday que hacen recordar aquellos traslados de armenios realizados por los turcos en medio de los desiertos para que terminen muriendo allí. Un ejemplo de ello es lo que ocurrió en el depóstio de indios donde estaba confinada la tribu de Sayhueque en tierras de Chichinal tras su rendición. El 27 de enero de 1887, Cagliero, que se encontraba allí con el propósito de evangelizar a los infelices salvajes, le informa a Don Bosco lo siguiente. “Llegaron algunos soldados del Ejército capitaneados por un oficial , y este separó 80 familias de la tribu para llevarlas, por disposición del gobierno, hacia Mendoza, a fin de instalar una colonia. Las familias seleccionadas debían hacer un trayecto en el que se enplearían dos meses de marcha. Sayhueque recibió la noticia como una provocación. Despertó el instinto salvaje dedidio a luchar con los soldados” (…). En resumidas cuentas, el Ejercito Nacional , comandado sucesivamente por los ministros de Guerra Adolfo Alsina y Julio Roca, captura unas 19.000 personas de todas las edades que “ a partir de ese momento, dejaban sus vidas y sus destinos en manos de las autoridades nacionales” (Mases 2000:305). En realidad nadie “dfejaba” su destino en otras manos. Tenían la misma capacidad de decisión que una hoja en la tormenta”. (op.cit: 245).

En el capítulo III La desmemoria como estrategia Valko da cuenta de la invisibilización de los autóctonos en la historia argentina: Como señala Diana Lenton “ no hay una historia de blancos con blancos y otra de blancos con indios, como se representa en la historia que nos cuentan en la escuela donde los indios aparecen en un momento, y después nunca más. Toda la historia argentina está cruzada con la relación con los pueblos orginarios.” Y por otra parte, como las crónicas de viajes y los libros de testimonios difunden el tópico del indio salvaje que rapta mujeres blancas:

Por supuesto, esta clase de testimonios no abundan por tratarse de una situación demasiado escandalosa para la temperatura social imperante. En los libros, crónicas y artículos sobre el tema, es más común leer relatos desgarradores de peramenentes torturas y malos tratos recibidos en las tolderías. Incluso, algunos textos muy significativos mencionan que la vida en compañía de los indios, aun sin tormentos corporales, degradaba a la mujer blanca hasta provocar una metamorfósis que la tornaba irreconocible, y para lo cual cito al errático francés Ébélot: “La vida salvaje había borrado de tal modo sus rasgos (…) arrebatadas a su familia a edades distintas, se podía seguir en ellas la gradual inoculación del salvajismo”. (Ébélot 1880:209,210). Este “salvajismo” de alguna manera explica que numerosas mujeres liberadas junto a sus hijos terminaran hacinados en el campo de concetración de Martín García, contagiándose y muriéndo de viruela. (op.cit: 284)

En IV Auschwitz en medio del río, Valko describe la función de campo de concentración de la isla Martín Garcia en el Río de la Plata. Describe las condiciones en las que se realizaban el traslado de prisioneros, sus condiciones de hacinamiento en el lugar y la epidemia de viruela desatada allí. Una práctica habitual dispuesta por Roca el 11 de marzo de 1879 es la de seleccionar 150 indios para que se conviertan en tripulantes de los barcos de la escuadra nacional. Asimismo se reparten mujeres como sirvientas en las casas adineradas de Buenos Aires así como también niños en adopción: Entre 1878 a 1882 se desarrolla el período culminante de la lluvia de prisioneros indígenas sobre Buenos Aires y por ende, sobre la isla. Ya explicamos las necesidades político-publicitarias del ministro y candidato Julio Roca para realizar tal demostración de poder. Vimos también como el reparto de personas se despliega en medio de una absoluta desprolijidad y aún peor son los sitio donde se deposita a los detenidos, cuyo delito resulta imposible de tipificar salvo que se los encuadre como delincuentes étnicos o biológicos”. (op.cit: 321)

El libro de Valko es imprescindible por muchas razones. Sus obras consultadas ascienden a más de una docena de fuentes archvísticas diferentes; así como la incorporación de material periodístico de época que ilustra la operación publicitaria y el debate que supuso en la Buenos Aires de finales del siglo XIX, la llegada y el destino posterior de los originarios. Sin embargo, más que su notable enjundia documental, su valor lo obtiene de su operación crítica respecto de la mitografía historica argentina, contra su manía seudocientífica de confundir la verdad de un genocidio con un macabro panteón de héroes y villanos. En definitiva, Pedagogía de la desmemoria constituye un esfuerzo historiográfico de proporciones para derrotar el escamoteo interesado del pasado auténtico de la Argentina. Con Valko, la historia efectivamente vuelve a ser, como repetía Cicerón: magistra vitae

BIBLIOGRAFÍA

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Pedagogía de la desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible de Marcelo Valko. Una historia decolonial

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