¿Existen la colonialidad y la decolonialidad en los textos de ficción? El Tungsteno de César Vallejo

¿Existen la colonialidad y la decolonialidad en los textos de ficción? El Tungsteno de César Vallejo

Fernando Limeres Novoa

Año 5, No. 33, marzo 2019

Reiteramos, en primer lugar: ¿es posible analizar la colonialidad en los textos de ficción?. En rigor, la colonialidad como función presente en los textos literarios ya no admite discusión. O lo que sí admite es reflexionar sobre sus modos de significación. Es decir, aquello que puede examinarse es el contexto de su funcionamiento. No solo opera como modalizador en diversos planos textuales sino en las relaciones entre los mismos textos: intertextualidad (Kristeva), transtextualidad y postextualidad. Por ejemplo, en efecto, opera como parte de la diégesis narrada en Amalia de José Mármol o en Historia del guerrero y la cautiva de Borges. Asimismo, puede configurar la prosopografía de los personajes como en Los Natchez de Chautebriand o en Cumandá o Drama entre salvajes de José León Mera. Además, a nivel general, puede constituirse en un ahormante, esto es, un dispositivo modelizador de la significación (plano intratextual) y de la designación (plano extratextual), descomponible en tres niveles: materia narrada, expresión lingüística (léxico, sintaxis, organización textual y en términos pragmáticos, actuante en el efecto de lectura que el texto promueve). Por ejemplo, en un texto paradigmático de la historiografía indiana como es la Relación de las cosas del Yucatán de Diego de Landa. Explica lo anterior la constatación de la colonialidad como ideología manifestada discursivamente; como determinación ideológica que actúa con más vehemencia si el texto en su finalidad debe organizar una relación dialéctica entre un “nosotros” cultural frente a una otredad que en todo caso es vilipendiada. O más bien impregna, esto es, motiva la penetración de sus partículas en el cuerpo textual; Empleamos “impregnar” en su estricta significación etimológica: del verbo latino impregnare: fecundar, impregnar, preñar. Dicho de otro modo y en relación con la teoría saussuriana, interviene en las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas del texto. Puesto que históricamente se articula en el logocentrismo que define la cultura occidental; así la colonialidad es una escritura que adquiere relevancia como uno de los fundamentos ideológicos que legitima y promueve la expansión colonial europea. No solo en la conquista militar de los territorios sino en la vertebración de su hegemonía en la organización de la sociedad colonial. En consecuencia, uno de sus componentes centrales será el eurocentrismo (Samir Amín); definido en términos textuales como una modalización maniquea organizada mediante un prejuicio etnocéntrico de superioridad civilizatoria que necesita en su plasmación de la referencia a un correlato bárbaro respecto del cual se sostiene en la referencia a la superioridad teconológica y económica por ejemplo, pero sobretodo, ético-moral de la civilización europea: superioridad que legitima la esclavización de los bárbaros, su aculturación o directamente su exterminio. Lo anterior desde la fundamentación aristotélica a la fecha. Sin embargo, lo eurocéntrico se integra en el locus enunciativo desde el cual el sujeto construye su focalización discursiva en todo caso parcial y relativa por más que asuma y se vista con las estrategias textuales de la objetividad. De este modo, no se debe perder de vista la naturaleza comunicativa de la colonialidad; por eso es que emplea criterios o parámetros composicionales que operan y organizan la materia lingüística del texto pero además establece ciertos criterios de recepción, criterios que potencian la comunicabilidad de ciertos aspectos que harán que el mensaje sea entendido de un modo y no de otro por parte de sus lectores inmediatos. Desde ya los criterios comunicacionales determinan los composicionales. Dado que la finalidad comunicativa, como en todo texto, constituye la función más relevante en la praxis textual de la colonialidad. Por tanto, esta se asume como un factor determinante en las escrituras históricas, ficcionales o ensayísticas latinoamericanas. Por ende, no solo promueve una escritura que refiere el mundo desde los propios prejuicios sino que necesita una modalidad lectora que la impugne; la desbarate en términos analísticos, esto es, que la descomponga en sus constituyentes primarios para realizar una hermenéutica profunda que explique su funcionamiento. Puesto que si ha operado en la historia cultural lationamericana una condificación de la opresión es menester que se la interpele desde una hermenéutica crítica, es decir, decolonial que le dispute su espacio exclusivo de generación de su sentido como el único posible. La que por ejemplo, deconstruya una de sus modalidad retórico-técnicas más comunes, el analogón o analogía como disposición textual que “traduce” lo otro a lo propio en tanto que pretende explicar la otredad mediante una comparación que generalmente entiende lo otredad de manera peyorativa como un “no ser”, describiéndolo y narrándolo desde y para lo ajeno; perspectiva desde la cual esa otredad siempre resultará percibida negativamente. Dado que es en sí un nóumeno, un objeto incognoscible, la traducción, pretende objetivar, esto es, llenar ese vacío epistémico mediante operaciones de similitud y diferencia que descontextualizan aquella realidad para entenderla, desde el contexto ajeno de la discursividad analítica, en virtud de la cual lo exótico se vuelve “cognoscible”; atrapado en una organización verbal que enuncia aquello que los signos no pueden decir. Ya que lo que sí se dirá, si se escribirá es el lugar en el mundo que esa escritura logocéntrica y colonial asigna para lo europeo; bajo la legitimidad del discurso católico o el universalismo científico; ese espacio resulta ser idéntico a través de los siglos: el espacio de la dominación; en contraposición, el diferente, el otro, se convierte en virtud precisamente de su diferencia cultural, entendida y codificada en los textos como un constitutivo de su innata inferioridad que no hace otra cosa en esta construcción artificiosa que metaforizar el dominio de unos sobre los otros. De este modo, la colonialidad como dispositivo de sentido, formaliza en términos de colectividad, nunca de individualidad, dado que la individualidad es una construcción del racionalismo occidental referido siempre a occidentales ya que entiende a los otros del mismo modo que clasifica las diversas especies del reino animal y si existe un sujeto extraordinario en su individualidad en todo caso esta será interpretada como una excepción que confirma la norma que caracteriza al colectivo al que pertenece. Puesto que lo que importa en la racionalidad discursiva occidental es siempre la especie y no su ejemplar. Lo anterior constituye un ejemplo del funcionamiento de la colonialidad respecto por ejemplo a la construcción de los personajes indígenas en Los Nátchez de Chautebriand; potenciado por la tendencia al maniqueísmo del romanticismo europeo; tendencia que no hace otra cosa que reproducir la dualidad reduccionista que constituye la cultura occidental, primero en el platonismo, luego con el cristianismo, (Nietzsche). Enntonces, puede postularse que la colonialidad se define como un mecanismo de producción de sentido textual; nutrida de la asignación de roles sociales que promueve la colonialidad del poder (Quijano), en el contexto de la organización socioeconómica que impone en América el capitalismo eurocentrado; por lo que la expresión discursiva que un determinado autor plasma en su novela no solo es consecuencia de su capacidad de inventiva indivual sino sobre todo, es tributaria de un imaginario de naturaleza social. De este modo, la colonialidad de poder produce además, imaginarios textuales que representan los papeles sociales que esa misma colonialidad del poder ha asignado con anterioridad a los diversos grupos étnicos de la sociedad. Así la colonialidad en los textos narrativos opera como semiosis social; esto es, producción y proyección de significación con pretensión de credibilidad social por esta razón en textos como las crónicas de indias de la conquista los marcadores textuales de verosimilitud son tan numerosos y constantes en las historias personales o colectivas narradas en este subgénero. Tal procedimiento se intensificará en los relatos y narraciones testimoniales de los viajeros ilustrados y románticos en los siglos XVIII y XIX. Destinados a promover conclusiones que en todo caso parten y terminan en la enunciación del lugar preeminente que la civilización europea ostenta en el globo; la que legitima y constata sus conquistas en su efecto de realidad: prentensión de objetividad/universalidad, pretensión de legitimidad política y pretensión de legitimidad ética por medio de la discursividad misional religiosa servida por el catolicismo. Asimismo, la colonialidad no solo formula y asigna roles sino también configura interdicciones, dada su naturaleza instrumental siempre ocurre puesta en acto; praxis absoluta; causa y efecto de una heterogeneidad discursiva que constituye su símbolo porque la evoca sin designarla. En esta dirección, como se afirmó antes, borra los límites entre aquella realidad referida y su diseño textual. Por esta razón, asume una retórica pseudocientífica o que promueve en apariencia la neutralidad del narrador y que coloca en primer plano discursivo la objetivación del mundo y disimula u oculta las propios condicionamientos de esa objetivación; a su vez, se postula ominsciente; asume un estatus oracular; que pronuncia una palabra que semeja la palabra sagrada (no puede ni debe ser impugnada) que busca en los diversos modos de la heterogeneidad que nombra una referencia indirecta, una alusión autorreferencial.

Ahora bien, en tanto que la colonialidad nos permite entender el qué, el cómo, el porqué y el para qué de ciertos textos canónicos de la literatura latinoamericana, sin importar su género, dado que el colonialismo se constituye como el primer y fundamental determinante de la historia y la cultura latinoamericanas (Halperín Donghi). No es menos cierto que una parte considerable de sus textos se construyen en contra de la colonialidad inherente a nuestras sociedades, esto es, se organizan como escrituras decoloniales; en el siglo pasado llamadas con una denominación un tanto inespecífica “literatura social” o formando parte de los parámetros del realismo socialista de inspiración lukácsiana; lo cierto es que a partir de la segunda década del siglo XX en convivencia con las corrientes vanguardistas, comienza a constituirse un tipo de literatura poligenérica que asume una visión crítica de la sociedad a la que pertenece; revelándose contra la imposición exógena de unos determinados parámentros estético-ideológicos de focalización de las subjetividades que expresan las contradicciones capitalistas en las sociedades latinoamericanas. Un ejemplo de lo anterior es la novela El Tungsteno de César Vallejo. Publicada en Madrid en 1931. La importancia de El tungsteno en la producción narrativa de Vallejo es destacada y ha sido reconocida por la crítica desde su aparición. En este aspecto, tuvo influencia fundamental en el desarrollo de la narrativa indigenista en el Perú. De acuerdo con Antonio Cornejo Polar, durante las décadas de 1920 y 1930, el indigenismo integró en un movimiento general socialista en el Perú de lucha contra la hegemonía oligárquica; este movimiento produjo diversas manifestaciones: la aparición de la revista Amauta (1926), la fundación del APRA (1928) y la relevancia del Partido comunista en la debate político (1930); según el mismo autor, la literatura indigenista integra este convulso periodo de la escena política peruana.

La novela comienza en este párrafo: Dueña, por fin, la empresa norteamericana Mining Society, de las minas de tungsteno de Quivilca, en el departamento del Cuzco, la gerencia de Nueva York dispuso dar comienzo inmediatamente con la extracción del mineral. (Vallejo: 7). El sintagma por fin sugiere arduas negociaciones que no se narran. Lo trascendente es que la novela se inicia refiriendo el comienzo de una actuación empresarial que expresa a todas luces el colonialismo económico que sufre Perú por parte de empresas norteamericanas como la Mining que expolian sus riquezas mineras. Es esta piratería minera la génesis de la distribución de los roles que los distintos personajes asumen en la historia. Por una parte, se encuentran todas las variedades de mezquindad presentes en los personajes que representan los intereses de la empresa: blancos y profesionales y por otra, los despojados, la tribu de los soras que sufrirán la ambición empresarial (Quid non mortalia pectora cogis, auri sacra fames). Los sucesos relatados suceden en la década de 1910. La empresa norteamericana Mining Society se adueña de las minas de tungsteno de Quivilca a causa de la necesidad yanqui del mineral, dado que su ingreso en la primera guerra mundial resulta inminente. Por lo que la minera comienza el reclutamiento de peones para acelerar la extracción del tungsteno. Un grupo de empleados parten de Colca (capital de Quivilca), junto con algunos altos mandos y se asientan en un páramo, alrrededor de la aldea de los soras, tribu indígena , apartada de la modernidad.

De aquí en más, la novela focaliza a José Marino, dueño del bazar y contratista de peones para la mina, José Marino, tiene la exclusividad comercial con la empresa minera. Roba sus tierras a los soras; dándoles a cambio baratijas de su tienda. Por otra parte, las pésimas condiciones de trabajo en la mina producen la huida masiva de trabajadores. Entretanto, dos jóvenes indios, Isidoro Yepez y Braulio Conchucos, son capturados y llevados a rastras hasta Colca para comparecer ante un tribunal. A causa del maltrato sufrido en el trayecto, Braulio Conchucos muere. Sin embargo, un herrero, Servando Huanca, protesta contra la injusticia; originando un levantamiento popular, reprimido brutalmente.

La novela concluye con las discusiones políticas entre Servando Huanca y dos personajes: el apuntador de la mina y el agrimensor Leonidas Benítes; este último había sido expulsado de la empresa minera. El herrero Huanca les informa sobre del movimiento revolucionario mundial que brega por una sociedad más justa. Sus interlocutores se persuaden de la necesidad de sumarse a la causa de los oprimidos en la futura rebelión. Hasta aquí la sinopsis. ¿Pero en qué consisten la colonialidad y la decolonialidad en la novela de Vallejo?. ¿Cuáles son y en qué consisten los modos de su expresión en el texto?. En primer lugar, la colonialidad es consecuencia de una relación econoómica internacional que vincula a Estados Unidos y al Perú en términos de colonialismo económico. Vinculación que constituye la génesis de la historia. Como resultado de aquel, se expresan los roles sociales que la colonialidad del poder adjudica a los diferentes grupos étnicos: los expoliadores, criollos y profesionales al servicio de la minera y los expoliados, la tribu de los sora, que son focalizados como las víctimas de la desigualdad del mismo modo que los trabajadores. La colonialidad del poder no solo se representa en el rasgo anterior, sino a partir de la instrumentalización punitiva del poder del estado para reprimir toda protesta por los derechos humanos de los trabajadores. Por lo que la novela focaliza desde una organización deductiva, la representación general del colonialismo cuyas consecuencias consisten en sus manifestaciones particulares de la colonialidad en el plano social: expoliación, aculturación y represión. Asimismo, la colonialidad asume entidad en el discurso de los personajes criollos mediante sus manifestaciones racistas, ya presentes desde las primeras páginas, sobre la “ingenuidad” de los soras. En contraposición, la decolonialidad parte del sujeto de la enunciación: el haber seleccionado esta historia para narrar es por sí mismo un acto decolonial; además el modo narrativo, si bien no toma partido explícitamente, es consecuencia de haber optado por un locus enunciativo empático con los oprimidos. Una modalidad de lo que Juan José Bautista denomina pensar desde América. Por último, la inminencia de una revolución anticolonial-socialista, además de funcionar como una suerte de mensaje pedagógico y esperanzador supone legitimada por los hechos de la historia narrada una posible solución crítica frente a los excesos inhumanos que el colonialismo provoca.

Para terminar, hemos pretendido establecer la importancia de la colonialidad como tema de exégesis en las narrativas latinoamericanas, ejemplificada en la novela de una figura como César Vallejo; así como también insistir en la necesidad y la productividad de una hermenéutica decolonial como modo de lectura y explicación que de cuenta de la preponderancia y los efectos de sentido de la anterior.

Bibliografía

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Publicado el:mayo 1, 2019admin
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