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Desigualdad y clases sociales. Reseña

Luis Martínez Andrade

Carlos Julio Báez Evertsz, Desigualdad y Clases Sociales, Madrid, Betania, 2016, 693 p.

Frente al terrible escenario de miseria, de destrucción ambiental y de “banalización de la muerte” que estamos viviendo en pleno siglo XXI, es fundamental recuperar la perspectiva crítica, tan olvidada en las explicaciones “bien-pensantes” de la academia, para poner en cuestión tanto los dogmas como los lugares comunes del discurso dominante. Es en esa perspectiva que se inscribe el trabajo que nos presenta el sociólogo Carlos Julio Báez Evertsz y que se titula Desigualdad y clases sociales.
Compuesto por veinticinco capítulos, esta apasiónate y ambiciosa obra nos ofrece “un panorama general de la desigualdad social y las diferentes perspectivas teóricas que la explican, centrada en las clases y la estratificación social, muy especialmente en los diferentes análisis de clases desde Max Weber, Parsons y los funcionalistas, Marx y los marxistas clásicos, los intentos de teorías de síntesis entre marxismo y funcionalismo y de superación de ambas perspectivas” (p. 15). Apasionante y ambiciosa a la vez, porque si bien la obra está sustentada sobre una extensa, sólida y rigurosa revisión bibliográfica, la lectura de la misma no es engorrosa, ni críptica. Por otra parte, podemos advertir tanto un escrupuloso manejo de los conceptos y categorías (económicas y sociológicas) como un destacado, por no decir envidiable, conocimiento de la teoría marxista por parte del autor.
El libro comienza con un excelente diagnóstico de la situación actual donde se da cuenta de los deleznables niveles de desigualdad. Ahora bien, lejos de una ingenua lectura que suele imperar en las perspectivas demo-liberales o social-demócratas, Báez Evertsz actualiza tanto la relación centro/periferia como la tendencia a la concentración de la riqueza propias del modelo capitalista. Posteriormente, el autor pasa revista sobre las principales teorías sociológicas y económicas que han intentado explicar, y en su defecto justificar, la desigualdad. Así, analizando la noción de “desigualdad” en pensadores como Vilfredo Pareto, Simon Kuztnes, Arthur Laffer y Thomas Piketty (quien no propone un cambio del sistema capitalista sino una reforma del mismo a través de un capitalismo regulado, sea dicho de paso), el autor muestra la tensión que existe entre desigualdad y democracia. En ese sentido, Báez Evertsz no soslaya el papel del Estado en el incremento de las desigualdades, puesto que “las diferencias existentes tanto cuando predominaba la igualdad como cuando prima la desigualdad. Lo que ocurre es que la desigualdad no es algo que viene dado con la naturaleza, las desigualdades se construyen socialmente y pueden aumentarse o disminuirse radicalmente con las acciones sociales y las decisiones del poder político” (p. 41). Por ello, el autor hace hincapié en la importancia de la lucha política (la fuerza del sindicalismo, el papel de las organizaciones, entre otros) para la puesta en marcha de políticas igualitarias y redistributivas (p. 73).
Analizando las nociones de “clase” y de “estamento” en la obra de Max Weber, Báez Evertsz observa que, si bien el análisis de la estratificación social en el sociólogo alemán es mucho más interesante que la desarrollada por Marx, en lo que refiere al análisis de las clases sociales, y evidentemente de sus tensiones y conflictos, la perspectiva desarrollada por el filósofo de Tréveris es más pertinente (p. 93). Por otra parte, el autor subraya el hecho que mientras Marx se interesó en el problema de la explotación, propio de la sociedad capitalista, Weber se inclinó por el estudio de la dominación y, por tanto, reconoció el papel que desempeña el poder en los procesos de estratificación (p. 95).
Después de abordar el paradigma de la teoría funcionalista (Radcliffe-Brown, Malinowski, Merton) y la teoría de la estratificación social de Talcott Parsons, el autor concluye que dicho paradigma es incapaz de ofrecer una alternativa seria para el estudio de las clase sociales, ya que: “los funcionalistas presentan una analogía entre biología y sociedad humana y consideran el sistema social como un sistema natural, rechazan la historia como un medio adecuado para el conocimiento de la estructura social, y se desinteresan de los problemas diacrónicos y ponen énfasis en el estudio sincrónico del sistema social” (p. 117). Por consiguiente, el conflicto entre las clases es omitido, de manera consciente, por los representantes de esta corriente de pensamiento quienes prefieren concebir a la estratificación como un fenómeno universal y trans-histórico.
Aunque el análisis de las propuestas teóricas de Kingsley Davis, de Wilbert E. Moore, de Melvin Tumin, de Bernard Barber realizado por el autor para comprender la confusión conceptual entre clase social y estrato social (y con sus respectivas implicaciones políticas) que se da en el enfoque funcionalista es muy interesante, nos pareció de mayor interés la manera cómo abordó la perspectiva desarrollada por Ralf Dahrendorf quien, a diferencia de los funcionalistas, reivindica el modelo del conflicto y, por tanto, la omnipresencia del cambio social. Si bien es cierto no nos adscribimos a las críticas de Dahrendorf con respecto a la teoría marxista pues la caricaturiza -como bien observa Báez Evertsz -, nos parece que su interés en los conflictos de autoridad (lo mismo vale para la teoría sintética de G. Lenski) rompen con la visión estática del funcionalismo. Así, como apunta el autor, “para nosotros, a diferencia de los sociólogos estudiados, es en el marxismo y no en la teoría funcionalista, o en pretendidas teorías sintetizadoras o superadoras, que se encuentran los conceptos claves para su desarrollo teórico que permita un análisis concreto de la situación concreta, y a partir de ahí, la comprensión de los procesos de cambio en la estructura de las clases” (p. 186).
Así, después de revisar el esquema (dicotómico, gradacional y funcional) propuesto por Stanisław Ossowski para el estudio de la estructura de clases, Báez Evertsz percibe la tendencia a privilegiar el factor político por parte de dicho sociólogo polaco. Huelga decir que Báez Evertsz derrumba todas las críticas realizadas por dicho sociólogo al trabajo de Marx. Acto seguido, Báez Evertsz presenta, de manera escueta, tanto los elementos fundamentales de la teoría de Marx sobre las clases sociales (p. 211) como la formación de la consciencia de clase (p. 237). Fueron precisamente estas secciones las que retuvieron nuestro interés, principalmente, porque el autor subraya el hecho de que el carácter histórico de las clases sociales se debe a que toda formación histórico-social es transitoria y, por tanto, el capitalismo también puede ser superado por otra manera de organización de la economía. Además, el autor rescata el elemento subjetivo (p. 218) en la formación de la conciencia de clase y sus respectivas consecuencias: la lucha política. Al respecto, Báez Evertsz advierte la importancia de la auto-organización del proletariado (organizaciones, sindicatos y partidos políticos) en la perspectiva política marxista. Para ello, el autor examina las tesis y elucubraciones de egregios revolucionarios (Lenin, Georg Lukács, Rosa Luxemburgo, Gramsci) sobre el papel de las organizaciones políticas, especialmente del Partido, en las luchas políticas.
Después de haber mostrado tanto los sesgos ideológicos como las falencias teóricas de los diversos enfoques neoweberianos para el estudio de las clases sociales, el autor aborda los análisis de los estudios culturales, principalmente en los trabajos de R. Williams, de E.P. Thompson, de S. Hall y de T. Eagleton para demostrar la vigencia de la teoría marxista no sólo para el análisis de las nuevas configuraciones societales (cuestiones de identidad, luchas de minorías, etc.) sino también para el abordaje de las clases sociales. Por otra parte, destaca el excelente acápite que el autor dedica a la obra de Pierre Bourdieu, puesto que este sociólogo francés colocó “en un papel central a las prácticas simbólicas de clasificación social” (p. 526). Al respecto, Báez Evertsz ve en la obra del sociólogo francés un enfoque interesante sobre la concepción polimórfica del capital: capital simbólico, capital cultural y, por supuesto, el capital económico.
Finalmente, el “ajuste de cuentas” que el autor lleva a cabo con la corriente postmoderna y toda la verborrea que implica (“fin de la historia”, “fin de los grandes relatos”, “cosmopolitismo global”, por mencionar algunos de sus lugares comunes) nos parece de gran calado. Destaca, en ese sentido, el análisis que el autor realiza en torno a la perspectiva propuesta por Antonio Negri y Michael Hardt en lo que refiere a la noción de Imperio y de multitud. Apoyándose sobre las críticas formuladas por D. Bensaïd y Atilio Borón, principalmente, Báez Evertsz devela la prematura e ingenua tesis de sostener que “la clase trabajadora ha perdido centralidad” (p. 616) en la transformación social dando paso a la emergencia de “singularidades plurales propias de la multitud”. Así Báez Evetsz no sólo confronta la esterilidad política sino también la pseudo-concreción de los teóricos de la multitud.
En términos generales, recomendamos la lectura de esta monumental obra puesto que es un finísimo trabajo sobre los diferentes significados de la clase social en las principales perspectivas sociológicas. Mientras que los académicos, investigadores y estudiantes de ciencias sociales se beneficiarán de un excelente panorama sobre las discusiones en torno a la clase social y al fenómeno de la desigualdad; los militantes obtendrán una nueva arma teórica para enfrentar los desafíos que se nos presentan en este nuevo milenio. Además, y, esto nos parece de suma importancia, ya era necesario un enfoque marxista que se opusiera a las entelequias demo-liberales y pusiera en el centro del debate: el antagonismo social y la explotación. Saludamos pues la publicación de esta obra.

Luis Martínez Andrade es sociólogo mexicano. En 2009 obtuvo el Premio Internacional de Ensayo “Pensar a contracorriente”

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