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Reflexiones etnográficas acerca de la estructura fractal y la naturaleza entrópica de los colectivos en San Luis Potosí

David Madrigal González

“Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba”
El Kybalion

Introducción

El presente artículo es una pieza de análisis teórico y reflexivo acerca de una de las formas sociales que adquiere la acción colectiva. El Colectivo de Colectivos (Cc) es una meta-instancia con un grado jurisdiccional superior al colectivo unitario, que de forma fractal se encuentra estructuralmente determinada a partir de micromundos. Es decir, se trata de una instancia que trasciende la individualidad de todas las instancias que aglutina en una sola unidad simbólica (Melucci, 1999) (1). Pero, ¿cómo se constituye en una meta-instancia un Colectivo de colectivos? ¿cómo es que sucede o se construye específicamente esa posibilidad de aglutinar a otras instancias?, y en definitiva la pregunta más importante en este trabajo ¿cómo es que se mantiene esa fuerza de agrupación de la meta-instancia que denomino Colectivo de colectivos frente al inevitable desgaste de la coexistencia al interior de los colectivos que aglutina, de la correlación de fuerzas y el acoplamiento y desacoplamiento de maneras de pensar, esto es, frente a la inevitable entropía de todo sistema social?. Aquí se presentan algunas ideas que se desprenden de tres experiencias en la zona metropolitana de San Luis Potosí, México, acerca de estas interrogantes que considero fudamentales para entender la forma Colectivo de colectivos en la actualidad.

De la estructura fractal del colectivo y del Colectivo de colectivos

La idea de la geometría fractal de la naturaleza viene del matemático, físico y geógrafo, Benoit Mandelbrot, quien se ocupó del estudio de la forma de la complejidad de la naturaleza y a partir de ello desarrollo lo que se conoce como teoría de los fractales (2). Esta teoría sostiene que existe un orden detrás del aparente punto de fracturación o de quiebre caótico en la hechura, diseño – ingeniería de las cosas que vemos. Dicho ordenamiento del caos determina su forma a partir de un principio simple pero complejo: que cada parte sigue un patrón de diseño similar al del todo, pero en una escala más pequeña. En mi caso este principio se lleva a la geometría de la naturaleza de la vida social, en particular a geometría de la vida social que acontece bajo formas de asociación y de acción colectiva.
La imagen de la fractalidad no sólo es evidente en el nombre de esta forma de organización social de orientación cívico-política que denominamos Colectivo de colectivos. La imagen de la fractalidad también está presente en las estructuras dinámicas que son el nivel profundo de la fachada de los colectivos unitarios en tanto que unidades simbólicas de acción. Lo fractal, en el contexto de las formas de organización y de acción social que son los colectivos, se entiende de un modo simple como los patrones estructurales de su diseño – ingeniería que se repiten en ellos a distintas escalas. Algunos de estos patrones se exponen a continuación.
El colectivo unitario se forma con una finalidad que no es reducible a la idea del “objetivo común”, sino que se trata de un horizonte que se interpreta de múltiples formas por las personas que participan y dan vida a la colectividad. A veces resultan hasta contradictorias las posturas y los comportamientos de los integrantes del colectivo pero de alguna manera esas fracturaciones se desprenden o más bien están incluidas también en el horizonte percibido en conjunto.
El colectivo siempre requiere del impulso inicial pero no se sabe por anticipado hasta donde alcanzará la fuerza de propulsión. El colectivo es el pulso que se mantiene y que conecta al grupo hacia dentro y hacia fuera, que le da vida en el espacio y en el tiempo. Hacia fuera el colectivo tiene el objetivo de gestionar su presencia y legitimdad políticas en alguno de los ámbitos de la vida social, lo educativo, lo cultural, lo artístico, lo político ideológico, lo lúdico, lo económico, lo medioambiental o lo ecológico. Hacia el interior el colectivo tiene como su objetivo más importante la producción de sentido en torno a la unidad simbólica que representa, la fabricación artesanal, recreación y reinvención de una narrativa, la generación de formas discursivas y la institución de prácticas sociales que aspiran a ser culturales, la difusión-promoción de determinados valores, en suma, la postulación de un modelo mental para percibir y percibirse desde la lógica del micromundo colectivo.
Cada colectivo constituye en sí un micromundo de relaciones que gracias a la idea del colectivo se distingue de otros conglomerados de relaciones necesarios para moverse en la vida social actual. En el entramado y dinamismo de la estructura de relaciones del colectivo operan las leyes de la microfísica del poder según las cuáles la historia aprende también a reírse de las solemnidades del origen; la emergencia es la entrada en escena de las fuerzas, mientras que la humanidad no progresa lentamente, de combate en combate, sino que instala cada una de sus violencias en un sistema de reglas y va así de dominación en dominación (Foucault, 1980:13-17).
No todos entran en las mismas condiciones a la cancha de un colectivo. Uno están más afianzados en su posición que otros y la manera de afianzarse corresponde a una estructura de correlación de fuerzas que inevitablemente cambia. Múltiples relaciones de poder atraviesan y constituyen el cuerpo social de la forma colectivo; estas relaciones de poder no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso (Foucault, 1980:139-140).
La “forma Colectivo de colectivos” o (Cc) replica los mismos ejes de estructuración del colectivo unitario pero los lleva a otro nivel de complejidad. Al tratarse del gobierno de lo común entre micromundos y no sólo entre los integrantes de un sólo colectivo, el horizonte compartido es todavía más polivalente y polisémico. El Colectivo de colectivos tiene por eso un primer reto que es traducir a una clave común las distintas perspectivas y expectativas de las personas y de los colectivos que integran la meta-instancia. El Cc es el resultado de un proceso de reingeniería social de los colectivos, es una estrategia de respuesta a lo que perciben en conjunto como un horizonte de coerción. La coerción aquí no significa necesariamente la represión del Estado, sino la percepción compartida de que está aconteciendo la imposición de una circunstancia, o bien, que se está imponiendo toda una manera estructurada de entender y de actuar frente a determinada circunstancia. Entonces la respuesta bajo la forma Colectivo de colectivos es en realidad, en primer lugar, una respuesta de los colectivos agrupados a sí mismos, una respuesta que se formula desde cada colectivo pero que adquiere cuerpo social en la meta-instancia con mayor capacidad de reflexión y de acción, aunque también con mayores problemas para gobernar el dinamismo de la correlación de fuerzas y de las fricciones y conflictividad que se producen en el proceso. Las luchas o fricciones entre distintos tipos de egolatrías, las luchas y fricciones por el derecho de antigüedad, las luchas y fricciones por el derecho sobre la herencia o la transmisión de la tradición, las luchas y fricciones por la última verdad y la razón, son sólo algunos ejemplos concretos de las dificultades organizativas y de gobierno que implica el gobierno de lo común en la meta-instancia Cc, ya que las luchas y fricciones en los colectivos y entre colectivos están constantemente filtradas por la subjetividad, las emociones, las pasiones y las debilidades de las personas que dan vida a las colectividades.

De la naturaleza entrópica de los Colectivos de colectivos.

El colectivo es una noción que emerge socialmente como resultado de un giro de la política negativa de la dominación a la política positiva de la construcción desde un nuevo referente epistémico. El giro implica a su vez el desmontaje del imaginario moderno condensado en categorías centrales para la vida interactiva de los micromundos como es la categoría del poder. Las relaciones de poder al interior de los micromundos que integran un Colectivo de colectivos, prenten ser relaciones basadas en la inteligencia grupal y no en el ejercicio del poder a través de la dominación o viceversa, pero el ejercicio de la dominación a través del uso y ejercicio del poder individual o de facciones intragrupo es constantemente una realidad extragrupal e intragrupal.
Hacia dentro, el Cc tiene la función esencial de producir sentido para los que integran la unidad simbólica que los representa. Frente a tal propósito, los elementos que hacen parte de ese sentido son las reuniones, las asambleas, las actas, todas las acciones emprendidas bajo el membrete de la meta-instancia, todos los recursos colectivos que ayudan a desmontar la parte negativa del poder en beneficio de la colectividad. Junto con la producción del sentido de lo colectivo y de su apropiación en forma de comunalidad, es decir, de una mentalidad colectivizada, hacer que la dinámica cotidiana al interior de la vida social del colectivo gire todo el tiempo hacia la cohesión, se torna una tarea muy ardua que no siempre se logra puesto que arduamente fue edificada también la idea eurocéntrica del monopolio exclusivo del poder por parte del Estado o de las estructuras e instituciones gubernamentales.
Hacia fuera del Cc la meta-instancia tiene el objetivo de gestionar una presencia política en el espacio del escrutinio de los asuntos públicos. Tanto en el nivel de los colectivos como instancias separadas, como en el metanivel de la forma Cc que constituye una unidad de representación, se trata de redes de relaciones y correlaciones que se acoplan mejor a la imagen de estructuras disipativas tipo humo de cigarro, más que a la imagen de andamiajes articulados pero determinados por cierta rigidez. De acuerdo con su capacidad de disiparse en el espacio y en el tiempo sin desparecer del todo, la gestión de la presencia y la legitimidad políticas del Cc depende directamente de su capacidad para llamar la atención, pero sobre todo, depende de su capacidad estructural de resistir los sistemáticos intentos de cooptación o canalización por la vía de las instancias o causes oficiales, lo que terminaría por absorber o disolver en las aguas corrosivas de la burocracia los dos pilares de la lógica comunal de este tipo de meta-instancias, a saber, la producción de sentido y la producción y puesta en escena de su autogestión.
La resistencia implica un desgaste y las fricciones al interior de los colectivos también. La producción colectiva de sentido y de autogestión política tiene ciclos pero hay un momento en el que ya no tiene la vitalidad de otros días. La naturaleza entrópica de los sistemas sociales los lleva a buscarse nuevas formas de asociación y de acción colectiva que pueden ser nuevos colectivos o Colectivos de colectivos. En este sentido también la entropía negativa o negantropía busca su contraparte en la formación de nuevas estructuras disipativas a partir de la entropía exportada que compensa su proceso de degradación. A la larga, la forma colectivo igual que la forma Cc, siguen el mismo destino de otras formas de cooperación, agregación social y de actuación en grupo, terminan por ceder ante un poder superior a todos los sistemas, la fuerza del cambio. El cambio en los sistemas sociales tiene que ver o es básicamente una cuestión de cambio de paradigmas o de asimilación y adopción de nuevas explicaciones que soportan por un tiempo ciertas visiones del mundo (Kuhn, 2012).
Los paradigmas de una comunidad de sentido como son los colectivos sociales, se ponen de manifiesto en su cultura material e inmaterial: libros, escritos, dibujos, obras artísticas, discursos políticos, películas, canciones, medio informativos de preferencia, consumo de ofertas culturales, etc. En este punto, la sociedad al interior de los colectivos es diversa y puede estar dividida en campos de coincidencia o en fracciones antagónicas que intentarán defender su propia constelación institucional a través de sus elecciones, mientras que los otros grupos y personas buscan instituir sus propios marcos institucionales (Kuhn, 2012:188). El escenario de una acentuada polarización al interior de la forma Colectivo de colectivos, puede propiciar las condiciones para que el procedimiento político de cambio falle y la metainstancia desaparezca o mejor dicho, se disipe integrándose a otros colectivos sociales.

De la tragedia de los comunes en los Colectivos de colectivos

La tragedia de los comúnes (Hardin, 1995) (3) es el fantasma que ronda por la estructura de la meta-instancia Cc, principalmente cuando se ha mantenido su presencia y funcionalidad a lo largo del tiempo. En San Luis Potosí, el referente más claro que conozco al respecto es el Frente Amplio Opositor a la minera San Xavier, mejor conocido como el FAO. Esta meta-instancia ha experimentado muchas transformaciones a lo largo de 20 años de lucha contra los impactos socioambientales de la minería de tajo a cielo abierto y el método de lixiviación con cianuro. Muchos le han decretado una muerte definitiva al FAO muchas veces, sin embargo, este Colectivo de colectivos se ha mantenido por momentos diseminado, por momentos operando como un núcleo cerrado o duro. Hasta el momento en que se escribe este trabajo, contra los pronósticos más pesimistas, el FAO sigue operando como una meta-instancia que no pierde del todo tanto su capacidad de gestión política en distintas escalas, como su capacidad de producir sentido para antigüos y nuevos adherentes
a la unidad simbólica que representa en torno a la lucha por el medio ambiente y lucha contra la contaminación y la destrucción de la minería en la actualidad.
Mientras la tragedia de los comúnes se mantiene únicamente como una presencia fantasmagórica en la meta-instancia, existe un márgen de aceptabilidad social-grupal y un márgen en el que se materializa su contingencia. La muerte social de un Colectivo de colectivos se vuelve realidad cuando se pierde el gobierno de lo común entre los micromundos o colectivos que lo integran, lo cuál viene inmediatamente después de que nuevas circunstancias exigen que el horizonte compartido se formule de una manera cada vez más específica, al punto de llegar a la absoluta imposibilidad de aglutinar y conectar múltiples sentidos. A este respecto, conozco dos experiencias que ayudan con el referente empírico de este tipo de procesos.
La primera experiencia es la del Movimiento por la Paz en la ciudad de San Luis Potosí entre los años 2011 y 2013. Este fue un Cc que en tan sólo tres años perdió el gobierno de lo común entre los micromundos que se conectaban con la movilización ciudadana a propósito del incremento de la inseguridad y la proliferación de múltiples formas de violencia en el país. Hacia adentro de la colectividad, conforme se fue alargando en el tiempo la presencia política de la movilización a través del Comite Potosino por la Paz, el horizonte compartido y la unidad simbólica de lucha que representaba se empezaron a definir cada vez más como un asunto de acompañamiento a las familias y personas que se acercaron a la meta-instancia en calidad de afectados directos de desaparción, extorsión o secuestro, es decir, la víctimas más directas de la situación de ingobernabilidad y descomposición institucional del país. En un término de tres años, la capacidad de aglutinar múltiples interpretaciones en torno a la necesidad de que la población saliera a las calles para protestar por la situación del país, se perdió o se disipo y el grupo de personas directamente afectadas por la violencia se convirtió en el botin que puso a la vista la lucha de egos, la incompatibilidad de paradigmas, la disputa por las últimas verdades y razones, así como la capacidad destructiva del performance de las pasiones y las acciones vicerales.
El otro caso es una experiencia más reciente. El “Colectivo de colectivos Mariano Jiménez” fue una meta-instancia que se formó con algunos de los participantes del Comité potosino por la paz hacia finales del año 2012, manteniendo su vitalidad hasta los últimos meses de 2014. El horizonte común que aglutinaba a los colectivos era el intento de desaparición por parte de la Secretaria de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, del espacio cultural denominado “Centro Cultural Mariano Jiménez”, utilizado durante por lo menos las tres últimas décadas para exposiciones, impartición de talleres, conferencias, proyección de películas, obras de teatro, funciones de títeres, concursos de obra plástica, entre otras expresiones artísticas y académicas principalmente promovidas o gestionadas desde colectivos sociales o agrupaciones de artistas e intelectuales.
Si bien el inmueble patrimonial (4) donde se encuentra el Centro Cultural Mariano Jiménez y el personal que labora ahí forman parte de la infraestructura que administra el gobierno del estado a través de la Secretaría de Cultura, el hecho de que se tratara de imponer la decisión de convertir este espacio en un centro de documentación, para muchos dejaba claro que en realidad sería convertido en una bodega. Con la iniciativa de dos colectivos usuarios frecuentes del centro cultural, se tomaron el edificio y las instalaciones del mismo en dos ocasiones. La primera vez en 2013 durante 48 horas. La segunda vez, como respuesta a un nuevo intento de cambiar la función del centro cultural e imponer su proyecto institucional desde el paradigma gubernamental, la toma del “Mariano Jiménez”, como se le conoce entre los distintos públicos que acuden a él, se mantuvo físicamente durante más de un mes.
Hacia dentro la meta-instancia producía sentido, pese a las diferencias, en torno a la idea de presionar para que el gobierno del estado se hiciera responsable de consolidar este espacio cultural como la única opción para expresiones artísticas y educativas alternativas o independientes, en virtud de que ingresar a los circuitos oficiales de la cultura es visto por algunos creadores como una institicionalización de la creatividad.
Hacia afuera la gestión política del Cc se enfocó en participar activamente en las decisiones de la Secretaría de Cultura sobre este espacio cultural de la ciudad. En la ciudad el bien común más preciado es el espacio y en el caso de la escena artística, académica e intelectaul local, el bien común más preciado son este tipo de espacios culturales para las expresiones alternativas e independientes. El Cc Mariano Jiménez logró constituirse en un “comité mixto” con participación de funcionarios de la secretaria para los acuerdos sobre el futuro y el presente operativo del centro cultural. El primer paso se había logrado. El siguiente paso consistiría en obligar a que las dependencias gubernamentales, incluyendo el INAH, presentaran un proyecto que le hiciera justicia al “Mariano Jiménez”. Entonces el horizonte compartido y la unidad simbólica de lucha que representaba la metainstancia Cc, se fue definiendo en términos de una sola disyuntiva: presionar negociando ó presionar sin negociar nada. La fuerza de la tensión se transfirio al interior del Cc haciendo aparecer nuevamente la lucha de egos, la incompatibilidad de paradigmas, la disputa por las últimas verdades y razones, el poder destructivo del performance de las pasiones y las acciones vicerales. Para algunos cualquier tipo de negociación significaba echar a la basura todo el camino de lucha, para otros se trataba de lograr que el centro cultural tuviera la atención gubernamental que merece. Al final la metainstancia se agotó en sí misma, los colectivos sociales que articulaba la unidad simbólica Colectivo de colectivos Mariano Jiménez se disiparon con la llegada del nuevo gobernador del estado y el cambio de administración en la Secretaria de cultura.

Apunte final

Efectivamene vemos que el Colectivo de colectivos es una meta-instancia en el sentido de que se trata de un grado jurisdiccional superior al colectivo unitario, que de forma fractal se encuentra establecido por los micromundos que aglutina y que mediante dicho grado se propone dilucidar, formular juicios y direccionar sus fuerzas hacia la construcción de una unidad simbólica que les representa.
La respuesta a la pregunta sobre cómo se constituye la asociación de colectivos en una meta-instancia o Colectivo de Colectivos, se responde a partir de tres experiencias ocurridas en la actual zona metropolitana de San Luis Potosí. La necesidad colectiva de unir sin fusionar está determinada por múltiples causas pero en esencia existe un detonador de la acción colectiva que es fundamental para evitar agotarnos en la individualidad y egoismo: la capacidad de indignación y de juntarse con otros que se sienten igualmente indignados. En estos casos pudimos repasar las formas de indignación frente a la imposición o la formulación de decisiones sin la participación social, frente a la desaparición de personas y la incapacidad del Estado para atender los problemas estructurales de corrupción, violencia, en suma de la descomposición de la sociedad; las formas de indignación frente a la contaminación y la destrucción del entorno que ha generado la minería durante cientos de años. La indignación frente al despotismo y el autoritarismo con los que se quiere operar-administrar la escena y los espacios culturales socialmente disponibles.
Ahora bien, la respuesta a otra de las interrogantes en el inicio, la relacionada con la construcción de la posibilidad de aglutinar a otras instancias. Me parece muy importante subrayar que se trata de una construcción y no de una aglomeración fortuita. Los colectivos que reconocen la construcción de acuerdos como una vía posible para la gestión del bien común, son los que acuden a la producción de sentido y se suman a la unidad simbólica de una meta-instancia. Pero dados algunos cambios en la correlación de fuerzas o en los marcos institucionales la construcción de acuerdos puede dejar ser percibido como una vía posible y en ese sentido la unidad simbólica que aglutina a los colectivos puede perder por completo su poder de cohesión.
Y finalmente sobre la pregunta que adelantamos al principio como la más importante para esta pieza de reflexión, la interrogante sobre el sostén de la fuerza de agrupación de la meta-instancia frente al desgaste de la coexistencia al interior y exterior de los colectivos, frente al acoplamiento y desacoplamiento de las maneras de pensar de los que integran los colectivos, frente a la entropía de los sistemas sociales como los colectivos.
La cuestión de por cuanto tiempo se puede mantener la unidad simbólica que conecta a los distintos colectivos en una meta-instancia, es un asunto que se relaciona estrechamente con el tipo de sostén que se utiliza. La construcción de acuerdos es la vía que soporta mejor el tipo de presiones a las que se somete la forma Cc, pero ésta vía es cada vez más dificil en la medida que la meta-instancia responde sólo a los caprichos o las expectativas de los más empoderados. En la medida que algunos individuos o fracciones de la unidad simbólica Cc logra orientar la definición del horizonte común en sus propios términos o exclusivamente para los aliados, en es momento los procesos de construcción colectiva se mueven hacia la definición unisémica y la exclusión, se inicia la supremacia de las fuerzas entrópicas de los sistemas sociales y su movimiento de disipación hacia otras formas de organización y de acción colectivas.

Bibliografía

Alonso Aguerrebere, José María; Aguerrebere Gálvez, Alejandro y Aguerrebere Gálvez, Ángel (2014), Don Mariano Jiménez. Héroe de la Independencia de México. México: Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí.
Foucault, Michel (1980), La microfísica del poder. Madrid: Las ediciones de la Piqueta.
Hardin, Garrett (1995), “La tragedia de los comúnes”, en Gaceta Ecológica, número 37. México: Instituto Nacional de Ecología. Disponible en línea en: http://www.ine.gob.mx/, sitio consultado el 8 de noviembre de 2016.
Kuhn, Thomas S. (2012), La estructura de las revoluciones científicas. México: Fondo de Cultura Económica.
Lara, Hiram Ángel (2002), “Elinor, Ostrom (2000), El gobierno de los bienes comunes. La evolución de las instituciones de acción colectiva. México: UNAM-CRIM-Fondo de Cultura Económica”, en Religión y Sociedad, Vol. XIV, número 24. México: El Colegio de Sonora. Pp. 263-269.
Melucci, Alberto (1999), Acción colectiva, vida cotidiana y democracia. México: El Colegio de México.

Notas

  1. La idea de la función simbólica de los colectivos es una adapatación de la teoría sociológica de Melucci sobre la acción colectiva y los movimientos sociales. Para este autor, la función de la acción colectiva es “revelar los problemas, anunciar a la sociedad que existe un problema fundamental en un área dada. Tienen una creciente función simbólica, tal vez podría incluso hablarse de una función profética. Son una especie de nuevos medios de comunicación social (Marx y Holzner, 1977 y Sazón, 1984). No luchan meramente por bienes materiales o para aumentar su participación en el sistema. Luchan por proyectos simbólicos y culturales, por un significado y una orientación diferentes de acción social. Tratan de cambiar la vida de las personas, creen que la gente puede cambiar nuestra vida cotidiana cuando luchamos por cambios más generales en la sociedad” (Melucci, 1999:34).
  2. Se puede ver al propio Mandelbrot explicar su teoría de la fractalidad en un video de 2010 en la siguiente dirección: http://www.ted.com/talks/benoit_mandelbrot_fractals_the_art_of_roughness#t-144747 , sitio consultado el 16 de octubre de 2016.
  3. La teoría de  Garrett Hardin sobre la tragedia de los comunes publicada en la segunda mitad de la década de los años sesenta, sostenía que “un mundo finito puede sostener solamente a una población finita” y que si el crecimiento poblacional del mundo es exponencial, entonces la repartición de los bienes comunes disponibles tendería a disminuir hasta terminar en una guerra campal por el acceso a ellos. El asunto tenía  que ver con la definición de los bienes comunes y su naturaleza finita, pero sobre todo, como lo mostró Ostrom tres décadas más tarde, tiene que ver con la propiedad y la administración de lo común, en síntesis con el gobierno de los bienes comunes y la evolución de las instituciones de acción colectiva(2000). Hardin había concluido que los individuos tienden a aumentar sus comportamientos egoístas cuando se enfrentan a situaciones de escasez en la explotación de cualquier recurso natural o bien común, de tal manera que si se involucran en circunstancias de no cooperación aceleran la degradación del bien que se encuentra en riesgo (Lara, 2002:264).
  4. Catalogado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) por ser la casa en la que vivió el insurgente Mariano Jiménez, personaje del proceso de independencia de México, compañero de Hidalgo, Allende y Aldama durante el movimiento pero también durante casi diez años que sus cuerpos estuvieron colgados de los muros externos de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato (Alonso y Aguerrebere, 2014:9).

Dr. David Madrigal González
Programa de Estudios Antropológicos
El Colegio de San Luis, A. C.

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