El pensamiento decolonial en “Nuestra América” de José Martí

El pensamiento decolonial en “Nuestra América” de José Martí

Fernando Limeres Novoa

 Año 5, No. 33, marzo 2019

Yo sé que el necio se entierra

con gran lujo y con gran llanto.

Y que no hay fruta en la tierra

como la del camposanto. José Martí

El genocidio, en particular el genocidio perpetuo que se abate sobre América, es muy distinto de otros genocidios, por supuesto tremendos, pero que se encuentran acotados en su espacio temporal.

A lo largo de la historia se cometieron numerosas aberraciones que grupos étnicos o estados nacionales enmascararon con distintos ropajes para eliminar a los Otros, al que se desviste de memoria y se le sustituye el futuro, se lo desnuda de su condición de hombre y se lo invisibiliza para luego exterminarlo Marcelo Valko

Colonialidad o colonialidad del podersupone una modalidad de poder específica de la modernidad. Su génesis es la conquista de América en tanto que su consecuencia preponderante radica en el establecimiento de la hegemonía europea a escala planetaria. De este modo, modernidad  y colonialidad constituyen conceptos concomitantes. En contraposición, pensar de modo decolonial implica un esfuerzo por arraigar la reflexión, esto es, contextualizar su desarrollo discursivo: el primer movimiento es excluir apriorismo. Significa, en el campo de las ciencias sociales, no someter la experiencia americana a la teorización de conceptos exógenos sino diseñar categorías propias que articulen una narrativa científica desde la perspectiva americana, es decir, desde la perspectiva de los colonizados. Cuando empezamos a pensar desde este lugar llamado América latina, poco a poco se nos fue apareciendo el problema que ahora da que pensar, el pensar en toda su radicalidad. Esto aconteció cuando descubrimos que el problema central del pensar era la vida, es decir, la vida humana y la vida de la naturaleza, esto es, la vida de todos nos-otros y no solo la vida de los pobres latinoamericanos (…). Dicho de otro modo, tal parece que ahora el pensar debe ponerse al servicio de aquello que nos hizo posible, para que siga siendo posible la vida de todos, o, para decirlo de otra manera, parece que el problema del pensamiento no es el pensamiento mismo sino la producción de la vida. (Bautista: 76). Martí opera de este modo en su celebérrimo artículo “Nuestra América” (1891). Texto cuyo valor primordial es establecer los postulados básicos para que el determinante posesivo no solo se mantenga en el título sino en la realidad extratextual de todo el continente. Porque, en definitiva, a lo que apela el título es a que los americanos asuman América como proyecto propio, aun cuando hayan alcanzado la emancipación política sin la intelectual. Entonces, ¿cómo consolidar la primera sin haber logrado la segunda?: Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con al que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engulllendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra. Este comienzo se organiza desde el punto de vista formal como el introito de los ejemplos medievales. Sin embargo, sus propiedades formales no valen per se sino que se subordinan, desde la perspectiva pragmática, a interpelar a sus lectores. Moralizar sí pero ni religiosa ni éticamente sino políticamente. En efecto, el contenido se organiza a partir de la crítica de un caso; de esta manera, Martí emplea una estructura inductiva: parte de lo particular para comunicar un mensaje que atañe a lo general; generalísimo dado que se dirige todos los americanos. Pero, ¿en qué radica el componente decolonial?. Martí es un poeta; poeta revolucionario; por lo que su mensaje será codificado poéticamente; mensaje decolonial en dos aspectos; primero, supone una advertencia respecto de la voracidad imperial de Estados Unidos; segundo, adquiere un tono exhorativo a fin de que América se gobierne a sí misma; esto es, mediante instituciones genuinamente americanas. Por lo que un encadenamiento metafórico determina “Nuestra América” en términos de género como una alegoría; una alegoría de significación decolonial. Así, critica la vanidad del aldeano causada por un prejuicio que confunde lo universal con lo particular arraigado en su engreimiento. La vanidad para el catolicismo constituye uno de los  siete pecados capitales; además de un modo de idolatría; mientras que para Nietzsche la vanidad es el temor a parecer original. En efecto, la idolatría del aldeano funciona en dos direcciones de significación complementarias: en primer lugar, su equívoco: confunde lo ajeno con lo propio: el mundo entero es su aldea. Segundo, da por bueno el orden universal. Ambos equívocos persiguen intereses egoístas. Principalmente, políticos: con tal que él quede de alcalde y económicas: le crezcan en la alcancía los ahorros. De esta manera, la conveniencia política y económica determinan para el poeta cubano la colonialidad del poder en manos del aldeano americano que en resumidas cuentas se traduce como un subterfugio que  maquilla discursivamente un interés individual en términos de beneficio colectivo. De este modo, la creencia en la bondad del orden universal funciona como coartada del movimiento anterior y profundiza su falsedad ya que el Bien en el contexto de la reflexión axiológico, no puede sino beneficiar a la totalidad de la humanidad; nunca a uno a costa de otros. Por otra parte,  en la línea de Nietzsche, la sobrevaloración interesada del orden universal, idealizado, esto es, no examinado en sus condiciones históricas, implica la infravaloración interesada del orden particular al que pertenece el aldeano. Ya que si la originalidad absoluta es un mito; la mímesis perfecta como garantía de eficacia lo es también. Sin embargo, para Martí, más que una falta privada concerniente a la moral individual; la vanidad conduce primero a un error epistemológico  y a la prolongación de una configuración social colonial, después. Porque la adjetivación del orden con el calificativo bueno encubre sus  condiciones materiales e históricas que lo han determinado. Dado que su afirmación en tanto creencia no puede plasmarse lingüísticamente más allá de su calificación; esto es, nunca podrá enunciar un discurso racional que de cuenta de sus contradicciones. En consecuencia, la adjetivación establece el límite discursivo formal y de sentido; no solo por lo que explicita: la fe en una condición positiva que parece inherente al ordenamiento universal pero que nunca es explicada sino fundamentalmente por lo que se excluye del discurso. En este sentido, Martí en su crítica al concepto de universalidad anticipa en más de un siglo el desarrollo del concepto de la colonialidad del poder. Así para Miñolo: La geopolítica y la política corporal del conocimiento se ocultaron mediante su sublimación en un universal abstracto proveniente de Dios o de un yo trascendental. En consecuencia, la geopolítica y la política corporal del conocimiento que se originaron en los márgenes de la experiencia imperial en las colonial (experiencia imperial colonial) proporcionan no solo una epistemología nueva (epistemología de frontera) sino también una perspectiva desde la que analizar los límites de la universalización regional del saber basada en la teología y la egología, es decir, en la teopolítica y la egopolítica del conocimiento. La clasificación y la categorización general del mundo revelan una realidad de la que son imagen especular. También ocultan el hecho de ser válidas desde una “perspectiva dada” o locus de enunciación: experiencia geohistórica y biográfica del sujeto de conocimiento de los principios filosóficos de la teología, las experiencias históricas de los cristianos de Occidente y la forma de ver el mundo desde un punto de vista masculino. (Mignolo:41). Para Martí no solo la vanidad crédula del aldeano se define por lo que enuncia y omite sino también por lo que ignora. Así el equívoco no solo sucede por asignar un valor positivo a un orden no analizado sino por la consecuencia principal de lo anterior: desconocer las amenazas que ese mismo orden entraña. Desconocer significa no contextualizar el peligro que se cierne sobre la soberanía política y económica de América.  Desconocimiento expresado mediante la metáfora de  los gigantes que llevan siete leguas en sus botas. Charles Perrault popularizó en el siglo XIX el motivo de las bottes de sept lieues. Provenientes del folklore europeo. En rigor, constituyen un elemento mágico que permiten que su usuario se desplace a gran velocidad y realice un hazaña heroica. Así la poética martiniana metaforiza la hegemonía yanqui y europea mediante la hipérbole organizada en dos miembros: gigantes +siete leguas. Por ende, frente a este poder inmenso, la conciencia americana -antialdeana- debe despertar y armarse. En este sentido, el poeta cubano exige de los americanos una actitud épica; de aquí el símil con los personajes del escritor sevillano Juan de Castellanos (1522-1607) presentes en su poema épico Elegías de varones ilustres de Indias. De este modo, frente a los gigantes de siete leguas, Martí aboga por una actitud épica pero una épica no de la gesta, sino de la reflexión; una épica de las ideas; una épica del valor creador del pensar. (…) con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra. (Íbid: 3).

Volviendo al concepto de colonialidad.  Su acuñación se debe al teórico peruano Aníbal Quijano. Para Quiijano, la colonialidad combina dos sistemas: en primer término, un sistema de dominación organizado en relaciones sociales, cuyo punto de partida es la clasificación jarárquica de la población mundial mediante la categoría raza. En segundo término, un sistema de explotación mediante diversos métodos que finalmente se organizan en el capitalismo. Ambos sistemas se organizan a partir de la conquista de América. En este sentido, América es una pieza clave; tanto que proporcionará el impulso que permitirá la mundialización definitiva del capitalismo. De este modo y en términos geopolíticos, el mundo se dividirá en dos espacios: el espacio hegemónico atlántico, Europa y la periferia; América, subordinada colonialmente. La categoría raza encubre la convicción de la inferioridad natural de determinados colectivos; al modo de la justificación aristotélica de la esclavitud. El segundo sistema de la colonialidad, concerniente al sistema de explotación y de control de subjetividades es el que determina la jerarquización racial anterior. En relación con los dos sistemas anteriores, y de acuerdo con Quijano, se establecen dos procesos; uno, el establecimiento de un sistema de control sobre la autoridad pública vinculado con la hegemonía del estado, del que quedan excluidos aquellos colectivos conceptualizados en términos de subalternidad y segundo, un nuevo sistema de generación y normativización de las relaciones subjetivas; elaborado a mediados del siglo XVII en Europa; como consecuencia del eurocentrismo del patrón de poder moderno colonial. En este aspecto, el eurocentrismo se define  como un imaginario social pero asimismo como una perspectiva gnoseológica; en relación con las necesidades del capitalismo como de los colonizadores de lograr la naturalización de su dominación principalmente en la perspectiva de los colonizados.  Lo anterior constituye para Quijano el componente más importante del eurocentrismo, a saber: la imposición sobre los dominados de una imagen distorsionada de ellos mismos; quienes como señala también Fanon en Piel negra máscaras blancas (1952) se percibirán alienadamente desde la perspectiva del colonizador. Ahora bien, Martí  ya había criticado en Nuestra América no solo la esterilidad del eurocentrismo sino el imperativo de  diseñar un gobierno en consonancia con la idiosincrasia americana. A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza el árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que les roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado , de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. (…) (Íbid:16).

La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los Incas de acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. (Íbid:18). 

   La cuestión cultural para Martí no solo radica en derrotar la hegemonía eurocéntrica; sino en constituir primordialmente una perspectiva política eficaz respecto de la solución de los problemas americanos. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y como puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país. (Íbid:20).

   Para terminar,  podemos afirmar que en “Nuestra América” Martí anticipa muchos de los temas que ocuparán la reflexión de los principales teóricos de la colonialidad: la crítica de la mentalidad del colonizado ejemplificado por el aldeano vanidoso; el peligro para América del imperio estadounidense, la condena de la superstición eurocéntrica y el análisis de las formas culturales autóctonas no solo para superar la anterior sino para constituir gobiernos y estados en auténtica relación con las necesidades de sus colectividades. De aquí, no solo proviene el mérito de “Nuestra América” sino  su actualidad y la necesidad de repensar su mensaje.

Bibliografía

Bautista S. Juan José (2014). ¿Qué significa pensar desde América latina?. Madrid. Akal Cuestiones de antagonismo.

Fernández Retamar, Roberto (2015) ¿Cuál es la literatura que inicia José Martí”Cuba. Cubadebate.

Martí, José (2002) Nuestra América. Jalisco. Universidad de Guadalajara.

Martí, José (2009) Versos sencillos. Madrid. Cátedra.

Mignolo, Walter D. (2005)  La idea de América latina La herida colonial y la opción decolonial. Barcelona. Gedisa.

Quintero, Pablo. Colonialidad. Buenos Aires. Uba-Conicet.

Valko, Marcelo (2013) Pedagogía de la desmemoria. Buenos Aires. Peña Lillo-Ediciones Continente.

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Publicado el:marzo 1, 2019admin
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