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Analéctica para la Liberación

Juan Carlos Martínez Andrade

Año 1, No. 8, enero 2015

En 2004 comencé mis estudios en antropología social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Para aprovechar mi estancia en Distrito Federal (soy originario de Puebla) asistí como oyente en materias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que está a un par de calles de la ENAH. Como oyente en la UNAM y en otras universidades, escuché a José María Pérez Gay, Juan María Alponte, Bolívar Echeverría, Horacio Cerutti, entre otros.
Una de las materias que tomé como oyente en la UNAM fue Historia del Pensamiento Filosófico Latinoamericano que impartía Enrique Dussel en el salón 005 de la Facultad de Filosofía y Letras. En ese seminario conocí y tuve el placer de conocer a Katya Colmenares quien hoy dirige la sección de Filosofía de “Analéctica. Revista Electrónica de Pensamiento Crítico”.
Para entonces, poco o nada había leído a Enrique Dussel y mi acercamiento a su pensamiento fue directo, sin barreras ni interpretaciones. El texto mínimo para el seminario fue “Historia del Pensamiento Filosófico Latinoamericano” que Carlos Beorlegui acababa de publicar en la Universidad de Deusto y que tuvo que enviarnos por correo. Dussel nos hizo favor de pedir el libro por correo. En su obra, Beorlegui afirmaba que nunca hubo una filosofía auténticamente latinoamericana más que la Filosofía de la Liberación de Dussel.
Durante el seminario, Dussel siempre defendió la idea opuesta a Beorlegui: que en América Latina siempre hubo Filosofía si por esta entendemos “amor a la sabiduría” y que la Filosofía de la Liberación era la continuación, si no es que el agregado, del conjunto de saberes filosóficos latinoamericanos que reivindicaba todo el saber de siglos. Ideas inmensas.
Del texto de Beorlegui rescatamos: la suma de sus términos, la cronología del pensamiento latinoamericano y el debate sobre la identidad y la autenticidad de la filosofía en América Latina. Y con toda la humildad, Dussel nos pidió NO leer los capítulos que Beorlegui escribía sobre la Filosofía de la Liberación (2 de 11). Por cierto que para Dussel el “poner” a prueba la autenticidad de la Filosofía en Latinoamérica le pareció “un tema manoseado y poco auténtico”. Después de la sesión de introducción se discutió el tema 1 “El origen de la modernidad” el día 9 de febrero de 2004.
En aquel momento oí a Dussel defender la tesis de que la modernidad se inició con la apertura de Europa al Atlántico en 1492, situando a España como el primer país moderno y a Bartolomé de las Casas como el primer pensador “antimoderno”. Escuchar a Dussel requería conocimientos muy sólidos en Filosofía, Historia Mundial, Historia de la Filosofía, Geografía, Economía y muchas otras áreas. Me di cuenta que estar en un diálogo tan profundo requería no encasillarse en una sola disciplina. Hay que intentar leerlo absolutamente todo.
Regresando a la lección, Dussel afirmó “en enero de 1492 los castellanos entran a Granada; expulsan a los judíos, y se suicidan económicamente”. Las ideas discutidas ese día fueron:

  1. Posiblemente influenciados por los genoveses los europeos se aventuran en el atlántico.
  2. Colón firma las capitulaciones y cree llegar a China.
  3. Europa estaba completamente circundada por los árabes.
  4. Los otomanos toman Constantinopla en 1453 fundando Estambul.
  5. Los judíos huyen a Italia e inician el renacimiento, con griegos pobres que huyeron de Estambul.

¡Por lo tanto, el renacimiento es un producto de la expansión musulmana. Génova y Venecia son ciudades bizantinas y el renacimiento es completamente bizantino!

En un par de horas escuché como todas las tesis más fundamentales de Hegel, de Marx, de Bunge, se destruían. Una a una, las tesis que dan sustento a la Historia Mundial como me la enseñaron en el colegio caían y se develaba una interpretación que se pretendía anti-eurocéntrica. Como todo estudiante dogmatizado que atestiguaba la desmitificación de sus mapas mentales sufrí un sentimiento de desaire muy profundo.
Durante los siguientes años seguí de cerca las clases y conferencias de varios pensadores mexicanos y extranjeros que radican en el Distrito Federal, pero nunca me alejé de Enrique Dussel. Religiosamente asistí a sus sesiones, escuché su cátedra y leí sus libros. Por supuesto que debí introducirme a más temas de los que habría pensado que tomaría cuando me inscribí en antropología social de la ENAH: economía, historia, filosofía, ciencias políticas, sociología, filosofía de la ciencia, sin aquello no habría podido comprender ni la quinta parte de sus sesiones.
En mi caso, escuchar y conocer la obra de Dussel fue determinante. La tesis de licenciatura que redacté incluye una propuesta de Antropología de la Liberación y tal fue mi entrega a la Filosofía de la Liberación que cuando discutí con mis colegas abrir una revista electrónica gratuita en la que se discutiera con perspectiva crítica todos los aspectos de la vida social, propuse que llevara el nombre de “Analéctica”, el método de la Filosofía de la Liberación.
En estos 10 años que llevo siguiendo la pista de cerca a Enrique Dussel he estado en desacuerdo con un par de tesis que él ha defendido, pero en su mayoría me suscribo gratamente a su pensamiento y su programa filosófico. En mi opinión, su obra rebasará este tiempo y no sólo perdurará, sino que fundará la próxima revisión histórica del camino de la humanidad.
Mi recomendación para aquellos que quieren acercarse a la obra de Enrique Dussel es que tengan a la mano una biblioteca y que pongan a prueba cada línea de cada párrafo de sus textos. Mucha gente no confía en la propuesta de Dussel porque contradice directamente la historia oficial o el conocimiento generalizado. Pero su conocimiento es enorme y cada una de las oraciones que escribe está fundamentada con bibliografía y varias notas al pie. Por cierto que Hegel no cumple con esas exigencias académicas pero mis colegas no lo ponen en duda, tal vez por un poco de racismo que sitúa al conocimiento europeo por encima de cualquier otro.
Leer a Dussel exige disciplina. Es una filosofía que también exige una revisión de nuestros valores. En todo momento la posición ética de Dussel se impone en la revisión histórica y filosófica que redacta. Es difícil e incluso doloroso leer y escuchar a Enrique Dussel. En mi opinión, es necesario.
Para difundir su obra, Enrique Dussel y su equipo tiene clases, conferencias y charlas grabadas en video que se pueden consultar de forma gratuita en internet. Me consta que Dussel discute su obra con sus estudiantes y toma los consejos necesarios para revisar su propuesta. Cada una de las tesis que propuso en Filosofía Política y en Economía Política están disponibles en video para su consulta gratuita en internet.
Invito al amable lector a que se adentre a la Filosofía y que tenga como referente al enorme profesor Enrique Dussel que tanta vida le ha dedicado a Nuestra América y a Nuestra Filosofía.

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