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Motecuzoma frente a la realidad del mito

Alejandro Morales Jiménez

Este trabajo nació como un primer acercamiento a las antiguas formas de concebir una realidad ajena a la nuestra. Como hombre de mi tiempo no podía dejar de pensar la Historia como una serie de acontecimientos, los cuales, en todo momento tenían que ser hechos reales y, por lo tanto, acontecimientos que en realidad pasaron. Pero qué pasa cuando nos acercamos a una serie de eventos que, para empezar, no tienen nada que ver con la manera en que nosotros percibimos a eso que llamamos Historia.
Para aclarar, lo antes dicho, hay que tomar de manera cautelosa los manuscritos que redactaron una serie de religiosos, o en su caso los ayudantes de éstos, que en su afán de refutar la antigua cultura indígena nos dejaron, a su vez, una serie de relatos que a primera vista suenan como eventos y hechos totalmente reales y fáciles de ser historiados. Pero en algunos casos eso es mera ilusión, y si nos atenemos a ver en esos relatos un discurso histórico con gran pena veremos que nos pueden llevar a un callejón sin salida o a una mentira que podemos tomar como una verdad inobjetable.
Para evitar estos desatinos o enredos en los cuales la mente de un historiador puede fácilmente enajenarse, es necesario recurrir a otras disciplinas que bien pueden ampliar o esclarecer estos duros caminos de la Historia.
Nuestro punto a discutir se centra en el libro doce de la Historia General de las Cosas de Nueva España, escrito por el benemérito fray Bernardino de Sahagún. En el caso particular cuando el Huey Tlahtoani Motecuhzoma se entera que, irremediablemente, las huestes españolas conjuntamente con sus aliados están muy cerca de la ciudad de México-Tenochtitlán.

Para poder, según creemos, acercarnos al pensamiento indígena es necesario, en primer término, recurrir a las hipótesis planteadas por Mircea Eliade, en especial, en su libro titulado: El mito del eterno retorno.1 En este libro, el autor, nos plantea la necesidad del hombre “primitivo” por su constante uso de los modelos míticos que le dan sentido a su existencia, nos dice Mircea: “En cuanto a las sociedades “primitivas”
que aún viven en el paraíso de los arquetipos (para las cuales el tiempo sólo el tiempo está registrado biológicamente, sin que se le permita transformarse en “historia”…” (Eliade: 2001, p. 88). ¿Cuál es la intensión de mencionar este pasaje del autor rumano? Pues bien, como mencionamos líneas arriba nuestra inquietud es tratar de esclarecer el momento en que Moctezuma al enterarse de la llegada de los españoles cercanos a la capital “manda” a sus nahuales para detenerlos. Antes de continuar, creemos necesario
mencionar que Roberto Martínez en su artículo Sobre la función social del buen nahualli2 no hace, según nuestra apreciación, una correcta lectura de este pasaje ya que menciona, cito: “cuando los conquistadores llegaron a la costa de Veracruz

«Motecuhzoma envió nanahualtin y tlaciuhqui [adivinos] para que vieran que tipo [de hombres] eran, y tal vez pudieran hechizarlos [quintlacatecolouizque] y embrujarlos [quintlachihuizque] ».

Lo que además de indicar que los nanahualtin podían trabajar al servicio del Estado, muestra que aun la capacidad de daño podía ponerse al servicio del gobierno para someter a sus posibles adversarios.” Como podemos apreciar, este autor toma como una realidad lo mencionado por los informantes de Sahagún, dejando de lado una posible investigación mucho más detallada del lo anteriormente expresado, es decir, no toma en cuenta todo el contexto histórico que envuelve la trascripción de este relato y que, posiblemente, este acontecimiento antes señalado tenga una mejor explicación cuando recurrimos al uso del mito, tal y como nos señala el camino Eliade.
1 Eliade, Mircea, El mito del eterno retorno, arquetipos y repetición; traducción de Ricardo Anaya, Buenos Aires: Emece, 2001, 186 p.
http://revistas.ucm.es/ghi/05566533/articulos/REAA0606110039A.PDF.

Por otra parte sería injusto dejar de mencionar a otro autor, en este caso de descendencia belga, que nos ha orientado por los espinosos caminos del mito, el autor al que nos referimos es Michel Gaulich. Este maestro belga tiene un articulo de sumo estimable, el cual, es parte de nuestra hipótesis de trabajo.
Para este investigador las culturas mesoamericanas, al parecer, recurrían en todo momento a una especie de esquema mitológico ya que: “Estamos aquí en presencia de un tema fundamental y muy difundido hasta hoy en día en todas las mitologías mesoamericanas: el recién llegado, presentado como menor, y/o nómada, pobre, migrante y guerrero heroico que logra vencer al primogénito, rico, autóctono, sedentario, civilizado pero cobarde”.
Con lo anteriormente señalado podemos mencionar que en el Códice Florentino, relativo a la Conquista de México, es decir el Libro XII, se nos narra, en uno de sus capítulos, que tras el avance de los españoles a la capital mexica, Motecuhzoma mandó a sus nahuales para impedirles la entrada a dicha urbe.
Para una mejor comodidad del lector pondremos la parte que viene en español para posteriormente señalar la que se encuentra en lengua náhuatl y concluir con una traducción. El texto dice así:

Capitulo VIII de cómo Motecuçoma envió, sus encantadores y maléficus para que empeciesen a los españoles.

Envió Motecuçoma a aquellos adivinos, agoreros y nigrománticos para que mirasen si podrían hacer contra ellos algún encantamiento o hechicería para con que enfermasen o muriesen o se volviesen. Y estos hicieron todas sus diligencias como Motecuçoma, les había mandado contra los españoles pero ninguna cosa les aprovecho ni tuvo efecto y así se volvieron a dar las nuevas a Motecuçoma de lo que había pasado,

dijeron le que aquella gente que habían visto era muy fuerte y que ellos no eran nadie para contra ellos.

Inic chicuei capitulo: uncan mitoa in quenin ichoatl Motecuçoma, quimioa in nanaoalti in tlatlacateculo, in tetla chiuianime, inic itla impan quichioazque in españoles.

Auh quilinicqui inioa Motecuçoma in nanaoaltin, in tlaciuhque, inic quimittaque in quenamique in aço uelquintlacateculo uizque, quintlachiuizque, in aço uel quimipitzacque quin xoxazque in açoocitla tlacateculo tlatolli, icquin tlanonochilizque, inic aço cocolizcuizque, mi miquizque, in anoceicilotizque, auh in iehoantin in quichiuhque in intequiuch, in in naoatil in intechpa españoles çan niman auelitque, atleuel quichiuhque, niman ic oal mocueptiuetique quinonotzaco on Motecuçoma inic iuhque inic chicaoaque amotitena micoan, iuhqui atitlone. 3

Cápitulo VIII: En el que se dice cómo, él, Motecuzoma, envió a sus nahuales, Tlacatecolotl, tetlachiuiani, para hacerles algo a los españoles.

Y he aquí por qué Motecuzoma envió a sus nahuales, a sus adivinos: para que vieran de que condición eran [los españoles]; si acaso podían embrujarlos, hechizarlos; si podían soplar por encima de ellos, fascinarlos; si podrían hasta lanzarles piedras; si con palabras de Tlacatecolotl, podrían incluso hacerles un encantamiento, quizá para enfermarlos, para hacerlos morir, o incluso quizá para que se volvieran.
Pero éstos hicieron su tarea, cumplieron con su deber en contra de los españoles; sólo que en ese momento ya no tenían ningún poder, no pudieron hacer nada.

3 Códice Florentino. Tomo III. Fol. 12v y 13r.

Enseguida, entonces, regresaron pronto, fueron a decir a Motecuzoma cómo eran, lo fuertes que eran: “Nosotros no somos de su condición, es como si ya no fuéramos nada”.

Al leer este relato uno no puede dejar de preguntarse ¿Por qué motivo se nos dice que no pudieron hacer nada en contra de los españoles? Pero sobre todo: ¿Por qué se menciona que ya no contaban con ninguno de sus poderes? Para responder a estas interrogantes, creemos oportuno mencionar que en el Libro XII estamos, posiblemente, frente a lo que aún el indígena pensaba de su pasado, sin dejar de mencionar que estos indígenas viven dentro de un nuevo orden cristianizado, y que tuvieron la necesidad de ajustar la interpretación de esos mismos acontecimientos dentro del modelo mediterráneo.
En dicho Libro XII, al parecer para el pensamiento nahua, este tipo de acontecimientos “históricos” se daban cuando por la destrucción, el mundo (conquista), se volvía a la oscuridad y al silencio, por ello el hombre prehispánico buscó bajo la visión sagrada de su existencia, el mensaje inicial y simbólico de sus dioses.
Para ilustrar mejor nuestra idea e hipótesis señalaremos lo que Michel Graulich menciona respecto del pensamiento histórico de mesoamérica: En Mesoamérica el mito determina la historia; la historia escrita es la trascripción del mito, del acontecimiento ritual dependiente del mito y del acontecimiento libre. 4

¿Pero por qué los que escribieron el relato de la conquista no pudieron dejar de lado sus antiguas maneras de escribir la historia? Creemos estar de acuerdo nuevamente con el autor antes citado: “La inevitable adaptación de la historia a las necesidades de las estructuras míticas está ilustrada por el hecho de que ciertos acontecimientos se relacionaban sistemáticamente con fechas simbólicas, aniversarios de prototipos míticos. Las hambres eran asignadas a los años Conejo y con preferencia a 1 Conejo, aniversario de la creación de aquel monstruo hambriento que era la tierra. Los principios, las partidas estaban vinculados con un año 1 Pedernal…”. 5

4 Michel, Graulich, Quetzalcoatl y el Espejismo de Tollan, Belgium, Instituut Loor Amerikanistiek. p. 22.

En el Libro XII podemos apreciar, según a nuestro parecer, cómo la mente nahua registró estos acontecimientos de acuerdo a su manera de entender su realidad, pero sobre todo, observaremos el por qué de la inclusión de los nahuales en dichos relatos o acontecimientos históricos que registraron los informantes.
Con la lectura del Libro XII creemos oportuno ratificar que si tomamos en cuenta que los personajes que crearon tal registro en su momento ya no pertenecían a ese mundo extinto, y que por el contrario los que al parecer, según leemos entre líneas, contaron dichos acontecimientos no podían apartarse de seguir los lineamientos que exigían la tradición para la aprensión de esos sucesos. Es decir, debemos interpretar estos presagios del Libro XII dentro de la “mentalidad” prehispánica. Y si es así, veremos como estos hechos históricos que se encuentran registrados tienen un lugar en el espacio sagrado. Para ilustrar un poco más esta idea veamos lo que nos dice el ya multicitado Graulich, y junto con ello, el cuadro que pone como muestra. Figura (1):

La historia de un pueblo se conformaba a menudo a la de una era….6

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Figura (1). Cuadro tomado de Michel Graulich. “Quetzalcoatl y el…”. P. 261.

5 Michel, Graulich, Quetzalcoatl y el Espejismo de Tollan… p 33.
6 Michel, Graulich, Quetzalcoatl y el Espejismo de Tollan… p 39.

Con todo lo anteriormente citado podemos aventurarnos a mencionar, como posible hipótesis, que lo que nos relata el libro XII respecto a Moctezuma es que dicho personaje, posiblemente, dentro de la mentalidad mesoamericana comenzó a protagonizar su papel de ente rico, femenino, decadente y cobarde.
Según la fuente del Códice Florentino Motecuhzoma se presenta ante los españoles como el sedentario lleno de riquezas, ya que se nos dice que le mando a Cortés atavíos de dioses pero en todo momento se está señalando lo precioso: “Estas son las cosas que se llaman atuendos de los dioses… una corona de oro con forma de caracol de mar con plumas… una mitra de oro…”.7

Es decir todas las cosas que mandó el tlahtoani con los mensajeros, destacan por lo ostentoso.

Por ello tendemos a sugerir que, posiblemente, lo que nos relataron los indígenas acerca de Motecuhzoma es que este tlahtoani tenía que sujetarse a los determinismos del mito, sólo así podemos entender su posible papel dentro del relato y, al parecer, el comportamiento que demuestra el gobernante mexica es casi idéntico al que protagonizará la hermana del dios Huitzilopochtli, Malinalxoch:

“Y ella, la de nombre Malinalxoch, la hermana de Huitzilopochtli, cuando la dejó en el camino, con todos sus padres pues la dejaron dormida porque no era gente, se había hecho muy bellaca, que tenía por tarea ser comedora de corazones humanos, agarradora de pantorrillas, embaucadora de gentes, desencaminadora de gentes, adormecedora de gentes…” (Tezozómoc. 1998:P. 28).

7 Para una mejor referencia véase los capítulos correspondientes del Códice Florentino, libro XII.

Ya Michel Graulich había señalado el posible significado de varios de los epítetos con los que se le señala a Malinalxoch, y en uno de ellos el autor señala: “Malinalxóchitl es también una teotlaxiani, << que hace errar [a la gente], o la desvía de su camino >>”8.es decir lo que intentaba la hermana del dios era que los mexicas no tuvieran movimiento, se asentaran en una feminidad pasiva y con ello propiciar el
asentamiento para que el sol nunca naciera. Y esto, a nuestro parecer, lo podemos observar cuando en el texto del libro XII del Códice Florentino se señala: “Y Motecuhzoma, entonces, ordenó en vano cerrar el camino, el gran camino. Plantaron magueyes en el que conduce directamente aquí, a México… Pero allá en donde habían bloqueado el camino con filas de magueyes, en seguida los españoles se dieron cuenta de ello… No fue nada para ellos, los arrancaron; los echaron lejos a patadas, los hicieron estallar; a lo lejos, al instante, rechazaron violentamente los magueyes”.
Es por ello que concordamos con Michel Graulich cuando señala: “En todos estos mitos se trata pues siempre de paralizar a los migrantes, de transformarlos prematuramente en sedentarios para evitar que dominen a los autóctonos… La mujer disoluta se caracteriza por su falta de corazón”9.

8 La brujas de las peregrinaciones aztecas, en: Estudios de Cultura Náhuatl, 22, 1992, p. 86.
9 Idem., p. 95.

Por ello tenemos que en los capítulos VI, VII y IX del libro XII, este comentario acerca de Motecuhzoma: “antes de este día, yo existía. Fue herido de muerte mi corazón” más adelante en el capítulo VII se señala: “Y cuando Motecuhzoma escuchó eso, se sintió muy aterrorizado, como si estuviera medio muerto; su corazón se atormentaba, su corazón estaba trastornado”. Y en el capítulo IX se refiere acerca del tlahtoani: “esas palabras con las que habían trastornado su corazón; con las que habían roto su corazón; con las que habían hecho girar su corazón en todos sentidos, con las que lo habían volteado al revés”.
Debido a lo anteriormente señalado podemos especular como posible hipótesis qué cuando se dice que el tlahtoani estaba en manos de los españoles y éstos trataron de apaciguar a la gente mexica en voz de su gobernante inmediatamente se vociferó: “Comenzaron entre sí a bravear, y maldecir a Motecuhzoma diciendo: Que dice el puto de Motecuhzoma”. Ya como mencionamos líneas arriba todo hace suponer que lo que está ocurriendo en esos momentos al señalar a Motecuhzoma como “puto” es por que el tlahtoani, según nuestra conjetura, estaba pasando por una transformación, y esta transformación significaba que el Tlahtoani comenzaba su etapa de ente lunar, femenino, dentro de la mentalidad establecida por el mito mesoamericano.
En esta parte creemos oportuno señalar que no debe tomarse desde un sentido literal el texto antes descrito y mencionar que el tlahtoani se había acobardado eso, a nuestro parecer, sería caer en una simplicidad del relato mismo y no entender los “mecanismos” del mito que en todo momento para la mente indígena tiene un sentido. Y este sentido es que todo acontecimiento puede ser entendido cuando la historia se convierte en mito.

Bibliografía

Alvarado Tezozómoc, Fernando, “Crónica mexicáyotl”, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas (Primera serie prehispánica / 3), México. 1998.

Códice Florentino. Fray Bernardino de Sahágun. México, Secretaria de Gobernación “El Gobierno de la Republica edita en facsímil el manuscrito 218-20 de la Colección Palatina de la Biblioteca medicea laurenziana”, 1979: 3 v. Ilustraciones.

Eliade, Mircea, El mito del eterno retorno, arquetipos y repetición; traducción de Ricardo Anaya, Buenos Aires: Emece, 2001, 186 p.

Graulich Michel, “Quetzalcoatl y el espejismo de Tollan”, belgium, Instituut Voor Amerikanistiek, V.Z.W., (Ocasional Publications, 1). 1988. pp. 298.

Las brujas de las peregrinaciones aztecas, en: Estudios de Cultura Náhuatl, 22, 1992, p. 86.

FUENTE

http://revistas.ucm.es/ghi/05566533/articulos/REAA0606110039A.PDF