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Ciencias sociales y Políticas sociales

Juan Carlos Martínez Andrade

Año 0, No. 6, septiembre 2014

Este documento está dividido en dos secciones. La primera sección aborda la propuesta de Immanuel Wallerstein sobre el reto actual de las ciencias sociales y pretende hacer una explicación general de una de las posturas más importantes en nuestro campo de conocimiento. La segunda sección es una reflexión general sobre la inscripción de las políticas sociales en el debate de las ciencias sociales.

Abrir las ciencias sociales

El libro publicado con el nombre “Abrir las ciencias sociales” (2006) de Immanuel Wallerstein se inserta en un debate muy amplio sobre el origen y los objetivos de la ciencia y en particular de la ciencia social. Dos influencias explícitas de Wallerstein son Karl Marx y Fernand Braudel para escribir esta obra y, en este sentido, habría que considerar que la propuesta de Wallerstein no distará mucho de estos autores. Es importante señalar que Wallerstein propone bien a los gigantes sobre los que se sostendrá en sus hombros, para ocupar la metáfora de Newton, al momento de exponer su propuesta: Calestous Juma, Evelyn Fox Keller, Jügen Kocka, Dominique Lecourt, Valentine Mudimbe, Kinhide Mushakoji, Peter Taylor, Michel-Rolph Trouillot y, con mucho cuidado, Ilya Prigogine.

Para comprender la posición fundacional desde la que parte Wallerstein en el debate sobre las ciencias sociales habría que considerar la obra de estos gigantes en torno a la Filosofía de la Ciencia. Los profesores con los que dialoga Wallerstein por más de medio siglo se asumen en una posición distante al racionalismo científico del positivismo lógico. Es decir, la discusión en torno al método que sirve de base para la validez del conocimiento, en tanto que científico, será relevante si partimos de otros métodos que no sean el hipotético deductivo, por ejemplo el dialéctico en el que se asumen estos gigantes. Si a lo anterior le añadimos toda la propuesta de Karl Marx quien tal vez no discute al grado de Ilya Prigogine las implicaciones del método pero que sí asume y aplica el método dialéctico tendremos una visión más aproximada de lo que Wallerstein estará proponiendo.

Sería lugar común anunciar algunos supuestos que hace Wallerstein como los puntos flacos de su propuesta y que reflejan cierto eurocentrismo. Por ejemplo, tomar la obra de Marx como pilar de la propuesta implica ajustarse a ciertas explicaciones históricas que tal vez Marx no consideró universales pero que se han asumido como verdad irrefutable. Me refiero a tomar la Revolución Industrial en Inglaterra como punto de inflexión histórico al momento en que Wallerstein propone una revisión de la institucionalización de las ciencias sociales. Lo mismo sucede al momento de tomar como pilar la obra de Fernand Braudel y hacer una gran referencia a la Revolución Francesa e incluso asumir que la Historia fue la primera ciencia social que tuvo oportunidad o condiciones para la institucionalización.

Indiscutiblemente, la propuesta que presenta Wallerstein en “Abrir las ciencias sociales” es un conjunto de ideas trabajadas por décadas y cuyo origen se pueden bien rastrear en “Historia y las ciencias sociales” de Fernand Braudel (1970), o la continuidad en los varios ensayos y ponencias publicadas bajo el título de “Impensar las ciencias sociales” del propio Wallerstein (2003). Con esto me gustaría apuntar que si bien hay cierto sesgo de Wallerstein al momento de pensar la importancia de las ciencias sociales desde Europa, debemos reconocer la enorme aportación de estas obras, sobre todo, en un contexto un poco más amplio y que no solamente atiende las implicaciones del conocimiento social sino que aborda las cuestiones filosóficas fundacionales de nuestro campo de estudio. Por lo tanto, tomaría con reserva la propuesta completa de Wallerstein y rescataría lo siguiente:

  1. Existen varios métodos filosóficos fundacionales que tienen diferentes herramientas de validación del conocimiento para que este sea reconocido como científico. Y estos métodos filosóficos (lógica, dialéctica, dialógica, analéctica, contrainducción, por mencionar algunos) participan en contextos sociohistóricos específicos en los que determinadas ideologías (en el sentido de Wallerstein en que las ideologías tienen un contenido político específico) ha asumido como fuente de verdad, sin que esto signifique que solamente existe una forma de conocimiento y una forma de validación del conocimiento científico (y mucho menos científico social). Esta idea si bien no es explicada de esta forma por Wallerstein queda reflejada en toda su obra sobre ciencias sociales.
  2. Las condiciones sociohistóricas que el sistema-mundo (Wallerstein, 2006) presenta después de 1945 favorecieron la institucionalización de las ciencias sociales pero únicamente con una perspectiva casi de colonización territorial sobre lo que ahora son las diferentes disciplinas, con sus metodologías específicas, con sus departamentos en las universidades bien establecidos y con la planta docente de súper-especialistas que ya no participan de un debate conjunto.
  3. La metodología de análisis de los fenómenos sociales parece apuntar a una descripción muy sofisticada de las diferentes variables y condiciones de la realidad social pero no con una visión de participación en los cambios sociales. La pretensión de “objetividad” en las ciencias sociales parece que se confundió con una neutralidad política (Wallerstein, 2006).

Aquello que asume Wallerstein como Historia en el sentido de ciencia social institucionalizada me parece más “Historiografía” con la que cumple una deuda intelectual con Braudel y la Escuela de los Annales. Me parece que hacer la revisión histórica, propuesta por Wallerstein, es ineluctable pero tomando una secuencia muy diferente de los hechos. En este sentido Enrique Dussel, con Samir Amin, ha propuesto pensar la importancia de los pueblos del Indostán, Asia y lo que hoy llamamos Medio Oriente (Dussel, 2009). Pero sin irme tan lejos, pensaría que una buena base para articular la importancia de la Revolución Francesa con la institucionalización de las ciencias sociales en las universidades que hace Wallerstein sería la historia de la Compañía de Jesús y sus expulsiones (porque fueron varias) de España y de las colonias en América. De esta forma cobraría sentido la justificación filosófica fundacional de la Revolución Francesa (liberal, burguesa, antiescolástica, anti-monarquista), y de las lecturas en torno a la lógica que en Francia se daban en los cursos de las Universidades fundadas por los jesuitas, así como en varios otros países, y el hecho de que René Descartes tuvo una formación jesuita en la que aprendió Lógica (y esto es un comentario que le gusta mencionar a Dussel) con el libro de “Lógica Mexicana” de Antonio Rubio.

Por otra parte, sería inexacto afirmar que la obra de Wallerstein es única en su clase ya que varios de los postulados fueron expuestos en las muchas obras de los pensadores de la Teoría Crítica, en específico “Dialéctica de la Ilustración” (o “Dialéctica del Iluminismo”) de Horkheimer y Adorno, “Dialéctica Negativa” de Adorno (1984), por mencionar algunas. Fuera de la Teoría Crítica tendríamos que revisar a Paul Feyerabend con la contrainducción en “Contra el método” (1986), a Edgar Morin en casi toda su obra, a Enrique Dussel en “Filosofía de la Liberación” (1996), e incluso a Edgardo Lander y sus colaboradores en “Colonialidad del saber” (2000) y Aníbal Quijano en “Colonialidad del poder” (2000). Muchas de las críticas (por no decir juicios negativos) hacia el positivismo lógico fueron también expuestos por estos gigantes que mencionaba al principio.

No cabe duda de que Wallerstein tiene un debate con varios de los más grandes sociólogos, científicos sociales y filósofos de su época y de muchas otras. Las ideas que presenta Wallerstein están muy relacionadas con las propuestas de los más grandes pensadores, no obstante, me gustaría agregar al debate las siguientes dos propuestas generales.

  1. La ciencia que no tiene aplicación concreta, sin importar el método filosófico fundacional con el que construye la validación de su conocimiento, corre el riesgo de quedar en el plano del sofismo. Si Wallerstein nos anuncia su preocupación sobre la neutralidad política de la ciencia social, yo retomaría como un reto encontrar la aplicación real concreta para que el conocimiento de la ciencia social cambie la realidad social y sirva como impulso para construir una mejor realidad y no sólo para construir un mejor modelo de comprensión de la realidad social.
  2. Es imperativo que la propuesta de ciencia social que construimos tenga como base el “lugar de enunciación” desde el cual proponemos nuestro conocimiento. Sobre esto debo apuntar que es necesaria la revisión de la Historia pero nunca desde Europa porque ya existen demasiados mitos que hay que destruir sobre esto. Hay que pensar desde América Latina y con mucho énfasis para América Latina ya que es una región que comparte una gran cantidad de condiciones por la que el conocimiento aplicado en un lugar puede ser replicado en otro.

Habría que agregar un último comentario: en alguna ocasión escuché al Profesor Enrique Dussel decir que Wallerstein es un discípulo de la Teoría de la Dependencia. Tal afirmación cobra entero sentido cuando observamos el Wallerstein que escribió sobre “imperio-mundo” y aquel otro que escribió sobre “sistema-mundo” utilizando las categorías “centro-periferia”. Este reconocimiento de la sociología de Wallerstein a una de las propuestas académicas más importantes en América Latina está pendiente.

Las implicaciones del conocimiento

¿Cómo deberían inscribirse las políticas sociales en el debate de las ciencias sociales?

Debo apuntar que la pregunta que propongo tiene una gran carga de reflexión desde las políticas públicas y, en específico, desde la política social. La política social gira en torno a la disyuntiva sobre la aplicación del gasto público y sus implicaciones para conseguir el desarrollo social por medio de actividades coordinadas entre organizaciones gubernamentales bajo un marco normativo institucional. Entendido así, cualquier persona sensata me diría “¿Por qué las políticas sociales deben inscribirse en el debate de las ciencias sociales si son materia de administración pública?” El motivo por el que “regreso” a las ciencias sociales para estudiar este fenómeno es que si pensáramos desde la administración pública tendríamos como base el conjunto de herramientas que se han propuesto desde una visión liberal-democrática-capitalista con una noción política de Estado de Derecho con estas características y bajo el “método” de las policy sciences (Lasswell, 1992) es decir, el método hipotético deductivo.

Si realizamos cualquier propuesta de política social desde la administración pública deberemos sujetarnos al conjunto de herramientas que se asumen con un método hipotético deductivo para la aplicación del conocimiento social dentro del Estado de Derecho democrático liberal y cuya única opción económica es la capitalista. En cambio, recurrir a las ciencias sociales es abrir el espectro de análisis para atentar contra los principios filosóficos fundacionales de este régimen político específico y del modelo económico que defiende. De esta forma, y muy cercana a la postura general de Wallerstein, lo que debemos aspirar es a revisar las implicaciones concretas de asumir un conocimiento social y que afecta directamente la toma de decisiones para la inversión de los recursos públicos. En otras palabras, lo que se debe estudiar no es el producto de la política social sino el fundamento mismo de la política social para conducir a un cambio social que no aumente la desigualdad socioeconómica sino que en verdad disminuya la desigualdad.

Propongo pensar la idea de construir un marco teórico multidimensional en el sentido de no dejar “granular” la ciencia social con metodologías específicas de disciplinas específicas, sino de apuntar hacia un diálogo (una analéctica si se prefiere) entre las disciplinas y las teorías de la ciencia social y con esa gran base aterrizar un estudio empírico que pareciera ambicioso pero que realmente es imperativo dada la cantidad de recursos y la cantidad de personas que se ve afectada por el ejercicio de estos recursos cada año.

Me gusta pensar que estoy asumiendo varios retos con una postura propositiva que Immanuel Wallerstein ha trabajado desde mucho antes y con un rigor excepcional. En la discusión con los grandes teóricos de las ciencias sociales pareciera que hay una renuencia a establecer un contacto con las políticas públicas porque están en un ambiente de política partidista y de negociación que pocas veces es cien por ciento apegada a la pulcritud científica o al rigor técnico y muchísimo alejada de la postura política de los investigadores. Sobre lo anterior puedo asumir que dentro del debate de “Abrir las ciencias sociales” está la idea general de asumir cierto compromiso con las políticas públicas y esta idea es soltada en varias ocasiones por Wallerstein pero queda completamente clara en la exposición que hace sobre la importancia de Gunnar Myrdal en “Impensar las ciencias sociales” (2003) con una discusión sobre el concepto de desarrollo.

En relación con la defensa anterior podría argumentar que varios de los más grandes científicos sociales han pugnado por un acercamiento hacia la política social y hacia las políticas públicas. Me gusta pensar en Irving Horowitz, Cornelius Castoriadis y el propio Gunnar Myrdal. Pensar este acercamiento desde y para América Latina cobra inefable relevancia ante la creciente variación de nuestros indicadores de mortalidad infantil, condiciones de vivienda, condiciones socioeconómicas, oportunidades de desarrollo, descuido ambiental, desperdicio de los recursos, corrupción en las administraciones. Me parece que existe una gran deuda intelectual desde las ciencias sociales en la atención de estos problemas a través de los marcos regulados e institucionales (no en el sentido de Wallerstein sino en el sentido “legal”) de acción de la toma de decisiones. Por supuesto que hay investigación y cercanía con los movimientos sociales, pero pocas veces se ha visto el mismo compromiso con las políticas públicas.

Lamentablemente no pensar las políticas sociales desde las ciencias sociales y desde la filosofía de la ciencia social ha permitido que surjan propuestas mediocres y miopes sobre la pobreza. Por falta de conocimiento de alto nivel, los tecnócratas han pensado que los campesinos, los indígenas y los obreros son pobres porque no saben trabajar, porque no han sido alcanzados por la modernidad o porque viven en un estado civilizatorio inferior. Las propuestas imbéciles que se construyen con esta visión son programas de domesticación con los que se pretende enseñar al pobre a asearse, comer, y palear las condiciones de marginación en las que ha “decidido” someter a su familia.

Habría que invitar a Oscar Lewis y a Amartya Sen a visitar una comunidad indígena en América Latina para que se den cuenta que la pobreza no es una elección de vida, y tampoco es una forma de cultura. La pobreza es el resultado de la acumulación de los recursos en algunas manos, y eso no depende de los pobres, a quienes se ha negado el valor de su trabajo. La pobreza depende de políticas sociales desvinculadas con la política económica. La pobreza depende de que aquellos que deben velar por los intereses comunes cumplan con su trabajo. Que los gobiernos y los estados defiendan realmente los intereses y los recursos de su población y de su territorio.

Última reflexión

La obra de Immanuel Wallerstein “Abrir las ciencias sociales” es un libro obligatorio en las ciencias sociales y contiene una serie de propuestas para los científicos sociales que desean asumir un rol participativo en los cambios sociales. Esta obra pertenece a un conjunto de publicaciones que Wallerstein ha escrito por más de 40 años (por decir poco) y que ha tenido como fruto la obra “Impensar las ciencias sociales”. En su conjunto, la obra de Wallerstein es una excelente referencia para discutir los orígenes y las implicaciones del conocimiento científico del campo de las ciencias sociales.

Existen posturas que no son del todo contrarias a la obra de Wallerstein pero que asumen puntos de vista diferentes. No obstante, la gran aportación de Wallerstein es asumir ciertos retos para la ciencia social y proponer algunas consideraciones generales que todo científico social debe, por lo menos, conocer. La obra de Wallerstein tiene algunas similitudes con otros teóricos que habría que revisar y, en general, son una fuente de conocimiento (incluyendo a Wallerstein) que tiene como objetivo “desmitificar” algunas afirmaciones sobre la ciencia y sus implicaciones en la realidad. La obra de Wallerstein debe ser obligatoria para todo científico social.

La reflexión que propongo sobre las políticas sociales asume como propios varios retos para las ciencias sociales planteados por Wallerstein y por otros profesores. Con una perspectiva desde y para América Latina, con un estudio específico en México, propongo que se motiven estudios sobre política social que atiende los fundamentos de la política social y no solamente sus productos. De esta forma asumo un acercamiento propositivo entre las ciencias sociales y las políticas públicas. Considero que este acercamiento es imperativo para poder hacer propuestas que en verdad atiendan las condiciones de desigualdad socioeconómica en nuestra región.

Referencias

Adorno, T. (1984) Dialéctica negativa, Madrid, Akal.

Braudel, F. (1070) Historia y ciencias sociales, Madrid, Alianza.

Dussel, E. (1996) Filosofía de la Liberación, Bogotá, Nueva América.

Dussel, E. (2009) Política de la Liberación, Madrid, Trotta.

Feyerabend, P. (1986) Contra el Método, Madrid, Tecnos.

Lander, E. (comp.) (2000) Colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires, CLACSO.

Lasswell, H. (1992), “Orientación hacia las políticas”, en Aguilar L. (ed.) Estudio de las Políticas Públicas, México, Porrúa.

Quijano, A. (2000) “Colonialidad del poder: eurocentrismo y América Latina”, en Lander, E. (comp.) Colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires, CLACSO.

Wallerstein, I. (2003) Impensar las ciencias sociales, México, Siglo XXI.

Wallerstein, I. (2006) Abrir las ciencias sociales, México, Siglo XXI.

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