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Emociones y sentimientos: aspectos fundamentales de la Ética de la Liberación

Carlos I. Onofre Vilchis

1. -Introducción

Enrique Dussel ha desarrollado un pensamiento en el cual se considera que la filosofía moral contemporánea tiene como tarea principal poner en práctica – por lo pronto- seis principios generales: a) El principio de producción, reproducción y desarrollo de la vida humana en comunidad, b) El principio ético-formal de la razón discursiva, c) El principio de factibilidad ética, d) El principio crítico-material, e) El formal intersubjetivo de validez crítica y f) El principio-liberación.
Constituye el tema central de este escrito la crítica que hace nuestro filósofo a las posturas ético filosóficas que no intentan fundamentar una ética material y que tienden a menospreciar y reducir, por lo menos, tres ámbitos: i) las inclinaciones humanas; ii) la vida buena y iii) la negación de la obligación de la supervivencia como principio ético material.
Aquí, toda mi argumentación versará en contra de iii) tomando como base de apoyo los argumentos esgrimidos por A. Damasio sobre las emociones, los sentimientos y el proceso homeostático, los cuales, a mi parecer, demuestran que la mayoría de los seres vivos, desde las amebas hasta los seres humanos, tratan de preservarse automáticamente y sin conocimiento consciente alguno de lo que llevan a cabo. Es importante enfatizar que la perspectiva en contra de iii), es quizá una de las posturas filosóficas más criticadas, tanto en la filosofía latinoamericana como en la filosofía mundial.
La problemática central de este artículo será la siguiente: ¿Por qué es necesario mostrar que la vida es un momento esencial del ser humano y no algo de lo que simplemente se vuelve cada uno consciente; para qué legitimar un principio ético-universal que conserve y aumente la vida humana; qué nos está permitido salvaguardar para la reproducción y el crecimiento de la vida; qué papel juegan los sentimientos, las emociones y el proceso homeostático en la comprensión contemporánea de estas dimensiones intrínsecas a la vida humana?

2.- La emoción como reacción reguladora innata y automatizada de la gestión de la vida en el proceso homeostático

La tesis de Antonio Damasio sostiene: para que las emociones tengan lugar no hay necesidad de analizar conscientemente el objeto causativo, y mucho menos evaluar la situación en la que aparece. Las emociones pueden operar en marcos distintos.
Lo que busco con la tesis de Damasio es iluminar la maquinaria cerebral de la emoción, la cual, corresponde, por principio, a la naturaleza misma del ser humano como tal. De dicha tesis se puede deducir y explicar por qué Dussel piensa que la organización del cerebro humano responde- en un primer momento- a través de emociones o reacciones innatas a su primer principio ético material universal de producción, reproducción y desarrollo de la vida del sujeto humano. Empiezo con lo siguiente:
En el capítulo 1 de su Ética de la liberación en la edad de la globalización y la exclusión de 1998, Enrique Dussel enfatizaba lo siguiente:

En este capítulo intentaremos indicar algunos elementos, sólo algunos, de un principio universal de toda ética, en especial de las éticas críticas: el principio de la obligación de producir, reproducir y desarrollar la vida humana concreta de cada sujeto ético en comunidad. Este principio tiene pretensión de universalidad. Se realiza a través de las culturas y las motiva por dentro, mismo que a los valores o a las diversas maneras de cumplir la «vida buena», la felicidad, etc. Pero todas estas instancias no son nunca el principio universal de la vida humana. El principio las penetra a todas y las mueve a su auto-realización. (Dussel, 1998:91).

En esta sección no pretendo explicar paso a paso el desarrollo argumentativo del primer principio ético material universal dusseliano en su forma positiva. Aquí quiero mostrar que es plausible ampliar la comprensión y demostración de la existencia del principio ético material universal dusseliano de la obligación de producir, reproducir y desarrollar la vida humana concreta de cada sujeto ético en comunidad, a través de las investigaciones neurocientíficas contemporáneas, las cuales demuestran que todos los seres vivos llevan a cabo procesos homeostáticos por medio de los cuales tratan de autopreservarse poniendo en juego las emociones y los sentimientos.
En efecto, Dussel asume la relevancia ética de la vida humana, concretamente, de la corporalidad viviente de cada sujeto. Sin embargo, es necesario situar la noción de corporalidad viviente desde un horizonte más amplio que nos permita comprender qué lo llevo a pensar en ese principio, por qué fundamentar una ética desde la vida humana, qué entiende por vida humana y cómo poder mostrar un panorama completo de la misma en uno o varios principios éticos.
El intento dusseliano de explicar la importancia ética de la vida, viene, desde mi perspectiva, de algunos argumentos de la neurobiología contemporánea que muestran hoy, según Dussel, que la organización del cerebro humano responde universalmente al principio ético material universal de producción, reproducción y desarrollo de la vida del sujeto humano. La tesis parece compleja. Sin embargo, Antonio Damasio, nos muestra, de una manera neurobiológica, que el ser humano es ante todo un ser vivo que ejecuta reacciones reguladoras que dan cuenta de una realidad del ser viviente como tal. Para Damasio, las emociones y los sentimientos son los cimientos de nuestra mente, revelaciones del estado de la vida humana en el seno del organismo entero que hoy conocemos y que denominamos algunas veces como procesos homeostáticos instintivos.
Comencemos con el primer argumento expuesto por Antonio Damasio en la obra En busca de Spinoza, el cual afirma lo siguiente:

Todos los organismos vivos, desde la humilde ameba hasta el ser humano, nacen con dispositivos diseñados para resolver automáticamente, sin que se requiera el razonamiento adecuado, los problemas básicos de la vida. Dichos problemas son: encontrar fuentes de energía; mantener un equilibrio químico del interior compatible con el proceso vital; conservar la estructura del organismo mediante la reparación del desgaste natural, y detener los agentes externos de enfermedad y daño físico. La palabra homeostasis es el término apropiado para el conjunto de regulaciones y el estado resultante de vida regulada. (Damasio, 2016:40).

Primero, la homeostasis, podemos imaginarla como un gran árbol multirramificado de fenómenos encargados de la regulación automatizada de la vida. Segundo, ese gran árbol, es resultado de miles de años de evolución, es decir, es un proceso de organización innata y automatizada de la gestión de la vida, desde las reacciones simples a las más complejas. Tercero, que todos los organismos vivos posean mecanismos diseñados para resolver de manera automática los problemas básicos de la vida no implica que todo ser vivo pueda llegar a preservarse, pues se puede nacer con dichos mecanismos, pero, -por múltiples factores- quizá no se logren desarrollar de manera adecuada. Con el argumento, tampoco se insinúa que, la vida racional, sea innecesaria, ni mucho menos se aconseja – cuando se es consciente- solamente dejarse llevar por esos dispositivos, como si eso garantizara la permanencia misma de la vida.
Si el argumento anterior es correcto, ello es indicio de un equipamiento innato y automatizado de la gestión de la vida (no solo humana) que poco a poco se volvió refinado. A mi parecer, el argumento intenta decir que la mayoría de los organismos vivos nacen con algunos dispositivos que les permiten luchar a favor de la conservación de su vida. Si la vida como tal permanece o no, es otro asunto, si sigue su curso o no, también. Lo que puede decirse del argumento desde un punto de vista biológico es que “En la base de la organización de la homeostasis, encontramos respuestas simples como el acercamiento o el alejamiento de un organismo entero en relación con algún objeto; o bien aumento de la actividad (excitación) o bien reducción de la misma (calma o quiescencia).” (Damasio, 2016:41).
Es plausible sostener, entonces, que 1) la homeostasis es una manera adecuada de comprender el proceso de organización innato y automatizado de la gestión de la vida. Lo interesante consiste en preguntarse qué sucede con 2): ¿sería suficiente la homeostasis para dar cuenta de la vida en general y de la vida en particular? Creo que la respuesta a esta pregunta no depende de cómo cada uno entiende la vida o la vida humana, sino de pensar críticamente si de 1) es plausible derivar una comprensión más rica y abarcadora de los fenómenos encargados de la compleja regulación automatizada de la vida con especies humanas y no humanas.
Pero, ¿qué sucede con 2) cuando 1) se interpreta en sentido reduccionista, bajo el fantasma del determinismo genético? Sucede que la interpretación de 2) no logra convencer a muchos en los términos biológicos mencionados y, de facto, ni siquiera se la toma en consideración. Desde mi perspectiva, este no es el caso de Antonio Damasio, no creo que su planteamiento neurobiológico pueda ser clasificado dentro de las distintas ramas del reduccionismo. Pues, para Damasio: “No basta descubrir las sustancias químicas involucradas en emociones y estados anímicos […].”(Damasio, 1996:185).
A continuación presentaré otro argumento más ilustrativo de la homeostasis; veamos:

Toda la colección de procesos homeostáticos gobierna la vida momento a momento, en todas y cada una de las células de nuestro cuerpo. Este gobierno se consigue mediante una simple disposición: en primer lugar, algo cambia en el ambiente de un organismo individual, internamente o externamente. En segundo lugar, los cambios tienen la capacidad de alterar el rumbo de la vida del organismo (pueden constituir una amenaza a su integridad, o una oportunidad para su mejora). En tercer lugar, el organismo detecta el cambio y actúa en consecuencia, de una manera designada a crear la situación más benéfica para su propia autopreservación y su funcionamiento eficiente. Todas las reacciones operan según esta disposición y, por ello, son una manera de evaluar las circunstancias internas y externas de un organismo y de actuar en consecuencia. Detectan contratiempos u oportunidades y solventan, mediante la acción, el problema de librarse de los contratiempos o de aprovechar las oportunidades. (Damasio, 2016:46).

Con este argumento, la definición de 1) adquiere mejor comprensión y, por tanto, también 2), por lo cual, 2) puede estar sujeta a la definición de 1). Debe observarse que el hacer depender la respuesta de 2) a la interpretación de 1), a partir de ambos argumentos, solamente tiene por objeto el permitir apreciar con claridad que tales soluciones tienen que hacerse tomando en cuenta el proceso homeostático como punto de arranque; pero, si el proceso homeostático no es considerado como garante de la gestión de la vida, entonces, ha de ser claro que 1) y 2) no pueden recibir dichas interpretaciones directamente y con total independencia de dicho proceso.
Hay algunas cosas dignas de observarse en este argumento. La primera consiste en que todos los procesos homeostáticos gobiernan tanto la vida general como la particular, pues hasta nuestros días no se ha demostrado la ausencia del esfuerzo inexorable de cada ser vivo para preservarse, el proceso homeostático nos muestra la primera realidad de nuestra existencia. Esto no significa que si la vida como tal permanece y sigue su curso, entonces no necesita de ninguna otra instancia, hay que interpretar dicho principio de forma creativa. La vida permanece, pero en relación con otras cosas (descubiertas y por descubrir), con otros organismos, sigue su curso, pero en relación con múltiples factores (internos o externos), como sostiene Damasio, que amenazan o mejoran su integridad. No sólo se trata de mostrar si existe o no una contradicción formal de dicho principio, sino de ampliar el rango de interpretación imaginativa-cognoscitiva que enriquezca nuestra comprensión del por qué la vida busca conservarse, reproducirse y desarrollarse, si ese principio subyace a toda cultura qué es lo que hay en el fondo, quizá no sólo una mera estructura molecular o biomolecular, pero si algún pista –a modo de reacciones reguladoras- por las cuales comenzar, pues como afirma Damasio:

Los niveles inferiores del edificio neural de la razón son los mismos que regulan el procesamiento de las emociones, los sentimientos y las funciones necesarias para la supervivencia del organismo. Esos niveles inferiores mantienen una relación directa y mutua con casi cada órgano del cuerpo, situándolo así directamente en la línea de producción que genera los más altos logros de la razón, de la toma de decisión y, por extensión, de la creatividad y conducta social. Emoción, sentimiento y regulación biológica juegan entonces un papel en la razón humana. Los engranajes más primarios de nuestro organismo intervienen, están implicados, en los procesos más elevados de razonamiento. (Damasio, 1996:13).

La vida es el constante empeño, el inagotable esfuerzo por autopreservarse, en ella prevalece la inagotable actividad. Cada organismo vivo, en la medida de sus posibilidades, se esfuerza para preservarse y perseverar en su ser. Ese empeño constante para preservarse y perseverar en su ser es la esencia real de su ser. La vida de los organismos no se da en bruto, pues hay reacciones -básicas y complejas- de por medio que responden a una metódica manera de regulación de sus estructuras y funciones vitales. “[…], cada reacción consiste en reordenamientos chapuceros de pedacitos y partes de los procesos más simples inmediatamente inferiores. Todos están dirigidos al mismo objetivo general, la supervivencia con bienestar, […].”(Damasio, 2016:49).
La justificación del proceso homeostático es un ejemplo que tenemos para comprender que a pesar de las circunstancias que ponen en riesgo la vida misma, se sigue luchando por mantenerla. Los organismos nacen con una compleja estructura celular que lleva a cabo reacciones que son necesarias para la supervivencia con bienestar. Algunas de estas reacciones han sido asociadas a la emoción desde la regulación homeostática simple.
En efecto, si 1) la homeostasis es una manera adecuada de dar cuenta del proceso de reacciones reguladoras innatas y automatizadas de la gestión de la vida, es necesario admitir que las reacciones reguladoras de la vida a las que nos referimos, responden a un objeto o situación potencialmente peligrosa, o una oportunidad para comer o aparearse. No obstante, como sostiene Damasio, hay otras reacciones que responden a un objeto o situación dentro del organismo.
El siguiente razonamiento nos explica varias cosas:

La gama de reacciones abarca no sólo emociones muy visibles como el miedo o la cólera, sino también instintos, motivaciones y comportamientos asociados al dolor o al placer. Todos ellos tienen lugar en el interior de un organismo, un cuerpo limitado por una frontera, en cuyo interior la vida va marcando el tiempo. Todas las reacciones, de forma directa o indirecta, muestran una clara finalidad: hacer que la economía interna de la vida funcione de manera fluida. La cantidad de determinadas moléculas químicas ha de mantenerse dentro de ciertos márgenes, ni por encima ni por debajo, porque fuera de estos márgenes la vida se halla en peligro. La temperatura debe mantenerse, asimismo, dentro de parámetros estrictos. Hay que procurarse fuentes de energía, y la curiosidad y las estrategias de exploración ayudan a localizar dichas fuentes. Una vez encontradas, estas fuentes de energía han de incorporarse (literalmente en el interior del cuerpo) y modificarse para su consumo o almacenamiento inmediatos; los productos de desecho que resultan de todas las modificaciones han de eliminarse; y la reparación del desgaste de los tejidos ha de realizarse de manera que se mantenga la integridad del organismo. (Damasio, 2016:50).

He aquí una paráfrasis adecuada del razonamiento de Damasio:
Se nos propone tratar de conocer qué es un ser humano desde la gestación de la vida, por eso, Damasio nos remite a la gama de reacciones (internas y externas) reguladoras innatas y automatizadas de la misma. Algunas de esas reacciones mantienen una conexión insoslayable, pues se comparten el objetivo de la supervivencia y el bienestar. Tanto las reacciones internas como externas se ven obligadas a mantenerse dentro de regímenes, reglas y leyes estrictos que garantizan el adecuado funcionamiento de los organismos. Obviamente pueden existir desajustes inesperados que consiguen poner en riesgo el objetivo, pero aun así, los agentes orgánicos buscarán la forma de mantener la integridad del organismo.
De nuevo, al hacer depender – en parte- la respuesta de 2) a la de 1) sólo tiene por objeto ampliar la noción de la vida ( sea particular o general) e indirectamente la noción de ser humano. El proceso homeostático, nos permite conocer cómo una amplia gama de reacciones (internas y externas) reguladoras innatas y automatizadas son capaces de producir, reproducir y desarrollar la vida del ser humano. Algunas de dichas reacciones humanas reciben el nombre de emociones básicas o primarias (repugnancia, miedo, felicidad, tristeza, simpatía y vergüenza), ellas son las encargadas de llevar a cabo una regulación fundamental y necesaria a fin de evitar los peligros o ayudar al organismo a sacar partido de una oportunidad, o indirectamente al facilitar las relaciones sociales.
Por cierto, no estamos afirmando que cada vez que ejecutamos una emoción estemos promoviendo la supervivencia y el desarrollo de la vida. Hay una variada distinción entre las emociones, algunas las empleamos más para fines determinados y otras para objetivos de supervivencia (dependiendo de la circunstancia o el contexto en el que cada organismo se encuentre). “[…] el hecho de que el despliegue de algunas emociones en las circunstancias humanas actuales sea maladaptativo no niega su papel evolutivo en la regulación provechosa de la vida.” (Damasio, 2016:51).
Aunque la ira, la tristeza, el miedo o la cólera sean contraproducentes en las sociedades modernas. Aun así, en la historia de la humanidad, ellas contribuyeron de forma positiva a la preservación de la vida, pues gracias a ellas se consiguió salvar miles de vidas. A mi parecer, estas reacciones han podido mantenerse en pie dentro de la cadena evolutiva porque automáticamente apoyaban la supervivencia. Creo que la vida en el reino animal y humano ha estado plagada de estas emociones, por lo que se llega a considerar como irrenunciable la investigación de las mismas. “[…], comprender la biología de las emociones y el hecho de que el valor de cada emoción difiera tanto en nuestro ambiente humano actual, ofrece considerables oportunidades para entender el comportamiento humano.” (Damasio, 2016:51).
El razonamiento que resulta de reflexionar críticamente 1) nos lleva pensar que el proceso homeostático –ligado a las reacciones emocionales- puede servirnos para dar cuenta de la importancia que tienen las emociones en organismos vivos simples y complejos. He aquí el argumento para el primer tipo de organismo:

[…], un organismo unicelular sencillo, todo cuerpo, sin cerebro, sin mente, que se aleja nadando de un posible peligro en un determinado sector de su cultivo: quizá una aguja que lo pincha, o demasiadas vibraciones, o demasiado calor, o demasiado poco. O bien el paramecio puede hallarse nadando rápidamente a lo largo de un gradiente químico de nutrientes hacia el sector del cultivo en el que podrá obtener su pitanza. Este organismo sencillo está diseñado para detectar determinadas señales de peligro (variaciones bruscas de temperatura, vibraciones excesivas o el contacto de un objeto punzante que podría perforar su membrana) y para reaccionar dirigiéndose hacia un lugar más seguro, templado y tranquilo. […]. Los acontecimientos que estoy describiendo en un organismo sin cerebro ya contienen la esencia del proceso de emoción que poseemos los seres humanos: la detección de la presencia de un objeto o suceso que recomienda evitación y evasión o aprobación y acercamiento. La capacidad de reaccionar de esta manera no ha sido aprendida: no hay mucha pedagogía en la escuela de los paramecios. (Damasio, 2016:52).

Un elemento fundamental de este argumento consiste en proporcionar una defensa directa de la presencia de la esencia del proceso de emoción que compartimos los seres humanos con otros seres vivos (sin cerebro). En efecto, pues si es plausible que dicha esencia exista en tales seres y que ésta posea las reacciones reguladoras innatas y automatizadas, eso significa que la naturaleza proporcionó a los organismos vivos los medios para producir, reproducir y desarrollar su vida – en un primer estadio- de manera automática, sin la necesidad de poner en práctica la consciencia o la racionalidad en un sentido estricto; entonces, en esa medida, también es plausible decir que dicha esencia nos lleva a repensar cierta igualdad de condiciones que son dignas de ser discutidas en los diferentes ámbitos que constituyen la vida en general y particular. Sin embargo, creo que siguen siendo pocos los interesados en sostener que puede hacerse una defensa más sustanciosa de la presencia de las emociones en los susodichos organismos vivos.
Otro aspecto importante del razonamiento anterior radica en aclarar que no se piensa únicamente en los paramecios, desde luego, hay organismos más complejos que poseen un cerebro modesto que les es útil para la supervivencia en ambientes más peligrosos, eso significa que el cerebro es necesario independientemente de que algunos organismos logren sobrevivir sin él, únicamente con las emociones. Para Damasio, “Las moscas tienen emociones, aunque no sugiero que sientan emociones, y mucho menos que reflexionen sobre tales sentimientos.” (Damasio, 2016:53).
Para responder la pregunta de por qué algunos organismos vivos tienen emociones (como las moscas), pero no pueden sentirlas y ni mucho menos llevan a cabo una reflexión sobre los sentimientos. Debemos considerar, según Damasio, que ninguno de dichos organismos produce estas reacciones de forma deliberada, como tampoco van construyendo, parte por parte, las reacciones que les son necesarias para cada caso diferente. Simplemente reaccionan de forma refleja, automática. Esto muestra la distinción, pero no la desvinculación entre una emoción y un sentimiento. De modo que si la emoción expresa un conjunto complejo de respuestas (reacciones), entonces los sentimientos expresan contenidos mentales aún más complejos que vienen precedidos por las emociones.
Las a) emociones de fondo, b) primarias o básicas y c) sociales, son tres de las principales clasificaciones que hoy se emplean para dar cuenta de las mismas. La primera, consiste en que las emociones de fondo no son visibles en nuestro comportamiento, aunque son importantes. Las emociones de fondo son “[…] consecuencia del despliegue de determinadas combinaciones de las reacciones reguladoras más sencillas (por ejemplo, procesos homeostáticos básicos, comportamientos de dolor y placer y apetitos), […]. Las emociones de fondo son expresiones compuestas de estas acciones reguladoras en la medida en que éstas se desarrollan e intersecan momento a momento en nuestra vida.” (Damasio, 2016:55).
La segunda, incluye emociones muy visibles. El miedo, la ira, el asco, la sorpresa, la tristeza y la felicidad. “Dichas emociones son fácilmente identificables en los seres humanos de numerosas culturas, y también en especies no humanas. Las circunstancias que causan las emociones y los patrones de comportamiento que éstas definen son, asimismo, muy constantes en las diferentes culturas y especies.” (Damasio, 2016:56).
La última clasificación, c) las emociones sociales, incluyen la simpatía, la turbación, la vergüenza, la culpabilidad, el orgullo, los celos, la envidia, la gratitud, la admiración, la indignación y el desdén. Damasio propone un principio de anidamiento por medio del cual, las tres clasificaciones se ven involucradas en combinaciones diversas, por ejemplo, hay casos en las que c) incorpora respuestas que son parte de las emociones básicas y de las emociones de fondo. “Piénsese de qué manera la emoción social “desdén” toma prestadas las expresiones faciales de “repugnancia”, una emoción primaria que evolucionó en asociación con el rechazo automático y beneficioso de alimentos potencialmente tóxicos.” (Damasio, 2016:57).
Aunque las emociones sociales hacen referencia a la sociedad humana y la cultura. Ello no es suficiente para afirmar que dichas emociones están confinadas a los seres humanos, ya que hay animales que exhiben una emoción social sin que se les haya enseñado a realizarlo. Esto sucede porque tal emoción está profundamente arraigada en el cerebro del organismo, dispuesta a ser desplegada cuando la situación apropiada lo amerite. “No hay duda de que la disposición general del cerebro, que permite tales comportamientos complejos en ausencia de lenguaje e instrumentos de cultura, es un don del genoma de determinadas especies.” (Damasio, 2016:58).
Dados los prejuicios de superioridad (del ser humano sobre otras especies no humanas) que aún prevalecen en esta época. “Sigue siendo difícil de aceptar, por parte de quien haya sido criado en la convicción de que los comportamientos sociales son los productos necesarios de la educación, de que especies animales simples, no conocidas precisamente por su cultura, puedan exhibir comportamientos sociales inteligentes. Pero lo hacen y, de nuevo, no necesitan mucho cerebro para deslumbrarnos.” (Damasio, 2016:62).
Estos patrones de comportamiento social animal son la contraparte de las tan alabadas “posturas racionalistas”, las cuales tienden a definir al ser humano esencialmente como ser pensante, principalmente racional. El problema con algunas de estas teorías consiste en que al aplicar sus hipótesis, sus resultados, sí llegan a ser excluyentes ya que no permiten crear un complemento que integre las diferentes influencias de lo innato y de lo adquirido. Sin embargo:

Desde los procesos químicos homeostáticos hasta las emociones propiamente dichas, los fenómenos de regulación vital, sin excepción, tienen que ver, directa o indirectamente, con la integridad y la salud del organismo. Todos estos fenómenos están relacionados por entero con los ajustes adaptativos en el estado del cuerpo, conducentes de modo eventual, a los cambios habidos en la cartografía cerebral de los mismos, que forma la base de los sentimientos. El anidamiento de lo sencillo dentro de lo complejo asegura que la finalidad de regulación siga estando presente en los escalones superiores de la cadena. Aunque la finalidad permanezca constante, la complejidad varía. Las emociones propiamente dichas son ciertamente más complejas que los reflejos; y los estímulos desencadenantes y el objetivo de las respuestas varían asimismo. Las situaciones precisas que inician el proceso y su propósito específico difieren también. (Damasio, 2016:61).

De acuerdo con lo anterior, por ejemplo, el hambre, es un apetito simple, de regulación vital, que sin excepción, tienen que ver, directa o indirectamente, con la integridad y la salud del organismo. El objeto causativo del hambre comienza siendo interno, pero posteriormente se convierte en externo, pues implica la búsqueda de algo que falta, búsqueda que supone un movimiento exploratorio del entorno natural y una detección sensorial de lo que se busca. No obstante, los objetos causativos de la ira y el miedo, suelen ser casi siempre externos, independientemente de que sean producidos por el recuerdo y la imaginación en nuestro cerebro. De todo lo anterior también se deduce válidamente que:

[…], la mayoría de los animales equipados para sentir emociones por el bien de su vida no posee más dotación cerebral para sentir dichas emociones de la que posee para pensar que tiene dichas emociones, al principio. Detecta la presencia de determinados estímulos en el ambiente y responde a ellos con una emoción. Todo lo que precisa es un aparato de percepción simple: un filtro que detecte el estímulo emocionalmente competente y la capacidad para demostrar emoción. La mayoría de los animales actúa. Probablemente no sienta como nosotros, y mucho menos piense como nosotros. Esto es una conjetura, desde luego, pero está justificada por nuestra idea de lo que se necesita para sentir, […]. (Damasio, 2016:62).

Es interesante observar que aunque el sujeto humano es un ser viviente que tiene las estructuras cerebrales necesarias para representar, en forma de mapas sensoriales, las transformaciones que se producen en el cuerpo cuando tienen lugar reacciones emotivas, y ello resulta en la sensación. También la mayoría de los organismos -que carecen de un cerebro preciso- pueden producir reacciones ventajosas que conducen a resultados buenos sin decidir producir tales reacciones, e incluso sin sentir el desarrollo de las mismas. No estoy afirmando que la mayoría de las especies consideren actuar a favor del bien o del mal, tampoco sostengo que sean conscientes de que el adecuado funcionamiento del organismo las lleve a sobrevivir o al bienestar integral. Sin embargo, la presencia del cerebro humano no es suficiente para garantizar a nadie actuar por el bien evitando el mal. “Ni siquiera los seres humanos procuramos la bondad cuando equilibramos el pH en nuestro medio interno o reaccionamos con felicidad o miedo ante determinados objetos que nos rodean. Nuestros organismos gravitan hacia un “buen” resultado de manera espontánea, a veces directamente como en una respuesta de felicidad, a veces indirectamente como una respuesta de miedo que empieza evitando el “mal” y entonces consigue el “bien”. (Damasio, 2016:63).
El caso hipotético de que la consciencia o la racionalidad sea lo constitutivo del ser humano no es suficiente para demostrar que ella sea la condición absoluta de lo que denominamos la vida humana, pues las emociones no son algo sin importancia, ya que representan el conjunto de reacciones innatas que a través de un largo y complejo proceso evolutivo de las especies han sido y siguen siendo fundamentales para sobrevivir y aumentar el bienestar de la mayoría de los organismos vivos.

El hecho de que las emociones no sean objeto de aprendizaje, que sean automáticas y programas de acción estables y predecibles, revela su origen en el proceso de selección natural y en las instrucciones del genoma resultantes. Estas instrucciones han sido muy bien conservadas a lo largo de la evolución y el resultado se ha ensamblado en el cerebro de una manera tan particular y fiable, que ciertos circuitos neuronales pueden procesar estímulos emocionalmente competentes y hacer que regiones cerebrales que desencadenan emociones construyan una repuesta emocional completa. Las emociones y los fenómenos que a ellas subyacen son tan esenciales para el mantenimiento de la vida y la maduración posterior del individuo, que son desplegadas de manera segura y fiable ya en las fases tempranas del desarrollo individual. (Damasio, 2010:195).

La vida del reino animal y la vida humana ha consistido, en reproducirse, en alimentarse, en luchar y matar para vivir, en protegerse, en preservarse, etc. La vida misma como tal en el nivel orgánico sí tiene importancia porque el ser humano es también una corporalidad sentiente y como tal, no puede entenderse sin su dependencia a la naturaleza. Lo anterior nos lleva a reconsiderar si las emociones que compartimos con la mayoría de las especies merecen o no ser tomadas en cuenta como relevantes hoy en día o si simplemente diremos que son un logro biológico menor.
Hasta aquí mi explicación sobre la homeostasis y el conjunto de reacciones reguladoras innatas y automatizadas de la gestión de la vida. Concluiré esta sección, nuevamente reiterando la defensa de la tesis que forma parte del objetivo esencial de este artículo y que, creo, al vincularla con la tesis de Damasio, pudo ayudarnos a ampliar la comprensión de la tesis dusseliana, la cual afirmaba que la organización del cerebro humano ha respondido de modo universal al principio ético material universal de producción, reproducción y desarrollo de la vida del sujeto humano.
Lo que se buscó con la tesis de Damasio es iluminar la maquinaria cerebral de la emoción, la cual, corresponde, por principio, a la naturaleza intrínseca del ser humano. De dicha tesis se puede deducir y explicar por qué Dussel piensa que la organización del cerebro humano responde- en un primer momento- a través de emociones o reacciones innatas a su primer principio ético material universal de producción, reproducción y desarrollo de la vida del sujeto humano. Así pues: “Uno de los principales aspectos de la historia del desarrollo humano se refiere al modo en que la mayor parte de los objetos que rodean a nuestro cerebro es capaz de desencadenar una forma u otra de emoción, débil o fuerte, buena o mala, y puede hacerlo de manera consciente o inconsciente. Algunos de estos disparadores los ha establecido la evolución, pero otros no; por el contrario, nuestro cerebro los ha asociado con objetos emocionalmente competentes en virtud de nuestras experiencias individuales.” (Damasio, 2016:66).

Bibliografía

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