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Regresiones autoritarias y suspensiones democráticas en el drama de México

Benjamín Ortega Guerra

Año 0, No. 4, mayo 2014

Reseña de: Israel Covarrubias, El drama de México. Sujeto, ley y democracia, Prólogo de Rafael Estrada Michel, México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2012, 203 páginas, ISBN: 978-607-487-526-3.

Usualmente pensar la democracia nos causa desasosiego; quizá sea así por la carga de incertidumbre política con la que los políticos profesionales hacen uso de la democracia en sus discursos y no como forma de vida digna de convivencia entre los sujetos que cada vez ejercen su participación para darle mayor contenido democrático a los asuntos del poder político. El desasosiego no implica que se deba aceptar lo que en apariencia deviene como inevitable para nuestro país: una incierta consolidación democrática. Algunos movimientos sociales en México han tomado partido y se han hecho cargo de la realidad que el gobierno ignora para crear una auténtica y popular democracia. Para Walter Benjamin se trata de los sujetos del conocimiento histórico que luchan por su condición de oprimidos (Sobre el concepto de historia, Tesis XII).
Sin embargo, el asunto no es ir contra todo lo que abarque la democracia por el simple hecho de que se tenga la percepción de que está fallando. Esto, sencillamente, es perjudicial, inoperante y no tiene sentido tanto para la reflexión de la filosofía política, como para la insipiente realidad democrática de nuestro país. De tal suerte, si se desea aportar una perspicaz reflexión ética, política y filosófica al léxico de lo político y a su actividad, lo pertinente será no anegar en el fango del drama, partir de ahí, claro está, pero no estancarse. Esto es lo que realiza Israel Covarrubias en su más reciente obra El drama de México. Sujeto, ley y democracia.
Hans Blumenberg en su obra El mito y el concepto de realidad, expresa lo que bien puede conectarse con la más reciente reflexión de Covarrubias acerca de nuestro drama cotidiano, esto es: “Entender la necesidad de una investigación interdisciplinaria no siempre va acompañado de unas expectativas prudentes acerca de que lo que podría suceder”. Y para acercarnos a la necesidad de una investigación interdisciplinaria como la de Israel, realizaré también una sucinta exposición desde la impolítica, en particular, la de Roberto Esposito. Lo anterior será posible mediante las siguientes preguntas guías: ¿Por qué es impolítica la obra El drama de México. Sujeto, ley y democracia?, ¿por qué es una investigación interdisciplinaria? Y finalmente, ¿existe la posibilidad de que su obra no contenga una “prudente u optimista” expectativa acerca de lo que podría suceder en México?

1.
¿Por qué es impolítica la obra El drama de México. Sujeto, ley y democracia? Lo que el autor realiza en su obra es una defensa de la democracia social e institucional, sin ser edificante y prescriptivo, pues de lo que se trata es, como aseveró Foucault, “defender la sociedad”, así lo confirman los capítulos 5 en cuanto esto último y el 3 en cuanto a la educación democrática de la sociedad, porque una sociedad sin dicha educación queda a merced de todas las violencias del gobierno, implícitas y explícitas. El análisis parte de la categoría “régimen de historicidad”, que recupera del historiador François Hartog y es la apertura de su indagación en nuestra historia espectral de principios del siglo XX. Por otro lado, considero impolítica la reflexión que Israel realiza a lo largo de su obra, ya que es, podríamos sugerir junto a Esposito, en Comunidad, inmunidad y biopolítica: “[…] buscar fuera de sí mismo una ‘explicación’; es decir, una noción negativa [drama] y a tal negatividad ligada por necesidad, a riesgo de su inversión en su opuesto (en las categoría de lo político)”. Poner a contraluz y ver el revés de las categorías de lo político, es una tarea esencial de la hermenéutica orientada a la reflexión política, como bien lo realiza Israel al poner a contraluz las categorías eje en su libro, como son: sujeto, ley y democracia. Dichas categorías atraviesan su reflexión para revelar, muchas veces, su signo contradictorio impuesto en favor del poder político y en detrimento de la sociedad que legítima y legalmente debe defenderse al hacerse cargo de su realidad.

2.
¿Por qué es una investigación interdisciplinaria? Aseveramos que sujeto, ley y democracia son las categorías esenciales que atraviesan el drama de México mediante la reflexión impolítica, de manera implícita en la obra de Israel y lo hacen articuladas en los distintos niveles de las realidades históricas y cotidianas. Una investigación multidisciplinaria como la que cometamos, pudiera devenir en interdisciplinaria, al transferir algunos métodos de una disciplina a otra, como la hermenéutica a la ciencia política o sociología, incluso, el derecho. Sin embargo, no es una simple trasferencia, porque el autor mantiene la autonomía y peculiaridad del lenguaje de las distintas disciplinas que emplea para cruzar vertical y transversalmente, incluso, me arriesgo a afirmar, que circunscribe el abordaje de las categorías de sujeto, ley y democracia en el drama de México.

3.
¿Existe la posibilidad de que la obra no contenga una “prudente u optimista” expectativa acerca de lo que podría suceder en México? En el capítulo 3, “La conflictiva búsqueda de una educación para la democracia”, se atisba una posible respuesta a dicha interrogación: “[…] sería importante formular una ética de la responsabilidad por parte de maestros y alumnos, soportada por […] aquel que enseña y aquel que aprende. […] Sin embargo, como se ha dicho, con un gobierno federal como el que tenemos en la actualidad en México, podemos deslizar la hipótesis que no hay posibilidades reales para esperar un cambio profundo de las subjetividades que componen la escuela y la educación respecto a los temas por impartir en las aulas con el objetivo de ‘actualizar lo inactual’ […] respecto a la democratización de la educación y de la cultura en por lo menos dos de sus variantes fundamentales: la social y la institucional” (p. 102). En esta mutua responsabilidad ética se construye la democratización del país, no sólo en la pasiva esperanza, deseo contemplativo afirmaría Kant al respecto, de que las condiciones de posibilidad democrática provienen sólo de las instituciones.
Finalmente, decía Baltasar Gracián en El criticón: “Es el hablar efecto grande de la racionalidad, que quien no discurre, no conversa”. Así, las interpelaciones que contiene El drama de México van en este sentido, pues como lectores críticos, el autor nos confronta como sujetos o ciudadanos, y en esta última condición, debe ser orientada nuestra responsabilidad ética para responderlas actuando con el más polémico sentido democrático y comunitario. De lo contrario, este país seguirá sin pergeñar y concretizar un proyecto sólido de democracia social e institucional en el naufragio de un abismal drama cotidiano para todos nosotros. Porque nuestra responsabilidad ética, la cual se imbrica con la justicia, por eso es ética, deberá revertir la funesta condición de una dramática realidad que nos ha sido impuesta, esta es también la tarea impolítica desde las distintas barricadas de nuestras vocaciones y profesiones. En suma y de acuerdo a lo anterior, el libro de Israel es, como acertadamente afirmó Jaime Labastida en una conversación con él, una lectura que hay que poner en acto.

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