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Houria Bouteldja, un llamado a la descolonización

Victor Hugo Pacheco Chávez

Houria Bouteldja (2017), Los judíos, los blancos y nosotros. Hacia una política del amor revolucionario, México, Akal (Inter Pares), 121 pp.

La editorial Akal en su colección ínter Pares, la cual pretende establecer y fomentar el dialogo entre el sur global, ha publicado un texto que es un desafío a la manera en que se ha establecido en México, y en general para América Latina, la reflexión del pensamiento crítico y decolonial. El texto al que nos referimos es el de Houria Bouteldja, Los blancos, los judíos y nosotros. Hacia una política del amor revolucionario.
Tratemos de ir por partes (1). Quizá el nombre de Houria Bouteldja (2) sea desconocido para muchos lectores latinoamericanos. Ella es una militante política de origen argelino-francés que se ha convertido en una de las voces críticas en Francia. Es una autora árabe, feminista y decolonial que se ha caracterizado por varios debates sobre feminismo y racismo que han sacudido a la opinión pública francesa por su manera de confrontar el legado colonial y patriarcal de ese país. Ha sido fundadora y porta voz del Partido de los Indígenas de la República (PIR), organización que se define como un aparato que lucha contra todo tipo de “dominación imperial, colonial y sionista que fundamenta la supremacía blanca a nivel internacional”. Es necesario llamar la atención sobre el término indígena que dista de lo que podemos entender en América Latina, Ramón Grosfoguel observa:
Indígena en este libro es el término que fue usado por el imperio francés para nombrar a todos los pueblos dominados y explotados en sus colonias; de manera que no se refiere únicamente a los pueblos originarios, sino a todos los pueblos colonizados por el imperio francés desde los vietnamitas hasta los antillanos. En castellano sería más adecuado traducir el uso de “indígenas” en este libro como equivalente a “sujetos coloniales” o “sujetos colonizados”. El PIR usa el término “indígena” como identidad política para nombrar a todas las poblaciones que aunque nacidas y/o criadas dentro de Francia son todavía radicalmente inferiorizadas. (p, 15)
Esta situación peculiar del fenómeno francés es un recordatorio que el colonialismo no ha dejado de existir, pues no solo Francia sino distintas potencias mundiales siguen conservando territorios de ultramar, territorios que están en los continentes que han sido explotados, dominados y saqueados desde el siglo XVI. Sin embargo, la autora no solo refiere como situación colonial aquella del colonialismo clásico. Sino, también, a la colonialidad que ha sido una parte constitutiva de la modernidad y que racializa las distintas identidad no europeas.
El texto tiene también otra dimensión que quizá pueda apreciarse poco desde estas tierras y es la de pensar tras el terror. (3) Es decir, pensar las condiciones del orientalismo a partir de 2001, momento desde el cual Estados Unidos ha lanzado una guerra contra el terror y dictado una representación sobre la manera de ver y conocer lo árabe como terroristas y fundamentalistas. Este texto de Houria Bouteldja se sitúa en una perspectiva en la cual lo árabe debe ser reconsiderado y alejado de esa visión condenatoria. Así, esta estrategia de señalar como terroristas y fundamentalistas la civilización árabe puede observarse como un franco ataque de la civilización blanca. Este ataque no solo es propio de Estados Unidos sino de las elites europeas y sionistas que han condenado a los pueblos que tratan de liberarse de su dominio.
Dentro de las tradiciones políticas y los imaginarios que se afianzaron en el siglo XX, incluso dentro del aspecto teórico, se vio a los judíos como la principal víctima de las atrocidades y calumnias del siglo XX. Sin embargo, esta es una situación que para muchos estudiosos ha cambiado. Esa rica tradición judía, una modernidad incluso radical a decirte muchos, vio cancelado su aspecto liberador cuando se instauró el Estado israelí, pues el compromiso de la intelectualidad crítica con ese proyecto fue algo que canceló su matiz de denuncia a la dominación y explotación. (4) Poniendo a muchos intelectuales en una situación de encrucijada en la cual o sea afirmaba al Estado israelí o se luchaba contra la ocupación palestina y la expulsión de los árabes. Es desde estas coordenadas que Bouteldja toma la figura de un intelectual como Jean Paul Sartre, quien estuvo ligado al debate y defensa sobre el entonces llamado tercer mundo, pero que al presentársele la encrucijada ya mencionada, no pudo dejar de apoyar la instauración del Estado israelí. De ahí esta frase lapidaria con la que comienza el texto “¡Fusilen a Satre!”. Un grito que debe de entenderse en su radicalidad, la cual está en que más que matar a Sartre como persona, hay que fusilar a Sartre como símbolo del occidentalismo.
Este llamado radical a eliminar Occidente, a fusilar occidente, debe entenderse como la eliminación de las identidades que se forjaron en el desarrollo de la modernidad/colonialidad. (5) La identidad blanca ese proyecto civilizatorio de colonización y de dominio a nivel mundial creo sus propias identidades. Un proyecto de descolonización radical implicaría la destrucción de las mismas. Pero también es un llamado radical a asumir que la situación de dominación en la que la modernidad/racionalidad ha mantenido a los grupos, culturas, civilizaciones no blancas, se debe a que de algún modo todos hemos colaborado con esa dominación. No somos inocentes, nos dice la autora. Todos somos parte de esa blanquitud, del patriarcado, del racismo, de la explotación.
Pero esta también es la voz de una militante feminista árabe. Bouteldja ha puesto énfasis en el problema de la mujer árabe. Así asumirá su posicionamiento no solo sobre los distintos feminismos sino del feminismo en cuanto tal. Bouteldja señalara:
En pro de las necesidades de nuestra causa, acepto utilizar el concepto feminismo decolonial. Si bien no me satisface completamente, es un compromiso entre cierta resistencia al feminismo que hay aquí y en el Tercer mundo, y la realidad masiva y preocupante de violencias multidimensionales que nos son practicadas, violencias producidas por los Estados y el neoliberalismo. Considerémoslo como un arreglo entre resistencia al feminismo, a sus formas occidentalo-centradas, y su penetración afectiva en los mundos no blancos, luego su adopción y, después, su reapropiación por una parte de nosotras. (p. 78)
Hay en el trabajo de Bouteldja una serie de desafíos de traducción, en el sentido de acercamiento de dos universos culturales distintos, como el árabe y el latinoamericano, pero que ambos han estado dominados, oprimidos y explotados por la civilización blanca. El texto se puede ver como una crítica radical a toda forma de poder. En este sentido puede ser tomado como un “manifiesto decolonial”, como menciona Ramón Grosfoguel en el prefacio de libro (pp. 5-18); o como un acto valiente, como señala Cornel West; en realidad es ambas cuestiones, ya que se necesita valor para poder mirarse y cuestionarse las veces que se ha sido participe de las atrocidades y del dominio de la blanquitud.
Un último punto que hay que señalar es el subtítulo del libro “Hacía una política del amor revolucionario”. Lo que podemos observar aquí es precisamente el hecho de que si la civilización blanca ha sido una civilización y una subjetividad fincada en el desprecio, en el odio, en la humillación, en la violencia, sus cicatrices son hondas y no han cerrado, la herida colonial, quizá pueda sanar si la apuesta hacia el otro sea aquella donde una política decolonial ponga al amor como su centro. Boutelja retoma la expresión de la militante chicana Chela Sandoval,(6) de amor decolonial como un amor revolucionario, para plantear que más que fomentar odios inversos habrá que buscar un espacio donde se le pueda ofrecer al otro la búsqueda de dialogo y de conexión intercultural. Así el amor entre los subalternos y para con los blancos puede verse como el elemento de superación de la colonialidad. Un amor que logré acabar con las identidades creadas por la modernidad/colonialidad y dar paso a nuevas formas de conocernos y reconocernos:
El Nosostros de una política del amor, que nunca será una política del corazón, porque para realizar ese amor no será necesario amarse o sentir lástima. Bastará con reconocer y encarnar ese momento “preciso antes del odio”, para rechazar el odio tanto como sea posible y, con la energía de la desesperanza, conjurar lo peor. Será el Nosotros del amor revolucionario. (p. 121)
Houria Bouteldja es sin duda una de las voces críticas potentes que están tratando de descolonizar Europa. Esperemos que este sea uno de muchos libros suyos que se publiquen en esta lengua.

Notas

(1) Estudiante del doctorado en Estudios Latinoamericanos, UNAM. Correo electrónico: victor29hugo29@gmail.com
(2) Los textos que ha escrito Houria Boutelja están principalmente en francés publicados en la página de Los indignas de la República. Ha sido coautora de dos libros que no se han traducido al español: La Revolution en 2010? les varios enjeux (2007) y Nous sommes les indigenes de la Republique (2012). Algunos de sus trabajos han sido publicados en español en el portal electrónico Decolonial Groupe de Traducción (www.decolonialtranslation.com/español/) y en la revista colombiana Tabula Rasa.
(3) Véase Susan Buck-Mrss, Pensar tras el terror. El islamismo y la teoría crítica entre la izquierda, España, Antonio Machado Libros, 2003; Hamid Dabashi, Post-Orientalism: Knowledge and Power in Time of Terror, Estados Unidos, Transactin Publisher, 2008; y John Carlos Rowe, “El orientalismo en EEUU tras la muerte de Edward Said”, en Rebelión, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=139589 [visitada 30/11/201].
(4) Enzo Traverso, El fin de la modernidad judía. Historia de un giro conservador, Buenos Aires, FCE, 2014.
(5) Es importante tener en cuenta lo que menciona la autora en las primeras páginas del libro: “las categorías que utilizo: ‘blancos’, ‘judíos’, ‘mujeres indígenas’ e ‘indígenas’ son raciales y políticas. Éstas son producto de la historia moderna de igual manera que ‘obreros’ o ‘mujeres’, y no informan nada sobre la subjetividad o cualquier determinismo biológico de los individuos, pero sí sobre su condición y estatus”. (p. 21)
(6) Chela Sandoval, Metodología de la emancipación, México, PUEG-UNAM, 2015.

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