29bis

Genealogía y evolución del movimiento feminista en Nuestra América

Zaira Esther Pedrozo Conedo y Alexander Luis Ortiz Ocaña

La Universidad Central (2007), Bogotá, Colombia, ha abordado el feminismo como una de las teorías decoloniales emergentes en América Latina. El pensamiento feminista antirracista y poscolonial surge en los años setenta en los Estados Unidos (Curiel, 2007), lo cual se convirtió en un importante antecedente para la configuración del movimiento feminista en Nuestra América (Martí, 1961, 1975, 1978).

Según Curiel (2007), las mujeres afrodescendientes e indígenas han impulsado un nuevo discurso y una práctica política crítica y transformadora con relación al feminismo. Desde su subalternidad y desde su experiencia situada, no han reconocido al paradigma de la modernidad universal, por ser hombre-blanco-heterosexual. Estas mujeres han aportado mucho a la reconfiguración de esta perspectiva teórica y política. Sin embargo, han sido las más subalternizadas incluso en el mismo movimiento feminista. Pero también han sido consideradas subalternas en las ciencias sociales y en las sociedades en general. El carácter universalista y el sesgo racista que ha caracterizado al feminismo, se han convertido en una lápida para las urgencias emancipadoras de estas minorías étnicas.

El movimiento feminista y la decolonialidad del género cobra vida no solo a partir de la configuración epistémica que caracteriza la dinámica intelectual de académicas comprometidas, sino que se materializa en el decolonizar vivo y tangible de todas aquellas mujeres que han alzado el volumen de sus voces por el merecido reconocimiento y visibilización de sus biopraxis y por su anhelada emancipación y liberación. En efecto, si asumimos el decolonizar como las configuraciones teóricas y las acciones prácticas racializadas, sexualizadas y subalternizadas, desplegadas desde los bordes, desde la frontera invisibilizada, entonces debemos explicitar las luchas de muchas mujeres cuya obra (epistémica o praxiológica) contribuyó a la configuración de teorías feministas. Es por ello que una genealogía sobre el género y el movimiento feminista no debe ignorar las acciones decoloniales desarrolladas desde el siglo XIX por mujeres radicales.

A continuación reconocemos cuatro de estas mujeres radicales y sus luchas (Curiel, 2007):

a. María Stewart: en una conferencia en 1831 se convierte en la primera mujer negra que señaló en público el racismo y el sexismo en Estados Unidos.

b. Sojourner Truth: en 1951, en su discurso “¡Acaso no soy una Mujer!”, emitido en la primera Convención Nacional celebrada en Worcester, Massachusets, propuso a las mujeres, ser libres de la dominación racista y sexista, dirigiéndose no solo a las negras sino también a las blancas.

c. Rosa Parks: en 1955 se negó a cederle el asiento a un hombre blanco y moverse a la parte de atrás del autobús (esta era la ley en esa época de segregación racial en el sur de los Estados Unidos). Con esta acción decolonial contribuyó a la configuración del movimiento por los derechos civiles, a partir de provocar cientos de manifestaciones por parte de la población afronorteamericana.

d. Ángela Davis: en su práctica política y en sus contribuciones teóricas, articula la clase con el antirracismo y el antisexismo, enriqueciendo así la perspectiva feminista. Se convirtió en un ícono de la lucha por los derechos civiles.

Por otro lado, Valcárcel (2008), en su controvertido libro Feminismo en el mundo global, nos invita también a bucear entre las obras de François Poulain de la barre (1647-1723), Mary Wollstonecraft (1759-1797), Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, Marquis de Condorcet (1743- 1794), Simone de Beauvoir (1908-1986) y otros tantos y tantas. Sin embargo, si nos remitimos hacia atrás en el tiempo, podemos encontrar un sin número de mujeres heroínas y radicales, que defendieron su identidad con las fuerzas morales de su corazón y de su mente. De esta manera, en la antigua Grecia encontramos mujeres que enfrentaron con valentía el relegamiento a la que han sido sometidas a partir de fundamentos religiosos, teóricos e incluso pretendidamente científicos, consignados en los libros sagrados, normas y prejuicios de sociedades absoluta y mayoritariamente regidas por hombres. En efecto, durante siglos, el rol que la sociedad adjudicó a las mujeres fue secundario, inferior y servil, legitimando así y naturalizando un status injusto, absurdo e inmerecido. No obstante, es evidente que las mujeres siempre han sido el mantenimiento de las inalienables tradiciones en una comunidad, el pilar de la vida familiar en las grandes conmociones políticas o económicas, el sustento de los grandes movimientos sociales, y el sostén invisible de nociones como la pertenencia a una etnia, la idiosincrasia, la lengua natal y la patria. En esta condición se inscriben estos ejemplos feministas paradigmáticos (Callás, 2012):

a. Nefertiti (Egipto, 1397 – 1336 a. C.). Reina egipcia de extraordinaria belleza y personalidad imponente que estuvo casada con Akhenatón, con quien impuso entre sus súbditos el monoteísmo.

b. Dido (Tiro, 800 – Cartago, 875 a. C.). Fundadora y primera reina de Cartago, donde se exilió para evitar un enfrentamiento con su hermano Pigmalión y llevar a su pueblo a la guerra civil.

c. Safo de Mitilene (Mitilene, Lesbos, 630 – Leucadia, 560 a. C.). Mayor poeta lírica de Grecia en la Época Arcaica. Su poesía fue admirada por los más grandes del mundo antiguo, encanto que llega hasta nuestros días. Tenía ideas de avanzada acerca de lo femenino.

d. Aspacia de Mileto (Mileto, actual Turquía, 470 – Atenas, 400, a. C.). Maestra de retórica y logógrafa, influyó en la escena cultural y política en la Atenas del Siglo de Pericles, político de quien fue su compañera.

e. Diotima de Mantinea (Grecia, 400 – 400 a. C.). Filósofa y sacerdotista griega que fue maestra de Sócrates y jugó un rol importante en las teorías desarrolladas en el Banquete, de Platón. Sus ideas políticas y culturales quedaron plasmadas en el diálogo platónico. Allí se expresa en contra de la separación entre cuerpo y alma.

f. Hipatia de Alejandría (Alejandría, Egipto, 355 – 415, a. C.). Neoplatónica griega. Se destacó como matemática, geómetra y astrónoma. Inventó instrumentos como el densímetro y mejoró el astrolabio.

g. Cleopatra (Egipto, 69 – 31, a. C.). Última reina del Nilo. Perteneció a la dinastía de los Ptolomeos y trató de restablecer la hegemonía de Egipto en el Mediterráneo como aliada de Roma.

Todas estas mujeres se han elevado por sobre lo previsible, y más allá de encarnar los ideales de abnegadas prendas del sacrificio, restituyeron el concepto de dignidad en una sociedad injusta, tomaron las riendas de una nación, abrieron nuevas sendas al arte y el conocimiento humano, hicieron brillar las luces del intelecto o se alzaron en las armas. Como se aprecia, estas mujeres enaltecieron la condición humana, la hicieron progresar o ampliaron las fronteras del conocimiento, se atrevieron a desafiar las limitaciones de una época y lucharon incansablemente por un mundo mejor y más habitable.

Pensar el feminismo más allá de un movimiento, de un grupo u organización de mujeres haciendo valer sus derechos es a lo que apuntamos, darle un sentido plural es decir feminismos desde la producción de pensamientos en los cuales han surgido nuevos campos discursivos y metodológicos ya que el género ha sido un factor determinante en la producción del conocimiento, permitiendo sacar del lugar hegemónico de la epistemología a la mujer y sus diferencias puedan hallar cabida.

En relación con lo anterior, Lugones (2008a, 2008b, 2010, 2012a, 2012b) describe las partes componentes y oposiciones binarias, dicotómicas, antagónicas y jerárquicas del sistema colonial/moderno, y las utiliza para mostrar las diferenciales de género que definen a las mujeres en relación a los hombres. Esto le permite asumir el género como una construcción colonial. Asimismo, la feminista afro-colombiana Betty Ruth Lozano, afirma que la noción de “género”, incluso ha sido reconocida como una categoría con status epistémico y epistemológico propios, a partir de la cual se pueden comprender las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Aquí el género es entendido como la representación cultural del sexo (Lozano, 2010), de tal manera que no se cuestiona la base ontológica de la diferencia sexual (Suárez, 2008).

Los debates actuales giran en torno a igualdad-diferencia entre los hombres y las mujeres, como si se tratara de homogeneizarlos, lo que se pretende es casi una osadía; ya que no es solamente promover el feminismo desde sus identidades sino las abismales diferencias que subyacen en su interior, existiendo colonialidad desde el momento en que se transmite un pensamiento reduccionista de lo que debe o no ser una mujer y un hombre; como formas de dominación que se quedan anclados en los discursos homogeneizadores.

El “Habitus colonial moderno” es la categoría utilizada por Lozano (2010) para referirse a la naturalización de la idea y la categoría tanto de género como de patriarcado dentro del propio movimiento feminista. Desde esta mirada, “Género” es una categoría etnocéntrica (Walsh, 2008, 2009, 2012a, 2012b, 2014, 2016), ya que por un lado le da credibilidad a las relaciones entre hombres y mujeres en la cultura occidental y por otro lado “niega la diversidad en las concepciones, en la formas y en las prácticas de ser mujer, encubriendo las diversas formas en que los pueblos y las culturas -no blancas o no occidentales- piensan acerca de sus cuerpos y desafían en sus cosmogonías o en su práctica viva, los dualismos y polaridades de lo masculino/femenino y hombre/mujer” (Walsh, 2016, p. 170). En este orden de ideas, el conocimiento y las maneras de conocer no nos remiten a dualismos dicotómicos ni a lugares neutros, sino a diversas formas de vida, a órdenes sociales y políticos situados, a pluralidades de formas de conocer, sentir y pensar, a pluriversos epistémicos y epistemológicos. Siguiendo la perspectiva genealógica, Haraway (1995) se rebela contra el racionalismo cartesiano y contra el relativismo, abogando por una “epistemo­logía y una política de los posicionamientos responsables y com­prometidos” (Haraway, 1995, p. 338). Esta autora propone un conoci­miento “situado”, es decir un conocimiento que ocupe un lugar, que se apropie de él, lo cual implica asumir una posición políti­ca y ética.

En la sociedad se ha polarizado el concepto de lo que es ser feminista, conceptualizaciones que se quedaron en la famosa “liberación femenina” que trata de igualarse al hombre en sus oficios, posición y derechos, pero que además pensar por otro lado que ser feministas era generar movimientos activistas para la defensa de derechos en particular de alguna comunidad que ha sido violentada o vulnerada y en otros espacios alrededor del mundo desde un pensamiento libre y espontáneo entender que ser feminista no es buscar el reconocimiento y el poder de la mujer sino que ella propicie desde diferentes conversares alterativos y observares comunales, el bien común no solo de un gremio o grupo sino la configuración de un mundo para todos sin tener en cuenta su género o sexo.

Por otro lado, Castro-Gómez (2000, 2015), en su proceso de reestructuración de las ciencias sociales en América Latina, nos advierte que las mujeres negras en Nuestra América se “ubican” no sólo geográfica sino epistemológicamente en el “Tercer Mun­do” y en el “Sur”, entrelazando la cuestión racial y la geopolítica del cono­cimiento. Es preciso destacar que no nos referimos a un “Tercer Mundo” o un “Sur” localizado geográficamente, sino a una configuración epistémica y epistemológica. De ahí que, podemos percibir al menos dos críticas femi­nistas a la modernidad: una crítica eurocéntrica y modernocéntrica, es decir desde adentro de ella, como es el caso de Donna Haraway y Evelyn Fox Keller, y una crítica decolonial, que es la crítica feminista a la mo­dernidad por parte de “mujeres de color”, del “tercer mundo” o del “Sur”.

Quijano (1992, 2000a, 2000b, 2009, 2014) y Dussel (1973, 1977, 1980, 1994, 2000, 2004, 2015) al hablar de eurocentrismo no se refieren a Europa y a un lugar geográfico sino a la configuración colonial de un imaginario que se despliega desde Europa hacia las Américas, a partir del siglo XX, “inventando” su subjetividad, identidad y praxiología. A partir de aquí emerge la paradoja que devela Castro-Gómez (2000): “mientras en el siglo XVI “América” fue objeto fundamental en la construcción del imaginario eurocentrista/occidentalista, hacia princi­pios del siglo XX se convirtió en sujeto y agente constructor del imaginario que antes, como objeto, había hecho posible” (p. 16).

Lo anterior ha contribuido a la emergencia de diversas tendencias sobre la crítica feminista. Una de estas tendencias se orienta al campo de la teoría crítica, en dos dimensiones: la inutilidad de la teoría crítica para contribuir a la emancipación de los grupos oprimidos (Ellsworth, 1989) y la incapacidad de los teóricos de reconocer sus propias prácticas patriarcales, las cuales han continuado marginalizando y silenciando a mujeres del mundo académico (Smith, 2016). No obstante, se han introducido nuevos conceptos en términos de investigación, de ahí que las metodologías feministas ya son aceptadas debido a su legitimidad como método, por lo que el feminismo se ha integrado a la academia en general y al área de la investigación en particular, es decir, el feminismo como movimiento emancipatorio de la mujer y el feminismo como epistemología, como una forma “otra” de conocer y de hacer ciencia. Sin embargo, Spivak (2009, 2011) afirma que las mujeres no constituyen ningún caso especial, aunque pueden representar lo humano, con las asimetrías inherentes a cualquier representación de esa índole, y se cuestiona por qué incluso ella misma ha escrito tan extensamente sobre las mujeres para lanzar al aire la pregunta sobre el reconocimiento de las colectividades incesantemente cambiantes en nuestra práctica disciplinaria.

Debemos ir más allá del feminismo como un movimiento nos permite analizar desde las complejidades de la academia que la incursión de la mujer en el ejercicio científico manifiesta la virtud desde la madre tierra, de creadoras y dadoras de conocimientos a partir de experiencias concretas, su producción de conocimiento involucra un giro a epistemologías “otras” que no tenían cabida en el mundo hegemónico, desde reflexiones situadas superando poco a poco la presión patriarcal y no seguir reproduciendo las configuraciones teóricas individualistas sino que además de llevar saberes propios se devela la practicidad de la resistencia a las relaciones de desigualdad.

Con relación a lo planteado por Spivak, pensamos diferente. Las mujeres y su forma “otra” de ser, pensar, sentir, sí han contribuido -y lo siguen haciendo- a reconfigurar campos del vivir y hacer humanos, por cuanto introducen otras lógicas organizativas -usos del lenguaje, del espacio, de la acción colectiva, del discurso, de la capacidad de alianzas- que rompen el molde patriarcal (Negri, 2006; Negri & Hardt, 2010). Esta dinámica y evolución del movimiento feminista y la diversidad de enfoques que han proliferado a lo largo de su historia, ha contribuido a la emergencia de formas “otras” de concebirlo: feminismo intercultural, feminismo crítico, feminismo decolonial y feminismo alterativo.

Referencias Bibliográficas

Callás, C. (2012). 100 grandes mujeres de la historia. Madrid: EDIMAT Libros.

Castro-Gómez, S. (Ed) (2000). La reestructuración de las ciencias sociales en América Latina. Bogotá: Centro Editorial Javeriano.

Castro-Gómez, S. (2015). Revoluciones sin sujeto. Slavoj Zizek y la crítica del historicismo moderno. México: Akal.

Curiel, O. (2007). Crítica poscolonial desde las prácticas políticas del feminismo antirracista. En: Universidad Central. Teorías decoloniales en América Latina. Revista Nómadas. Abril 2007. No. 26. Bogotá: Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos. Pp. 92-101.

Dussel, E. (1973). Para una ética de la liberación latinoamerica­na. Buenos Aires: Siglo XXI. T. I-II.

Dussel, E. (1977). “De la ciencia a la filosofía de la liberación”. En: Filosofía de la liberación. pp. 181-209. Bogotá: Nueva América.

Dussel, E. (1980). La pedagógica latinoamericana. Bogotá: Nueva América.

Dussel, E. (1994). El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del “mito de la Modernidad”. La Paz: Plural.

Dussel, E. (2000). “Europa, modernidad y eurocentrismo”. En: Edgardo Lander (ed.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas pp. 41-43. Buenos Aires: CLACSO.

Dussel, E. (2004). “Sistema mundo y Transmodernidad”. En: Saurabh Dube, Ishita Banerjee y Walter Mignolo (eds.). Modernidades coloniales. pp. 201-226. México: El Colegio de México.

Dussel, E. (2015). Filosofías del Sur. Descolonización y Transmodernidad. México: Akal.

Ellsworth, E. (1989). «Why Ooesn’t This Feel Empowerlng? Working Through the Repressrve Myths of Crltical Pedagogy», en Harvard educacional Review, Vol. 59. No. 3, pags. 297-324.

Haraway, D. (1995/1991). Ciencia, Cyborgs y mujeres. Madrid: Cátedra.

Lozano, B.R. (2010). El feminismo no puede ser uno porque las mujeres somos diversas. Aportes a un feminismo negro decolonial desde la experiencia de las mujeres negras del Pacifico colombiano. La manzana de la discordia 5(2), July-December: 7-24.

Lugones, M. (2008a). Colonialidad y género. Tabula Rasa, 9, 73-102. Disponible en http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S1794-24892008000200006&s- cript=sci_abstract&tlng=es

Lugones, M. (2008b). Colonialidad y género: hacia un feminismo descolonial. En W. Mignolo (Comp.) Género y descolonialidad: 13-54. Buenos Aires: Duke Universisty/Ediciones del Signo.

Lugones, M. (2010). Towards a decolonial feminist, Hypatia, 25(4), 742-759. http://dx.doi.org/10.1111/j.1527-2001.2010.01137.x

Lugones, M. (2012a). Methodological Notes Toward a Decolonial Feminism. En A.M. Isasi-Díaz and E. Mendieta (Eds.), Decolonizng Epistemologies. Latina/o Theology and Philosophy: 68-86. New York: Fordham.

Lugones, M. (2012b). Subjetividad esclava, colonialidad de género, marginalidad y opresiones múltiples. En Montes, Patricia (Ed.), Pensando los feminismos en Bolivia (Serie Foros 2. pp. 129-140). La Paz: Conexión Fondo de Emancipaciones. Disponible en http://glefas.org/download/biblioteca/feminismo-movimientos-sociales/ Las-trampas-del-Patriarcado.-Julieta-Paredes.pdf#page=113

Martí, J. (1961). Ideario pedagógico. La Habana: Imprenta Nacional de Cuba.

Martí, J. (1975). Obras Completas. T. 18. La Habana: Editorial Ciencias Sociales.

Martí, J. (1978). Obras Escogidas. Tres tomos. La Habana: Ciencias Sociales.

Nedri, T. y Hardt, M. (Ed.) (2010). Imperio, multitud y sociedad abigarrada. Buenos Aires: CLACSO.

Negri, A. (2006). Movimientos en el imperio. Pasajes y paisajes. Barcelona: Paidós.

Quijano, A. (1992). Colonialidad y modernidad-racionalidad en los conquistados. 1492 y la población indígena de las Américas. pp 437-447. Bogotá: Tercer Mundo-Libro Mundi.

Quijano, A. (2000a). Colonialidad del poder y clasificación social. Journal of World-System Research. VI (2), 342-386.

Quijano, A. (2000b). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Edgardo Lander (ed.), La Colonialidad del saber: Eurocentrismo y Ciencias Sociales. Perspectivas Latinoamericanas. pp. 201-245. Caracas: CLACSO.

Quijano, A. (2009). “Otro horizonte de sentido histórico”. América Latina en movimiento, (441). Recuperado de http://www.alainet.org/es/active/37936 consultado por última vez el 1 de abril de 2016.

Quijano, A. (2014). Cuestiones y horizontes. De la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. Buenos Aires: CLACSO.

Smith, L. T. (2016). A descolonizar las metodologías. Investigación y pueblos indígenas. Santiago: LOM.

Spivak, G. Ch. (2009/2003). La muerte de una disciplina. México: Universidad Veracruzana.

Spivak, G. Ch. (2011/1988). ¿Puede hablar el subalterno? Buenos Aires: El Cuenco de Plata.

Suárez, L. (2008). Colonialismo, gobernabilidad y feminismos poscoloniales. En L. Suárez and R. Hernández (Eds.), Descolonizando el feminismo: teorías y prácticas desde los márgenes: 31-73. Valencia: Universidad de Valencia.

Universidad Central (2007). Teorías decoloniales en América Latina. Revista Nómadas. Abril 2007. No. 26. Bogotá: Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos.

Valcárcel, A. (2008). Feminismo en el mundo global, Madrid: Cátedra/Universitat de València/Instituto de la Mujer, pp. 340.

Walsh, C. (2008). “Interculturalidad crítica / pedagogía decolonial”. En: Diversidad, interculturalidad y construcción de ciudad. Arturo Grueso Bonilla y Wilmer Villa (Eds.), Bogotá: Alcaldía Mayor de Bogotá y Universidad Pedagógica Nacional, 2008, 44-63.

Walsh, C. (2009). Interculturalidad, Estado, Sociedad. Luchas (de)coloniales de nuestra época. Quito: Abya-Yala.

Walsh, C. (2012a). Interculturalidad crítica y decolonialidad. Ensayos desde Abya Yala. Quito: Abya Yala.

Walsh, C. (2012b). Interculturalidad y (de)colonialidad. Perspectivas Críticas y políticas. Visao Global, Joacaba, 15, 1-2, 61-74, 2012.

Walsh, C. (2014). Interculturalidad Crítica y Pedagogía Decolonial: Apuestas (des)de el In-surgir, re-existir y Re-vivir, 2-29.

Walsh, C. (2016). Sobre el género y su modo-muy-otro. En: Quintero, P. (Ed.) Alternativas descoloniales al capitalismo colonial/moderno. Buenos Aires: Del Signo.

 Zaira Esther Pedrozo Conedo

Especialista en Ética y Pedagogía, de la Corporación Universitaria Juan de Castellano, Psicóloga Social Comunitaria. Magister en Educación de la Universidad del Magdalena; Santa Marta, Colombia, experta en el abordaje de habilidades y valores para planear, prevenir, diagnosticar, intervenir, evaluar e investigar, en el ámbito del comportamiento y la educación. Participa y colabora en equipos de trabajo interdisciplinarios en el manejo de los distintos enfoques y modelos de aprendizaje, estrategias de enseñanza, motivación, estrategias para el manejo del salón de clases, proyectos de aula, métodos de evaluación, formación por competencias entre otros. Asistente a congresos, talleres y cursos afines al área, Conferencista, consultora y asesora psicológica y pedagógica a instituciones educativas y comunidades.

Alexander Luis Ortiz Ocaña

Doctor en Ciencias Pedagógicas, Universidad Pedagógica de Holguín, Cuba. Doctor Honoris Causa en Iberoamérica, Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa (CIHCE), Lima. Perú. Magíster en Gestión Educativa en Iberoamérica, CIHCE, Lima, Perú. Magíster en Pedagogía Profesional, Universidad Pedagógica y Tecnológica de la Habana. Licenciado en Educación. Recibió el premio a la excelencia educativa 2007 y 2008 otorgado por el CIHCE con sede en Lima, Perú. Mejor pedagogo novel de Cuba en el año 2002. Ha realizado asesorías pedagógicas, talleres y conferencias en Cuba, México, Brasil, Ecuador, Venezuela, Panamá, Chile, Paraguay y Colombia. Docente de planta de tiempo completo de la Universidad de Magdalena, Santa Marta, Colombia.

816total visits.