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Fundamentos para una Estética de la Liberación

Alan Quezada Figueroa 

Un lamento estruendoso, una mirada lacerante, un hedor extraño, un color oscuro y lenguas supuestamente primitivas, se manifiestan mediante un golpe de realidad que busca interpelar al sujeto enajenado que piensa en términos de pulcritud, de blanquitud y de analgésicos para la conciencia. Si se atiende al principio material de la Ética de la liberación (Dussel, 2002), se podrá pensar en la estética como un estadio necesario en la producción de las condiciones de liberación. Es decir, la estética en diferentes niveles, será la vía que marque el camino hacia la praxis liberadora.
Para poder producir y reproducir la vida, el cuerpo humano tiene que comprender las señales sensibles que se le manifiestan desde el interior —lo que después permitirá reconocer las necesidades de los otros—. Si se piensa, por ejemplo, en el hambre como un padecimiento acompañado de malestar y sufrimiento —la cual, por cierto, es la primer categoría de esta propuesta—, ya se está pensando necesariamente en una estética que responde más a su raíz como sensibilidad, que a su relación con la teoría del arte o de lo bello —lo cual no se excluirá, pero tendrá lugar sólo en los estadios posteriores de esta construcción—.
Es preciso comenzar la reflexión desde la estética como el grito de una subjetividad que después devendrá intersubjetiva, que reconocerá al cuerpo como el fundamento de los grandes desarrollos éticos, políticos y culturales de la Filosofía de la liberación. No se trata de un camino simple ni aislado, esta reflexión se desprende de las reflexiones éticas, políticas y económicas, pero con la noble pretensión de recapitularse como un fundamento material en función de la interpelación y la participación, en el camino hacia la praxis.
Una Estética de la liberación debe surgir desde la sensibilidad subjetiva, desde el padecimiento de la corporalidad, para fundamentar el momento ético y el momento político, que tienen como mira a la transformación. Es por ello que este padecimiento debe ser comunicable, debe interpelar, de tal modo que se valdrá de las poéticas del padecimiento. Poéticas que buscarán transmitir dicho sentimiento mediante la incomodidad propia de las creaciones liberadoras, que buscan ir más allá de un arte complaciente y colonizante. La tarea es la descolonización de las conciencias y la interpelación que logre el com-padecimiento con el otro, con miras a una praxis liberadora. Esta estética se reflexiona como un sistema que se desarrollará en distintos niveles que atraviesen la sensibilidad (aesthesis), la creación (poiesis)y la transformación (praxis).

Universidad de Guanajuato-Escuela Nacional de Danza Folklórica
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