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Modos de ver el pensamiento

Freddy Quezada

Año 1, No. 10, mayo 2015

Introducción

Este ensayo nació como un esqueleto del que me auxilié, para presentar la obra, en coautoría con Aurora Suárez, “Pensamiento a debate”. Fruto de la prisa y, al mismo tiempo, de la necesidad de presentar los aspectos de relieve de la obra, terminé añadiéndole al esquema grosero, cosas que yo no dije, como coautor, en el libro y que, al final, permitieron la oportunidad de redondear mi propio modo de mirar las cosas del pensamiento, o de los pensamientos, para estar a la altura de la diseminación de sentidos, que ya empieza, por otro lado, a desdibujarse al tenor de su abuso y la elasticidad de su empleo.
El título, parte de que hay un observador externo a los modos de ver el pensamiento (que en puridad habría que presentar también en plural), observador que sería, a su vez, un invento del pensamiento mismo, y “ver” que sería un atributo necesario, pero no suficiente, para rendir cuentas de un fenómeno como “el pensamiento”. ¿Puede verse el ojo a sí mismo, en un espejo, por ejemplo o, lo que mira, incluso desde ahí, es sólo su pasado? No es que los viejos modos de pensar se nieguen a morir y los nuevos no terminen de nacer, sino que su combinación alucinante, hoy, nos impide separarlos o, por lo menos, nos exige un esfuerzo supremo para tratar de distinguirlos.
El ensayo está estructurado en cuatro partes sencillas: a) cómo se mira el pensamiento a sí mismo y nos convence de ello; b) cómo componen, sus distintas variedades, su sentido y lógica; c) cómo se impuso a los subalternos de “dentro” (necios) y de “fuera” (ex-colonias) y cómo fue recibido por ellos; y d) en quiénes se “reconcilia” (¿?) todo.

I. Lo que el pensamiento presupone

Las cinco cosas comunes que el pensamiento dice de sí mismo son:

1.1 está en la cabeza. La idea de que el pensamiento está en la cabeza, nos llega de una discusión doble, en la que intervienen la ciencia, por un lado y la sabiduría, por el otro. En primer lugar, la idea que no sólo el cerebro piensa, sino cada una de nuestras células en una especie de holograma, ha sido probada y, la segunda, el litigio que establecen neurofisiólogos y filósofos, sobre la relación que se establece entre la mente y el cerebro.
A menudo se dice que el sexto sentido es el pensamiento que, de administrar a los otros cinco, terminó por expropiarlos. Y no deja de llevar razón por el tratamiento que ha terminado propinándoles. Incluso Heidegger, hizo de su cueva — la diferencia entre lo “a la mano” (zuhandenheit) y lo “a la vista” (vorhandenheit), siendo aquello la base de los entes y ésta la de la metafísica — su trampa.
El archivo y las sensaciones que se guardan ha sido también trabajado por autores radicales, como U.G. Krishnamurti, quienes señalan que el cerebro sólo sirve para afinar las sensaciones y, la mente, un archivo inútil que sólo sabe mirar el pasado.
1.2 está antes de toda acción. Nada es digno de pensarse si los efectos de cualquier causa al expresarse en los hechos, no se ofrecieran a la reflexión en sus dos caras como afirmación y como crítica. La acción, la realidad, siempre viene después del pensamiento y sólo interesa averiguar sus puntos de partida en un fundamento o archeos y en un destino, telos, cuyas nostalgias y marchas se representan como lineales, dialécticas o sistémicas. El grueso de su despliegue como práctica no interesa más que como el escenario donde la doxa recibe las órdenes de los dioses y sus libros sagrados o de sus sucedáneos, los pensadores. El principio que quiebra este prejuicio, es aquel que nos dice que el pensamiento ya es acción.
1.3 está por encima de cualquier otra cosa. No son modelos religiosos, científicos, económicos o culturales los que están más allá del bien y mal, sino el pensamiento mismo. Lo único que se nos ha hecho creer que está por encima del pensamiento, son los dioses que, paradoja, él mismo inventó por medio de la escritura y de quienes la llegaron a dominar con maestría: los pensadores. Pero, el pensamiento, en verdad, no puede estar por encima de la vida de la que es su fruto, para bien o para mal.
1.4 pensar, primero, fue olvidar diferencias y, ahora, recordarlas. El movimiento del pensamiento, sin que se quiera decir que ha sido simple, se ha movido pendularmente entre separar y reunir, volver a separar y, de nuevo, reconciliar las cosas y seres. Todo acto de separación produce un observador y, todo de reunión, a un salvador. Tal es la historia del pensamiento moderno occidental (el crítico y el emancipador; el científico y el profeta; el pensador y la solución). El mismo principio gobierna otra de sus versiones que son la homogeneización y la diferencia. Aquella necesitó, hasta hace muy poco, borrar las diferencias para convencernos de su unidad y eternidad, borrando tiempo y espacio; a ese orden pertenecen las categorías metafísicas maestras (trabajo, espíritu, ser, lenguaje, diferencia, deconstrucción, etc) que caracterizan a casi todos los pensadores. Es célebre la expresión de Borges que “pensar es olvidar diferencias”, más espectacular, aún, fue la inversión que hizo de ella Heidegger, al fundar el pensamiento en la diferencia entre ser y entes. Y la que continuaría Foucault, al dotarlo de discontinuidades y acopio de archivos al servicio de poderes y resistencias.
1.5 La que no dice: el pensamiento no es la fuente de todas las soluciones, sino, el principal problema de ellas. Puesta en negativo, como la miran J. Krishnamurti y Osho, entre otros pensadores no occidentales, quizás este sea el registro en el que tienen que desembocar las cuatro premisas anteriores: el pensamiento consiste en resolver problemas. Ningún problema se resuelve solo o deja disolverse. Para solucionarlo, el pensamiento moderno, al menos, necesita el concurso y la observación de un sujeto que ejerza su dominio sobre lo que le ofrecerá, de entrada, resistencias y opacidad.
De todas estas cosas, pensadores o no, partimos como certezas apodícticas o como sentido común para vertebrar sistemas teóricos y llamados a la acción. Pasemos a ver ahora su constitución interna y la colonia de reglas que regulan el pensamiento en sus distintos paradigmas.

II. De lo que el pensamiento se compone

El pensamiento es la primera de todas las religiones. Y la prueba que el pensamiento es una religión, consiste en ser el dios de los ateos, de una parte de los científicos y de la mayoría de los filósofos. La que creó a todas las demás y se separó calladamente de ellas. Bastó que alguien supiera dominar las artes de la comunicación oral y escrita para derivar de ellas todo el poder de dioses y libros sagrados, confiados a ellos como intérpretes autorizados.
De Heidegger en adelante se ha distinguido el pensamiento que calcula del que reflexiona. Aquel (rechnende Denken), se basa en un sujeto que se adecúa a un objeto (operación que va desde la metafísica de Platón hasta la tecnología actual, pasando por la ciencia) a través del cual se buscan resultados; este (besinnliche Denken), en cambio, no busca nada y se manifiesta de modo gratuito, se da (es gibt). Y ese darse, como las rosas que florecen porque sí, se cumple en cualquier suceso del que se apropia (ereignis) el Ser. Quizás sea el propio Borges, quien lo haya resumido con su maestría de siempre: “las cosas sólo suceden”.
Se puede ver, el pensamiento, pues, desde dentro, como reglas que, por brevedad y siguiendo a un pensador no occidental (Nagarjuna), para tratar de verlas desde otra mirada y otra forma de agruparlas, quien le llama tetralema, podemos presentar así:

2.1 Todo es (la metafísica de las certezas y fundamentos que va desde Parménides/Platón, pasando por Descartes, Kant y otros, hasta pensadores, postmodernos incluso, de todo tipo). Se basa en certezas apodícticas y en fundamentos que le llegan de poder afirmarlas a través de la escritura, que permite su despliegue a quienes se vuelven profesionales de ella.
2.2 Todo no es (la apofática y la dialéctica negativa que va desde la escuela de Frankfurt, pasando por Heideger y parcialmente Nietzsche, hasta los postcoloniales). Se basa en prohibirse afirmaciones y derivar, por lo que no se dice, una verdad que se manifiesta rehusándose.
2.3 Todo es y no es (la dialéctica clásica que va desde Heráclito hasta Hegel pasando por Marx y todo tipo de revolucionario). Representa un espíritu único, en su origen, que se escinde dolorosamente, produciendo la historia, sólo para volverse a reconciliar, al final, consigo mismo y, en el tiempo entre uno y otro, reconocer la ambigüedad, que faculta al representante a hablar por los dos aspectos de lo real.
2.4 Todo ni es ni no es (el escepticismo, el nihilismo, la co-determinación de un polo por el otro, como lo vio Derrida, y viceversa; y el principio del vacío, sunyata). Se basa en un vacío sostenedor de una red correlativa, donde unos nudos se generan por los demás y, todos juntos, a su vez, se remiten unos a otros, condenados a deshacerse, sin anclajes monoteístas, ni categorías maestras centrales. El vacío también está sujeto a las mismas reglas que crea, de tal modo que, a diferencia de la deconstrucción, que se guarda de su objeto, él mismo se empuja a desaparecer.

III. A los que el pensamiento se impone

En primer lugar se impuso a los cuerpos a quienes convirtió literalmente en esclavos. Y hay que señalar que los cuerpos, en virtud de la misma diferencia que nos cubre hoy como fundamento, más que nadie, han sufrido tal diferencia como jerarquía. Esos cuerpos tienen colores, tamaños, sexos, edades, imperfecciones, descomposiciones y espacios que habitan. Si nos viéramos obligados a señalar a alguien que une lo que no está separado, diríamos que los verdaderos filósofos son los artesanos, pues, son los únicos que piensan con las manos. Apenas está despuntando todo ese universo. Luego, la imposición, alcanzó a los “necios” y subalternos considerados menores de edad, bisagra conceptual popularizada por Kant, que se le hará llegar también a las colonias bajo el imperio de las potencias marítimas europeas. Hacia abajo (con los necios practicando la doxa) y hacia afuera (con colonos racializados), pues, las potencias europeas, los poderosos y los pensadores, impusieron sus reglas en medio de sus rivalidades, pero también de sus alianzas, entre escuelas y coronas.
El pensamiento se puede ver desde afuera, como una exterioridad (sin importar sus contenidos, haciendo ver que no interesa si es la filosofía continental de alemanes y franceses la superior, o no, a la analítica pragmática anglosajona); exterioridad significa aquí, una relación de poder entre los privilegiados metropolitanos del pensamiento, y quienes los recibieron, y lo siguen haciendo, en las excolonias, abriéndose el recibo del pensamiento por parte de los pensadores de las ex-colonias a tres alternativas:

3.1 como copia. Se recibe el pensamiento metropolitano y se lo hace una copia de segunda (como lo señaló Salazar Bondy), y no escapa a ello, ni siquiera el marxismo que bien puede ser definido como de las carabelas.
3.2 como hibridez desfigurada, a ojos de unos, y fecunda, a la de otros (Bahba y García Canclini). El rechazo de las hibrideces corre a cuenta de los defensores de las categorías maestras puras de la que viven literalmente los pensadores más representativos, en especial los eurocentrados. Este piso es, por el otro lado, más creativo que el sentido de copia anterior, pero se parte de él como si la hibridez fuera un punto de llegada, y no se mira como punto de despegue que crece a partir de combinaciones de combinaciones. En este nivel se advierten dos cosas: la sepultura de cualquier observador que trate de separar las combinaciones y el acercamiento asombroso a una actitud parecida a la de la gente común y corriente.
3.3 como un pensamiento “otro”, diferente, que se pronuncia desde otro espacio (locus enuntiationis) y corre el riesgo de repetir lo que censura en el adversario, al proponer otros fundamentos con Platones y Aristóteles amerindios y afrodescendientes para una segunda liberación, esta vez epistémica (Mignolo, Dussel, Quijano)

IV. A quienes, el pensamiento, (in) dispone

¿Qué hemos buscado decir hasta aquí y qué nos proponemos? Tres cosas:

4.1 La imagen que el pensamiento ha brindado de sí mismo y que todos, para bien o para mal, hemos hecho nuestra.

4.2 Imagen que no ha sido única, sino que ha sido ofrecida como conjunto de alternativas rivales entre pensadores de Francia, Alemania e Inglaterra , sin el concurso de “necios” y colonizados y

4.3 Las formas en que han sido recibidas por estos últimos, pueden hacernos creer, en virtud de las hibrideces que componen, que se puede crear desde la imitación, en efecto, pero también, a vernos como gente común y corriente que encierra en sí misma el todo, del que siempre ha sido excluida y del que no necesita saberlo, porque no tiene sentido separar lo que no se puede para, después, reunir lo que, de todos modos, sería inútil. Incluso, según Henry (2007:198), Descartes afirmó “en repetidas ocasiones, que para concebir correctamente la unión del alma y el cuerpo era necesario dejar de pensar sobre tal fenómeno, para por el contrario entregarse a él y vivirlo”.

Despacio sobre el numeral 4.3.

No vamos a terminar diciendo que hay que victimizar, como hacen los programas emancipadores, a la gente común y corriente, ni criminalizarla, como hacen los neoliberales. Ni una cosa ni la otra, como el neti neti hindú, ni esto ni aquello o, como la cuarta regla del tetralema de Nagarjuna.

Creo que se puede ver el papel de la gente “común y corriente” desmesianizado, como la talidad que de todos modos somos y que, sin saberlo, permite reunir en nuestro seno todo el espectro combinatorio y abierto de los discursos que se nos ofrecen, en proporciones desiguales, siendo la diferencia, entre unas y otras personas, una cuestión de cantidades de las mezclas que no pueden ser separadas. Tales combinaciones anulan cualquier idea de sustancia o de cambio en direcciones a voluntad y las diferencias que pueden acusar las partes son, en strictu sensu, relaciones de poder.

No se trata de eliminar el pensamiento, sino de quemar la ilusión que está separado de los cuerpos de la gente común y de todo lo demás. El pensamiento es un viaje puramente ilusorio, cuyo soporte es la separación de las cosas como observador (que no es más que el pasado almacenado como archivo, educación, cultura, monumento, memoria, museo, historia et al) y el establecimiento de un dualismo perpetuo del que hay que despertar. Lo único que obtiene el pensamiento al separarse de lo pensado, es volverse una técnica, como hacer hamacas. Nadie ha advertido que el pensamiento, más que las religiones y las modernidades, es el que necesita una secularización de segundo orden. Secularización que consistiría en despertarla de sus sueños de separación de sus objetos y disolverse en una realidad (talidad) sin opuestos, tal y como la mayoría de la gente común y corriente (y el budismo Zen) hace, que no andan pensando, de manera separada, en objetos reflexivos, paradigmas puros, explicaciones pacientes, especializaciones engorrosas y empleo de vocabulario pedante. Hacer y pensar (como el carpintero y la costurera) son una y la misma cosa en ellos, es decir, en nosotros. Empleo los dos números en plural para separar, primero, pero no para reunir después, pues nunca ha habido separación, más que como ilusión de pensadores. Así, para hablar de regreso a donde ni siquiera se ha salido, debemos encomillar, como indicamos al inicio de este trabajo, la expresión “reconciliar” las cosas y el pensamiento en las personas comunes y corrientes. No hay nada que reconciliar. Se une sólo lo separado, pero como es imposible tal separación, podemos decir que la “reconciliación”, no es ni una cosa ni la otra. Es como regresar a sí mismo sin salir de sí.
El asunto nos permite describirnos, e incinerarnos en el acto, con un efecto bonzo, en el instante mismo que nos pronunciamos, sólo para anular una “reconciliación” que nadie ha solicitado, como agentes sociales separados unos de otros por los viejos dualismos platónicos. De hecho, el flujo de la vida siempre ha sido una combinación que ha venido combinándose y avanza abierta en todos sus puntos que sirven de engarce o “espera”, como estructuras químicas, a todo suceso, en el que debe incluirse a un observador desapareciendo entre la gente común, de donde procede y de la que jamás ha salido, como la rosa al abrirse, sin brindar explicaciones.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Derrida, J (1989) La escritura y la diferencia. Antrophos. Barcelona

Henry, M (2007) Filosofía y fenomenología del cuerpo. Sígueme. Salamanca

Nagarjuna (2006) Abandono de la discusión. Siruela. Madrid.

Nancy, J.L (2003) Corpus. Arena Libros. Madrid.

Kosik, K (1967) Dialéctica de lo Concreto. Grijalbo. México.

Sennett, R (2009) El Artesano. Anagrama. Barcelona.

Sloterdijk, P (2012) Has de cambiar tu vida. Pre-Textos. Valencia.

Spivak, G (2010) Crítica de la razón poscolonial. Akal. Madrid.

Vattimo, G (2010) Adiós a la verdad. Gedisa. Barcelona

— (1991) Ética de la interpretación. Paidós. Barcelona.

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