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Golpes que arrebatan vida: de Israel a la Rivera Maya

Tania Ramos Pérez

Año 1, No. 7, noviembre 2014

“La crítica de la violencia es la filosofía de su propia historia”
Walter Benjamin

Los signos de la violencia física, la que deja marcas en los cuerpos, de bombas, de balas, son fáciles de detectar, los medios de comunicación masiva suelen tener en estos signos su principal fuente de recursos facilitadores de “veracidad”, a eso se abocan los medios actuales, a construir o deconstruir la realidad, a escamotearla o a esconderla, no forzosamente porque así lo decidan, sino porque la historia de las violencias no se puede abarcar en cinco minutos de transmisión en vivo (con discursos pseudo-imparciales escuetos) por mucho que las imágenes sean fuertes; de modo que resultan lo que Jean Baudrillard llamó “escaparate, lugar geométrico donde el individuo ya no se refleja sino que se absorbe en la contemplación de los objetos/signos multiplicados” (2007: p.246) y donde las personas desaparecen como identidades y su lugar es tomado por los consumos, no, no hay la enajenación marxista en las imágenes-signo, no puede haberlo porque el individuo ha desaparecido.
La violencia que viven los palestinos y los israelitas es tan compleja, históricamente larga, dolorosa. Aunque nos parece lejana geográficamente, vamos más en ella de lo que pensamos, sí, la globalización nos convierte en cómplices cómodos de lo que no nos atrevemos a cuestionar: Nuestra amplísima capacidad de actuar subyugados por el interés personal, por el acaparamiento, de territorios físicos o simbólicos. El afán de acumulación es el signo de la violencia de nuestro tiempo, es golpe, sangre, cicatriz, en la llanura del tiempo y el espacio que habitamos. Entonces, ¿en verdad nos duele, o sólo estamos consumiendo lo que se nos vende como dolor?
En esa contradicción habitamos, entre el individuo hecho puramente consumo y la violencia legitimada de la guerra en la que el individuo está inmiscuido, aunque no le parezca, aunque no lo sepa, desde los más pequeños resquicios de incidencia que solemos llamar: vida cotidiana.
Eduardo Galeano escribió sobre el conflicto palestino-israelí:

“Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho. Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza?” (Galeano, 2012: web)

En medio de una sociedad industrializada que se ha erigido en contra de los mitos legitimadores, que se ha elevado desdeñosa en la crítica voraz hacia los grandes discursos modernos, los mitos se imponen con la crudeza de los ataques aéreos, convertidos en la razón exacta para subyugar y arrebatar vida.
Los territorios no son la arena donde los palestinos erigen sus casas para resguardarse del frío o el sol abrazador, los territorios son la descripción de los que somos, desde la piel hasta nuestras creencias y expectativas más humanas, los pueblos a los que se les han arrebatado las tierras han visto morir a sus hijos en su defensa, y están viendo morir deseos, creencias, dudas y certezas acerca de su propio devenir.
Entre los Mayas de Quintana Roo el territorio no es una porción de tierra, es la historia de lucha y resistencia por los espacios simbólicos de su espiritualidad, su conciencia, su estar en una tierra que vive, que respira, y que dialoga con ellos a través de la lluvia, la milpa, la ruta de los astros, etcétera.
Sin embargo, padecen una violencia sutilmente escondida en el mito progresista del sistema de consumo, competencia y acumulación, corporizado en empresarios de buena voluntad que han llegado a su territorio como los Mesías de tercer mundo, abrigados en la esperanza de alcanzar al primer mundo a base de la dominación y la corrosión de otras formas de vida.
¿Por qué le llamamos violencia si el fin y los medios parecen buenos, si las personas que la ejercen parecen estar muy bien establecidas en la posición del máximo ayudante? Es fácil, la sociedad de la competencia está fundada en la legitimación de la violencia racional, el derecho natural y el derecho positivo de los que hablara Benjamin en su ensayo Para una crítica de la violencia hacen efectivas todas la posibilidades de un empresario para ejercer la dominación sobre las tierras de los pobladores mayas en búsqueda del bienestar capitalista en dónde, en definitiva, el primer beneficiario es él, a partir de ahí, su “naturaleza” caritativa le permite después velar por el bienestar económico de sus subordinados. Esa es la lógica, no otra.
En un sustrato del mencionado ensayo de Benjamin este escribe: “En el mejor de los casos, hay violencias igualmente grandes” (2001: p. 40). Una violencia ejercida por más de quinientos años contra los territorios de los pueblos originarios de América no da cabida a pensar que éste sea un caso tal.
Los Mayas consideran a los cenotes como espacios sagrados, acercarse a ellos es un diálogo de polihabitacionalidad por que los cenotes se habitan a sí mismos, tiene sus propios guardianes, su propia historia, su propia espiritualidad, son el comienzo y el fin de lo que va más allá de la existencia humana, de la existencia del todo, hasta de su piedra más pequeña, por eso se vuelven espejo de lo que somos, por eso los h-menes (sacerdotes mayas) se entregan a comprenderlos para comprenderse a sí mismos y a los demás. Los cenotes no pueden consistir en propiedad de nadie, aunque estén en el solar o la milpa de alguien, a nadie se le niega su agua, su espejo, su resguardo. El misterio que guarda en su seno no se lo debe a su belleza de juegos de colores, sombras, luz o follaje, se lo debe a que es entrada al inframundo, quien se fija sólo en el regocijo olvida que alguna vez fue oscuridad, agua, vaho de los dioses, motivo para el respeto y la ofrenda.
Pero estos terrenos simbólicos, de mitos creadores y aguas que evocan, también se venden a buen precio, el slogan de las máquinas empresariales de la Riviera Maya son el ejemplo exacto de cómo utilizar el conocimiento, que no es suyo, para convertirlo en mercancía, y entonces la apertura de un cenote con todo y el disfrute y el espacio significativo “maya” se torna en una brevísima posibilidad subsumida a las condiciones económicas del que se acerca. Para los trabajadores de la zona, se transforma en un vehículo que les procura el suficiente bienestar económico para que sus hijos asistan a una escuela que tiene una tradición larga como legitimadora del sistema de acumulación mencionado y que en definitiva no acerca a los alumnos una percepción de los cenotes fuera de su disfrute a modo de albercas.
Los ancianos de los pueblos mayas de Quintana Roo desdoblan sus saberes y su memoria, lamentan las faltas de lluvia y la poca productividad de la tierra, explican que existe íntima relación de estos problemas con el abandono y contaminación de los cenotes, no yerran, están seguros de que el Chaak (dios de la lluvia) ejerce de estos modos su castigo.
Lo que consiste en temor y reverencia para unos, para otros es el espacio del descubrimiento desinhibido, la aventura, el ansía de lo innovador, el “aventarse” al riesgo que implica una inversión monetaria, el ejemplo está en un texto de la revista Forbes México:

“Miguel Quintana Pali [presidente de Experiencias Xcaret] tiene algo qué presumir: una colección con más de 100 majestuosas cavernas con agua debajo de la tierra, algo que en ninguna otra parte del mundo existe. Hoy, pretende tomar su camioneta todoterreno para adentrarse en la selva y descubrir una más, que podría ser parte de un nuevo parque de diversiones.” (Armenta, 2014: web)

Ante esto bien podemos retomar las palabras de Galeano para nuestro ejercicio:
Los empresarios invaden, y tras ellos las políticas van corrigiendo la frontera. Las apetencias del plusvalor sacralizan el despojo, en legítima defensa de la economía capitalista. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, empresas como Experiencias Xcaret se han tragado otro pedazo de tierra maya, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos que la propiedad privada, (y otros tantos textos legitimantes, la lista es larga, va de la política constitucional a los estatutos del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, hasta las mafias locales del estado de Quintana Roo y Yucatán) otorgó, por los quinientos años de persecución que el pueblo Maya sufrió, y por el pánico que ya no generan los mayas resistentes al acecho. Las empresas son el espacio que no necesita burlarse de las leyes internacionales, están con ellas, y no es el único espacio que ha legalizado el despojo. ¿Quién les regaló el derecho de negar todos los otros derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que las empresas están ejecutando la privatización de los cenotes?
Concluimos con la frase con que Benjamin termina su ensayo: “La violencia divina, insignia y sello, jamás medio de ejecución sagrada, podría llamarse, la reinante” (p.45). Donde los guardianes del agua hablan pero, ¿quién escucha?

Bibliografía

Armenta, G. (2014). El excéntrico coleccionista de cenotes. Recuperado en web: http://www.forbes.com.mx/tag/miguel-quintana-pali/
Benjamin, W. (2001). Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Taurus, España.
Baudrillard, J. (2007). La sociedad de consumo. Siglo XXI, España.
Galeano, E. (2012). Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa. Recuperado en web: ww.palestinalibre.org/articulo.php?a=42722

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