año 1 no 11

Pensar Latinoamérica

Abdiel Rodríguez Reyes

Año 1, No. 11, julio 2015

CIFHU- Universidad de Panamá

Después de la disputa de Zea y Bondy, el esfuerzo más desarrollado que ha tenido el pensamiento filosófico latinoamericano desde finales de la segunda mitad del siglo XX y lo que lleva de este siglo; es la filosofía de la liberación, incluso podemos decir que ésta es el resultado de aquella disputa.
Para pensar Latinoamérica partiremos del Manifiesto salteño, en su epígrafe 2. “Queremos superar el falso problema de la existencia de una filosofía en; de; para; etc.., latinoamericana. Postulamos, en cambio, una filosófica entendiéndola como una práctica” (Cerutti, 2006, p. 475)
De este horizonte emprendemos la tarea (la práctica filosófica) de pensar Latinoamérica, así como se piensa Europa, África y Oriente – o cualquier otra región del mundo – por citar ejemplos.
Es que ésta práctica en Latinoamérica conlleva un doble esfuerzo, primero la empresa de que esto ya es un esfuerzo en sí, segundo la carencia de instituciones solidas para llevarla a cabo.
Ésta práctica va en varias direcciones, por ejemplo no solo se limita a la propia región, sino que en otros países con mayores recursos se emprende ésta tarea (de pensar Latinoamérica), en ocasiones desde diferente óptica y con diferentes intereses y fines.
Es decir que esta práctica no se limita a un espacio geográfico, a pesar de que el motivo si es un espacio geográfico, es decir, el esfuerzo por reflexionar, interpretar y teorizar sobre las diversas manifestaciones de lo que ocurre en lo que denominamos Latinoamérica (ABYA YALA).
Esta práctica filosófica como su nombre bien lo indica, no es una abstracción como suele asociarse a las tareas filosóficas, tampoco es una práctica en sentido pragmático, sino una actitud con la cual hay que enfrentarse al mundo para comprenderlo. Al menos esta parcela del mundo denominada Latinoamérica y su relación con lo global y viceversa. Lo glocal se redefine aquí, como algo de puntual importancia, donde es de igual importancia lo global como lo local.
Uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos en esta tarea es, como ya lo ha sugerido (Vargas Lozano, 2012:12) en la introduccion de su sujestivo libro Filosofía ¿para qué? es debatir de “forma libre y dialógica los problemas que afectan a la humanidad”. Que gran parte de esa afección ocurre precisamente en Latinoamérica.
Este sugestivo texto también nos resitúa en un clásico, en el «Wosu noch philosophie» de Adorno, donde si la filosofía ha de tener algún sentido, será el de resistencia. ¿Resistencia a qué? podemos mencionar que a una razón instrumental dominante, a un sistema económico, social y cultural excluyente y a todo lo que esto implica.
Otros problemas de esta práctica filosófica es la negacion como no reconocimiento en igual condiciones de reflexión por parte de las filosofias dominantes, la que se produce en los paises que cuentan con mayor capacidad industrial, como Norte America y la Union Europea.
En cambio un gran porcentaje de profesionales de la filosofía y filósofos latinoamericanos reconocen en igual condiciones de reflexión a las filosofías dominantes y a sus filósofos, incluso se les considera en ocasiones como superiores y más sofisticadas, esto no quiere decir que estas filosofías, sean per se perjudicial al desarrollo de la práctica filosófica latinoamericana, es decir el ejercicio de pensar Latinoamérica.
Es una elección ver en esto un problema real, el no reconocimiento no implica que la práctica latinoamericana no sea un auténtico ejercicio filosófico igual que el europeo o norteamericano. Este problema, si es que lo es, se ha desdibujado en la medida de que las redes globales de conocimiento realizan trabajos interculturales. También hay redes de conocimiento de sur – sur como contra propuesta al dialogo norte – norte (Norte América y Europa).
Un núcleo problematizador central – o propuesta – de esta práctica es la realización del sujeto; el hombre y la mujer y la opción de los países y pueblos latinoamericanos de no ser sometidos a fuerzas exógenas, y tener la libertad de tomar democráticamente sus decisiones económicas, sociales, culturales y civiles, es decir la autodeterminación de los pueblos, que mucho se confunde con chovinismo.
Esto no es un problema menor, y nos resitúa en otro clásico, la paradoja de Marx en sus tesis sobre Feuerbach. ¿Qué hacer con este núcleo problematizador? ¿Cómo lograr esta realización subjetiva (la del sujeto) y colectiva (la de los países y pueblos)? No hay posibilidad de una respuesta única. Apostamos por la diversidad, no en sentido relativista, sino en el respeto a la alteridad. La paradoja nos la presentan en la undécima tesis “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (Marx, 1976:10).
Parece que el «pero» da a entender que la única opción correcta es tratar de transformar, esta es la interpretación de gran parte de militantes e “intelectuales” de izquierda de cuño dogmatico, procedente de una formación de manuales soviéticos (esto no quiere decir que sea perjudicial en sí su lectura), esto también es una opción de formación y por ende de visión. Tampoco lo contrario es una única opción correcta, es decir interpretar el mundo, a pesar de que también hay un porcentaje de filósofos puros de cuño metafísico (no en un sentido hegeliano), que ve en la transformación un proyecto político, donde para este sector la filosofía no debe intervenir, porque caería en una contaminación ideológica. Una posición abierta de desvinculación entre filosofía y política.
¿Qué opción nos queda en esta paradoja? Como adoptamos la posición del ejercicio filosófico como práctica, seria integrar ambas opciones (interpretar-transformar) y operar desde el concepto praxis. Donde la teoría (interpretación) y la practica (transformación) se complementen para la realización subjetiva y colectiva de Latinoamérica. Ambas cosas deben ir hermanadas.
En esto último hay dos planos de operación, uno macro y otro micro, y a la misma vez un alto nivel de interrelación entre ambos planos, porque podemos partir de que cuando nos referimos a lo macro nos estamos refiriendo al planteamiento teórico (abstracto), y que lo micro es el planteamiento empírico que surge de la propias experiencias limitadas de lo que denominamos Latinoamérica en cuanto al universo del mundo. Pero este alto nivel de interrelación surge cuando una teoría surge de la particularidad de ser precisamente el esfuerzo por teorizar sobre una experiencia (concreta), en este caso Latinoamérica. La dimensión de lo abstracto y lo concreto se complementan para darle un cuerpo inicial a esta práctica.
Lo siguiente para que adquiera un cuerpo esta práctica, es seguir la opción de transitar de lo mero abstracto; solo hacerse el planteamiento (interpretar) a lo mero concreto (transformar) de la realización subjetiva y colectiva latinoamericana.
La dimensión de lo mero concreto, es decir de la transformación como opción, tiene que estar enmarcada en posibilidades materiales de realización o como horizonte coherente la potencialidad de hacerse, más o menos en clave utopística. Esta dimensión tiene que referirse a características de sujetos concretos, de países y pueblos concretos.

Bibliografía

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Cerutti, H., 2006. Filosofía de la liberación latinoamericana. México : FCE.
Dussel, E., Mendieta, E. & Bohórquez, 2011. El pensamiento filosófico latinoamericano, del Caribe y “latino” (1300-2000) historia, corrientes, temas y filósofos. México : Siglo XXI.
Marx, K., 1976. Tesis sobre Feuerbach . En: Obras escogidas I . Moscú: Progreso , pp. 7-10.
Pabón, J., 2012. José María Torres Caidedo: el nacimiento de la identidad latinoamericana, las construcciones nacionales y el derecho de autor. Revista la Propiedad Inmaterial, Volumen 16, pp. 21-55.
Sader, E. & Jinkings, I., 2008. LATINOAMERICANA. Enciclopedia contemporánea de América Latina y el Caribe. Madrid: Akal.
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