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Ética liberadora para una Latinoamérica unida

Diana Milagros Rueda de Aranguren

Introduzco el escrito a propósito de un libro que cae en mis manos siendo inhabitual en mis lecturas cotidianas, sin embargo, me atrapó el tema acerca del amor entre parejas, más aun siendo visto desde el agudo ángulo del acreditado sociólogo polaco Zygmunt Bauman, me refiero a su obra: Amor Líquido, donde reseña que actualmente el amor entre dos es pobre en su textura y consistencia, que ya no hay solidez, firmeza ni estabilidad en esas relaciones, lo cual me lleva a reflexionar y cotejarlo con la fragilidad que observo en los vínculos que establecemos con nuestros semejantes, los cuales son totalmente inconsistentes, rayando prácticamente en la falsedad, asombrándome específicamente la desalmada debilidad humanitaria.
Son muchos los acontecimientos crueles, despiadados y criminales que vivimos en estos últimos tiempos en nuestra amada Latinoamérica, hechos y sucesos que solo la historia podrá registrar para que en algún momento de un futuro no muy lejano se estudie y racionalice tanto en su origen como en su desenlace. Y con esto no se quiere indicar que no lo hacemos en el presente, claro que estudiamos el desarrollo de esta realidad, pero considero que nos falta contundencia para ubicar el principio con el claro objetivo de detener el nefasto resultado.
La humanidad grita misericordia en sus discursos, en sus escritos, en su apariencia, pero no demuestra fuerza y unión, ni agarre y empuje, ni mucho menos comprensión y clemencia, se denota más bien un proceder endeble y frágil, una devoción floja, es decir, ensamblándolo con mi reflexión inicial, se manifiesta un amor líquido pues.
Llama la atención como el proceso de integración Latinoamericana comparte elementos comunes en esta lucha común por unirse como potencia del Sur y se reconoce que cumplimos con la tarea de examinar nuestras decisiones al elegir a los líderes que serán gobernantes, los cuales dicen venir cargados de soluciones, buenas ideas, y deseos mesiánicos para salvar a los más débiles y necesitados de la calamitosa situación de desigualdad e injusticia social.
Pero igualmente compartimos como pueblos del sur, las desilusiones y plantazos que nos damos al ver tanta promesa no cumplida, comprobando como nuestros mesías cambian radicalmente sus intereses por el bien común y comienza a emerger el vicio inmoral por poseer el poder y ejercerlo con perversión, desatino y desenfreno, irrumpiendo en los esquemas éticos de la política para manchar de penurias a naciones enteras.
Lo que hemos evidenciado en estos últimos tiempos en nuestra américa latina es una verdadera crisis moral, evidenciando una desgracia ética que ha estrangulado a hombres y mujeres que buscan una salida ante la crisis desmoralizadora que los atribula, afectando toda una región que históricamente ha luchado por conservar una rica cultura de saberes y propiedades que los hacen únicos ante el mundo.
Considero que la lucha no debe agotarnos y debemos mantener el interés galopante por cultivar la ética y construir bases sólidas de protagonismo responsable, con calidad humana, participando activamente por sembrar en cada uno de nuestros espacios el compromiso de construir éticamente hablando, sociedades que proyecten progreso y calidad para todos.
La realidad ética vista desde el ángulo de Carrillo y Álvarez (1998), sustancialmente tiene que ver con la formación de la conciencia de cada individuo, lo cual consideran determinante y hasta delicado en vista de que es allí donde se juegan las opciones del individuo para actuar como sujeto moral en la toma de decisiones; es entonces como se interpreta la ética como una decisión propia y un estado de ser que se escoge.
Así también, interpretamos a Cortina y Conill (1998), los cuales consideran por su parte, que la educación de manos con la ética, está comprometida con la formación responsable del hombre y que se debe llevar a cabo moralmente, es decir, con altura vital, a pleno pulmón, con firmeza, con innovación, creatividad, generosidad y sobretodo con solidaridad.
El valor ético estipula la trascendencia del individuo en la sociedad, dándole la fuerza necesaria para transformar en forma progresiva la visión de la identidad nacional, de la conciencia cívica y ciudadana, orientándose hacia la búsqueda necesaria de un hombre coherente e integral guiado por esos valores éticos que realzan la relación que debe existir de forma coherente en toda sociedad de nuestro continente. Considero pues como propuesta válida reflexiva el binomio: educación y ética.
El desarrollo humano ético de América Latina vislumbra sociedades democráticas participativas, abiertas al mundo y sus exigencias, donde todos los sectores sociales tengan oportunidades de vida digna en la que se respeten los derechos humanos y todos actúen para hacerlos realidad con la única finalidad y propósito de lograr la plena felicidad que merece y por la cual cree y lucha.
Ese desarrollo ético tiene tal dinámica que incluye la sostenibilidad en el tiempo para las futuras generaciones en un desarrollo social, económico y político.
El gran reto de américa latina es consolidar tal desarrollo de sociedades éticas, asegurando una construcción de realidad social sólida en la convicción de una prosperidad educativa que ayudaría a lograr cambios vitales y significativos, claves para potenciar nuestras naciones.
Claro está, que el desarrollo requiere inversión y sobre todo convencimiento de una nueva realidad social, siendo necesario también para poder negociar en una globalización asimétrica, por ello, es altamente imprescindible requerir de un profundo reconocimiento a la ética.
El factor ético es apropiado y debe ser aplicado eficazmente para impulsar y fortalecer la deseada integración y desarrollo regional de América Latina, identificando y proponiendo acciones y estrategias para aportar al ámbito social, educativo, político, económico y cultural, en la sumatoria por construir una región unida con visión compartida de superación y de primer mundo, enmarcado en referentes honestos, responsables e idóneos que sustenten un panorama revolucionario en ideas y adelantos como derecho social inalienable, considerando fundamental la inclusión social y el reconocimiento por el Otro.
Por lo tanto, abogamos al interés liberador que nos conduce a la solidaridad que abre el horizonte más allá de la mera fraternidad de esta obligación llevada a cabo por dicha razón liberadora, fundamentada en razón ético-crítica, discursiva consensual y estratégico-instrumental.
Una ética liberadora augura cambios y transformaciones sociales en positivo, que sólo se podrá lograr con el compromiso y participación efectiva de todos aquellos que conciban y practiquen vida en el ideal de una sociedad más humanista, contribuyendo con la praxis transformadora del comportamiento y la demostración de una vida en valores.
Se trata pues de percibir la ética liberadora como una actitud reflexiva y práctica al servicio de la humanización y la felicidad de los pueblos. Dussel (1974), aflora en su pensamiento que la Ética de la Liberación, no pretende ser una filosofía crítica, que más bien se trata de una ética cotidiana, desde, y a favor de las inmensas mayorías de la humanidad excluidas de la globalización, en la normalidad histórica vigente presente.
Es un derecho pleno de cada ser el desarrollar una vida henchida en gozo, respaldada y respetada por un estado de derecho que acobije a cada uno de sus ciudadanos en sus intereses, sueños y proyectos. Dice el húngaro Mihály Csikszentmihályi que “el estado de flow” lo desarrollan y demuestran los individuos cuando expresan el compromiso al realizar alguna actividad, el sumergirse con agrado totalmente convencido por lo que hacen experimentando satisfacción y aceptación.
Considero que ese estado no es más que un fluir de emociones y de proyección pura de la esencia del Ser, éticamente entregada al bien-estar y al buen deseo por sus pares.
Reitero la consideración de la ética para el deber, para la felicidad, para el buen vivir, es la que se piensa desde todo sistema liberador que se genere en Latinoamérica, ya que ha manifestado a viva voz una triste insatisfacción enorme por la falta de dignidad en que se ha estado viviendo debido a las malas praxis en el manejo político-social que se ha llevado, manteniéndonos marginados como periferia y sobrellevando una pobreza que impide el progreso y el surgimiento como pueblos dignos y pujantes.
No puedo dejar de ratificar el evidente desafío humano que clama y grita en un repensar del Ser desde su dimensión ética, con posibilidad de liberación, desde su realidad como latinoamericano y desde sus filosofías éticas presentes en cada pueblo.

Referencias

Bauman, Zygmunt (2005). Amor Líquido. Acerca de la fragilidad de los Vínculos Humanos. Madrid, España: Fondo de cultura económica.
Carrillo, A. y Álvarez, P. (1998). Los Valores el Reto de Hoy: Orientaciones para la Implementación del Proyecto de Ética. Colombia: Cooperativa Editorial Magisterio.
Cortina y Conill, J. (1998). Democracia Participativa y Sociedad Civil: Una ética Empresarial. Colombia: Fundación Social.
Csikszentmihályi, Mihály. (1990). Flow: The Psychology of Optimal Experience (Flujo: La Psicología de la experiencia óptima). New York: Harper & Row. ISBN 0-06-092043-2. (En inglés)
Dussel, E. (1974). Método para una Filosofía de la Liberación. México: Salamanca

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