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Flecha desafiante al cambio… Marichuy para México!

Diana Milagros Rueda de Aranguren

Año 4, No. 26, enero 2018

Latinoamérica avanza, surge, cambia, compite y produce innovaciones de primera con perfiles de la más alta tecnología en cuanto a su recurso humano, preparado, dispuesto y persistente, demostrando altos niveles de desempeño, que expresan al mundo entero las novedades competitivas que desde esas regiones autóctonas y maravillosas cargadas de tradición guerrera, caracterizadas por estar librando siempre una revolución en busca de una merecida independencia, luchan y se esfuerzan para lograr un éxito en sus naciones.

Esta tierra ha destacado más que todo el deseo eufórico de convencer al resto de las latitudes que aquí se persigue el respeto a la dignidad, la autodeterminación de sus acciones y sobretodo proteger la autenticidad de lo que somos, dignificando sus historias y luchando definitivamente por el reconocimiento del Otro.
México, vaya en primera instancia mi respeto al país azteca y en segundo lugar, el agradecimiento al resto de compañeros que conformamos el equipo del comité editorial internacional del proyecto Analéctica, que promueve la producción de pensamiento filosófico latinoamericano con orientación decolonial y crítica, en considerarnos para aportar en este número especial dedicado exclusivamente a escribir acerca de un tema específico, respetando así un lineamiento editorial que nos lo sugiere pero a la vez respeta el contenido que presentemos con el fin de diversificar las opiniones y los diversos puntos de vista de la Candidatura de Marichuy a las Presidenciales de México 2018.
La reflexión y la crítica demarcan el grueso de mis escritos, constituyen el perfil que denota la manera en que ensamblo ideas acerca del motivo central que las genera, la ética. Investigadora y estudiosa en la materia, he desarrollado una línea intelectual respetuosa acerca del proceder en cuanto a saberes, conductas, y acciones sociales que conllevan el desarrollo de grupos y sociedades, siempre delimitada por el cauto respeto que establezco en generar más allá de una deliberación y mucho más que una diatriba, producir y concebir proposición emergente.
Escribir opinión acerca de un hecho social, político e histórico de un país distinto al originario es una labor que amerita responsabilidad prudente y sutileza estratégica para concebir respetuosamente un panorama que exprese al lector novedades interesantes dignas del protagonista, es por ello que referirme a la candidatura presidencial de México para el 2018 de la vocera del Congreso Nacional Indígena y del Consejo Indígena de Gobierno, María de Jesús Patricio Martínez, la cual representa al espacio indígena y campesino de los invisibilizados por el tiempo, que corren acelerados al ritmo de una competitividad mundial que les exige y los atribula haciéndolos olvidar e ignorar sus raíces y sus valores como esencia de tierra y de sapiencia histórica, significa definitivamente una misión más que ardua, diría más bien, interesante, que merece investigación y equilibrio.
México tierra de lucha histórica, nación emprendedora que por razones geográficas se ha visto obligada a convivir con un imperio como vecino, con los que mantiene un real antecedente histórico en el cual fue un “destino manifiesto” del que no ha sido aún aclarado su verdadera intención con total veracidad, vecino que probablemente lo ha querido arropar, bien por ideología o bien por extensión territorial, riquezas naturales o cultura, cualquiera de estas alternativas puede ser la excusa, lo que sí siempre se ha evidenciado que han sido posiciones de dos naciones en desigual e inequitativas condiciones. Variadas son las razones del desequilibrio en la comparación, bien sea por la contexto económico, militar o por el inmensurable poder, uno de ellos está en desventaja con el otro. Allí se revela la fuerza del imperio ante la nación del sur.
Fueron muchos los años que México vivió de férrea dictadura, sometido a una despiadada tiranía y a un descarado centralismo de poderes, donde se evidenciaba la subordinación del poder legislativo y del judicial al Ejecutivo. La Carta Magna tenía impresa una letra que no se cumplía, allí se decía que existía una división de poderes, se puntualizaba acerca de la soberanía de los estados, de la libertad de los ayuntamientos y de los derechos de los ciudadanos. Sin embargo, sólo se comprobaba como imperaba una implacable ley marcial donde la justicia ofrecía apoyo al más fuerte cuando atropellaba al más débil, y absolutamente todo se regía por la voluntad de un dictador que sometió a gobernantes y gobernados.
Lejos está en mi propósito analizar una rica historia de travesías y mucho menos generar opinión acerca de lo vivido y ocurrido en el pasado de México, pero considero necesario e importante tomar referencialmente con pinza prudencial los basamentos que ocasionaron el surgimiento de un pueblo luchador y progresista, que se liberó de una dictadura para encaminarse en un ideal de justicia social, con tenacidad, temple y unidos en ese entonces por la búsqueda de un mejor vivir y porvenir.
Si bien es cierto que Francisco Madero condujo el inicio de este camino, no es menos cierto ni menos relevante el respaldo concedido por figuras por un lado, como Emiliano Zapata liderando a los campesinos con su lema, La tierra es para quien la trabaja; y por otro lado el apoyo de su simpatizante Francisco “Pancho” Villa, en nombre de los aldeanos que incluía a mineros, peones, vaqueros y hasta bandidos; lo que sí es evidente en esta lucha es el elemento común de buscar la tierra y la libertad que en definitiva reunía los anhelos y esperanza del pueblo mexicano.
Hoy, México escribe nuevas líneas, hoy se reconoce a una gran nación, emprendedora y retadora, que enarbola su inmensa y riquísima cultura con una postura orgullosa y a la vez sentimental, transmitiendo progreso y avances desde los diferentes espacios de desarrollo que su sociedad ha generado. Reconocida como uno de los países más desarrollados en américa y con mayor impacto en el resto del mundo. Es así como se prepara en estos días a una contienda electoral, nada más y nada menos que la Presidencia de la República para 2018.
Sorprendidos algunos, esperanzados otros, y escépticos otros tantos, lo cierto es que hay una candidatura que ha generado un sinfín de comentarios y opiniones, que ha desatado debates y polémicas entre derecha, izquierda, apolíticos, analistas, hasta opinadores de oficio. Se trata de la candidata Independiente Indígena María de Jesús Patricio Martínez, vocera del Congreso Nacional Indígena (CNI) cuya candidatura es impulsada por el Zapatismo y el Concejo Indígena de Gobierno (CIG), siendo su postura central la de considerar el momento oportuno para el acuerdo, articularse y juntarse para así poder derrocar a lo que ella considera “…este monstruo gigante que está acabando con nosotros”.
Puntualiza abiertamente una serie de planteamientos que han calado positivamente en un amplio sector de la sociedad, no sólo indígena, sino también en diferentes sectores de la sociedad mexicana, en espacios que luchan por los derechos de los pueblos indígenas, por organizar una nación con principios y ética política sobre la base de resistirse al neoliberalismo, generando esperanza en aquellos que han luchado por largo tiempo en visibilizar al Otro.
Marichuy, así se le reconoce, mujer humilde, indígena del pueblo Nahua, madre, médica tradicional, candidata independiente, luchadora y respetada por su formación humanista, condición que la cataloga idónea para el respaldo que los Zapatistas le dan al proponerse hacer, dicho por ellos mismos, más que una campaña electoral una campaña por la vida y la reconstitución de sus pueblos. Es allí donde rememoramos que el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) fue con el propósito intencional de increpar el desgarrador hundimiento que desde la colonia se han sometido los pueblos indígenas mexicanos. No son un partido político, más bien son generadores de la participación política en función de lograr beneficios y alcances para todos.
Pues bien las cartas están echadas y queda esperar el desarrollo de la campaña, el proceso en sí de las elecciones pautadas para julio 2018 y el resultado que tendrá para México la decisión que tomen la mayoría de sus electores tal como se espera en una democracia. Marichuy, en representación del pueblo indígena presentará una propuesta en la que muchos creen y a la que muchos apoyarán.
Como cerrar estas reflexiones sin mencionar, sólo fugazmente, lo acontecido en Venezuela, Patria querida…fugaz no por ser efímero o breve o irrelevante, porque definitivamente es todo lo contrario. Debo mencionarlo ya que al sentir el movimiento de pueblo, la voz de los no escuchados y la pasión de los humildes en México, caigo en la nostalgia de lo aquí vivido, ese despertar mágico creyente de reivindicar al fin sus derechos que conmocionó al mundo entero desde Venezuela. La cuestión es que serían innumerable las páginas que quisiera escribir acerca de dichos acontecimientos, reconociendo que asumo la deuda, de describir la realidad venezolana, su lucha, el despertar de hace 19 años y el desencanto y decepción que hoy por hoy se vive…la resignación de habernos equivocados, pero en la plena convicción de haber estado y continuar estando en búsqueda de una justicia social equitativa, franca e inmune a la corrupción. La falta no fue nuestra, el pueblo cumplió, quienes cayeron en el abominable monstruo de la inefable corrupción fueron los pocos de alma e ideología, mezquinos y cobardes que arrastraron un paraíso terrenal a la más humillante situación en su historia, la miseria.
Continuamos más férreos que nunca en mantener un pensamiento de izquierda con antecedentes de lucha social, claros en querer respirar en un sistema democrático participativo y protagónico pero necesaria y definitivamente honesto, responsable, sincero, idóneo, integrador, ético, transparente y progresista.
Pero, debo admitirlo, mis ojos hoy giraron inquietos, curiosos y anhelantes hacia un rasgo de luz que ilumina el Sur de América del norte. Veo en México y en su contienda electoral una flecha que guiará la lucha, el clamor, la luz o porque no decirlo el ataque de los pueblos indígenas que claramente constituidos quieren enfrentar a lo que ellos han considerado un inadecuado gobierno para su nación.
Percibo un pensamiento que abre camino desafiante a la rectitud, diviso una flecha representativa y dinámica tan segura de su trayectoria como del impacto que logrará al llegar a su diana; es el llamado del pueblo Indígena a toda una tierra organizada en voz de una de sus representantes, una mujer…Marichuy
Sólo espero y deseo que su proceso, sus decisiones y sus resultados sean apegados a la ley electoral y por sobre todo a la voluntad de la mayoría de los electores que participen. Hay que apostar por lo mejor para México, hay que rescatar la esencia de tierra prometedora y capaz que representa américa. Hemos tenido unos movimientos y unos cambios en estos últimos años en toda Latinoamérica que han provocado cientos de análisis reflexivos que nos acorralan y nos increpan a determinar por donde debe ir el enfoque de nuestras regiones y la posición que ante el mundo debemos tener. Traspiés, errores, desilusiones, mucho hay de ello pero insisto, la fuerza más grande viene del inmenso deseo de reconstruir y avanzar en pro del bienestar de los pueblos, del surgimiento, del respeto y del reconocimiento.
América agita y reta a su gente, asumamos con valor y conciencia el reto ante lo que nos presenta la vida…un mundo deshumanizado que pide a gritos el rescate de su noble origen. Convivir en medio de la ética, el amor y la felicidad.

Referencias

http://www.animalpolitico.com/2017/08/marichuy-indigena-candidata-presidencia/
http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40102122
https://www.telesurtv.net/news/Movimiento-Zapatista-y-su-influencia-en-Mexico-y-America-Latina-20170616-0035.html

@milyaranguren

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