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Análisis del discurso teorético de Sergio Almaraz Paz

Roberto Vila De Prado

Año 1, No. 12, septiembre 2015

Su aporte al estudio del pensamiento nacionalismo revolucionario boliviano

El discurso de Sergio Almaraz Paz, como el de otros nacionalistas revolucionarios bolivianos, buscaba fortalecer la identidad nacional aprovechando los espacios abiertos como consecuencias no deseadas de un mundo militarmente bipolar.

Los males causados por el imperialismo y la situación de dependencia eran considerados “desviaciones” del proyecto de la modernidad que podrían ser corregidas si los sectores populares tomaban el poder; precisamente estos sectores, y no la burguesía nacional, eran considerados el verdadero sujeto de la historia (Richards, 2002).

El pensamiento de los científicos sociales latinoamericanos presenta notables diferencias con las elaboraciones realizadas por los teóricos de los países del Tercer Mundo que alcanzaron su independencia política en el Siglo XX. Mucho antes de que se formara el grupo indio (hindú) de estudios subalternos, teóricos como José Carlos Mariátegui, Raúl Prebisch y Darcy Ribeiro ya habían cuestionado el discurso hegemónico colonialista. “La producción de discursos para América Latina, sobre América Latina y desde América Latina” consiguió – como dice Castro-Gómez (1998) – “romper con el eurocentrismo epistemológico” Por ello, él prefiere hablar de estudios pos-occidentales, en lugar de estudios poscoloniales.

1. EL PARTI PRIS DE ALMARAZ

Se han dado distintas explicaciones acerca de las causas que influyeron para que los jóvenes intelectuales marxistas latinoamericanos ingresaran a las filas de los partidos nacionalistas populares. En el caso boliviano, Marcelo Quiroga Santa Cruz (1960: 40 – 41), señala como posibles, a la falta de un partido de izquierda con suficiente prestigio político y que, a la vez, aparentara ser tan moderado como para eludir el veto de los EEUU.

Los nacionalistas dan otra versión: La izquierda tradicional partía de una óptica europeizante y estaba desvinculada de las masas.

“Tal es el caso del arzomarxismo que no sólo traicionó a la patria y a su clase, sino que traicionó la teoría negociándola con las Restauraciones de 1946 y 1964 so pretexto de conducirlas al socialismo científico” (Céspedes, 1969: 129).

“Los grupos tradicionales de la izquierda […] se dejaron vencer por sus prejuicios ante una realidad que desde el primer momento no encajó en el esquema clásico” (Almaraz, 1969: 61).

El internacionalismo de los partidos comunistas fue puesto al servicio de la diplomacia soviética, y el movimiento se transformó en un instrumento al servicio del “socialismo en un solo país”, mostrando gran fidelidad a la Unión Soviética y aceptando su papel dirigente. De esta manera, se produce una dislocación de la formación discursiva comunista, por la cual el internacionalismo abstracto pasa a ser la envoltura del nacionalismo ruso.

Historiadores no marxistas han descrito acertadamente esta situación:

“En el plano de las contradicciones, se puede ver entonces que hay más lógica en las actitudes del MNR que en un partido doctrinalmente mucho más coherente como el PIR, que tenía una doctrina ya hecha y que sólo la aplicaba, pero que la aplicó muy mal, tanto que esa juventud menos viciada por el profesionalismo político se apartó de él y fundó el Partido Comunista. Entre esos jóvenes disidentes está Sergio Almaraz, del cual hay que decir que también en un momento dado abandonó el PC” (Albó & Barnadas, 1985: 207).

Este vacío dejado por el internacionalismo comunista pronto fue llenado por el nacionalismo, el que en África, Medio Oriente y América Latina adquirió un carácter emancipador.

Jorge Siles Salinas sintetiza con acierto las múltiples influencias que reciben los políticos del MNR:

“… Ellos tenían un amasijo un poco confuso de doctrinas… Por una parte… la revolución mexicana, y luego… el APRA del Perú. Y, pienso que en ellos se mezclaban las doctrinas nacionalistas que estaban en boga en Europa de comienzos de los años cuarenta, principalmente… el fascismo; y, por otro lado, el marxismo como interpretación de la historia… del destino histórico de la humanidad y de los fenómenos, de los cambios sociales ocurridos en América… A esto se agregaba otro factor más, que era el peronismo en la Argentina; ellos radicaron durante largo tiempo en su exilio en Buenos Aires y recibieron ayuda… de la Argentina, del gobierno, de grupos nacionalistas argentinos… por lo general de raigambre católica, hispanista, curiosamente. Pero también había otras influencias en ellos, de sus lecturas principalmente, de Mariátegui… en sus Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, de otros grandes personajes como Jorge Abelardo Ramos, un nacionalista troskista argentino de pensamiento muy agudo, muy original. Por otra parte, había en ellos una clarísima visión de una lucha de clases… que terminaba en la visión de una reivindicación indígena” (Aristain, 1992: 97).

Es evidente que Sergio Almaraz Paz (SAP) conocía todas esas fuentes. A continuación se pasará revista a algunos de los autores que él menciona en sus escritos.

1.1. Alegoresis

Se denomina “alegoresis” a la remisión de un texto a uno o varios textos tutores. Este término deriva de la unión de los conceptos de “alegoría” y “exégesis”.

La weltanschauung de SAP es la de un nacionalista, lo que se manifiesta tanto en su visión de la historia como en los fundamentos de su pensamiento crítico. Ahora bien, su concepción de lo nacional es materialista y no ha sido influida por el misticismo de la raza, como ocurre con Franz Tamayo y otros autores que respeta, algunos de los cuales le sirven de inspiración.
El pensamiento de SAP asimila el marxismo como método antes que como doctrina, con una fuerte inspiración existencialista, especialmente la que proviene de los escritos de Albert Camus.
El pensamiento de Marx en la época del Manifiesto tenía como referentes a Inglaterra, Francia y Alemania, luego a lo largo de su vida va a ir cambiando esta posición. El marxismo latinoamericano heredó el eurocentrismo, y esto se manifiesta en los intelectuales divulgadores de la primera época. Para ellos, el marxismo es un conjunto de proposiciones fijas, cerradas, que les servía para diferenciarse de los anarquistas y otras corrientes del movimiento obrero. Recién en la década del veinte, con Mariátegui y Anibal Ponce, se comienza a aplicar el método como herramienta creadora, y no simplemente como una bandera ideológica. Todavía en los sesenta, SAP (1969: 58 – 59) observa que los intelectuales más avanzados de América Latina no habían alcanzado “la fuerza creadora de los autores de Siete Ensayos (Mariátegui) y Educación y lucha de clases (Aníbal Ponce)”.

Para SAP, como para Mariátegui, no existe contradicción entre el nacionalismo y el marxismo. En las potencias coloniales, los revolucionarios combaten el imperialismo de sus propios pueblos; pero en las colonias – dice Mariátegui- el socialismo adquiere, sin renegar de sus principios, un carácter plenamente nacionalista.

Aníbal Ponce, en su obra La cuestión indígena y la cuestión nacional (1937) advierte que no hay solución al problema nacional sin ruptura con el imperialismo, apartándose de los “marxistas divulgadores” influenciados por el eurocentrismo.

Marxismo y existencialismo (ambos están presentes en el discurso de SAP) parten de puntos de vista distintos, que la Crítica de la razón dialéctica de Sartre trata de conciliar. Por un lado tenemos al grupo sometido a la necesidad histórica y, por el otro, al individuo como existencia libre.

El existencialismo de Camus influye en la valoración que SAP hace del individuo y de su papel en la historia, desde una perspectiva ética en contra del absurdo, la crueldad y la violencia, y en general de todo lo que amenaza la existencia del hombre:

“Se trata de servir a la humanidad con medios que sigan siendo dignos en medio de una historia que no lo es”.(Camus, cit. por Almaraz, 1964: 29).

La influencia del existencialismo se expresa en el rechazo de lo escatológico, el rechazo a toda forma de teleología de la historia. “Vivimos en un mundo terrible y confuso” que “ha hecho los méritos necesarios para que se le llame un mundo absurdo”. Aquellos que no han encontrado el camino de la rebelión individual que conduce a la revolución, no tienen más vías de escape que la torre de marfil, la soledad del esteta, o el suicidio (Amaraz, 1964: 29). L’ homme revolté (el rebelde) es el que se vuelve o revuelve contra algo.

La síntesis entre marxismo y existencialismo evitan que SAP caiga tanto en el crudo determinismo mecanicista que llevó a los socialdemócratas europeos a “esperar y dejar hacer” aceptando la inevitabilidad de ciertos momentos históricos, como en la reivindicación absolutizante de la autonomía del espíritu, de la cual se deriva un voluntarismo creciente.

1.1. La teoría de las elites en SAP

Un antecedente importante de la construcción teórica de SAP es la obra The Power Elite del sociólogo C. W. Mills. En ese trabajo, Mills intenta mostrar cómo las masas estadounidenses están dominadas por un reducido número de personas que son miembros de las altas esferas de sus pirámides institucionales (corporaciones, políticas y militares). Estas personas se encuentran ligadas por una red de relaciones sociales y coordinan actuaciones conjuntas en beneficio de sus intereses colectivos. Mientras otros autores asocian el concepto “miembros de la elite” con los “mejores” o los “elegidos”, Mills pone el acento en la estructura que vincula una trama de relaciones.

Es fácil apreciar que en las estructuras estudiadas por Mills y en las abordadas por SAP hay aspectos generales semejantes, pero el parentesco no va mucho más allá. SAP tiene en cuenta la relación elite-estructura, pero estas categorías son resemantizadas y aplicadas a la realidad social boliviana. Es decir, que la apropiación de una teoría ajena se convierte en un medio para la producción de más teoría, lo que Tapia denomina “subsunción real de la teoría” (Tapia, 2002: 327-328).

2. CONCEPTOS CLAVE

La prueba de la universalidad de una teoría surge cuando ésta se transforma en un estímulo para conocer mejor la realidad en un ambiente distinto a aquel en el que fue descubierta, y cuando se incorpora a esta nueva realidad como si fuera su expresión originaria A su vez, toda teoría debe su eficacia al poder ser expresada en lenguajes que corresponden a situaciones concretas particulares (Gramsci, 1990: 81).

El análisis de SAP sobre las relaciones de poder gira en torno a tres términos interrelacionados:

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A continuación se analizarán estos términos acuñados por SAP, complementándolos y comparándolos con los desplegados por otros autores, para poner de relieve la riqueza de aquellos conceptos y su eficaz aplicación a la realidad nacional.

2.1. Núcleo de poder aglutinante

H. Zemelman (1993: 135) al estudiar la obra de SAP subraya el concepto “núcleo de poder aglutinante”, en tanto mecanismo dinámico que convierte a una fuerza económica en fuerza política:

“En 1870 no se puede hablar con propiedad de una oligarquía minera en el sentido de una clase social que constituya un núcleo de poder aglutinante como lo son para esa época las oligarquías de Lima, Santiago o la Provincia de Buenos Aires, verdaderos motores de la formación del estado nacional” (Almaraz, 1967: 89).

En el Perú se había producido un tipo de integración radial de Lima con la región circundante, habiendo otros centros similares en otras partes del país. Paulatinamente, “los gamonales de la costa, como los más poderosos, son los que tienen en sus manos la dirección del poder político, pero con la decidida cooperación de los gamonales de la sierra, listos a cualquier servidumbre política, a condición de que se les garantice el poder de vida y haciendas en los vastos dominios donde impera su brutalidad sanguinaria” (Haya de la Torre, 1923).

En el Chile de Portales, las clases conservadoras establecieron un gobierno autoritario pero legalista que impuso un régimen unitario y un sistema político que, si bien en un comienzo fue de tipo cesarista, pronto se organizó en torno a un poder ejecutivo fuerte, configurando una democracia que funciona hasta el presente con algunos cambios (Di Tella, 1970: 51).

La oligarquía de la provincia de Buenos Aires consiguió unificar a la Argentina. Por lo general, allí donde hay un actor (o una coalición) regional más fuerte que los demás, éste se tendrá la suficiente confianza para intentar la unificación de la nación (Di Tella 1970: 44).

Refiriéndose a este tema, SAP dice:

“En Bolivia posiblemente lo que faltó a su tiempo fue una oligarquía capaz de construir una estructura nacional subordinada a sus intereses. La cohesión orgánica del Estado solamente podía ser lograda en función del dominio directo de un fuerte núcleo de intereses económicos y en esa misma medida se habrían operado los procesos de integración de los que resulta un estado moderno” (Almaraz, 1980: 89 – 90).

Esto recién ocurre a partir de principios del siglo XX, cuando por obra de los magnates del estaño, la economía nacional se integra al mercado mundial bajo la hegemonía británica; hasta el punto de que, en lo que hace al circuito financiero, Catavi estaba “más cerca de Londres que de La Paz” (Almaraz, 1980: 66).

Sin embargo, hasta 1952 ningún gobierno central logró establecer una soberanía real sobre toda la unidad geográfica boliviana (Malloy 1989: 321).

2.2. Estructura de poder

Por “estructura” se suele entender en sociología el conjunto de relaciones invariantes, es decir relativamente permanentes, que existe en una formación social. En consecuencia, cuando se habla de “estructura de poder”, el término se refiere a las relaciones de dominación. Según Pare (1976), la palabra expresa la correlación de fuerzas que existe entre las distintas clases sociales, en un momento dado (García-Sayan, 1979).
En los primeros tiempos de la república, el Estado boliviano debilitado y sin capacidad de cohesión trató de preservar hasta donde le fue posible la herencia colonial: “predominaba una economía rural dispersa, coronada por núcleos locales de terratenientes influyentes” (Almaraz, 1980: 67).
Esta afirmación fue confirmada posteriormente por los historiadores. José Luis Roca (2005:49-98), por ejemplo, señala que los caudillos militares tenían una visión unitaria del país, pero no podían imponerla por la existencia de prefecturas fuertes con presupuesto y hasta ejércitos propios “que les permitían ser contestatarias al gobierno nacional”.

Más allá del ordenamiento jurídico, en lugar de un estado-nación, la situación de facto mostraba un conjunto inconexo de micro-estructuras, donde el gobierno se ubicaba en una u otra, según las circunstancias. El comercio exterior de la época que era de escaso volumen ligaba a las regiones con los países limítrofes. No había actividades que indujeran la integración del aparato estatal.

A mediados del siglo XIX, la estructura minera de poder se desarrolló absorbiendo a las demás. Se pone en marcha entonces un proceso caracterizado por la aparición de las empresas mineras (financiadas por capitales bolivianos, chilenos e ingleses) y la represión de los campesinos. Los propietarios de la minería de la plata gobernaban personalmente, pasando de la dirección de su empresa a la presidencia de la nación. La estructura de poder “se apoyaba sobre una gran explotación minera y se desplazaba sobre la única ferrovía que penetró en los Andes. Un sencillo mecanismo financiero con el que se controlaba el crédito, completaba el basamento” (Almaraz, 1980: 79).

A partir de 1915, cuando el estaño ha desplazado a la plata, las economías se hacen más dinámicas y complejas. El poder político (formal) ya no es ejercido personalmente por los propietarios de las minas.

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Fuente: Almaraz (1980)
Notas: 1/ Sobre las dimensiones de un concepto, véase Barton (1971).
2/El desarrollo conceptual, a diferencia de la definición, es un eslabonamiento donde un concepto remite a otro (Véase Calla y otros: 1989).

La estructura de poder está presente en los aparatos formales e informales. Es precisamente, esta estructura, la matriz que organiza las instituciones permaneciendo oculta por el velo de la ideología en el sistema institucional que ella misma articula (Poulantzas, 1997: 140).

Los gobiernos se alternaban, pero los tres grandes magnates de la minería permanecían; ellos poseían el poder. No se puede hablar de la existencia de un poder invisible (Almaraz, 1980: 93). Su gran influencia era inocultable, aunque no siempre se podían advertir todas las implicancias de esta situación y la forma en que actuaban los “equipos especiales” formados por abogados, periodistas y funcionarios.

Los bufetes de abogados al servicio de la elite minera eran el nodo central de un haz de relaciones que penetraban determinadas esferas de influencia. Ellos vigilaban la conducta del gobierno, recomendaban y promovían candidaturas políticas y actuaban como agencias de relaciones públicas.

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Aparato del Estado minero: niveles y equipos especializados (Almaraz, 1980: 91)

La libertad de expresión existía siempre que determinados asuntos permanecieran al margen de la curiosidad pública. En la toma de decisiones, la camarilla de íntimos de los mineros pesaba más que el gabinete ministerial, los parlamentarios temían a la prensa que estaba al servicio de la elite minera (Almaraz, 1980: 97).

En cuanto a la inserción de la estructura de poder en la sociedad, cabe señalar que las ganancias de los magnates no sólo tenían su origen en la riqueza de las minas, sino en los salarios e impuestos bajos. Fueron “funcionales” a sus intereses la pobreza del país, los terratenientes y los indios. Los terratenientes eran los únicos que podían resistir a la elite minera para fortalecer sus privilegios, pero prefirieron convertirse en proveedores de las minas (Almaraz, 1980: 94). La estructura de poder retardaba el desarrollo de otras actividades y / o absorbía mano de obra, producción agrícola, aparatos políticos, etc. (Antezana, 1993: 22).

La estructura de poder nacida de la minería proporcionó las bases (pre-condiciones) necesarias para el desarrollo de las fuerzas productivas. Específicamente, “el desarrollo cuantitativo de las clases productoras, de tal manera que éstas comienzan a actuar crecientemente en la vida política del país, hasta que adquieren suficiente poder real como para poder asumir por sí solas – en rigor, por intermedio de partidos políticos – la estructura de poder” (Antezana, 1993: 22); aunque esta nueva estructura nace debilitada por factores que configuran una situación de “vacío de poder”.

2.3. Vacío de poder
De acuerdo con Poulantzas (1997), “poder” es la capacidad de una clase social para plasmar sus objetivos específicos (p. 124). Esta definición tiene como marco de referencia la conflictividad entre clases y fracciones de clase. Como la capacidad de las distintas clases para lograr sus intereses propios es diferente, a la pérdida de poder de una clase dominante, no siempre corresponde una ganancia de poder de las clases dominadas o de otras fracciones de las clases dominantes (p.145).

En términos generales, el vacío de poder se produce cuando el sistema político pierde capacidad para resolver los conflictos a través de las instituciones, dando lugar a una crisis, como consecuencia de una situación de empate entre las fuerzas sociales; pero es evidente que esta noción por sí sola no puede dar cuenta de situaciones históricas concretas.

En el caso de la revolución boliviana, a partir de la Guerra del Chaco, que facilitó la inclusión del indígena a la nación, se formó una…

“contra- elite civil y militar (intelectuales, maestros, empleados, oficiales jóvenes) que a la larga es capaz de derrotar a la oligarquía minera – la de los llamados barones del estaño –, que, por su parte, contaba con el apoyo de los hacendados, los importadores y la mayoría de los oficiales del ejército (Lavaud, 1998: 27).

Terminada la guerra, se sucedieron gobiernos que adoptaron políticas en cierto modo opuestas. Los de orientación reformista dictaron normas jurídicas que aumentaban las atribuciones del Estado y debilitaban el poder de la oligarquía. Por otra parte, como en todo régimen de economía de enclave se habían formado núcleos de concentración obrera y campesina que se organizaron en sindicatos fomentados desde el gobierno. De esta manera, el MNR articulando a los sectores medios con los sindicatos pudo alcanzar el gobierno, llenando el vacío de poder e imponiendo grandes transformaciones.

Sin embargo, el vacío de poder comenzó a resurgir a medida “que el gobierno perdía su carácter popular y por compensación creaba una burocracia bajo las pautas ideológicas de la eficiencia desarrollista” (Almaraz, 1988: 106).

Esta nueva forma de vacío se originó porque la estructura económica heredada por la revolución estaba desgastada por dentro:

  • La actividad minera se había desarrollado en forma desproporcionada con relación a las otras actividades del país y en desmedro de las mismas; además
  • Este desarrollo sólo comprendía un eslabón en la larga cadena de la industrialización del estaño: la extracción

Como señala L. Tapia (2002: 87), debido a esta situación la nación no pudo articularse y adquirir capacidad soberana, y el vacío fue llenado por poderes externos (EEUU) y particulares (como la nueva rosca y el ejército).

Luego de la caída del MNR, en el plano ideológico se intentó la desnacionalización de la conciencia nacional. En palabras de SAP, “alienar del todo la conciencia nacionalista del país” para impedir la emergencia de una clase dirigente, ya sea socialista o capitalista, pero realmente boliviana (Almaraz y otros, 1967: 106-108).

2.4. El ser nacional

Según L. H. Antezana:

“Recogiendo un término propio al desarrollo ideológico posterior a la Guerra del Chaco, Almaraz Paz habló a menudo del ‘ser nacional’ como principio de identidad capaz de ‘unificar’ la nacionalidad. Pero lejos de la metafísica o la mística con que ese término solía ser utilizado – por ejemplo, por aquellos ideólogos que Francovich agrupó en el movimiento de la ‘mística de la tierra’ -, Almaraz Paz reconoció en el ‘ser nacional’ una estructura concreta, históricamente producida…” (Antezana, 1993: 19)

.La célebre frase del Manifiesto, según la cual los obreros no tienen patria, es seguida de otra que es frecuentemente olvidada:

“… Por cuanto el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, todavía nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgués” (Marx & Engels, 1983: 48).

Releyendo este párrafo, Pierre Vilar afirma con sagacidad que dicho texto puede tener valor histórico a pesar de su brevedad:

“Analicemos esta densa frase: a) La nación existe; b) es un hecho político; c) toda clase dominante se erige en clase nacional; d) toda clase nacional se identifica con la nación; e) la burguesía lo ha hecho, el proletariado tiene vocación de hacerlo; f) el hecho nacional puede cambiar su sentido, según la clase que lo asuma.” (Vilar, 1982).

El primer abordaje sistemático sobre la teoría marxista de las naciones lo encontramos en la obra clásica de Otto Bauer que lleva por título La cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia. Ahí, la nación es definida como un conjunto de seres humanos ligados por una comunidad de carácter producida por una comunidad de destino. Bauer deconstruye las concepciones metafísicas de la nación, descartando sus tres dimensiones:

  • el esencialismo, que imagina una sustancia racial, hereditaria e inmutable;
  • el espiritualismo nacional, que explica el comportamiento de los individuos refiriéndose a un misterioso “genio popular”; y el
  • fetichismo territorial, que pretende envolver a grupos de diferentes culturas (Löwy, 1998: 51).

Por el contrario, da gran importancia a los desarrollos socioculturales de las nacionalidades y presenta a las naciones como procesos siempre en marcha, como productos nunca acabados. El libro de Bauer, publicado por primera vez en 1907, fue traducido al francés ochenta años más tarde; y es difícil que los escritores del nacionalismo popular latinoamericano hubieran tenido la oportunidad de conocerlo. Las ideas en las que éstos se basaron fueron tomadas de los escritos sobre autodeterminación de Lenin (especialmente la diferenciación entre nación opresora y nación oprimida), y el ensayo La cuestión nacional y el marxismo de Stalin.

Mayorga advierte que lo “nacional”, en el discurso de SAP, no está definido rigurosamente. En cambio, las estructuras y corrientes que representan a la “antipatria” son caracterizadas con mucha mayor claridad. La “nación”, en este discurso, presenta referencias empíricas muy vagas, desplazándose el campo del significado “de la clase obrera a la clase media, del pueblo al estado, pero sin establecer en rigor una definición”. De esta constatación, Mayorga infiere que, al parecer, SAP consideraba suficiente establecer la diferencia que existe entre el interés nacional y el interés antinacional. (1993: 62).

En realidad, la dificultad estriba en que lo concreto nacional es un proceso histórico vinculado al desarrollo de los medios de producción y las fuerzas que éstos generan. Lo importante en la reflexión en torno al “ser nacional” es establecer si contiene elementos concretos, si se ajusta a alguna realidad.

La revolución tuvo como soporte a obreros, campesinos y grupos de la clase media. En otros artículos de SAP, los sujetos principales de la nación boliviana en el marco del capitalismo son los trabajadores mineros y las FFAA (Rodas, 1993: 100).
En principio, podríamos afirmar que la nación fáctica está conformada por sectores sociales ligados por intereses afines, cuya defensa y realización se expresan en un proyecto político basado en la soberanía de la nación. Ahora bien, la existencia de intereses comunes, no es suficiente para poner en marcha el proyecto, y aquí se pone de manifiesto el papel de la ideología nacionalista como factor de articulación, incorporación e integración de diversos sectores sociales (Mayorga, 1993: 64). Es decir, el paso de la nación fáctica a la nación en sí, para la construcción del Estado nacional.
De lo expuesto se desprende:

  • No pertenecen a la nación los que políticamente la niegan (sectores extranjerizantes y extranjerizables).
  • Se trata de un proceso dinámico (dialéctico histórico), SAP señala como, en algunos momentos, las FFAA o las capas medias (o una parte de ellas) forman parte de lo no nacional.

Cuando, con la nacionalización de las minas (1952) – piensa SAP – la estructura de poder queda en manos de los sectores populares hay un reconocimiento del ser nacional, se conforma una nacionalidad “realizada exclusiva y auténticamente”. Es que la formación de la ideología nacional es un proceso lento “en el que las realidades nacientes de un pueblo imprimen su huella en el pensamiento social y nacional el que, a su turno, determinará nuevos cambios” (Almaraz, 1969: 62). Y este proceso tiene sus avances y retrocesos; por eso, en 1964, SAP afirma que “es absolutamente necesario encontrar nuevas definiciones nacionales para nuestra existencia colectiva”, e invita al diálogo a intelectuales nacionales de diferentes ideologías (Almaraz, 1969: 30).

La identidad nacional según SAP debía apoyarse en elementos materiales e institucionales.

“Su defensa de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), de la empresa estatal en general era un asunto vital” (Barrios, 1993: 35).

El control nacional de la riqueza, a través de estas empresas estatales, era un asunto vital para asegurar la viabilidad boliviana.

No obstante, SAP reconoce que el tema de la cuestión nacional en Bolivia es algo pendiente:

“… Es absolutamente necesario encontrar nuevas definiciones nacionales para nuestra existencia colectiva. Nos damos cuenta que la pretensión es grande, pero algo se puede hacer” (Almaraz, 1964: 30).

Posteriormente agrega, luego de reconocer que no es dueño de recetas ni de posiciones concretas, que estas definiciones deben ser el fruto de la confrontación de ideas; y para esto invita al diálogo a los intelectuales.
Algunos teóricos de la revolución nacional pensaban en la formación de un campesinado homogéneo a imagen de la nación mestizo-criolla. Los disidentes, como SAP y Zavaleta, tenían otra visión de la realidad.
Es difícil evaluar, como dice Sanjinés (2004), el efecto qué produjo la Guerra de Chaco sobre la conciencia indígena.

“Parece que los indios que volvían del Chaco tenían, en la invocación de su participación en el campo de batalla, mejores argumentos que sus predecesores para mantener sus derechos sobre las tierras colectivas” (p.123).

Mientras el campesinado quechua fue más abierto al mestizaje por razones históricas, los aymaras defendieron su forma de vida comunitaria, impidieron la pérdida de sus parcelas y defendieron sus formas tradicionales de convivencia.
En nuestros días grupos étnicos que tienen una alta conciencia de su identidad han luchado para ampliar el concepto de nación de base comunitaria para los pueblos originarios, pero sin pretender formar estados separados (Albó & Barrios, 2006).
La importancia que SAP le asigna a los conflictos inter-clases le permite practicar un análisis de la realidad que supera aquellos discursos que descansan en las voluntades individuales de los grandes personajes o en un nacionalismo esencialista basado en un legado procedente del fondo de la historia. Sobre el tema, una de sus interrogantes sigue teniendo amplia resonancia: “¿Qué somos, qué queremos ser culturalmente en nuestro país, cuál es nuestro camino?” (1961: 28),

3. PARA FINALIZAR

La abstracción es la descomposición del “todo” (objeto concreto) mediante el análisis, por medio de conceptos. Hay quienes consideran que la abstracción desprovista de lo concreto es un cadáver. Sin embargo, la abstracción es necesaria para construir la teoría específica sobre el objeto; y luego de abstraer accidentes, hombres o cosas se llega a categorías lógicas que corresponden al objeto analizado. A partir de aquí, se logra una reconstrucción del objeto concreto mostrando articulaciones entre procesos donde intervienen dos tipos de categorías:

  • las de determinación, porque no todos los aspectos de lo real son igualmente determinantes; y
  • las de pertinencia, porque la explicación no incluye todos los aspectos del objeto percibido.

SAP considera que es perverso el culto a aquellas ideas abstractas, conceptos absolutos por los cuales los hombres matan y mueren:

Ni la idea más grande vale más que la vida del más humilde de los hombres […] Es la ponderación de los conceptos abstractos la que divide, y los escritores y artistas están más propensos a estos peligros que los demás hombres”. (Almaraz, 1964: 29-33).

Tal es lo que ocurre con el terrorismo, cuando atenta contra víctimas civiles tomadas al azar, atacando a las personas por lo que son (por ejemplo, su pertenencia a una determinada clase) y no por lo que hacen.
Los conflictos en las sociedades modernas no pueden ser reducidos al enfrentamiento entre dos clases (por ejemplo, burguesía vs proletariado), confundiendo el modo de producción con la formación social concreta.

Hay muchas agrupaciones sociales con diferencias y lealtades que se yuxtaponen y compiten entre sí, reorganizando a la gente en torno a múltiples ejes; lo que implica diferentes identidades sociales y políticas (Grossberg, 2004).

SAP considera que los marxistas dogmáticos viven una existencia sonambulesca (1964). El sectario piensa más en el dogma que en la vida. Corren el riesgo de perder el sentido común y caer en el esquema clásico frente a una realidad que no encaja en dicho esquema (1969).
El populismo es en ciertas coyunturas el único medio, o bien uno de los pocos, que tienen los underdogs (capas subalternas) para hacerse representar políticamente y por lo tanto constituirse en parte del Estado, otorgándole un carácter más nacional.

La noción de hegemonía alude precisamente a un proceso permanente mediante el cual un grupo o cuasi-grupo (fracción de clase) utiliza su poder para liderar y organizar la población.

La revolución boliviana tuvo como soporte a los obreros, los campesinos y las clases medias, dirigidos por una contra-elite civil y militar. De manera que estamos ante “un nuevo pacto de dominación que significa una nueva forma de relación entre las élites y los sectores sociales populares, en el que cada parte puede negociar –cediendo, presionando y acordando–, con el propósito de ganar algo en el acuerdo: unos apoyo y legitimidad sociales; otros, reconocimiento de derechos sociales, políticos y económicos” (González, 2007).

En este artículo se ha examinado la alegoresis del discurso de Sergio Almaraz Paz y su teoría sobre la sociedad boliviana, elaborada con el aporte de autores de su tiempo y efectuando comparaciones con desarrollos teóricos posteriores.

Bibliografía

Se han utilizado como fuentes las ediciones por separado de cada una de las obras de Sergio Almaraz Paz, últimamente ha aparecido un tomo con las obras completas: ALMARAZ PAZ, S. (2009). La Paz. El manuscrito que sirvió de base a este artículo corresponde a una tesis doctoral no presentada, confeccionada en el año 2004.

ALBO, X & BARRIOS, F. (2006) Por una Bolivia plurinacional e intercultural con autonomías. La Paz. PNUD.

ALBO, X. & BARNADAS, J. M. (1985) La cara campesina de la historia. La Paz. UNITAS.

ALMARAZ PAZ S. (1988) Réquiem para una república. La Paz – Cochabamba. Los Amigos del Libro [1969].

– – – – – – – – — – – – -(1980. 4ª) El poder y la caída. El estaño en la historia de Bolivia. La Paz – Cochabamba. Los Amigos del Libro [1967].

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