Los semaforistas poblanos

Los semaforistas poblanos

Antonio Morris Eli Amat Shapiro
Reseña: La sociología asume una responsabilidad particular como disciplina que se interesa por estudiar la cuestión de lo social. El conflicto es inherente a ella, pero éste no debería de ser un freno o un obstáculo para poder enunciar el problema en cuestión. Si bien la sociología parte de una realidad inmediata, la del sentido común, que no puede darse el lujo de obviar, cierto es también que busca romper con el mismo, esto con la finalidad de ofrecer respuestas serias y contribuir a la solución del conflicto social. La abstracción es un proceso que nuestra condición de científicos sociales acepta desde el momento en que buscamos dar respuesta a las interrogantes que nos rodean, este proceso no es sólo un paso a seguir en nuestra metodología, un estado estático del ejercicio mental, sino una referencia obligada que, al término de nuestro estudio buscará mostrar su viabilidad en las posibles soluciones.

Nuestra intención no será abonar en el terreno del conflicto tomando una postura parcial de nuestro objeto de estudio. Pero no podemos tampoco ser ingenuos a la opinión común, que circula en boca de todos quienes se han visto en la condición de socializar con un semaforista: “pinches monos huevones, que se pongan a trabajar”; “son unos nacos que ganan más que los que se esfuerzan honestamente por salir adelante”.
Si bien estas son sólo opiniones que en las redes sociales cualquiera puede encontrar, reflejan una elemental falla en la capacidad de reflexión sobre las condiciones que permitieron que los semaforistas fueran lo que son y no otra cosa: ¿Qué papel juega la autoridad, encargada de garantizar la paz social y la libre circulación de transito de la comunidad?
Para verdaderamente ser objetivos sólo podemos decir que habrá que tomar en serio, y con carácter de obligatoriedad, la información que de todas partes podremos obtener en referencia a los trabajadores del semáforo; pero, también tener en cuenta que sólo los mismos actores sociales, los semaforistas en cuestión, son los únicos capaces de mostrarnos su construcción social de identidad (con esto hacemos referencia a la forma en que construyen y reconstruyen, con el paso del tiempo, una proyección mental de lo que implica ser un trabajador del semáforo, cuáles son las condiciones y elementos que se deben de dar y, de ese modo, transportar a la práctica estas figuraciones ). Sólo ellos saben realmente por qué están ahí.

Si bien esta realidad les es propia, esta misma realidad no escapará de mostrarse, en su forma y contenido, como una realidad contradictoria, llena de antagonismos reales. Ante ello, asumimos mantener una posición crítica que nos deje discutir los elementos que permiten a esta condición de “semaforista” no sólo llevarse a cabo; sino, también, continuar de esa forma como una labor que ha encontrado niveles de normalidad, como si la labor del semáforo pudiese ser a todas luces una labor que requiera solicitud de empleo (esto se entenderá cuando hablemos de las características del perfil para ser semaforista). El no asombrarse ante el espectáculo que implica la labor en el semáforo es ya una actitud común en el mismo ciudadano que frecuentemente asume que un trabajador de la luz roja es un estorbo de la libre circulación de tránsito.

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ANTONIO MORRIS ELI AMAT SHAPIRO

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Publicado el:julio 20, 2015admin
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