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¿Qué ves cuando me ves?

Antonia Mardones Marshall y Carlos Olivares Yáñez

En su libro El nomadismo (2004: 43), Michel Maffesoli analiza cómo Platón en una de sus obras de madurez (Las Leyes, libro XII), quizás más orientado a la regulación social que a la reflexión filosófica, se muestra reticente a la figura del viajero o “ave migratoria”, como le llama. Independiente del propósito que el extranjero tuviese –comercio, iniciaciones, vagabundeos–, Platón sugería que fuese recibido en las afueras de la ciudad, recomendando a los magistrados que tuviesen cuidado con que no introdujese alguna novedad, así como que se tuviese con él sólo las relaciones indispensables y lo más raramente posible. El extranjero era ya asumido como una amenaza para el establishment político, pues representaba lo extraño e imprevisible, contrario al afán de orden, control y anticipación con que el Estado orienta sus políticas, dirigidas a una sociedad sedentarizada, especializada e identificada.

Asímismo, Durkheim, citado también por Maffesoli, señala en su tesis doctoral de 1893 que “la especialización conlleva un bloqueo de la circulación social” (Maffesoli, 2004: 23). La reglamentación de la circulación y la movilidad –ya sea geográfica, social, económica o cultural– ha sido la preocupación esencial del poder, representando el migrante la figura de lo móvil y lo ajeno, de aquello que se encuentra fuera del panóptico orweliano. Para las sociedades que pretenden ser homogéneas, los procesos migratorios evidencian y aceleran las fragmentaciones que se anidan en su interior.

Es ya usual abordar el fenómeno de la migración desde distintas dimensiones y con consideraciones transdisciplinarias, ya que la migración es un fenómeno que implica movimientos que fragmentan, interpelan y rearticulan estéticas, paradigmas y sensibilidades. La migración aparece como un proceso histórico y social en permanente funcionamiento y cambio, pero también como un caso extraordinario que ejemplifica el dinamismo cultural que define la realidad social contemporánea. Los desafíos que surgen a partir de los procesos migratorios, transforman al migrante en la expresión del comienzo de una relación diferente con los otros y con uno mismo. En este sentido, el temor que sentía Platón se relacionaba con su intuición del migrante como un agente negociador en procesos de hibridación cultural que van más allá del alcance e intención homogeneizadora y estandarizante que caracteriza al Estado.

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