vc

Una mirada intrusa al territorio zapatista

Alejandro Bonada Chavarria

Una mirada intrusa al territorio zapatista: Crónica masculina del Primer Encuentro de Mujeres que Luchan

El Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que luchan fue uno de los eventos más grandes que ha organizado el zapatismo a lo largo de sus más de 20 años de historia pública, llegando a superar a la Escuelita Zapatista y a los Encuentros Intergalácticos de mediados de los años noventa.
Esta crónica narra, desde una posición urbana-masculina, las vivencias transcurridas antes, durante y después del encuentro. Es preciso recalcar que mi presencia en el evento no hubiese sido posible sin el apoyo de mi compañera ya que, al igual que el resto de los hombres asistentes, éramos invitados incómodos.
En plena carrera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) por la recolección de firmas para obtener una candidatura a la presidencia de la república, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional convocó a finales diciembre del 2017 al “Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que luchan”, que tendría como sede el Caracol de Morelia, en el municipio chiapaneco de Altamirano. La fecha elegida para el inicio del evento, que duraría tres días, fue el simbólico 8 de marzo del 2018.
Esta “muestra de músculo” de los pueblos zapatistas hacia el mundo se enmarca en un contexto de levantamientos feministas en donde, además de analizar las distintas afectaciones del capitalismo, se pretende desmontar una de las cabezas más fuertes de lo que los “compas” llaman la Hidra: el patriarcado.
En México, la propuesta fue desarrollada por el Congreso Nacional Indígena y el EZLN, quienes, en un proceso de deliberación conocido como “convencer y no vencer”, designaron como vocera del proyecto a María de Jesús Patricio Martínez “Marichuy”, nahua originaria del sur de Jalisco.
Las principales puntas de lanza del CIG son: 1) Visibilizar la estructura racista, machista y económicamente excluyente que impera en México a partir de la voz de una mujer indígena y, 2) Tejer redes rurales y urbanas, indígenas y mestizas, de mujeres, hombres, otroas que construyan una resistencia y, a partir de ella, la construcción de un mundo donde quepan muchos mundos.
A pesar de que el CIG y sus distintas redes de apoyo no lograron juntar las firmas requeridas (poco más de 800 mil y con representación del 1% del padrón electoral en al menos 17 estados), el evento se llevó a cabo con una convocatoria que superó ampliamente las expectativas de invitados y organizadores.
Mi interés por asistir, a sabiendas de que tendría una participación limitada (en este sentido, el comunicado era muy claro: “Si te quiere acompañar un varón mayor de 16 años, ahí lo veas, pero de la cocina no pasa. Aunque tal vez ahí algo alcanza a ver y a escuchar, y algo aprende”) (Enlace Zapatista, 2017) se remonta varios años atrás, al crecer y ver desde la distancia las distintas movilizaciones y eventos. Desde pequeño, el discurso y las impactantes imágenes de guerrilleros indígenas encapuchados me dejaron una profunda marca, la cual me llevó a esperar pacientemente la oportunidad de participar en una de sus movilizaciones, en el corazón de su territorio.
Al parecer, no era la única persona con ese sentir. Desde la sala de espera del Aeropuerto de Guadalajara se podía palpar la ansiedad de pisar tierras chiapanecas. Prueba de ello es que en mi vuelo, que salía un día antes de la inauguración, casi la mitad de los pasajeros asistiría al evento y la gran mayoría eran mujeres.
La llegada a Tuxtla, capital de Chiapas y el traslado a San Cristóbal de las Casas me generó mayor expectativa, ya que en las calles se podía identificar a múltiples grupos que organizaban su viaje al municipio de Altamirano y de ahí, al Caracol.
El recorrido San Cristóbal-Caracol Morelia es muy estimulante, ya que pasa por una de las regiones bioculturales más ricas de México, en donde la montaña, sus bosques y selvas, conviven con múltiples pueblos de raíz maya. Además del color socioambiental, el camino cruza varios lugares importantes en la historia del conflicto armado entre el zapatismo y el Estado mexicano.
Después de tres horas y media de viaje y ya caída la noche, por fin se fueron divisando las primeras señales de “Usted está en territorio zapatista” que marcaban la territorialidad de los municipios autónomos.
El Caracol Morelia está a poco más de 15 minutos de la cabecera municipal de Altamirano, la cual fue tomada en enero de 1994. La llegada al Caracol, que se encuentra en el municipio zapatista de 17 de noviembre fue bastante emotiva para mis compañeros de viaje y para mí.
A la entrada del municipio, nos recibió una comisión del EZLN que, después de bajarnos del taxi, nos llevó al área de registro. Allí nos esperaba una enorme fila que partía desde el centro del Caracol y llegaba hasta la entrada, que funcionaba como estacionamiento improvisado.
1
Cartel de bienvenida. Caracol Morelia. Municipio Autónomo 17 de noviembre

El tiempo para el registro fue de casi cuatro horas, las cuáles pasaron entre la fría noche de los Altos de Chiapas y los vítores que lanzaba cada camión que llegaba. Entre tanta gente, emoción y casas de campaña se sentía un ambiente similar al Festival Rock y Ruedas de Avándaro.
Conforme avanzaba la fila, la incertidumbre para los pocos hombres fue creciendo, ya que se nos tenía prohibida la entrada al centro del Caracol. Es decir, si no íbamos con casa de campaña, se tendría que improvisar una o en su defecto, dormir bajo un toldo. Por otro lado, las mujeres tenían la libertad de entrar y salir, de dormir en casa de campaña o en los dormitorios improvisados, que durante el día funcionaban como comedores o salas de reuniones.
Fue en ese momento, horas antes de la inauguración del encuentro, que empezó el aprendizaje desde la alteridad: durante los días del evento, los hombres tendríamos una posición subalterna en los hechos, pero también en lo simbólico.
2
Entrada al centro del Caracol Morelia.

A la mañana siguiente se pudo notar de qué iba el evento para los hombres. Para las mujeres, su participación era muy clara: podían entrar a los talleres, conversatorios y retas deportivas que iniciaban desde muy temprano. Dado que el objetivo de la convocatoria era el público femenino, nuestro rol quedaba en el suspenso. Varios íbamos con la idea de colaborar en las tareas que tradicionalmente se han asignado a las mujeres, como la preparación de comida y el cuidado de niños. No obstante, nos quedamos a la espera de las indicaciones.
3
Campamento de mujeres, visto desde las afueras

Otro punto que nos impactó fue la proporción mujeres-hombres. Si bien, las cifras de asistentes variaron de 5000 a 10,000 personas, varios calculamos que por cada 100 mujeres había sólo un varón.
Entre la imposibilidad de participar en los eventos y la falta de indicaciones por parte de las bases de apoyo y milicianos, varios de los hombres sin hijos o con hijos grandes optamos por visitar el antiguo centro del Caracol, que quedaba a un par de kilómetros. Varios compañeros decidieron quedarse debido a que se quedaron cuidando a bebés de brazos, mientras las madres escuchaban, hablaban o jugaban con otras mujeres.
En el otro lado del Caracol se encuentra la tienda cooperativa, una cancha, comedor y regaderas. Parte del mediodía se nos fue en escuchar a las mujeres zapatistas desde una bocina y convivir con las bases de apoyo tzeltales, quienes nos invitaron atole de arroz, tortillas y frijoles.
Al caer la tarde varios decidimos regresar al campamento, para ver si teníamos noticias de nuestras compañeras. Al encontrarlas, nos platicaron de sus experiencias y de la multitud y variedad de mujeres que participaban: indígenas, mestizas, europeas, asiáticas. El Encuentro de Mujeres que Luchan mostró al mundo que el zapatismo no está acabado y que, lejos de ello, se está repensando. Públicamente, el proceso inició con el comunicado del 2016 “Que retiemble en sus centros la tierra”.
El segundo día transcurrió de manera casi idéntica. No recibimos ninguna indicación, por lo que decidimos ir al Caracol para tener nuestro propio encuentro deportivo y escuchar algo del evento por el altavoz. En varios intervalos, se comentaron los contextos -machistas, económicos, de lucha…- de donde provenían los compañeros mientras nuestros anfitriones nos compartían frijoles y café.
En el ir y venir del Caracol al campamento, me tocó ver un grupo de hombres armados y vestidos con la indumentaria del oficialista Partido Verde. Ante la escalada paramilitar en la región, quedó la duda si pertenecían a estos grupos o sólo eran cazadores.
4
Puesto de vigilancia zapatista

Lo cierto es que, el último día del Encuentro Zapatista, el gobernador Manuel Velasco realizó un mitin en la cabecera municipal. Varios nos percatamos de ello debido al inusual tránsito de camionetas de redilas repletas de adultos y niños tzeltales. Un señor, integrante de la Junta de Buen Gobierno (JBG) del Caracol nos contó que a los adultos asistentes les pagaban 300 pesos y a los niños alrededor de 100. Una prueba más de la visión colonial y utilitaria que el Estado mexicano tiene de los pueblos indígenas. Contrario a la movilización partidista, los de la JBG nos manifestaron el orgullo que le tienen a su autonomía que, a pesar de tener recursos limitados, alcanzó para compartirnos un poco de lo suyo.
Las tardes en el campamento masculino no pasaron en balde. Salvo algunos ratos de descanso, lectura y disfrute del paisaje, se realizaron varios círculos de discusión sobre masculinidades. Sudamericanos, europeos y mexicanos indígenas y mestizos escuchamos y platicamos nuestras experiencias e ideas de construcción de nuevas relaciones entre mujeres y hombres -el principal gestor del espacio era un concejal de Michoacán-. En la creación de este pequeño espacio, se pudo notar otra de las lecciones del zapatismo hacia los hombres no indígenas: la autogestión de espacios críticos.
En algunos lapsos, aproveché para asomarme al campamento de mujeres. Quería ver el movimiento, alcanzar a ver un juego de fútbol o escuchar alguna charla, pero sólo pude oír, gracias a que era el espacio más cercano a la división entre mujeres-hombres, una ponencia sobre violencia de género en las fábricas. Algunos compañeros se refirieron sarcásticamente a esta separación como “apartheid”. Pero realmente, la mayoría -espero- caímos en cuenta de la dinámica y las reflexiones que brotarían de ella.
Debido a cuestiones de agenda de viaje, no pudimos quedarnos a la clausura ni al festejo. Mi compañera y yo tuvimos que regresar a San Cristóbal, pero aprovechamos la cercanía y las ganas de conocer tierra zapatista, para visitar el “Corazón céntrico de los zapatistas delante del mundo” mejor conocido como Caracol Oventic.
Oventic se encuentra a unos 40 kilómetros de San Cristóbal -no en balde el apelativo “Corazón céntrico”- y se encuentra en Los Altos, región predominantemente fría y nublada, pero aquel día fue la excepción.
El viaje a Oventic fue sencillo. La entrada era resguardada por una mujer, a quién le pedimos permiso para visitar las instalaciones. Después de unos minutos, la JBG nos dejó pasar. Lo primero que noté al entrar a una de las cooperativas fue algo muy simbólico: el dependiente, de más o menos 40 años, estaba leyendo un libro sobre utopías en México.
Ese hecho me dejó pensando durante varios días ¿El ideal zapatista es una utopía? ¿Su utopía ya empezó? Una posible respuesta a dichas preguntas es que la utopía zapatista no es un puerto al cual se llega, sino es el viaje mismo, lo heroico de lo cotidiano, diría Juan Villoro.
La familia Villoro es muy estimada por la comunidad zapatista, a tal grado que el filósofo Luis Villoro, padre de Juan, está enterrado al pie de un árbol, a un costado de la iglesia de Oventic.
En el recorrido en Oventic, nuestro guía nos comentó del trabajo de las cooperativas de mujeres, del papel de la religión en la comunidad -que anteriormente dividía a los pueblos, actualmente es más una cuestión individual, al menos en territorio zapatista-. Dentro de lo heroico del día a día, me llamó poderosamente la atención el sistema de educación del caracol.
Si bien mi presencia fue breve -sumando los días en Morelia-, me impresionó que la educación es una de las piedras angulares de la comunidad. El papel de punto de cohesión que en otras poblaciones tiene la iglesia, en los municipios autónomos lo tiene la escuela. A pesar de que era domingo, varios jóvenes estaban repasando sus asignaturas. Nuestro guía platicó que en esas aulas se enseña español, inglés y la “lengua que sea”.
Una característica estética de la infraestructura zapatista es el trabajo colaborativo que se le imprime. En Morelia y en Oventic las construcciones están tapizadas por múltiples y coloridos murales que ilustran hechos históricos, pensamientos, mitos y reivindicaciones de su cultura.
En síntesis, mi presencia en territorio zapatista fue de un aprendizaje braudeliano, de larga duración. En el contexto del encuentro, la principal lección fue la alteridad y la deconstrucción de las masculinidades. En lo cotidiano, siempre intento practicarla, pero después del evento se reforzó. Saber que había un “huateque” enorme y no poder participar, ni siquiera como oyente, me dio una “probadita” de la exclusión estructural que sufren las compañeras.
Por otro lado, el zapatismo, está lejos de estar muerto. Todo lo contrario. Está sufriendo una de sus reestructuras más importantes, que lo han llevado a cambiar la estrategia y apostar por una avanzada que rompa las fronteras chiapanecas. Durante las campañas partidistas -como la actual, que se avecina como la más grande en la historia del país- es común achacarle culpas ajenas al declarar cosas como: “sólo aparece en elecciones para restarle votos a la izquierda”. Este pensar, olvida lo difícil que es construir día tras día un mundo donde quepan muchos mundos.

REFERENCIAS

Enlace Zapatista, “CONVOCATORIA AL PRIMER ENCUENTRO INTERNACIONAL, POLÍTICO, ARTíSTICO, DEPORTIVO Y CULTURAL DE MUJERES QUE LUCHAN”, 29 diciembre del 2017. http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2017/12/29/convocatoria-al-primer-encuentro-internacional-politico-artistico-deportivo-y-cultural-de-mujeres-que-luchan/

6697total visits.