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Cómo la ética de Aristóteles conlleva a la felicidad

Diana Milagros Rueda de Aranguren

La ética de Aristóteles nos conduce directamente a la gran búsqueda de la felicidad. Para algunos la felicidad consiste en los placeres, para otros en las riquezas; el hombre sabio en cambio la busca en el ejercicio de la actividad que le es propia como hombre, es decir, en la vida intelectiva. Ello no excluye el goce moderado de los placeres sensibles y de los demás bienes con tal de que no impida la contemplación de la verdad. Sobre esta base desarrolla Aristóteles el concepto de virtud. La virtud en sí consiste en el justo medio; lo que quiere dar a entender es que el actuar del hombre debe estar regido por la prudencia o regla recta. Hay dos modalidades de virtud: las dianoéticas (que se refieren al ejercicio de la inteligencia) y las éticas (que se refieren a la sensibilidad y los afectos).
Es importante señalar que el hombre tiene un bien o un fin, lo cual representa el núcleo central de la ética aristotélica. Ese fin o bien que busca el ser humano no es otro que la felicidad, aquello hacia lo que todos los seres humanos apuntalan, y constituye nada más y nada menos que al contenido de la ética: conducir al ser humano a la felicidad.
Aristóteles se aleja del intelectualismo socrático que vincula a la virtud con el conocimiento. Para él, la virtud será la disposición del alma, es decir, la capacidad y la aptitud de ésta para comportarse de un modo determinado:

No basta que la acción tenga un carácter determinado para que la conducta sea justa o buena; es preciso también que el hombre actué de un modo determinado ante todo, que actúe a sabiendas; en segundo lugar, que proceda en razón de una decisión consciente y que prefiera esa acción por sí misma; finalmente, que actúe desde una posición firme e inquebrantable. Aristóteles, Ética a Nicómaco. (2007).

La virtud entonces se adquiere a través del ejercicio y el hábito, es decir que para que un hombre se haga justo es menester que practique la justicia. Aristóteles considera que nadie se hace justo por naturaleza, aunque una predisposición natural sea importante, ni tampoco resulta suficiente la enseñanza.
La felicidad entonces es lo que todos los hombres y mujeres quieren, no está allí donde la mayoría suele buscarla: la felicidad no radica en la riqueza ni en los honores ni en el éxito. La felicidad está en la vida virtuosa, así de simple!. El conocer la función del ser humano en el mundo se traduce en pura clave de la virtud y en consecuencia, de la felicidad. En una ética como la griega, dirigida a la formación del carácter, lo que se buscaba no era eliminar los deseos sino más bien encauzarlos hacia ese fin que es la virtud o la felicidad, es decir, tratar de conseguir que los deseos y la sensibilidad de cada ser humano no obstaculizara ni entorpeciera el camino hacia la vida feliz.
Las ideas no son el punto de partida del conocimiento moral, no se sabe qué es el bien porque se conozca la definición ideal del bien, se aprende a ser buena persona y virtuosa en la práctica, en las situaciones difíciles, procurando elegir bien y tomando decisiones correctas o menos equivocadas. La virtud es una actividad práctica consistente en saber escoger el término medio, un término medio peculiar en cada caso y para cada persona, que escapa pues a las definiciones generales.
La vida feliz es una vida reglada por la razón y no abandonada al desorden de deseos y pasiones, reglas que tienen que ver con la moderación porque las cosas se destruyen (se desvirtúan o dejan de ser ellas mismas) tanto por exceso como por defecto. Aristóteles ha dejado distintas listas de virtudes. Para entender el significado de la idea de virtud sobre todo conviene fijarse en las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.
El filósofo Pierre Aubenque (1999) explica en su libro: La prudencia en Aristóteles, cómo la ética centrada en la prudencia es una ética consciente de la contingencia y el azar, que embargan irremediablemente la existencia humana. A diferencia de los dioses que conocen y dominan el destino y viven en un mundo de necesidad y perfección, los humanos desconocen el orden perfecto y no tienen más remedio que arriesgar elecciones y cargar con sus consecuencias.
El éxito de una vida virtuosa es la praxis de la ética, lo que convergerá en una plena y suprema felicidad…así de simple?

Referencias

Aristóteles. (2007). “Ética Nicomaquea”. Buenos Aires: Edit. Colihue Clásica
Aubenque, P. (1999). La Prudencia en Aristóteles. Barcelona: Novagrafk

Por: Diana Milagros Rueda de Aranguren
Doctoranda en Ciencias de la Educación