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Expectativas que nublan la esperanza en Venezuela

 Diana Milagros Rueda de Aranguren

Opiniones van, deliberaciones vienen acerca de la “crisis en Venezuela”, la “grave situación venezolana”, y hago uso de las comillas porque respetando las reglas ortográficas del uso de las mismas, estoy resaltando expresiones de otros que reseño para enmarcar la reflexión que motiva mi escrito, lo cual no quiere decir que no las comparto, aunque ese no es el enfoque central, la orientación apunta a reconsiderar la visión actual de políticos, analistas, intelectuales, opinadores de oficio, izquierda, derecha, en fin, tirios y troyanos que expresan sus análisis del escenario abogando entre otros argumentos, los hechos acaecidos en los últimos 17 años, los cuales han formado toda una esencia en Latinoamérica (como patrón) convirtiéndose en referencia obligada para el resto del mundo, quizás por nuestra ubicación estratégica geopolítica, por nuestro tesoro negro, o definitivamente por el ímpetu guerrero que se ha demostrado tener en las calles, venezolano contra venezolano…todo un show digno de ocupar buena parte de las redes sociales.
Una historia que comenzó con la irrupción abrupta de un amanecer de golpe y fue tejiendo con velocidad episodios revolucionarios que involucraban protagónicamente a un pueblo que contundentemente estaba ansioso de cambios, mejoras, lleno de expectativas para su bien-estar…pero, también a pasos desmedidos fue formándose una oscura condición de corrupción y descomposición que fue enturbiando dramáticamente todo sueño, ideal y esperanza que se tenía…algunos cayeron en su magia negra, bailaron pegado con el mal, perdieron la brújula y se contaminaron con prebendas (miserables y mata-hambres) vendiendo su moral por unas cuantas monedas, mientras que los grandes líderes de la tan rebuscada revolución se encargaban de tomar grandes tajadas de beneficios y riqueza para su propio peculio, tirando al piso el compromiso, la lealtad, el buen juicio y la ética.
Por el otro lado y al contrario del anterior, la inmensa mayoría veía en primera fila con desilusión y amargura un sueño desvanecer y una miseria en incremento, de la cual ningún erudito, por mucha experiencia y capacidad de letrado que pueda tener puede dar fe, ya que simple y llanamente se debe ser actor principal, y el pueblo venezolano ha sido el único participante protagónico de esta historia, tal como lo reza nuestra Constitución del 99 (hija de Chávez).
Cuan grave han sido los resultados, pero mucho peor es que no todos entendieron que se estaba desvirtuando el ideal por el que tantos venezolanos luchamos por un proyecto de país vanguardia, culto, honesto, digno, trabajador y ético…creo que no dejaré de preguntarme tenazmente, que nos pasó? Como se pudo irresponsablemente defraudar esos ideales de una gran mayoría y trastocar el plan que se habían trazado los países latinoamericanos hermanados con esa visión compartida decolonial que nos impulsa a centrar ideas liberadoras, reflexionando críticamente nuestras propias experiencias intelectuales en miras a lograr la emancipación soberana como continente, en lo cual muchos creemos y apostamos.
Esperamos salir del atolladero tomando las calles en rebeldía cívica pacífica (obviamente entrompando cuando hostiguen); damos tiempo a que se acuerde un gran diálogo franco y productivo; rogamos por la intervención divina del Papa Francisco y sus colaboradores, la iglesia; aceptamos y reflexionamos todos los análisis y enfoques de organizaciones, grupos y personalidades; y también consideramos la mediación de países amigos y no tan amigos; pero sobretodo, confiamos ingenuamente en la recapacitación de esos líderes en los que creímos una vez…
Es allí precisamente cuando juntamos tantas expectativas que nos indican la salida de la real, cruel y despiadada crisis en la que estamos envueltos, pero advertimos que de alguna forma chocan, enturbiando así la confianza que ha depositado el pueblo en querer enmendar los traspiés cometidos y buscar ansiosos, hermanados y esperanzados a través de tantas expectativas manifestadas, el correctivo idóneo y adecuado para que Venezuela, tierra linda, avance y reorganice su condición como país emblemático latinoamericano. Aún guardamos la esperanza…

Diana Milagros Rueda de Aranguren
Doctoranda en Ciencias de la Educación
Mily R. de Aranguren @milyaranguren @milyaranguren1 milyaranguren@hotmail.com