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Humanismo… en busca de la integración latinoamericana

Diana Milagros Rueda de Aranguren

El humanismo debe ser considerado fundamental en la praxis diaria de los individuos y no demarcarlo como una virtud exclusiva del pensamiento como si fuera abstracto, idealista, fuera del alcance, a tal punto de creerse utópico; más bien el humanismo debe ser asumido por toda Latinoamérica como una vía que condiciona el desarrollo integral del ser humano, que fortalezca y apuntale a la felicidad, a la libertad y a los principios morales que valoren la inmensidad de la vida…humanizada.
La historia Occidental muestra al humanismo desde varios ángulos o modelos que permiten apreciar o diferenciar las características en América, donde se han expresado también numerosos pensadores latinoamericanos reflexionando en torno a la identidad de este hombre latino. Espino (2006), considera que se adoptaron dos grandes modalidades: una, referida a la identidad latinoamericana y otra, que busca resaltar rasgos fenotípicos, símbolos, raíces lingüísticas, expresiones y manifestaciones culturales que más allá de su diversidad permitieron dilucidar una unidad antropológica de América.
El primer camino o modalidad se presenta a través de consideraciones filosóficas propuestas de filósofos como Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento, Francisco Miró Quesada, Leopoldo Zea, Francisco Romero, Enrique Dussel y Arturo Andrés Roig. Estos célebres pensadores de lo latinoamericano no dudaron en caracterizar y anunciar bases del humanismo latinoamericano.
Otro camino viene a ser como una suerte de análisis epistemológico del humanismo latinoamericano a través de un paneo de diversas manifestaciones culturales, que permitieron vislumbrar la unidad antropológica de América y los rasgos más característicos de su humanismo.
Éste habla de la unión de los pueblos, de cooperación, de acercamiento por grandes planes e ideales (visión Latinoamérica, la búsqueda de la paz, solidaridad ante escenarios compartidos, por nombrar algunos de ellos). Su historia supone tradiciones culturales comunes que hermanan a sus pueblos, donde se manifiesta una raza cósmica, es decir, un continente de síntesis, como lo reconoció el Maestre Dr. Raynaud de la Ferrière (1975), “América no es ni negra, ni blanca, ni amarilla, una raza de síntesis de todos los pueblos del mundo, propia de pueblos que buscan un horizonte en común, abiertos tanto al cultivo de la ciencia como de la filosofía, que saben inclinarse a la consideración de lo pequeño como de los grandes temas que mueven a la humanidad.”
En este orden de ideas, Zea quien es receptor del pensamiento latinoamericano del siglo XIX con una labor intelectual que va enriqueciendo mediante la adquisición de nuevas influencias, como la filosofía hegeliana y la filosofía marxista, experiencias y diálogo con sus contemporáneos latinoamericanos y de otras partes, como es el caso de Arnold Toynbee (1970), con quienes siempre compartió ideas e ideales comunes, produce y forja propuestas de carácter universal sobre la sociedad global neoliberal, haciendo énfasis en sus problemas, retos y perspectivas para la humanidad frente al nuevo milenio.
A lo largo de su trabajo, el pensador va examinando varios temas relacionados entre los que destacan: la crisis de la cultura occidental, las relaciones entre el pensamiento europeo e iberoamericano; el fenómeno de la dependencia latinoamericana y del tercer mundo y la alternativa liberadora; la posibilidad, existencia, originalidad y autenticidad de una genuina filosofía latinoamericana y la universalidad de ese pensamiento.
Toda esta rica y amplia producción intelectual se hace posible gracias a que, desde un principio, como observa acertadamente el filósofo latinoamericano Tzvi Medin, Zea asume preocupado la sociedad humana de su tiempo, fuera de todo tipo de complejo de inferioridad cultural, entendiendo su existencia como libertad, responsabilidad y compromiso, expresada como una negación a vivir como un mero reflejo europeo. De ahí que, por ejemplo, en alguna ocasión asegure que el americano es el sujeto y no el objeto, y que, en tanto sujeto histórico, él habrá de ser quien instrumente las creaciones y los frutos de la cultura europea de la que es heredero, acorde a sus propios intereses existenciales.
Es por ello que considero y apoyo la influencia de Zea en su quehacer filosófico, donde visualiza una praxis comprometida con su verbo, permitiendo conocer su pensamiento y posición ante el exclusivismo del humanismo occidental el cual pone en duda la humanidad de los habitantes de la periferia, proclamando entonces un humanismo pleno e inclusivo con características muy particulares: de carácter liberador, reconocedor de las diferencias, remantizador de los valores éticos, fomentador de la igualdad en las relaciones humanas, y de profunda actitud solidaria…en eso creo y eso predico!!!

Por: Diana Milagros Rueda de Aranguren
Doctoranda en Ciencias de la Educación